 | | ¿Cuál ha sido el propósito que animó a la Real Academia a embarcarse en un proyecto cómo el de 'La Responsabilidad Social de la Empresa: propuesta para una nueva economía de la empresa responsable y sostenible' y, en su opinión, cuales son las principales novedades que aporta esta obra? La Academia valoró principalmente cuatro objetivos con este proyecto: Primero, establecer unas defi niciones conceptuales claras sobre la RSE y sus dimensiones, para aclarar y concretar posiciones desde un análisis riguroso e independiente. Segundo, crear las bases desde las que pudieran inspirarse los futuros libros de texto de la asignatura universitaria que pudiera implantarse el día de mañana en las Universidades Españolas que así lo quisieran. Tercero, ofrecer un manual operativo estructurado y sistematizado sobre la RSE para dirigentes empresariales que incluyese recomendaciones en la materia. Y cuarto, proponer ideas a los Gobiernos de la Nación y de las Autonomías en materia de Políticas Públicas relacionadas con el fomento y la difusión de la RSE.En cuanto a las novedades más significativas que aporta la obra, en mi opinión, son las siguientes. En primer lugar, define nuevas dimensiones de la RSE, más allá de las tradicionales de Relaciones Laborales, Acción Social y Medio Ambiente, profundizando en dimensiones conocidas pero no estructuradas como son el Gobierno Corporativo y la Transparencia Informativa y Contable de las Empresas o la Lucha contra la Corrupción, y desarrollando dimensiones novedosas e inéditas, como el Mecenazgo, la Competencia, las Relaciones con los Medios de Comunicación y la Innovación responsable. En segundo lugar, establece la incorporación de la RSE en la estrategia de la Empresa mediante la incorporación de las responsabilidades en la materia al Consejo de Administración, a través de una nueva Comisión delegada del Consejo para Responsabilidad y Gobierno Corporativo. En tercer lugar, ofrece una Guía de 44 Recomendaciones para las Empresas que quieran establecer una política de Responsabilidad y Sostenibilidad, y defi - ne 120 Indicadores de medición para la implantación y seguimiento de dichas recomendaciones. Y, por último, propone criterios de voluntariedad para la defi nición y aplicación de la RSE en las Empresas que confi guren una estructura de autogobierno de la que no puede desligarse una función indisoluble de éste, cual es el autocontrol. Que debe ser ejercido de manera transparente y comprometida por el empresariado, que es y debe ser el actor principal y fundamental de la RSE. |
| La obra estructura también las bases de lo que podría ser un Observatorio de la RSE desde la Sociedad Civil. Llama la atención el adjetivo nueva economía de la empresa aplicado al concepto de la Responsabilidad Empresarial. Para mucha gente, la Responsabilidad Empresarial no comporta ninguna novedad, la única novedad es el interés creciente por el tema. Incluso cuando se habla de la gestión del diálogo con los grupos de interés como la gran aportación estratégica, muchos recuerdan que el Credo de Johnson&Jonson, redactado en 1940, ya hablaba de los diferentes grupos de interés: clientes, empelados, proveedores, sociedad, etc. ¿Cuál es su opinión? La Nueva Economía de la Empresa, que la Academia trata de defi nir en nuestro trabajo, es la de la Empresa Responsable y Sostenible, dos conceptos de los que se derivan novedosas y potentes herramientas de gestión empresarial que confi guran una reformulación del modelo capitalista liberal en el que creemos fi rmemente, y que se mejora complementando el tradicional e insustituible esquema de gestión economicista, con un enfoque humanista, que aumenta las posibilidades de éxito de la empresa y asegura mejor su perdurabilidad en el tiempo. La gestión del diálogo con los grupos de interés tiene un valor estratégico, no tanto referido al diálogo y a sobre que se dialoga sino muy especialmente al cómo se establece ese diálogo. Hoy en día, las empresas que pretenden ser excelentes tienen que gestionar el diálogo con todos sus stakeholders de manera transparente e interactiva, lo que no ha sido evidente años atrás Es indudable el esfuerzo de sistematización y de clarifi cación que la obra ha realizado, y sin duda constituirá un referente obligado en los próximos años para todos lo que quieran conocer las principales cuestiones relacionadas con la Responsabilidad Social Empresarial. Quizá la crítica más grande que puede hacerse a la obra es que es demasiado omniabarcante, prácticamente no deja ningún tema sin tocar y al hacerlo así, el concepto de la RSE termina convirtiéndose en un 'cajón de sastre' en el que cabe todo. ¿Comparte usted esta apreciación? No la comparto. Hemos tratado de cubrir las dimensiones que en nuestra opinión, confi guran ese nuevo paradigma de la Empresa Responsable y Sostenible. Al ampliar las dimensiones tradicionales con siete dimensiones nuevas, que he mencionado anteriormente, se produce necesariamente una extensión de la materia. La pregunta que habría que hacerse es si todas esas dimensiones, o algunas, no conducen a la Empresa Responsable y Sostenible y por lo tanto pueden sobrar. En nuestra modesta opinión, no sobra ninguna de las defi nidas en la obra, ni puede considerarse que con ello se haya abierto un 'cajón de sastre' en el que cabe todo. Muy por el contrario, son dimensiones que robustecen el concepto de la RSE, lo aclaran y lo defi nen en profundidad. |
| Ello produce una concreción que puede contribuir a evitar uno de los grandes males de la RSE convencional, que es el que se deriva de la utilización oportunista y, a veces, desleal del concepto por parte de algunas Empresas. El trabajo concluye defendiendo la necesidad de una autorregulación voluntaria y proponiendo la creación de un Observatorio sobre la Responsabilidad Empresarial que verifi que y evalúe a las empresas de acuerdo con determinados criterios 'responsables'. ¿Por qué es necesario un organismo que realice esa función? ¿No bastan los clientes, los proveedores, los empleados y los accionistas? Es cierto que el 'mercado' es el juez supremo de la actuación de las empresas. Pero el 'mercado' necesita información transparente en el fondo y en la forma para emitir su veredicto, y no es evidente que la información referida a la RSE esté sistematizada y presentada de esa forma por parte de las empresas al público en general, al menos hasta el momento presente. La definición de recomendaciones y de indicadores de medición, así como la exposición sobre el Observatorio, se enmarcan dentro de este necesario proceso de transparencia informativa, que permita la potenciación y el desarrollo del concepto de Empresa Responsable y Sostenible y evite su utilización interesada y a veces manipulada de la realidad. Ya he mencionado anteriormente que no será fácil legitimar un modelo de autogobierno de las Empresas en esta materia si no somos proactivos desde la sociedad civil en el ejercicio de un Autocontrol responsable, que nos permita gestionar el proceso de forma leal con el resto de la Sociedad que no participa del gobierno de las Empresas, de los negocios y las fi nanzas Hay mucha gente que afi rma que la RSE se puede medir. La Real Academia parece encontrarse entre este grupo, e incluso ha elaborado 120 indicadores para mostrar el camino a las empresas. Otros piensan que esa pretensión es infundada, que no es posible establecer pautas de comportamiento regladas (más allá de lo legalmente exigible) y mucho menos establecer una correlación entre comportamiento responsable y rentabilidad económica. ¿Piensa la Academia que la RSE de las empresas se puede detallar tanto? ¿Tanta precisión no puede terminar con la necesaria innovación? Para que algo pueda medirse es imprescindible establecer un índice de referencia sobre el que valorar lo que se hace (recomendaciones) y defi nir unos indicadores de medición que nos permitan evaluar el seguimiento del índice o el cumplimiento de las recomendaciones. |
| Para ver si existe una correlación positiva entre el cumplimiento excelente, normal o nulo de ese benchmark, y la evolución de los benefi cios de las Empresas y el aumento de su valor para los accionistas, se hace necesario comparar esas variables (cumplimiento del benchmark y evolución de los benefi cios y de la capitalización o valor de las Empresas) a lo largo de una serie temporal de cinco años, que nos permita concluir sobre la existencia de dicha correlación y su signo, en un tiempo sufi cientemente largo que neutralice factores de oportunidad o fortuna. La Academia está convencida de que este nivel de detalle será un elemento de motivación en el que las Empresas encontrarán múltiples vectores de competitividad y de creación de valor añadido. No debemos olvidar el concepto irrenunciable de voluntariedad (nadie está obligado a hacerlo y, por tanto, sólo lo harán aquellas empresas que vean consecuencias positivas en ello). Tampoco hay que olvidar que detrás de cada recomendación o indicador hay una sugerencia que puede ser interesante para algunas empresas (y esto sí que puede ser estímulo para la innovación), y que cada una elegirá libremente lo que le conviene. La pregunta sería: ¿por qué se afanan tanto los detractores de este concepto en desacreditarlo si nadie les obliga a seguirlo? Hay que respetar a los que quieran ser mejores y garantizar de una manera más sólida su futuro, según su convencimiento, y que los que no crean en este proceso sigan haciendo lo que creen que es más conveniente para ellos, sin tratar de coartar nuestra libertad de elección y de comportamiento y, mucho menos, de pensamiento. Eso es lo que se debe hacer en una sociedad libre y madura como la española. La Academia no ha pretendido más que ofrecer unas herramientas construidas de manera seria y rigurosa para que cada uno conozca, juzgue y elija libremente su utilización. JMC |
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