| Tradicionalmente en España la relación entre los centros de enseñanza no universitarios y las empresas es escasa cuando no lisa y llanamente nula. Sólo los colegios e institutos que imparten formación profesional mantienen una cierta relación con los negocios de su entorno geográfi co, aunque esta relación está muy polarizada en torno a las prácticas de los estudiantes en las empresas. Lo más corriente es que la visión que se tiene de la empresa y de sus actividades esté marcada por el desconocimiento e incluso por la desconfi anza. NI EL SECTOR EDUCATIVO NI LA LEGISLACIÓN QUE ESTABLECE SU MISIÓN y sus contenidos han considerado que explorar el mundo de la empresa, sus fi nalidades y su organización sea un objetivo de la educación secundaria obligatoria o del bachillerato. El mundo empresarial, por su parte, no acostumbra a explicitar planteamientos o demandas al sector educativo o lo hace de manera inaudible, y ni siquiera ha intervenido con energía y precisión en los debates públicos que sobre educación se han llevado a cabo durante las últimas décadas. Tampoco ha sabido explicar qué es una empresa y para qué sirve, sin vergüenza ni eufemismos, dándose el hecho inaudito de que muchos profesores y muchísimos alumnos lo ignoran o incluso lo menosprecian. POR TANTO, PARECERÍA MÁS QUE OPORTUNO QUE SE ESTABLECIERAN PUENTES DE DIÁLOGO entre ambos sectores, tanto sobre formas o expresiones concretas de colaboración y servicio como en relación a planteamientos más generales, que es a lo que nos referimos a continuación. EN ESTE SENTIDO, UNA COSA QUE LA EMPRESA PODRÍA TRANSMITIR AL ÁMBITO EDUCATIVO es que el mercado laboral precisa personas competentes, responsables y adaptables, con carácter emprendedor y voluntad de trabajar en equipo, personas predispuestas a buscar soluciones efi caces de manera creativa y efi ciente, que sean capaces de ver conexiones y de combinarlas y que además consideren que poseer estas aptitudes y valores es altamente positivo. CIERTAMENTE NO ES NADA FÁCIL CONSEGUIR DE MANERA GENERALIZADA este perfi l humano —que es básico en la sociedad de la información y en unas empresas que precisan del conocimiento y de la innovación para competir con posibilidades de éxito—. No se puede esperar que los negocios vayan a disponer de personas con estas características en número sufi ciente si este componente formativo se ignora o se deja a la improvisación o al azar. TAL VEZ EL MUNDO ECONÓMICO DEBERÍA HACER HINCAPIÉ en que a lo largo de los años de escolarización obligatoria, los alumnos, además de adquirir las competencias básicas y los imprescindibles conocimientos generales y específi cos, también deberían desarrollar las destrezas que se necesitan para la vida laboral (ahí como para el ejercicio de la ciudadanía). Entre éstas serían de destacar el análisis de situaciones y contextos, el pensamiento creativo y crítico, la capacidad de comunicación, la soltura en el tratamiento de la información y la agilidad y la efi ciencia en el uso de la infraestructura tecnológica global que caracteriza la producción y las transacciones el mundo de hoy. EN ESTA LÍNEA UNA MANIFESTACIÓN MUY POSITIVA del compromiso de la empresa con la sociedad sería hacer patente que a medida que el trabajo se va haciendo más conceptual y complejo y que la cooperación deviene consubstancial con la labor profesional, la formación escolar de los jóvenes ha de tener en cuenta que las aptitudes emocionales y sociales son cruciales para el éxito de las personas y el funcionamiento de las organizaciones y de la sociedad. OBVIAMENTE ESTO NO PUEDE SER EL OBJETIVO DE OTRA ASIGNATURa o de un enésimo añadido a unos currículos sobrecargados. Para ello es preciso un reenfoque global y progresivo de la tarea educativa que debe ir acompañado de nuevas formas de organización y de gestión del aprendizaje. La empresa, con su gran experiencia en reingeniería de procesos, en gestión del cambio y en el papel del liderazgo, tiene mucho que ofrecer a un sector que en general está huérfano de planteamientos renovadores en los aspectos mencionados. Establecer este diálogo en un plano de igualdad y sin paternalismos permitiría una nueva relación entre educación y empresa y a la par constituiría una muestra efectiva y útil del compromiso de ésta con la sociedad. FERRAN RUIZ TARRAGÓ, AUTOR DE 'LA NUEVA EDUCACIÓN' (LID EDITORIAL), PREMIO ENSAYO 2006 FUNDACIÓN EVERIS |