| El Informe Pisa ha puesto de manifiesto el tremendo atraso de la educación superior y del sistema universitario de España. Frente a esa universidad que languidece a nivel internacional, las escuelas de negocios españolas se han situado en los primeros puestos en el contexto internacional según los ránkings más prestigiosos. Sin embargo, a la par que las escuelas de negocio siempre muestran los ránkings donde salen mejor parados, los critican por valorar elementos demasiado subjetivos y de difícil comprobación. Un tira y afloja entre escuelas y rankings que muestra en el fondo un matrimonio de conveniencia entre ambos. El Informe Pisa ha puesto de manifiesto el tremendo atraso de la educación superior y del sistema universitario en general en España. Los alarmantes datos que desbrozó el documento no sólo han alertado sobre la cruda realidad que rodea a la universidad española como institución sino que han puesto en tela de juicio todos los fundamentos del sistema educativo español, dentro de una era caracterizada por la economía del conocimiento. Muchos han visto en el informe la sangrante consecuencia de un debate político que ha llevado a hacer de la educación un arma electoral que, en función del partido político que estuviese en el Gobierno, se movía en una dirección u otra según los intereses partidistas e ideológicos del momento. Desde unas filas y otras del arco parlamentario se ha levantado un grito unánime en contra de la situación actual y se ha manifestado la necesidad de situar a la educación como uno de los ejes de la economía nacional, puesto del buen funcionamiento de ésta depende, en buena medida, la competitividad futura de España como país. Pero, más allá del discurso oficial del momento, fruto de la discreta posición que el informe sitúa a España en el contexto internacional, muchos han comenzado a hablar de las causas de fondo de la educación (pérdida del espíritu de esfuerzo entre los estudiantes, la ausencia del valor del mérito académico...) y entre ellas ha emergido un elemento de segundo orden pero que, en vista de los resultados que ha traído consigo, merece la pena destacar: la ausencia de ránkings o sistemas de valoración que midan el rendimiento y calidad de las diferentes universidades y, por tanto, estimulen una sana competitividad entre ellas, lo que, de paso, mejore el sistema universitario español en su conjunto. Los datos son obvios y la comparación, odiosa, a este respecto. Frente a una universidad española que languidece a nivel internacional (según varios estudios, España no cuenta con ninguna universidad entre las 200 mejores del mundo), las escuelas de negocios españolas (IESE, Instituto de Empresa y Esade) se han situado en los primeros puestos en el contexto internacional, según ponen de manifi esto los ránkings más prestigiosos de escuelas de negocios, como el del Financial Times, Wall Street Journal o The Economist. En este sentido, muchos consideran que la competitividad propia del sector de las escuelas de negocios a raíz de los ránkings debería ser adoptada también por las universidades, muy acomodadas, sobre todo las públicas, en su situación actual. El debate parece encontrar, por tanto, en los ránkings una de sus principales aristas de cara al futuro. Sin embargo, adentrarse en los ránkings supone, como aseguró Jordi Canals, director general del IESE, durante la última asamblea anual de antiguos alumnos de la escuela, sumergirse en una realidad donde los matices grises abundan entre los tonos blancos y negros, puesto que 'los ránkings esconden más que lo que muestran'. CRÍTICAS. Las propias escuelas de negocios suelen criticar sin pudor la mayoría de los ránking, aludiendo a que miden o valoran elementos demasiado subjetivos y de difícil comprobación. Sin embargo, la realidad muestra en el fondo se vive un matrimonio de conveniencia entre escuelas y ránkings. De hecho, como aseguran desde una escuela de negocios española, 'cuando alguien del departamento de reclutamiento de nuestra escuela va a Latinoamérica o a otros sitios a buscar futuros estudiantes y vender la escuela, siempre muestran en primer término los ránkings donde la escuela sale bien, porque ese ránking es nuestra tarjeta de presentación'. |
| A la hora de la verdad, no obstante, la subjetividad es la seña de identidad de todos los ránkings, sean de mayor o menor prestigio. En este sentido, el sueldo de los antiguos alumnos suele ser uno de los parámetros más polémicos, pues, como advierte un profesor del IESE, 'es un hecho que nadie puede comprobar que ese antiguo alumno esté realmente cobrando lo que indica la escuela a la publicación que realiza el ránking'. Precisamente el sueldo es el parámetro más valorado por el que para muchos es el ránking más prestigioso del mundo, el del Financial Times, que analiza, entre otros elementos, la composición del claustro, la investigación de la escuela, la reputación del centro entre los estudiantes y la proyección de carrera que ofrece a los futuros graduados del MBA. Pero, por encima de estos factores, el ránking del FT prima el sueldo que reciben los MBA a los tres años de su graduación, un hecho que favorece a las escuelas de EEUU, cuyos alumnos reciben unos sueldos más elevados. Desde Europa, muchos decanos y profesores censuran el excesivo peso que se concede a los sueldos ('que me demuestren que sus alumnos cobran realmente lo que indica el ránking', censura un portavoz de una escuela a otro centro competidor), pero las escuelas de Estados Unidos defi enden a ultranza la vigencia de los salarios como elementos de medición, puesto que el mercado se mide por sueldos, como apunta el decano de la prestigiosa escuela de Tuck, de la Universidad de Dartmouth, Paul Danos. Para Danos, 'en EEUU es normal que se utilice el sueldo para comparar la situación entre empleados y empresas, y siempre se acude al sueldo para ver quiénes son los empleados mejor pagados, por lo que es normal que las escuelas también se midan por los sueldos de sus ex alumnos'. No es, sin embargo, unánime el pensamiento de Danos dentro, incluso, del mercados norteamericano. Sin ir más lejos, Ángel Cabrera, ex decano del Instituto de Empresa y presidente de la Thunderbird School, matiza que 'medir por los sueldos benefi cia a las escuelas cuyos estudiantes comienzan a trabajar en banca de inversión, donde se ofrecen los sueldos más altos'. 'En nuestro caso, muchos de nuestros alumnos se interesan por el tercer sector, donde los sueldos son mucho más bajos. A mí, en realidad, lo que me importa es aparecer entre las 39 mejores escuelas del ránking del FT, porque son las que aparecen por la parte de arriba cuando se dobla la página del periódico', explica Cabrera. Tampoco desde Esade se ve con buenos ojos el 'excesivo peso' de los sueldos, puesto que 'nadie comprueba que los datos que dan las escuelas sean verdaderos y, por tanto, son muy fáciles de manipular'. Las tesis de Cabrera tienen visos de realidad a la vista de las escuelas que encabezan el último ránking global de MBA del Financial Times, encabezado por Wharton. De las cinco primeras instituciones del ránking, cuatro con americanas y sólo una, London Business School, europea, aunque con una similitud en ambos casos. Tanto en la europea como en sus compañeras de EEUU, el principal destino de sus estudiantes son la banca de inversión o las tres principales consultoras estratégicas (McKinsey, Boston Consulting Group y Bain), donde los salarios son más elevados. COMPONENTE ECONÓMICO. Pero, más allá de los sueldos en sí, el componente económico también es la base del ránking anual de escuelas de Forbes, que analiza el retorno de la inversión de los alumnos a partir del dinero y tiempo invertido en el MBA y el posterior sueldo a los cinco años de la graduación. En el ránking de escuelas con MBA de un año, la más rentable, según el estudio, es la suiza IMD, cuyos alumnos consiguen rentabilizar la inversión en el MBA en 2 años, al igual que los de Insead, y por delante de los de Cambridge y el Instituto de Empresa. En el caso de las escuelas con MBA de dos años, la más rentable es el IESE, con un retorno de la inversión a los 3,6 años. En líneas generales, los centros con programas de un año presumen de la mayor rentabilidad de sus MBA con respecto a los de dos años, aunque, como matiza Jean Benoit, profesor de la London Business School, 'la rentabilidad no está en la duración del programa sino en las enseñanzas que recibe el alumno durante el máster y lo que acaba aprendiendo. La auténtica rentabilidad es adquirir más conocimientos'. El debate salarial entre las propias escuelas encuentra, por tanto, numerosos recovecos a los que cuales se agarran unos y otros para defender sus propios intereses. De hecho, nadie duda dentro de los centros que los ránkings son una formidable herramienta de márketing para todos. Basta observar los anuncios de las propias instituciones en los medios de comunicación, donde se jactan de sus buenas posiciones en ciertos ránkings para promocionarse. Incluso cuando Harvard y Wharton decidieron de forma unilateral dejar de facilitar datos a las publicaciones que elaboran los ránkings, el resto de los centros se vio tentado a seguir la iniciativa, pero al final todos dieron marcha atrás. Como reconoce un portavoz del IESE, 'cuando ellos [Harvard y Wharton] se fueron, estuvimos a punto de seguirlos, pero claro, no te puedes arriesgar a ser la única escuela europea que deje de dar los datos, mientras que tus competidores más cercanos siguen ofreciéndolos'. Incluso, tres años más tarde, tanto Harvard como Wharton han regresado a los ránkings, aunque la prestigiosa escuela de Boston, que celebra este año su centenario como institución académica, apenas ofrece los datos básicos, mientras que se niega a facilitar la mayor parte de ellos. Muchos dicen que tampoco le hace falta, porque 'puede vivir de su nombre', precisa un profesor de Insead. |
| De hecho, Harvard es la mejor escuela del mundo en el apartado de recomendación por parte de los alumnos, según el ránking del Financial Times. El componente económico forma parte, sin embargo, de sólo dos de los cuatro grandes ránkings a nivel internacional. Muchos dentro del sector consideran que el ránking de The Economist, encabezado en 2007 por Chicago, después de haber estado liderado durante dos años por el IESE, es el que analiza y tiene presente el mayor número de variables, pues valora tanto el claustro y la investigación como los salarios y otros aspectos económicos. Pese a su credibilidad, no obstante, parece tener menos crédito y reputación dentro del mercado, como sucede con el del Wall Street Journal, en fase de revisión después de las críticas que ha recibido por parte de diferentes centros. En las dos últimas ediciones del ránking, Esade se había situado como la mejor escuela del mundo, a tenor de la opinión de los 4.000 reclutadores que participan en el estudio. Sin embargo, pocas semanas después de la publicación del ránking de 2007, la publicación emitió un comunicado público en el que anunciaba la suspensión del actual ránking a raíz de las críticas que recibió por parte de varias escuelas y por dos elementos que, a juicio de muchos dentro del sector, dejan constancia de la subjetividad inherente a los ránkings. Primero, WSJ reconoció que 'varias escuelas se habían quejado de la posición demasiado elevada de otras' y, además, precisó que 'varias escuelas habían jugado [traducción literal del verbo play, que, a la vista del contexto, podría traducirse directamente por manipular] con los datos que ofrecían a la publicación'. Junto a la decepción que esa noticia provocó en el entorno de Esade, no pocos se alegraron del comunicado del Wall Street Journal, cuyo ránking había hecho 'mucho daño' a varias escuelas, como reconoce una profesora de Insead. La polémica, de hecho, rodeó ya a la edición de 2006 de ese ránking, que suscitó reacciones encontradas entre varias escuelas. Así, si desde Esade, que se había aupado a lo más alto por primera vez, se elogiaba la 'objetividad' del ránking, por estar basado en 'la opinión de los reclutadores, externos a los escuelas', Gonzalo Garland, director de relaciones institucionales del Instituto de Empresa, se destapó en El País con una explosivas declaraciones en las que afi rmó que ese ránking 'no tenía credibilidad', una frase que provocó un intenso debate entre las escuelas españolas durante varias semanas. EL RÁNKING MÁS FAVORECEDOR. El análisis pormenorizado de los principales ránkings de escuelas de negocios no deja lugar a dudas en un hecho ineludible y que ahonda en el carácter marketiniano que rodea a los propios ránkings: todas las escuelas sin excepción se agarran al ránking que más las favorece y que, aseguran, es el de mayor credibilidad. Pero las sempiternas discusiones y debates entre los propios centros sobre la idoneidad o no de las diferentes clasificaciones reflejan la evidente subjetividad de todos ellos, mayor aun si se examinan pormenorizadamente todos los elementos que valoran. Basta analizar el análisis del claustro de las escuelas que realizan los ránkings. En general, todas las clasifi caciones priman el hecho de que exista un alto porcentaje de mujeres dentro del claustro. Ninguna escuela cuenta con mayoría femenina dentro de su claustro, de claro dominio masculino, pero los ránkings ofrecen mejores puntuaciones a los centros con más profesoras, obviando un hecho notorio: ¿acaso una profesora es mejor por el simple hecho de ser mujer? En una economía basada en la guerra por el talento, los ránkings se olvidan del talento académico y priman el sexo como ventaja competitiva. Lo mismo sucede con el alumnado, donde se benefi cia a las escuelas que cuentan con un mayor porcentaje de mujeres entre su alumnado. De nuevo, las publicaciones infravaloran el factor talento frente al género. Tampoco pasa inadvertido el origen y nacionalidad de los alumnos, un aspecto muy valorado por los ránkings y en el que las escuelas se afanan por descartar. Pero, como sucede con el sexo, no por contar con una clase más heterogénea desde el punto de vista geográfi co, el nivel de los alumnos es más alto. En un entorno en el que la gestión de la diversidad se ha vuelto estratégica por la que complejidad de combinar perspectivas diferentes, los centros gustan de contar con alumnos americanos, europeos, asiáticos y de países exóticos como Trinidad Tobago, Filipinas o Malasia. Pero ¿son más talentosos por el simple hecho de ser malayos? Las grandes escuelas de EEUU suelen contar con una mayor proporción de estudiantes norteamericanos, lo que desde los centros europeos se considera 'negativo' por la 'perspectiva exclusivamente norteamericana y no global de los negocios', como afi rma el decano de Insead, Frank Brown. Pero hay un hecho indudable: los grandes centros americanos reciben el mayor número de solicitudes de todo el mundo y, sin ir más lejos, en el caso de la Harvard Business School sólo accede al MBA entre el 12% y el 16% de los alumnos que aplican. |
| La supremacía que los mejores ránkings otorgan a las grandes escuelas de EEUU queda reflejada en la letra pequeña del informe del Wall Street Journal, que, como se ha dicho, se basa en la opinión de los reclutadores. Ahora bien, también es censurable este aspecto por un razón muy sencilla: ¿quién es el reclutador? Esade encabezó en 2007, por segundo año consecutivo, la clasificación del prestigioso diario económico, pero la situación cambia de forma notoria cuando se realiza en función de la calidad de los reclutadores. Si se toman como referencia los grandes reclutadores, ya sea los mejores bancos de inversión como las consultoras estratégicas más prestigiosas, las mejores escuelas de Estados Unidos (Wharton, Chicago, Stanford, MIT –Harvard no ofrece datos–) sobresalen con nota con respecto a las europeas. Sólo la francesa Insead aguanta el tipo y aparece en los primeros puestos, aunque, como matizan desde el IESE, 'en Insead se gradúan más de 800 alumnos al año, por lo que es normal que haya más alumnos que vayan a las grandes empresas'. No cabe duda de que a todas las variables que se analizan en los ránkings se pueden encontrar peros y contrapuntos, puesto que, como coinciden todos los estamentos del sector, las variables no dejan de ser subjetivas y, por tanto, pueden leerse de diversas formas. Nadie dentro del sector confía plenamente en estas clasificaciones como una verdad unívoca, aunque todos confi esan que el auge de los ránkings ha multiplicado la competitividad entre los diferentes centros. Como señala Ángel Cabrera, 'es un error indudable basar toda la estrategia de una escuela en función de un ránking', aunque la repercusión pública de estas clasifi caciones en todo el mercado (alumnos, reclutadores, medios...) ha hecho que todos los centros los tengan muy presentes en el día a día. 'Nuestros alumnos del MBA incluso se quejan cuando sale un ránking y nuestra escuela sale por detrás de otras', reconocen desde una escuela de negocios española. Aunque los censuran, las instituciones necesitan a los ránkings e incluso viven de ellos. Es más, como admite Paul Danos, 'muchas escuelas presionan a las publicaciones para salir mejor situadas en los ránkings'. Pero, por mucho que influyan, no dejan de ser eso, meros ránkings y clasificaciones, con todas sus limitaciones y debilidades. Y, como concluye el famoso profesor de Stanford Jeffrey Pfeffer, 'en el fondo, los ránkings de escuelas son sólo un instrumento de ciertas publicaciones de prestigio para vender más ejemplares'. JUANMA ROCA |
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