Adam Smith en los Andes
Para una familia de la sierra peruana, como para muchas familias que viven en el campo, enviar a un hijo a la escuela, más allá del coste económico de las tasas educativas, supone prescindir de mano de obra valiosa. Para la mayoría de las familias el único ingreso familiar lo representa la chacra, la parcela familiar. El cultivo de la chacra exige una dedicación exclusiva. Sometido a los constantes riesgos de sequías, plagas, etc., no admite vacaciones.
Enviar a un hijo a la escuela supone, por tanto, un lujo muy grande para las familias. Si a eso añadimos que desplazarse a una escuela para un chico de la sierra significa una caminata de dos horas de media de ida y otras dos para regresar el esfuerzo resulta verdaderamente heroico. Cuando el chaval llega, después de un madrugón, apenas se mantiene despierto en el aula, y al regresar a su casa le esperan las tareas del campo, poco tiempo le queda para estudiar o hacer los deberes. No es infrecuente encontrarse en algunas casas de Abancay a chavales que asisten a la escuela durmiendo en los soportales o acurrucados en las ventanas a ras de acera, porque no tienen familia ni casa en la que alojarse.
¿Y todo ese esfuerzo educativo –se preguntan los padres– para qué? La educación y los conocimientos que reciben en la escuela no parecen ser de gran utilidad en las tareas ordinarias. Muchas familias de la región de Cuzco y Apurimac, la mayoría quechuahablantes, retiran a sus hijos de la escuela tan pronto han aprendido a hablar y escribir en español. Los padres dan por bien invertido el tiempo en la escuela si sus hijos aprenden un idioma que ellos no hablan o dominan con dificultad, y que resulta necesario para desenvolverse en la vida diaria. El aprendizaje del español es el único incentivo que los padres encuentran para enviar a sus hijos a la escuela.
El maestro escocés, fundador de la ciencia económica, ya llamaba la atención sobre este problema en La riqueza de las naciones: “La educación del pueblo llano requiere quizá más la atención del Estado que la de las personas de rango y fortuna. Las gentes de rango y fortuna tienen normalmente dieciocho o diecinueve años cuando ingresan en el negocio, profesión u oficio en el que se proponen destacar. Antes de ese momento cuentan con mucho tiempo para adquirir, o para prepararse para adquirir más tarde todos los conocimientos que pueden granjearles la estima pública […] Con el pueblo llano ocurre lo contrario. Dispone de poco tiempo para dedicarlo a la educación. Los padres apenas pueden mantener a los hijos, y apenas puedan éstos trabajar deben aplicarse a algún oficio con el que puedan ganarse la vida”.
Desplazarse a una escuela para un chico de la sierra peruana significauna caminata de dos horas de media de ida y otras dos para regresar a su casa
Si cualquier modelo educativo tiene un coste importante, éste se multiplica cuando la educación hay que hacerla llegar al medio rural, de más difícil acceso y donde se encuentra concentrada la mayoría de la pobreza en estos países. ¿Quién la paga? ¿Cómo conseguir un modelo educativo de calidad y a la vez sostenible? ¿Cómo adaptar los contenidos pedagógicos a la realidad y necesidades de la vida en el campo?
LOS CENTROS RURALES DE FORMACIÓN EN ALTERNANCIA. Pro Rural parece haber encontrado la respuesta a muchos de estos problemas a través de sus Centros Rurales de Formación en Alternancia (CFRA).
La “educación en alternancia” (también conocida como “sistema dual”) es un modelo educativo orientado a la práctica, que combina las clases teóricas en el aula con la práctica en un centro de trabajo; éste puede ser una empresa, cuando la formación está orientada la capacitación profesional en diferentes oficios del sector industrial o en el “sector servicios”, o puede ser la chacra familiar (parcela de terreno cultivable), que constituye la principal actividad económica en las zonas rurales.
En realidad el modelo dual o de alternancia no es ninguna novedad. Los alemanes y suizos lo llevan poniendo en práctica en el sector empresarial desde hace décadas con excelentes resultados. El sistema dual de formación profesional ha sido reconocido en todo el mundo como una de las respuestas más eficaces para cualificar mandos técnicos.
La extensión del modelo de alternancia de la industria al medio rural tiene su origen en Francia, en el modelo de las Escuelas Familiares Agrarias (EFAS). La novedad de Pro Rural reside en haber desarrollado y adaptado ese modelo a un medio tan difícil como es el de la sierra peruana. Las razones del éxito se encuentran, en gran parte, en haber sabido identificar los enormes costes de oportunidad que representan para las familias enviar a sus hijos a la escuela y en haber sabido darles respuesta.
Los CFRA facilitan el acceso a la educación en las zonas rurales, donde las comunidades viven dispersas alejadas de un centro de población, al eliminar los altos costes de transacción en que los estudiantes habitualmente tienen que incurrir, desplazándose dos y tres horas de ida y las mismas de regreso, para asistir a la escuela y regresar a sus hogares. En los CRFA los estudiantes suelen estar quince días internados en la escuela, conviviendo con sus compañeros y profesores, para pasar luego el resto del mes con sus familias.
De este modo, tienen la oportunidad de estar mucho tiempo con sus maestros, recibiendo una educación verdaderamente personalizada y después regresan a sus hogares, para ayudar a sus padres en las labores agrícolas y poner en práctica un tema de investigación práctica asignado como tarea por la escuela.
El contenido curricular es otro de los secretos. Como señala Carmen Torres García, directora del Centro de las Capullanas: “La alternancia obliga al docente a adecuar los contenidos de las áreas del curricula peruano, tales como comunicación, matemáticas, ciencias sociales, religión, entre otras, a un plan de estudios elaborado especialmente para la zona donde viven las familias de nuestros estudiantes. Así, por ejemplo, en el primer año de secundaria los grandes temas que dominan los trimestres del año son Conociendo mi hogar, Mi chacra, Cuidando mis animales, Las actividades productivas en mi familia, Conociendo mis costumbres, Instituciones de mi comunidad, entre otras”.
El modelo de alternancia busca combinar la vida del trabajo en la chacra familiar con la educación secundaria en el centro rural. Se trata de enseñar a los niños los conocimientos básicos pero apoyándose en la realidad de su comunidad, lo que facilita también que no se alejen de ella cuando termine su educación, sino que busquen su desarrollo. El plan de estudios de la comunidad establece una actividad práctica para cada trimestre. A partir del tercer año de secundaria comienza la formación en crianza de animales, transformación de productos agrícolas, técnicas de sembrado, control de plagas y riego, etc.
Los quince días de internado en la escuela permiten impartir una formación intensa, tanto desde el punto de vista técnico como humano. Es importante resaltar el énfasis que Pro Rural pone en la educación en valores –orden, higiene, limpieza, responsabilidad personal, etc.–.
En las escuelitas de Pro Rural uno comprende que no hacen falta muchas cosas para educar. Bastan unas cuantas tizas, alguien que quiera enseñar y otro dispuesto aprender
Esta educación en valores es especialmente apreciada por los padres, que pueden comprobar, como primer resultado de la educación, el cambio de hábitos y de comportamiento: “mi hijo ayuda más en casa”, “la habitación está más limpia y ordenada”, “no paró hasta convencernos de arreglar los sanitarios”, “desde que regresó de la escuela nos enseñó a dar gracias antes de comenzar el almuerzo”.
Se produce así un círculo virtuoso, los padres están contentos con los resultados y se comprometen mas con el proyecto educativo de los CRFA, y el proyecto de los CRFA asegura así su continuidad y sostenibilidad, que se fundamenta y descansa en el compromiso de las familias.
Forma parte de la filosofía de los CRFA la creencia de que los primeros responsables de la educación son los padres y por tanto deben participar activamente en el sostenimiento y gestión de la escuela. A Pro Rural no le duelen prendas en poner el listón muy alto cuando se trata de exigir y comprometer a las familias y autoridades.
No comienzan si no hay un compromiso serio por parte de la comunidad. Como le gusta repetir a David: “El colegio no es de Pro Rural sino de las familias”. En efecto, son los padres de familia y otros miembros de la comunidad local los que administran de hecho los centros. Las familias de los estudiantes se encargan de proporcionar la infraestructura física necesaria, de supervisar los aspectos legales y de asegurar que el centro se sostenga económicamente, asumiendo los costes de equipamiento, los gastos corrientes y la alimentación de los estudiantes.
Entre las comunidades indígenas, como es el caso de los quechuas, existe el ayni, modalidad de trabajo comunitario, actividad en la que se juntan varias cuadrillas para llevar a cabo “faenas” en favor de la comunidad, como puede ser la construcción de la escuela o la reparación de la misma. El coste que pagan los padres es de 26 soles mensuales, lo que equivale a poco más de seis euros mensuales.












