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Trabajar en el tercer sector: ¿Qué perfiles buscan las ONG?

En un entorno preocupado de manera creciente por la desigualdad, aparecen cada vez más personas con la inquietud de dedicar sus habilidades personales y capacidades profesionales a este fin. Como si ese afán les alejara de caer en una situación de injusticia y les acercara a la humanidad que les rodea, destinan para conseguirlo la que bulle en su interior.

Carlos Cortés León

Hay, afortunadamente, muchas maneras de empeñarse en ello, ya sea desde el propio entorno personal o familiar como en el ámbito profesional. Y es aquí donde el excelente y duro trabajo que muchas entidades sin ánimo de lucro llevan haciendo durante años supone un atractivo lugar para realizar los valores personales y desarrollar el potencial de cada uno.

Es probable que se tenga muy claro ese cambio que se persigue, y quizá no tanto dónde acompañarlo y cómo hallar un espacio en el llamado tercer sector.

Este artículo expone algunas claves y pistas, al menos, para dar el primer paso hacia este mundo social.

Foto actual del tercer sector

Para poder encontrar trabajo en el tercer sector es importante conocer y tener en cuenta varias características que son relevantes en su funcionamiento:

– Heterogeneidad: agrupando de manera general a las entidades sin ánimo de lucro, existen numerosos subsectores por actividad, como las que luchan contra la desigualdad social o a favor del medio ambiente, entre otros muchos fines; varían también en cuanto a la forma jurídica, regulación laboral en base a diferentes convenios colectivos, o por nivel de agrupación (de tercer hasta primer nivel como confederaciones), o por ejemplo, algunas apenas cuentan con voluntariado que, para otras, sin embargo significa su parte más relevante.

– Atomización: según los datos que desprende el Anuario del Tercer Sector de Acción Social en España, de la Fundación Luis Vives, tres de cada cuatro entidades del tercer sector de acción social tienen menos de 50 trabajadores; además, dos de cada cinco cuentan con menos de diez personas remuneradas en plantilla.

– Financiación no diversificada: el 92,8% de las entidades recurren a la financiación pública y seis de cada diez euros de los ingresos proceden de este tipo de financiación, lo que condiciona inevitablemente su forma de intervenir.

Se trata de un sector con más del 70% de personas voluntarias y con más de 400.000 trabajadores remunerados (Estudio sobre el presente y futuro del tercer sector social en un entorno de crisis. Informe PwC. 2013).

De éstos, el número personas trabajando en el sector ha disminuido, sobre todo a partir del año 2012, en un 10% a través de reducciones de plantilla significativas, explica otro informe de PwC: La reacción del tercer sector social al entorno de crisis.

Esto quiere decir, en primer lugar, que pese al evidente aumento de ciudadanos en riesgo de pobreza y/o exclusión, se cuenta con menos personas para hacer frente a estos mayores retos.

Y en segundo lugar, que si se quiere ganar uno la vida dentro de este sector, ha de aspirar al espacio existente para trabajadores remunerados, siendo el voluntariado un elemento esencial y profesional que le acompañará durante el viaje e incluso un magnífico primer contacto, pero no el objetivo en sí mismo.

Retos a futuro

Según los recientes estudios, el principal reto que se plantean estas entidades es- no hay sorpresa en esto- la financiación. Frente a la situación predominante de dependencia en financiación pública, los recursos propios incrementan su importancia y en 2010 representaron algo más de uno de cada cinco euros de los ingresos.

Por otro lado, la financiación privada reduce su importancia y, a diferencia de 2008, se sitúa como tercera fuente. En definitiva, en dos años casi se ha duplicado el porcentaje de entidades que menciona la financiación como uno de sus principales retos para los próximos años.

Otro reto importante es la necesidad de nuevos planteamientos estratégicos para hacer más sostenibles los proyectos, optimizando todo tipo de recursos y servicios para mejorar la competitividad con el sector privado.

Un buen ejemplo es el auge de la medición del impacto como herramienta de gestión y en los mejores casos como elemento diferencial para la captación de fondos privados para proyectos medibles económicamente en su impacto social.

El tercer reto será mejorar la visualización del sector y la comunicación con la sociedad, ciudadanos, instituciones y empresas, desde la complicidad y la cooperación honesta.

Por último, existe un reto de cambio de paradigma del sector, pidiendo ya una transformación que lo lleve a su propia sostenibilidad económica en su acción social y medioambiental. Asimilado así al compromiso social de la empresa privada, se crea el llamado cuarto sector en el que lo social y lo económico dialogan, conviven y, lejos de excluirse, forman proyecto juntos.

En busca de empleo en el tercer sector

¿Qué perfiles se están buscando? Hay que tener en cuenta dos perspectivas: qué puestos son los más solicitados y qué competencias son las más buscadas.

Si se entra en algunas webs específicas del sector -por ejemplo Hacesfalta.org o Sector3.net– para la búsqueda de empleo, como muestra de la demanda de empleo actual, se puede ver que no existe gran oferta en el ámbito de puestos remunerados.

Llama la atención la escasa presencia de puestos directivos que se multiplica por tres si se incluye la coordinación de proyectos, y a su vez se duplica si se seleccionan ya puestos generalistas de gestión de proyectos. Tiene sentido al pensar que la eficiencia y eficacia en la actividad de proyectos es uno de los actuales retos, pero no el más relevante.

Donde más oferta existe, sin duda, es en materia de captación de fondos, el principal reto de estas entidades. Profundizando en los datos, se ve sin embargo que la inmensa mayoría de estos puestos no son a jornada completa, probablemente captadores de “calle”, el llamado ‘face to face’.

El resto de puestos en captación y algún otro en comunicación, están dirigidos a técnicos o mandos intermedios de captación de fondos, comunicación y marketing.

Se observa cómo esta muestra correlaciona con los retos antes mencionados, financiación y mejora de la gestión de proyectos y comunicación.

Para completar este dibujo, es preciso señalar las competencias profesionales más solicitadas. En este sentido, parece que la disminución de recursos haya podido tener un efecto negativo en la motivación e implicación emocional de los equipos, ‘dañada’ por los sacrificios de los últimos años, y que por tanto habrá que reforzar.

Además, surge la necesidad de tener mayor impacto con menos recursos, lo que requiere una mayor capacitación en los equipos. Y todo ello complementado con una exigencia de flexibilidad y capacidad de adaptación de las personas de la entidad a un entorno de cada vez mayor incertidumbre. Es decir, se buscan personas muy formadas, adaptables y capaces de hacer más con menos manteniendo la motivación.

A todo esto hay que sumar, como se desprende de las conclusiones de la primera jornada de talento social organizada por Esade y la Fundación Luis Vives, otras habilidades como la multitarea y la proactividad para poner en marcha mejoras organizativas de gestión enfocadas a la eficiencia y a la medición.

Desde este punto de vista, la experiencia en el sector privado lucrativo puede ser interesante, ya que estos aspectos están más presentes en este ámbito.

A modo de resumen, si quieres trabajar en el tercer sector recuerda:

– No es un sector en crecimiento, sí en transformación.

– Necesita perfiles concretos y muy alineados con sus retos globales, más allá de las necesidades específicas de cada entidad.

– Está en proceso de cambio, así que las personas que se incorporen han de ser promotores del mismo, proactivas, dinámicas, flexibles, muy capacitadas (conocimiento y experiencia) y sobre todo comprometidas, alineadas con los valores y la misión, para dar respuesta a situaciones difíciles y exigentes con entusiasmo y motivación constante (emoción).

 ¿Puedes y quieres ser una de esas personas?

Por Carlos Cortés León
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    2 comentarios

  • MAURO CASTRO OUZAL dice:

    Lo peor ocurre cuando el estado contrata a ONGS para gestionar empleo. Verguenza ajena dan de lo poco que saben. Prevarican. Saben que tales instituciones no sirven para nada.

  • María Fernández dice:

    No tiene desperdicio cómo en este artículo se explica, en palabras bonitas, la precariedad laboral, las horas no pagadas y voluntariado forzoso por parte de lxs trabajadorxs, el hacer de todo esté o no dentro de nuestras funciones, estar muy formadx aunque no te vayan a pagar por tu nivel de formación… Y muchas otras perlas… Y, eso sí, todo con una sonrisa y feliz de trabajar en algo que hace un mundo mejor… Porque, según este escrito, somos buenas personas. ¡Viva la dignidad laboral!
    Cuando escribamos este tipo de cosas, habría que tener un poquito de cuidado en no legitimar ciertos puntos que no son un valor, sino explotación de lxs trabajadorxs que hemos pasado de la precariedad laboral a tener que ser usuarixs de los mismos servicios sociales en los que trabajamos.

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