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Emprendedores sociales apasionados por el medio ambiente

Innovación y creatividad podrían ser las dos palabras que mejor definen a los emprendedores “tradicionales”, y que también comparten los "sociales", pero sin duda la característica que les diferencia es el convencimiento de su capacidad para cambiar el mundo a través de la visión de negocio. Trabajan en salud, inclusión, educación o finanzas, pero muchos de ellos creen que el reto más importante a abordar es el medio ambiente.

Laura Martín
Kai Marine Services - Alnitak

¿Pasión o dinero: es posible aunar ambos conceptos?, es la pregunta que muchos se hacen a la hora de comenzar a emprender. Y muchos de los que lo consiguen y alcanzan el éxito se topan el algún momento con la sensación de cuestionarse si hay algo más: si su esfuerzo e implicación podrían conseguir algo más que simplemente dinero a cambio de dedicarse a lo que les gusta.

Así nace un emprendedor social: de la inquietud por buscar ese “algo más”. De la persistencia por encontrar nuevas ideas innovadoras, sí, pero que además provoquen cambios a gran escala.

“Son al mismo tiempo visionarios y realistas, preocupados por la puesta en práctica de su visión por encima de todo”, explican desde Ashoka -la mayor red internacional de emprendedores sociales que brinda apoyo a más de 3.000 changemaker, o actores de cambio, en 90 países-, y que defiende que “no hay nada tan poderoso como una buena idea en manos de un emprendedor”.

Una frase del fundador y CEO de Ashoka, Bill Drayton, -Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2011- define a este colectivo de forma muy clara. “Los emprendedores sociales no se conforman con dar un pez ni con enseñar a pescar. No descansarán hasta que hayan revolucionado la industria pesquera”. “Son personas empáticas, que se han puesto manos a la obra para resolver un problema, tienen una solución creativa y saben liderar e influir en la gente que les apoya”, agrega.

En realidad, Drayton está convencido de que “todos podemos cambiar el mundo”, pero evidentemente los emprendedores sociales no pueden solucionar todos los problemas del mundo. “Para lograr un cambio a gran escala se necesita la colaboración de cada uno de los actores de la sociedad. Necesitamos construir un mundo de changemakers”, afirma.

Ashoka cree que, precisamente en un mundo en el que todos podemos ser agentes de cambio, las empresas tienen un papel muy importante que jugar. “La filantropía y la responsabilidad social corporativa son solamente una pequeña parte de todo el potencial que posee el sector privado para lograr un impacto social. Necesitamos que las empresas den un paso adelante y lideren el cambio creando nuevos tipos de alianzas con innovadores sociales para crear un verdadero impacto en la sociedad”, asegura esta organización.

Según explica Maira Cabrini, responsable de Comunicación de Ashoka, a Compromiso Empresarial, “el emprendedor social tiene como objetivo prioritario crear un impacto social y mide su éxito en base al número de personas a las que esté ayudando o cuánto impacto ha generado en un determinado sector, pero también debe hacerlo de una manera económicamente sostenible”.

“Ashoka aplica un proceso muy riguroso de selección de emprendedores sociales, lo que nos asegura que estamos llegando a algunas de las personas con más potencial de impacto en el mundo: no sólo buscamos innovación en su idea, o un espíritu emprendedor, sino también una ética incuestionable y creatividad a la hora de resolver problemas”. Desde 2005 en España se han seleccionado casi una treintena, pero hay unos 3.300 en todo el mundo.

Una vez seleccionados, los que lo necesiten reciben un apoyo económico durante tres años en forma de beca, para que puedan dedicarse únicamente a sus iniciativas y proyectos. Además, entran a formar parte para siempre de una gran red global a través de la que pueden entrar en contacto con otros emprendedores sociales, instituciones o empresas de todo el mundo y difundir su mensaje.

Ashoka les aporta apoyo estratégico en forma de consultoría, recursos pro-bono o difusión mediática, además de organizar eventos que sirven para dar a conocer sus iniciativas al público y entablar lazos más estrechos entre potenciales agentes de cambio.

Apostar por el medio ambiente: experiencias con impacto

La red de Ashoka cuenta actualmente en España con cinco emprendedores sociales que trabajan en el sector del medio ambiente, según señala Maira Cabrini, que añade que éstos se centran en aspectos muy distintos del sector: desde la gestión de montes “abandonados” en España, al trabajo colaborativo con pescadores para asegurar la conservación de los mares, o el fomento de la agricultura ecológica.

“Pero queda mucho por hacer en el sector del medio ambiente, que sin duda puede abarcar desde la agricultura y la pesca, a las energía renovables, o el reciclaje”. “El medio ambiente es, sin duda, uno de los sectores con más potencial para fomentar un impacto social positivo”, afirma categórica la representante de Ashoka.

Antonio García Allut es, desde 2006, uno de esos emprendedores sociales que dedica toda su capacidad de innvación y compromiso social al medio ambiente. Desde la Fundación Lonxanet trabaja por el fomento de la pesca sostenible, después de detectar que la pesca artesanal actualmente no es viable en terminos económicos debido a que el sector “se ve acosado por unos ingresos inseguros e inestables a causa de los precios del producto de la pesca, que dependen de una comercialización ineficaz sobre las que los pescadores no tienen ningún control”.

Ante ello, este emprendedor social ha creado un modelo integral y sistémico para actuar sobre las causas que están poniendo en peligro la existencia de las comunidades pesqueras tradicionales en el mundo. Su planteamiento se basa en la idea de “convertir a los pescadores en los protagonistas reales del cambio”, y en redistribuir los logros y éxitos del proyecto “entre todos los agentes sociales que intervienen en él”.

Gracias a su trabajo, Lonxanet está demostrando la viabilidad de la pesca artesanal a pequeña escala, y actualmente ya comercializa al año más de 50.000 kg de pescado y marisco de las confradías de pescadores. Hasta ahora unos 8.000 estudiantes de entre 6 y 16 años han participado en los cursos de sensibilización ambiental y conocimiento a la pesca artesanal que imparte esta organización.

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Beatriz Fadón, de Red Calea

Por su parte, Beatriz Fadón, se dedica desde 2008 a la agricultura ecológica, un sector que es percibido por los agricultores con reticiencias porque lo asocian a una baja rentabilidad económica. Esta emprendedora social alerta de que, además, “la demanda está muy descompensada y desconectada, debido a que hay muchos grupos de consumo dispersos, lo que además incrementa sus costes y en consecuencia, los precios”.

A través de la Red Calea, Beatriz trabaja para el fortalecimiento del papel que juegan los agricultores a lo largo de toda la cadena de la industria agroecológica: desde la producción hasta la distribución y comercialización de los productos.

Su apuesta pasa por “involucrar de forma más fluida a todas las partes y movilizar una masa crítica que ejerza presión en los ámbitos de toma de decisiones y diseño de políticas económica y ambientalmente sostenibles”, asegura.

A su juicio, “las pequeñas y medianas producciones de agricultura ecológica son una alternativa para lograr un desarrollo rural sostenible, bajo los criterios de una economía alternativa, justa y solidaria”. Su labor también es de divulgación, y anualmente una media de 3.000 personas participan en los cursos de agricultura ecológica, conferencias y encuentros de la Red Calea.

Pedro Medrano esta implicado, desde la Asociación Forestal de Soria, en la recuperación y puesta en valor de lo que se denominan “montes de socios” y la búsqueda de un nueva forma de relación en el medio rural.

“Más del 5% de la superficie forestal de España es de propiedad colectiva. Con una sociedad que ha abandonado sus raíces rurales desde hace  4 ó 5 generaciones, la dificultad o imposibilidad de intervención y gestión en algunas zonas por falta de claridad con respecto a la propiedad de los terrenos, a menudo lleva al abandono de áreas rurales, incluidos bosques y montes”, explica.

Este emprendedor, ingeniero de montes, ha promovido una nueva figura jurídica, las Juntas Gestoras -actualmente existen 51 juntas gestoras constituidas, con 15.000 personas implicadas- que permiten gestionar esos montes y bosques, muchos de ellos “abandonados”, para vincularlos a personas y comunidades, y hacer de ellos una fuente de riqueza cultural y natural.

En esta Asociación Pedro Medrano trabaja actualmente con asociaciones indígenas de otros continentes. En 2013 su proyecto recibió el reconocimientos de Best Practice de Naciones Unidas.

Otro de los emprendedores de Ashoka en España, Ricardo Sagarminaga, biólogo marino y exactivista de Greenpeace, apuesta por la defensa de la biodiversidad marina, actualmente en peligro, y con ella también el equilibrio ambiental del planeta.

“La sociedad aún no percibe la conservación de la biodiversidad como un reto prioritario”, denuncia, señalando tres grandes desafíos fundamentales a abordar en este sentido: el cambio climático, la contaminación, y la sobreexplotación de los recursos marinos.

Su proyecto se basa en tres pilares básicos de acción: investigación científica, cooperación y comunicación para la puesta en marcha de un modelo de conservación que implique la participación directa de todos los actores que influyen, directa o indirectamente, en la gestión de los recursos marinos, especialmente las comunidades pesqueras. Sólo un dato que refleja el impacto social conseguido por Ricardo Sagarminaga: gracias a este proyecto, se ha reducido en más de un 95% las capturas accidentales de tortugas desde 2008.

Por su parte, Jordi Pietx dedica todo su esfuerzo emprendor a la puesta en marcha de acuerdos innovadores para la protección y conservación del territorio en España, para que, además de las administraciones públicas, sean los propietarios particulares, ayuntamientos y la sociedad en general, quienes puedan conservar la Tierra y su biodiversidad. Para ello Pietx está creando y adaptando conceptos como la custodia del territorio al contexto español y diseñando herramientas técnicas, jurídicas y de participación para poder aplicarlos.

Gracias a su labor, la custodia del territorio se ha introducido como nueva herramienta de protección dentro de la Ley de Patrimonio Natural y de Biodiversidad de Diciembre de 2007, y en España ya hay más de 700 acuerdos de custodia del territorio, que involucran a unas 100 organizaciones sociales y de conservación.

Europa, tambien con el emprendimiento en medio ambiente

El pasado mes de noviembre se entregaron en Bruselas los galardones del Concurso Europeo de Innovación Social en su edicion 2015, y que en julio había preseleccionado a 30 semifinalistas de entre más de 1.400 candidatos.

El tema de este año, Nuevas formas de crecer abordaba las cuestiones sociales que más preocupan a los europeos: el cambio climático, el medio ambiente, el empleo, la inclusión social, la educación, la salud y el envejecimiento, entre otras. En esta última edición se recibieron solicitudes de más de 40 países.

En palabras de Kaat Peeters, miembro del jurado y gerente de Sociale Innovatie Fabriek, con sede en Bélgica, “este concurso es una plataforma donde cualquier persona con una gran idea puede tener la oportunidad de dejar su huella y cambiar cómo nuestras economías y sociedades operan e interactúan a través de la innovación social”.

Los ganadores de este año fueron la Fundación de apicultura Apiform, para la inclusión social y la repoblación de abejas en Europa; el proyecto para transporte de personas mayores Freebird Club, y la plataforma de coches adaptados compartidos, Wheeliz. Los tres proyectos compartieron un premio de 150.000 euros.

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Carlos Martín, responsable de BUYears.

Uno de los semifinalistas de este año fue español: el  proyecto madrileño, miembro de Impact Hub Madrid, BUYears, que apuesta por acabar con la obsolescencia programada a partir de nuevos patrones de consumo. Su responsable, Carlos Martín, explica que su propuesta plantea “una nueva manera de crecer para Europa”.

“El modelo de consumo actual promueve que compremos productos -aparatos electrónicos, electrodomésticos, vehículos…- preparados para no ser reparables, desmontables, duraderos o eficientes, a lo que se suma que los porcentajes de un reciclaje adecuado de ellos son bajísimos y la recuperación casi inexistente debido a las barreras técnicas para ello. Como resultado, los impactos ambientales actuales son tremendos”, relata Martín.

Su apuesta pasa por cambiar radicalmente este modelo y fomentar el mantenimiento, reparación y mejora de su funcionalidad. De esta forma las innovaciones tecnológicas se alinearían con la durabilidad y se conseguirían importantes mejoras en eficiencia en procesos de reparación, trazabilidad, etc., creándose a la vez nuevos puestos de trabajo locales en materia de I+D, mantenimiento, reparación o asistencia.

A esto deberá sumarse la formación e información al consumidor para fomentar el buen uso de los productos, o activar la segunda vida de éstos a través de la donación a familias, organizaciones o personas con menos recursos. “Así se alinearían los intereses de empresas, consumidores y medio ambiente”, asegura Carlos Martín.

Barreras y retos de futuro

Desde Ashoka señalan que las barreras a las que se enfrentan los emprendores sociales son muchas, como para cualquier emprendedor: “Desde la financiación, a la creación de un equipo sólido o la sostenibilidad de su idea”. Aunque el emprendimiento social actualmente está en auge en España, “es un modelo aun desconocido por muchos sectores, lo que dificulta la creación de alianzas y colaboraciones a gran escala”, apuntan.

Además, en España aún no existe la figura jurídica de “empresa social”, lo que complica el pleno desarrollo de muchas ideas. Ashoka es una de las organizaciones impulsoras de la figura de Sociedad Limitada de Interés General en España, entre otras propuestas, precisamente para hacer frente a esa ambigüedad legal.

En cualquier caso, desde Ashoka son optimistas, ya que “el panorama está cambiando, precisamente gracias a muchas organizaciones que están dando apoyo y visibilidad a los emprendedores sociales”.

A nivel global, organizaciones internacionales como Schwab Foundation o Skoll Foundation, entre otras, también trabajan para el fomento del emprendimiento social. A nivel local, varias organizaciones apoyan este fenómeno, y en muchos casos complementan la labor de Ashoka, como UpSocial, Unltd Spain, o Ship2be

Por Laura Martín
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