Ante el fracaso escolar, educación de la ‘nueva escuela’

España tiene una tasa de abandono escolar del 20%, la más alta junto con Malta de toda Europa, y parte de ese problema está enraizado en nuestro sistema educativo, poco innovador, basado en el mero estudio del libro de texto. No obstante, desde hace tiempo han empezado a oírse voces que piden un cambio, especialmente que se haga más partícipe al alumno del diseño de su propia educación.
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Ahora que el fin de curso escolar está cerca parece buen momento para meditar sobre lo bueno y lo malo que nuestros hijos han ido desarrollando a lo largo del año. El mío, por ejemplo, tras pasar su etapa de infantil enfrascado en proyectos y juegos didácticos que despertaban su curiosidad, ha empezado primaria con cantidades ingentes de deberes que han minado su motivación. Vamos, un horror con todas sus letras (metidas entre guías de caligrafía).

El objetivo del colegio (del nuestro y de muchos otros, teniendo en cuenta la huelga de deberes que tuvo lugar en toda España hace unos meses) es que los niños aprendan la materia básica que se marca desde el Ministerio. Lo suficiente como para cubrir el expediente sin mirar más allá, y a base de llevar la mochila llena de libros de texto y de ejercicios, ejercicios y más ejercicios. Así desde los seis años.

Este modus operandi de la ‘vieja escuela’ no parece tener interés en introducir otras estrategias educativas. Ni en convertir en materia el trabajar valores y habilidades, implicando a los padres: relaciones personales, toma de decisiones, resolución de situaciones problemáticas, desarrollar (en vez de anular) la creatividad…

Las estadísticas han dejado patente la falta de atractivo que tiene, a grandes rasgos, nuestro sistema educativo: España posee, junto con Malta, la mayor tasa de abandono escolar de Europa, un 20%, según datos de 2015 aportados por el Ministerio de Educación. Se trata de una pérdida de recursos, humanos y económicos que no podemos permitirnos. ¿No sería más eficiente plantear nuevas herramientas metodológicas que motiven a nuestros jóvenes estudiantes?

Hace unos días revisaba el informe de Ashoka titulado ¿Para qué educamos? Estudio sobre las bases de un marco amplio de éxito escolar con el fin de que me aportase ideas que presentar al consejo escolar. Este documento defiende, precisamente, ese planteamiento: que el modelo actual se apoye en una innovación educativa que ya existe en algunos centros y que funciona. Esas nuevas metodologías han aparecido, sobre todo, en aquellas escuelas relacionadas con el aprendizaje colaborativo o cooperativo, la mediación escolar, el aprendizaje social y emocional o con las inteligencias múltiples.

El texto de Ashoka destaca nueve elementos clave en el desarrollo de un marco más amplio de éxito escolar: considerar al alumno como sujeto activo y al profesor como facilitador de la información y su comprensión; el aprendizaje cooperativo con agrupamientos flexibles; el trabajo basado en proyectos; la inclusión y atención a la diversidad; hacer foco en la tutoría; la cooperación entre el centro, las familias y la comunidad; la evaluación por competencias; la evaluación como instrumento de aprendizaje, y, para el profesorado, métodos de autoevaluación y evaluación entre iguales.

 

Un caso práctico

Para ampliar algo de información al respecto, he consultado sobre este tema a varios conocidos especializados en el campo de la educación y me han ilustrado con ejemplos prácticos. Me llamó la atención el caso de un colegio madrileño que, al principio del curso, consulta a sus alumnos qué temáticas les gustaría abordar a lo largo del año (el espacio, etapas históricas, el medio ambiente, etc.). Una vez realizada la votación, el profesorado elige una o varias de esas temáticas y trabaja con sus alumnos todas las asignaturas alrededor de ellas, elaborando materiales propios, realizando proyectos colaborativos en grupo, animando a los padres a participar con charlas u otras herramientas…

Hermosa manera de hacer partícipe al alumnado de su propia educación, de que sientan que ellos mismos la están construyendo y que son agentes activos imprescindibles para llevar a cabo el proceso. De fomentar su autonomía, su iniciativa y su responsabilidad para promocionar su liderazgo interno y la propia reflexión. Pero también de mejorar la calidad de sus relaciones con el resto de compañeros y saber adoptar diferentes roles, según el trabajo encomendado.

Lógicamente, no se puede dejar de lado la figura del profesor, que ha de estar concienciado y también motivado con el cambio. Como ya se ha comentado anteriormente, el informe de Ashoka coloca entre sus puntos clave las tutorías, una constante vigilancia y orientación individual de cada alumno con el fin de que se desarrolle en todos los ámbitos posibles, incluso en los referidos al crecimiento y maduración personal.

Las nuevas herramientas metodológicas también tienen muy en cuenta a la familia que acompaña socialmente al alumno. Desde el punto de vista del estudio, la educación se debe entender como un proceso integral que no sólo se limita al tiempo que se pasa en la escuela. “El pensamiento subyacente es que si se persigue que la escuela sirva para formar a los jóvenes del presente para ser los adultos del futuro, debería de estar adaptada a la situación actual e ir recogiendo los cambios que se produzcan en la sociedad integrándose en las organizaciones e instituciones sociales, la familia, etc.”.

Por otra parte, las nuevas metodologías, especialmente las basadas en las inteligencias múltiples, abogan por evaluar a los estudiantes no sólo por las notas recabadas en sus exámenes, también por la actitud mostrada a lo largo del curso. Y que ésta se mida y se registre: anécdotas, incidencias del alumno con otros compañeros, carpetas de trabajos realizados, grabaciones con sus intervenciones ante la clase, tablas y gráficos que reflejen el trabajo realizado y los libros leídos, test estandarizados, entrevistas con los alumnos…

Todas estas y otras muchas nuevas tendencias están teniendo interesantes resultados que, sin embargo, no terminan de cuajar a nivel general. Probablemente irán entrando poco a poco, es un hecho que el género humano es reacio al cambio radical y que evoluciona muy lentamente, pero ese 20% de abandono escolar debería hacernos ver que hay cierta urgencia, que hay que acelerar el proceso. Démosle una oportunidad a nuestros jóvenes estudiantes, porque serán ellos los que marcarán nuestro futuro.

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