Colaboración público-privada para financiar pymes de base tecnológica

La crisis ha hecho que el Estado recorte las ayudas directas a las 'startups'. En su lugar, se propone implicar al sector privado para que financie las actividades a cambio de retornos económicos. El Centro de Desarrollo Tecnológico e Industrial canaliza en España varias líneas de capital riesgo, intentando reproducir el círculo virtuoso de Sillicon Valley, en el que sector privado, instituciones públicas e innovadores crecen juntos.
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Las mayores oportunidades de la economía basada en el conocimiento se dan en actividades innovadoras y muy intensivas en tecnología, dentro del llamado mercado de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Son actividades en donde tienen muchas más posibilidades de llevarse el gato al agua grandes empresas tecnológicas como Google o Apple, que son capaces de concentrar a su alrededor talento o inversión. ¿Cómo puede un país como España, con una estructura económica basada en pequeñas y medianas empresas competir en un contexto así?

Aproximadamente el 60% de las compañías españolas son microempresas con menos de diez empleados. Según un informe de la fundación Cotec sobre tecnología e innovación en España, sólo cuatro de cada diez pymes que hacen I+D cuentan con un departamento específico dedicado a esta actividad.

El dato sugiere que la mayoría de empresas no basan su negocio en la tecnología y que la I+D es una actividad coyuntural susceptible de ser descartada cuando hay dificultades.

Parece que el ecosistema de los negocios españoles no parece especialmente propicio para las TIC. Sin embargo, la meca tecnológica a nivel global, Sillicon Valley, no deja de ser un entorno marcado por una fuerte tendencia a la microempresa -esa imagen casi romántica de informáticos trabajando en un garaje en un proyecto superinnovador-, que conviven con los grandes gigantes del sector.

California ha logrado crear un triángulo virtuoso en el que grandes inversores privados, pequeños desarrolladores e instituciones públicas se benefician mutuamente en un juego en el que todos ganan.

Identificado el modelo de éxito, sólo queda replicarlo. Aunque decirlo es mucho más fácil que llevarlo a cabo. Y eso es lo que llevan intentando las autoridades españolas y europeas durante la última década, fomentando programas de ayudas y, sobre todo, instrumentos financieros. En España la iniciativa la lleva el Centro de Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI), dependiente del Ministerio de Economía e Innovación.

No se trata de dar dinero público, dadas las restricciones presupuestarias, sino de replicar las condiciones que se dan en el mercado anglosajón, donde grandes fondos de inversión se atreven a apostar por iniciativas en el ámbito de las TIC porque ven claro que va a haber un retorno.

Aquí el papel del estado es más bien el de un garante o de un intermediario. El Gobierno acaba de aprobar una fuerte reducción de las ayudas directas a las pymes innovadoras, las llamadas startups.

Esas ayudas directas las canalizaba la Empresa Nacional de Innovación (Enisa), que ha visto reducido su presupuesto de 20 a 1,8 millones de euros. Ha llegado la hora de que el capital privado tome el relevo.

Capital riesgo

La legislación española ha incorporado aspectos impositivos y normativos que favorecen el mecenazgo y el capital riesgo privado funciona bien en el país. Al menos, así es en otros sectores, ya que el segmento del capital riesgo tecnológico “sigue estando desproporcionadamente subdesarrollado, cuando operaciones recientes demuestran que existen oportunidades de inversión en tecnologías avanzadas”, según explican desde CDTI.

Es en este contexto y para revertir esta tendencia se creó a principios de siglo el programa Neotec. Se trató de una iniciativa conjunta del CDTI, que posee un extenso conocimiento sobre las tecnologías innovadoras y la financiación de proyectos tecnológicos, y el Fondo Europeo de Inversiones (FEI), que cuenta con amplia experiencia en la industria de capital riesgo en Europa.

En 2002 se aprobaron las primeras ayudas, de hasta 250.000 euros, con carácter general. La devolución de estos préstamos estaba condicionada a la generación de cash flow positivo por parte de la empresa beneficiaria.

Esta modalidad de ayuda estuvo vigente hasta el año 2014 y sirvió para apoyar 639 proyectos. Ha sido sustituida por el programa Innvierte, que al igual que el anterior tiene como objetivo de estimular la inversión privada en empresas tecnológicas e innovadoras españolas, pero intenta resolver dos problemas del sistema español de innovación que no se solventaron adecuadamente con Neotec.

“En primer lugar, la deficiente traslación del conocimiento generado en los organismos de investigación al tejido productivo”, explican los responsables de CDTI. España ha realizado un enorme esfuerzo inversor en ciencia y conocimiento que no se concreta de manera suficiente en la creación de valor en el tejido productivo.

En segundo lugar, señalan “la dificultad de las empresas tecnológicas e innovadoras españolas para crecer y convertirse en actores relevantes de los mercados globales”. Es decir: España sigue sin ser Sillicon Valley.

Transferencia tecnológica

Los expertos señalan que el problema no es el dinero -o la falta del mismo-, que también, sino el llamado “flujo de la transferencia tecnológica”, que es de arriba a abajo, cuando debería ser al revés o más bien bidireccional. De nada sirve que haya empresas trabajando en proyectos altamente innovadores cuando la sociedad no realiza acuse de recibo. Las nuevas iniciativas de financiación público-privada en el ámbito tecnológico deben tener más en cuenta el valor social de los proyectos, según coinciden en señalar los expertos.

El problema lo expuso de manera meridiana, en el transcurso de unas jornadas sobre innovación y empresa, Manuel Desco, coordinador de la Plataforma de Innovación en Tecnologías Médicas y Sanitarias del Instituto de Salud Carlos III (Itemas).

Desco explicó que si bien en España la producción científica es buena, ya que nuestro país aporta alrededor del 3% de las publicaciones científicas en el campo de la medicina, es muy escaso el número de estudios que acaban convertidos en tratamientos o tecnología médica, con lo cual la inversión en I+D es muy poco rentable. “Somos incapaces de sacarle partido”, señaló. España está a la altura de Eslovenia en la clasificación mundial de solicitud de patentes y por debajo de Kazajistán en el índice de competitividad.

La plataforma Itemas busca revertir esa tendencia y lo hace recurriendo precisamente a la colaboración público-privada: La iniciativa del Instituto de Salud Carlos III intenta ayudar a los grupos y centros de investigación de los hospitales a llegar al mercado por medio de asesoría, gestión de patentes, búsqueda de socios, financiación y empresas licenciatarias, desarrollo de pruebas de concepto y prototipos, entre otros servicios.

La colaboración científica público-privada solo tiene sentido si la investigación se orienta a solucionar problemas reales de la sociedad, de manera que pueda dar como resultado productos que puedan ser comercializados en el mercado.

“El concepto de transferencia tecnológica como un flujo lineal de la universidad a la empresa es obsoleto. Se impone una realidad multiforme en la que ambos mundos interactúan”, explicó durante el mismo foro José Molero, catedrático y director del Grupo de Investigación en Economía y Política de la Innovación de la Universidad Complutense de Madrid.

Del mismo modo, las iniciativas de promoción tecnológica desde las instituciones tienen que tener en cuenta las necesidades del mercado. Molero llamó a que en el diseño de las mismas participen profesionales con conocimientos empresariales y representantes de las mismas compañías. El catedrático sugirió también que el CDTI tenga capacidad para planificar y establecer las políticas de innovación en lugar de ser “un mero ejecutor”.

Programa Innvierte

El programa Innvierte del CDTI ha sido la respuesta de esta institución a la necesidad de cerrar el ‘triángulo de amor’ entre apoyo público, capital privado y ecosistema empresarial. A través de Innvierte, el CDTI gestiona su participación en varios fondos de inversión de capital riesgo que invierten en empresas de base tecnológica o innovadoras en distintos sectores y etapas de crecimiento.

Tiene un espíritu parecido al de Neotec, pero incorpora más mecanismos para evaluar la proyección en el mercado de las iniciativas que impulsa y cuenta con el criterio de los mecenas privados a la hora de seleccionar los proyectos en los que se apuesta dinero.

El compromiso de inversión de Innvierte en estos fondos es de 260 millones de euros y los compromisos público-privados totales ascienden a unos 850 millones de euros hasta 2020.

En los algo más de tres años que lleva en marcha ya ha se han invertido 120 millones de euros en 96 inversiones.

Con estos vehículos se cubre un rango amplio de las fases de crecimiento de las empresas, desde la fase semilla ligada a la transferencia de conocimiento desde organismos de investigación a fases tempranas de arranque, crecimiento y consolidación de startups.

El último fondo puesto en marcha por Innvierte ha sido BeAble Innvierte Kets FundFCR, en colaboración con la gestora Beable Capital. Se trata de un fondo de 32 millones de euros para fomentar la transferencia de tecnología a empresas españolas a través de inversiones en capital semilla y de financiación en sus etapas tempranas de desarrollo.

El CDTI inyectará 15 millones de euros a través del programa Innvierte, mientras que el FEI y otros inversores privados nacionales aportarán 17 millones más, hasta alcanzar los 32 millones. “El equipo gestor ha desarrollado una metodología de análisis de resultados de proyectos científicos y tecnológicos que facilita su orientación al mercado, definiendo las aplicaciones potenciales y comercialmente más rentables, así como las pruebas de concepto necesarias para la puesta en mercado que ayuden a minimizar los riesgos”, explican desde el CDTI.

El fondo invertirá en empresas que desarrollarán tecnología en ámbitos como los materiales avanzados, nanotecnología, fotónica, micro y nanoelectrónica y biotecnología industrial. Estas tecnologías denominadas tecnologías facilitadoras esenciales (Key Enable Technologies, KETS) tienen repercusión en un amplio espectro de actividades económicas.

Las inversiones del Fondo oscilarán entre 75.000 y 1.500.000 euros y “apoyarán los procesos de creación y consolidación de empresas españolas con capacidades tecnológicas y elevado potencial de crecimiento procedentes del ámbito investigador”, según figura en la web del CDTI.

Innvierte mantiene actualmente 14 fondos con estrategias de inversión especializadas en ámbitos tecnológicos como tecnologías de la información y las comunicaciones, ciencias de la vida, tecnologías industriales y energía y medio ambiente.

A comienzos de este año, se puso en marcha un instrumento financiero para ayudar a pequeñas empresas en el ámbito de la ciberseguridad. La próxima Panda o Avast podría ser una de estas pymes innovadoras con financiación público-privada.

Algunas de las empresas financiadas por Innvierte son New Music Now, especializada en el desarrollo de partituras digitales; Gogotik, de aplicaciones para móviles; Getting Robótica, dedicada a la implantación de células robotizadas en el sector de la fundición, o Formune, una empresa sanitaria innovadora que ofrece vacunas terapéuticas frente al cáncer de cuello de útero.

El sector bancario también ha creado sus propias herramientas de capital riesgo, como alternativa a los préstamos bancarios.

Caixa Capital Risc es la sociedad gestora de empresas de capital riesgo de la entidad catalana que invierte en compañías españolas innovadoras. Su inversión más importante ha sido en KDPOF, con sede en Madrid, una empresa especializada en el desarrollo y uso de fibra óptica de plástico que está revolucionando las redes de comunicaciones de datos dentro del automóvil.

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