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El juramento hipocrático de los MBA: Los alumnos muestran el camino

Ahora bien, en el escenario actual de debate en el entorno de las escuelas de negocios a raíz de la crisis mundial, donde el dedo acusador se dirigió contra estos centros, cabe analizar el protagonismo del juramento desde un punto de vista estratégico, es decir, ver cómo este movimiento de los alumnos ha influido en el contexto actual de ese sector. Para bien o para mal –más lo primero que lo segundo–, el propio juramento ha elevado el debate en torno a sí mismo, esto es, si es necesario ese juramento, a fin de qué ha nacido y qué sucede con aquellos alumnos MBA que decidan no firmarlo. Desde la publicación del juramento de Harvard, no han faltado alumnos de varios centros de prestigio, como Duke, Chicago y otros, que se han cuestionado la propia existencia del juramento porque, a la postre, supone, dicen, prejuzgar al alumno, al cual se le considera, de entrada, no ético. Ésta ha sido la principal crítica, pero no la única, pues otros alumnos censuran que ya al entrar en una escuela deben firmar el código de honor del centro, por lo que, sugieren, ese juramento es innecesario por repetitivo.

El claustro no ha sido ajeno a este creciente debate y, en este sentido, desde INSEAD destaca el diálogo que han mantenido un ferviente defensor del juramento, Craig Smith, y su compañero académico Theo Vermaelen, que redunda en la idea preconcebida y negativa que sugiere el juramento del alumno o directivo. Para este último, en realidad el juramento provoca un efecto perverso: la violación de los estándares éticos. Muy al contrario, Smith señala que la bonanza del juramento reside en que los alumnos se han dado cuenta de la importancia de la ética en el trabajo directivo, lo cual, insiste, es algo más que elogiable en un contexto tendente a la sostenibilidad. Es más, recalca: “Es posible que el juramento sea la respuesta más contundente y apropiada que se ha hado desde las escuelas de negocios desde el estallido de la crisis y las críticas vertidas contra los centros”.

No resulta menor el comentario de Craig Smith, pues en el fondo enlaza con el que es, quizá, el mayor elemento de reflexión alrededor del MBA Oath. En un momento crítico para las escuelas de negocios, acusadas desde muchos sectores de “educar a los directivos que han arruinado el sistema”, como rezó un chiste del humorista Dilbert, los decanos de los centros han mostrado, salvo contadas excepciones, una mirada discreta, poco autocrítica o, incluso, distante con los sucesos que acontecían.

Para muchos de ellos, las escuelas no eran en absoluto responsables de la crisis y, por tanto, de nada debían responder, a pesar de que la reputación mundial de todo un sector –no una escuela, sino todo el sector– han estado en tela de juicio. Pues bien, frente a esa mirada, en ocasiones, excesivamente a la defensiva de muchos decanos, el juramento hipocrático se presenta como la respuesta más directa que se ha dado desde dentro del propio sector.

Por una vez, podría decirse, los alumnos MBA han enseñado con ese paso adelante el camino a los decanos, que han tardado en reaccionar en muchos casos.

La consecuencia no se ha hecho esperar, según Rakesh Khurana: “Los estudiantes están diciendo que quieren una educación de negocios que opere de un modo diferente y ahora quieren mayores expectativas del claustro. Que los profesores les digan ahora que simplemente basta con maximizar el valor para el accionista ya no les satisfará jamás a esos alumnos.

Quieren salir de la imagen acartonada de los negocios que se les ha enseñado en clase, para salir al mercado con las habilidades necesarias para liderar una empresa en el siglo XXI”. Las palabras de Khurana coinciden, en buena medida, con lo que desde diversos ámbitos se ha exigido durante el último año a las escuelas: enseñanza holística y multidisciplinar, una visión transversal de la ética y la responsabilidad corporativa, más criticismo y menos conceptos envasados y tradicionales… Los alumnos han tomado la palabra y han hablado claramente con un mensaje que no puede pasar desapercibido por las escuelas, porque con esas palabras los MBA están marcando a los centros el camino a seguir en el siglo XXI.

Ésta es, sin duda, la gran virtud del MBA Oath: mostrar el rumbo a seguir tanto por los alumnos y directivos como por parte de las escuelas. Pero, incluso por encima de este punto, ya trascendente de por sí, la radicalidad del Oath se abre paso en dos temas cruciales a la luz de la crisis.

En primer término, fruto del debate suscitado entorno al propio Oath, ha puesto en primera línea de la agenda estratégica de alumnos y escuelas el tema de la ética y responsabilidad del directivo, en un momento en que los escándalos financieros han sido resultado de las prácticas poco éticas y deshonestas de altos directivos. Y segundo, el juramento ha puesto el acento en el fin de la labor del directivo, que, como dice el texto del Oath, debe buscar la prosperidad de la sociedad en su conjunto.

Max Anderson lo resumió con suma nitidez cuando en un artículo señaló que el fin de un graduado MBA no debería ser tanto “marcar la diferencia en el mundo” (lema de Harvard Business School) como “marcar la diferencia por y para el mundo”, o en su caso, como apostilló Nitin Nhoria, “crear un impacto positivo en el mundo”. Sin duda, el MBA Oath es el primer paso de ese impacto positivo en el mundo.

Texto del MBA Oath de Harvard Business School

PREÁMBULO. Como gerente y administrador de empresas, mi propósito es servir al bien superior común para que personas y recursos en forma conjunta logren crear valor cuando una persona por sí sola no pueda. Por lo tanto, voy a buscar el camino que consolide el valor que mi empresa pueda crear para la sociedad en el largo plazo. Reconozco que mis decisiones pueden tener consecuencias de gran alcance que afectan el bienestar de los individuos dentro y fuera de mi empresa, tanto hoy como en el futuro. Como buscaré conciliar intereses de muy diversa índole, soy conciente de que deberé enfrentar y tomar decisiones complicadas.

Por lo tanto, prometo que:

1. Actuaré con la máxima integridad y realizaré mi trabajo de una manera ética. Mi conducta personal será un ejemplo de integridad en conformidad con los valores que propugno públicamente.

2. Salvaguardaré los intereses de los accionistas, colaboradores, clientes y la sociedad en la que opera la empresa en la que me desempeñe. Trataré de proteger los intereses de aquellos que no tienen poder, pero cuyo bienestar depende de mis decisiones.

3. Manejaré la empresa en la que me desempeño de buena fe, protegiéndola de decisiones y comportamientos que tengan una naturaleza ambiciosa y que, como consecuencia de ello, puedan dañar a la empresa y la sociedad a la que sirve. La búsqueda del interés propio ha sido el motor esencial de una economía capitalista, pero la codicia desenfrenada ha mostrado ser igualmente perjudicial. Me opondré a la corrupción, la discriminación injusta y la explotación.

4. Comprendo y defenderé, tanto en letra como en espíritu, los principios, leyes y contratos que rigen mi propia conducta y la de mi empresa. Si me parece que esos principios, leyes y contratos son injustos, anticuados o inútiles, no romperé con ellos, ni los ignoraré o evitaré. Buscaré la manera y los medios aceptables para modificarlos y reformarlos.

5. Asumiré la responsabilidad de mis acciones, y representaré el desempeño y los riesgos de mi empresa con justeza y honestidad. Mi objetivo no será distorsionar la verdad, sino explicar con transparencia y ayudar a la gente a entender cómo las decisiones que les afectan se realizan.

6. Me desarrollaré y procuraré que otros administradores bajo mi supervisión se desarrollen, para que la profesión siga creciendo y contribuyendo al bienestar de la sociedad. Consultaré a mis colegas y otras personas que pueden informarme y contribuir a formarme un juicio; invertiré continuamente en la evolución de los conocimientos en mi campo de actuación; estaré siempre abierto a la innovación. Promoveré la educación y entrenamiento de la próxima generación de líderes.

7. Trataré de promover el desarrollo económico, social, ambiental y el bienestar de todas las personas en todo el mundo. La prosperidad sostenible se crea cuando la empresa produce una salida a largo plazo que es mayor que el costo de oportunidad de todos los insumos que esta consume.

8. Rendiré cuentas a mis compañeros y pares y ellos ante mí, para que adoptemos y encarnemos este juramento. Reconozco que el estatus y privilegio como profesional derivan del respeto y la confianza que la profesión goza en su conjunto y, por eso, acepto mi responsabilidad de encarnar, proteger y desarrollar las normas de la profesión, a fin de aumentar esa confianza y respecto.

Realizo este juramento con total libertad y apoyado en mi honor.

Por Juanma Roca
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