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Tocando [en] el cielo : El Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela

Al escuchar los gritos y los aplausos, mi primera impresión fue que esas muestras de entusiasmo eran más propias de una estrella de rock o de una actriz de Hollywood, cuando atraviesa el pasillo por la alfombra roja. Pero no, el griterío se dirigía a un jovencísimo director de orquesta de veintisiete años de edad, que acababa de finalizar un concierto en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, interpretando la Sinfonía Nº 4 en Fa Menor de Tchaikowsky.

Otra de las sorpresas fue comprobar que la mayoría del público del Aula Magna, con capacidad para 2.900 personas y calificado en los años 80 como una de las cinco salas con mejor acústica de todo el mundo, estaba formado por jóvenes entre los veinte y los treinta años. Y es que Gustavo Dudamel, director de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar y, desde este año, también de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles, es una de las figuras más populares de Venezuela, hasta el punto de llegar a eclipsar a las grandes estrellas de los “culebrones” y a los admirados “peloteros” (jugadores de béisbol) venezolanos.

Pero la fama de Dudamel no se limita al país andino. El joven director, nacido en Barquisimeto, ha conseguido en poco tiempo cautivar también a las acartonadas audiencias de toda Europa, con su estilo de dirección lleno de pasión y alegría. Sí, pasión, porque Dudamel transpira energía por todos los poros, y eso lo nota el público inmediatamente, un público, tan acostumbrado a la solemnidad y formalismo de los directores europeos, que para ellos la experiencia de Dudamel es como una fuerte sacudida eléctrica. La energía que transmite es tan intensa que dos de los mejores directores de orquesta, Sir Simon Rattel y Claudio Abbado, no dudaron en tomar un avión a Venezuela para conocer el “Sistema”, un programa de educación musical puesto en marcha por el maestro José Antonio Abreu, y cuyo “producto” más conocido y principal embajador es Gustavo Dudamel.

LOS NÚCLEOS: LLEVANDO LA MÚSICA A TODOS LOS RINCONES. El Sistema, denominación con la que se conoce a la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (FESNOJIV), es un programa de educación musical que atiende a más de 350.000 niños y jóvenes en todo el país, con especial atención por los más necesitados, y que este año ha sido galardonado con el premio Príncipe de Asturias a las Artes. El Sistema está compuesto actualmente por ciento veinte orquestas juveniles y sesenta infantiles, comenzó a funcionar en 1975 gracias al impulso de José Antonio Abreu, quien a sus cerca de setenta años continúa siendo el alma y motor del proyecto.

La estructura funcional, educativa, artística y administrativa que da forma al sistema son los “núcleos”: pequeñas unidades organizativas que se apoyan en las asociaciones de vecinos, grupos comunales, municipios, iglesias, escuelas, etc., lo que les permite llegar capilarmente a todas las comunidades. A través de los “núcleos” se llevan a cabo todos los programas orquestales y corales de la FESNOJIV que, en muchos casos, funcionan también como centros de promoción de las actividades educativas, artísticas y culturales de las comunidades. Los “núcleos” varían en tamaño y complejidad y están ubicados en todos los estados del país. En la actualidad existen ciento ochenta “núcleos” que atienden a alrededor de 350.000 niños, niñas, adolescentes y jóvenes, y que forman una compleja y sistemática red de orquestas y coros juveniles e infantiles.

Pero el espíritu que anima el Sistema no se reduce a un simple programa de educación musical dirigido a los jóvenes. El Sistema es, probablemente, uno de los programas educativos más exitosos de todo el continente, con un impacto social en la vida de los jóvenes y sus familias difícil de igualar.

Venezuela, pese a ser un país productor de petróleo, ostenta uno de los mayores índices de desigualdad del continente, así como la segunda tasa más alta de homicidios en América Latina (48 por cada 100.000 habitantes). La situación de pobreza del país se hace más patente en la capital, Caracas, donde los “ranchitos” –chabolas– se extienden por los cerros que rodean la ciudad.

Precisamente, de este ambiente de inseguridad y pobreza provienen la mayoría de los niños y jóvenes del Sistema, y es allí donde se encuentran también gran parte de los “núcleos”. A nadie puede extrañar que para muchos venezolanos el Sistema represente los mejores valores de un país que en los últimos años se ha venido deteriorando a causa del enfrentamiento político.

De acuerdo con el maestro Abreu: “lo fundamental en el Sistema no es el componente estético, que es importante. Nosotros no nos planteamos formar músicos, nuestro objetivo es demostrar que el arte, más allá de su dimensión estética, constituye un instrumento de transformación profunda de la persona, y en especial de los niños y los jóvenes excluidos. Esa es nuestra tarea principal. No pretendemos mostrar la belleza de la música como arte sino su capacidad para transformar humanamente la persona. El segundo objetivo que perseguimos tiene una naturaleza político-educativa. La educación musical siempre ha sido la cenicienta en nuestro continente. El esfuerzo educativo se ha centrado exclusivamente en la formación del intelecto, descuidando gravemente la educación de la sensibilidad, de la afectividad, de los valores. Pero la verdad es que el niño tiene una capacidad innata para reconocer los valores expresados en la música, mucho antes de que comience la educación escolar. Por esa razón, nosotros comenzamos la formación a una edad muy temprana, mediante ejercicios muy sencillos, en los que aprenden el sentido del ritmo, la necesidad de conjuntarse en la orquesta…”.

Con el fin de comprobarlo, Jenny Zapata, la directora de Relaciones Institucionales de FESNOJIV, nos invitó (se unió a la visita Reed Johnson, el corresponsal de cultura latinoamericana de Los Angeles Times) a presenciar en la sala José Felix Rivas del Teatro Teresa Carreño el “Concierto Fin de Temporada del Núcleo de la Rinconada”.

El programa duró cuatro horas, divididas entre la mañana y la tarde, y durante ese tiempo fueron actuando diferentes grupos de jóvenes de menor a mayor edad. El primer “grupo-orquesta” (con el nombre de “Baby Mozart”) lo formaban doce niños de dos años de edad, acompañados por sus madres. Hicieron la entrada en la sala, encabezados por su maestra-directora y el auditorio, lleno de familiares, los recibió con un gran aplauso. Los pequeñines miraban a todos lados, sorprendidos y un poco asustados. Después de saludar con la mano, se sentaron en el regazo de sus madres formando un círculo. Cada uno de ellos tenía enfrente una pandereta y una campana de iniciación. El piano de la sala inició las primeras notas de una canción llamada “Soldadito” y la maestra-directora comenzó a dirigirles. El ejercicio consistía en golpear alternativamente la pandereta y pulsar la campana cuando la maestra les indicaba. Si alguno se equivocaba o distraía, cosa bastante frecuente, allí al lado estaba su madre para corregirle. Como es natural, este ejercicio-juego no tenía como finalidad deleitar a la audiencia con una perfecta ejecución, sino mostrar como a esa edad los niños pueden aprender los rudimentos de la escala musical y comenzar a conjuntarse en la orquesta.

Después de “Baby Mozart” siguieron otros grupos integrados por jóvenes de más edad del núcleo, que ejecutaban ejercicios cada vez más complejos. El programa finalizó por la tarde con un concierto de la “Orquesta Sinfónica Infantil del núcleo de La Rinconada”, que interpretó la “Marcha Radetzky” de Strauss, el “Te Deum” de Charpentier y el “Can Can” de Offenbach. Varios de los pequeños artistas, que apenas llegaban a tocar con sus pies en el suelo, balanceaban sus piernas al ritmo de la música mientras tocaban su violín.

Presenciar esa hermosa exhibición nos ayudó a comprender mejor la filosofía que inspira el Sistema. No se trata sólo de poner en contacto a los niños con la música a una edad temprana. El programa contiene otros ingredientes que lo hacen único, como la participación de los padres (especialmente de las madres) en todo el proceso educativo y, sobre todo, el acento que se pone en la función pedagógica de la orquesta.

Como señala el maestro Abreu: “¿Qué es una orquesta? En una orquesta uno se sienta donde le corresponde por su nivel meritocrático; la primera trompeta es la primera trompeta, con independencia de cuál sea su posición económica, de quién sea su padre. Uno se gana el puesto gracias a su aplicación. La orquesta es una estructura muy democrática, muy igualitaria. En segundo lugar, la orquesta es una metáfora de lo que significa la concertación de esfuerzos para un fin común. Porque si yo desafino, si yo no cumplo con el horario, si soy indisciplinado estoy perjudicando a mí orquesta. Si no estudio y practico, contribuyo a bajar el nivel de toda mi “fila”. La orquesta crea un sentido de solidaridad muy importante. El ensayo diario ayuda a desarrollar una disciplina del tiempo, que es un valor importante en sí, y que luego lleva al rigor, porque ningún instrumento puede dominarse fácilmente. Cualquier instrumento exige dedicación, esfuerzo, muchas horas trabajo. De manera que cuando un niño logra dominar la parte de viola de una sinfonía de Tchaikovsky, eso supone que ese niño ha hecho un esfuerzo de años para poder tocar de esa manera”.

Todos esos valores el niño los va incorporando en su vida ordinaria. Resulta muy significativo que las encuestas sobre rendimiento académico muestren que las calificaciones de los niños que participan en el Sistema son muy superiores al resto, y los índices de deserción escolar muy inferiores. A diferencia de lo que puede pensarse inicialmente, que la música distraerá del estudio, la educación musical refuerza el resto de las áreas educativas. Mientras más ensaya el niño, más estudia. Y también desarrolla otras virtudes, como la constancia, el espíritu de servicio y la alegría.

UNA ALEGRÍA PROFUNDA. Si, la alegría. Porque las orquestas del Sistema destilan alegría en cada una de las notas, una alegría que se transmite de manera inmediata a la audiencia.

“Se trata de una alegría profunda –explica el maestro Abreu– que viene amplificada por el hecho de que la vida de los niños que son pobres en muchas ocasiones es muy triste y el contacto con la experiencia musical despierta en ellos una alegría muy grande. Ver a la madre llorando, al padre quejándose, comprobar cómo se visten otros niños y que a uno no le alcanza, todo eso va entristeciendo al niño y la música rompe esa tendencia. El momento más feliz para el niño es el momento del ensayo. En los “ranchitos” no suele existir un hogar feliz. Hay una madre que frecuentemente vive sola y trabaja doce horas para alimentar a la familia. Los niños no tienen ni pueden disfrutar de diversiones. Para ellos la orquesta es su familia, sus compañeros sus hermanos, y el ensayo el momento de mayor felicidad. Descubren la orquesta como un camino en el que van a poder desarrollarse, tener un instrumento propio, ganarse la vida, es un camino de ascenso imparable. ¿Cómo no va a transmitir alegría la orquesta?”.

“Los niños cambian de patrón de conducta cuando entran a la orquesta. Sus problemas y angustias quedan aparcados. La orquesta les libera, les enseña la belleza de sentirse alegres, de tocar unidos, la belleza de aspirar juntos, de triunfar juntos; sobre todo en niños que sufren la anomia, la falta de reconocimiento, de identidad. Todo eso desaparece cuando el niño toca el violín en medio del público y se convierte en un modelo para su familia, enorgullece a su madre, a su padre y hermanos. Y su orquesta se convierte en una empresa que triunfa en un teatro, que da gloria a su país. Los niños viven muy tristes en la pobreza porque su madre está triste. Lo que más deprime a un niño no es su propia situación sino ver a la madre llorar, quejarse, sufrir. Que las madres lo vean tocar, que las madres los vean cuando son aplaudidos, que los vean coronados con el éxito, eso para el niño es la mayor felicidad”.

Sin duda esta es una de las razones que explica porque Venezuela se ha convertido en un centro de peregrinación de los mejores músicos y maestros de la dirección. Cada año personalidades como Sir Simon Rattle, director principal de la Filarmónica de Berlín, Claudio Abbado, uno de los más entusiastas admiradores y protectores del Sistema, o Nicolás Kramer, la principal autoridad en la actualidad en música barroca, acuden a la capital caraqueña para dirigir a las orquestas juveniles e infantiles del Sistema y de paso “rejuvenecerse”.

Pero quizá nada mejor que las propias palabras que Sir Simon Rattle dirigió en su rueda de prensa, para expresar la conmoción que sienten los grandes músicos en su primer encuentro con el Sistema: “Ustedes están acostumbrado a lo que han visto porque llevan treinta años escuchándolo. Pero para alguien que viene de fuera es una fuerza emocional de tal magnitud, que nos llevará un tiempo digerir todo lo que hemos visto y escuchado. En estos días he visto el futuro de la música y si alguien me preguntara. ¿Dónde está sucediendo algo de importancia en el mundo para el futuro de la música clásica? Yo, sencillamente, respondería: Aquí, en Venezuela”.

BARQUISIMETO Y EL CORO MANOS BLANCAS. A sólo cinco horas en coche de Caracas se encuentra Barquisimeto, conocida como la capital musical de Venezuela por su amplia tradición musical. Esta ciudad, capital del estado de Lara, ha visto nacer a grandes músicos, cuyo representante más conocido es Gustavo Dudamel. En el conservatorio de Barquisimeto, un edificio de tres plantas situado en el centro de la ciudad, comenzó hace trece años un proyecto piloto del Sistema con el nombre de “Programa de Educación Especial”, cuya finalidad era integrar en las orquestas a personas que tuviesen alguna discapacidad. Detrás de ese esfuerzo estaba, como siempre, la visión del maestro Abreu del “poder transformador de la música”.

CORO MANOS BLANCAS 300x225 Tocando [en] el cielo : El Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela“Los proyectos del “Programa de Educación Especial” –nos explica Jonnhy Gómez, el director del conservatorio– están diseñados basándose en el potencial que tiene toda persona humana. No hay personas discapacitadas sino con diferentes discapacidades. Aquí tenemos todas las discapacidades: autismo, dificultad de aprendizaje, discapacidad visual, auditiva, déficit cognitivo… El área más difícil es el área auditiva, por ese viejo paradigma de que para estudiar música hay que tener oído. Si son sordos, ¿cómo van a estudiar música? Pero resulta que las personas sordas tienen un sentido rítmico mejor que el mío, ¡mejor que una persona que ha estudiado música durante muchos años!”.

El conservatorio de Barquisimeto se ha convertido en un referente mundial en la integración de personas con discapacidad en el ámbito musical. En otras partes del mundo existen orquestas exclusivamente para discapacitados, pero la filosofía del Sistema, recuerda el maestro Abreu, “no es enseñar música sino luchar contra la exclusión social”, por eso la finalidad del programa es que participen en pie de igualdad. La integración es tan real que en los ensayos el director y todos los componentes de la orquesta han aprendido a comunicarse por señas con el fin de que todos puedan entenderse. “Hasta han aprendido a redactar en braille en las clases, porque se dieron cuenta que los invidentes eran mucho más rápidos en el dictado, pues la escritura braille les permitía escribir más deprisa”–comenta divertido Jonnhy.

Y fue suficiente un recorrido por las aulas para rechazar el escepticismo inicial y convencernos del poder “curativo” de la música.

Durante tres intensas horas escuchamos un concierto en el que un grupo de personas con síndrome de Down tocaban instrumentos de percusión, “porque los niños con síndrome de Down son muy ricos en sentido rítmico y excelentes bailarines”; escuchamos cantar a cuatro invidentes acompañados de la guitarra, el cuatro y el mandolín, para terminar con un recital del Coro Manos Blancas, integrado por un grupo de niños sordos, que movían rítmicamente sus manos, enfundadas en guantes de colores, mientras el resto de sus compañeros cantaban.

Los ciegos vuelven a ver, los sordos a escuchar… La duda nos asalta, ¿pero es que alguna vez dejaron de ver y escuchar?- Y un joven en silla de ruedas, al comprobar nuestra sorpresa, nos comenta con media sonrisa: “¿Pero acaso Beethoven, el músico más grande, no fue sordo?”.

UNA FÁBRICA DE INSTRUMENTOS. El Sistema no se reduce a la formación musical sino que también realiza un importante esfuerzo por proveer de instrumentos a todos sus alumnos. Para conseguirlo el maestro Abreu solicita donaciones de equipos a todo el que sorprende desprevenido, pero para intentar solucionar el problema de fondo fundó en el año 1995 el Centro Académico de Luthería (CAL), cuya función es formar a jóvenes en el oficio de la construcción y reparación de instrumentos musicales clásicos y populares.

La oferta académica del CAL proporciona la posibilidad de obtener el grado de técnico superior. La metodología implementada en el CAL por más de una década, sustentada en la experiencia de un equipo de luthieres docentes de reconocido prestigio, proporciona al estudiante una instrucción integral en la que se hace énfasis en su desarrollo humano y personal. El estudiante cuenta con una institución que le brinda capacitación en el oficio; cursos especiales, seminarios y talleres; atención individualizada; práctica laboral en un ambiente real de luthería profesional; pasantías en núcleos del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, y la certificación adecuada para incorporarse al mercado laboral.

Al frente del centro se encuentra Luis Rómulo Alaluna, un peruano afincado desde hace más de treinta años en Venezuela, que aprendió el oficio de su padre y éste de su abuelo. Con el pelo ya muy blanco, una sonrisa bonachona y mucho mimo va enseñando el oficio a un grupo de muchachos cautivados por el arte de la fabricación de instrumentos musicales. Aquí aprenderán cómo distinguir los diferentes tipos de madera que usarán para construir las piezas de la guitarra: “para la tapa armónica siempre hay que utilizar madera de pino, para que consiga el buen sonido, igual que para el alma, los tacos y la cadena. El resto se elabora con madera de arce”.

En una sala contigua algunos alumnos reparan la cinta desgastada del arco del violín con crines de cola de caballo. Los “aprendices” se reparten alrededor de grandes mesas donde practican la “cirugía”, bajo la mirada atenta de los profesores. Las paredes están tapizadas con las herramientas del oficio: tenazas de hierro, sierra, gubias, garlopa, limas, punzón de aterrajar y cuchillas de vaciar, etc.

El sueño del maestro Abreu es que haya un luthier en cada uno de los 456 núcleos del sistema: “un artesano que se ocupe y gane su sustento arreglando y construyendo los instrumentos musicales que ayudarán a transformar la vida de los muchachos”.

Pero sus sueños no se paran ahí: “Quisiera un país en el que todos los niños, sin excepción, tuviesen acceso a la educación artística, no sólo a la música sino a la expresión artística, es decir que todo niño tenga acceso a la formación integral de su personalidad”. Su cabeza no deja de bullir, sin importarle las fronteras. Imagina, un gran sistema de orquestas juveniles en toda Latinoamérica, y ¿por qué no en todo el mundo? Sus ojos se iluminan: “El gran fracaso de la educación es que ha desarrollado sólo una de las dimensiones del ser humano, la racional, olvidándose de la artística. Y la humanidad está hambrienta de belleza, pues, como dijo Dostoievski: “Sólo la belleza podrá salvarnos”.

La Corporación Andina de Fomento y el Sistema

Numerosas instituciones han apoyado el proyecto de la FESNOJIV. Desde el año 2000, la Corporación Andina de Fomento (CAF), institución financiera multilateral que apoya el desarrollo sostenible y la integración regional en América Latina, trabaja en alianza con FESNOJIV en el marco del Programa de Acción Social por la Música CAF. La alianza nació con la celebración del trigésimo aniversario de la CAF que creó para la ocasión, y con la asesoría de FESNOJIV, la Orquesta Sinfónica de Juventudes de los Países Andinos que realizó una exitosa gira de presentación por los cinco países andinos (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia).

El resultado de esta experiencia motivó a la CAF a crear un proyecto estable y sistemático de inclusión social a través de la música replicando el modelo FESNOJIV en la región en las vertientes: instrumental, Conservatorio Andino Itinerante (CAI); coral, las Voces Andinas a Coro (VAC); y de luthería, Taller Itinerante Andino de Luthería (TIAL).

Compuesto por tres ejes, el programa es, por su gran impacto, uno de los programas bandera de la responsabilidad social de la corporación. Más de 10.000 niños y jóvenes de América Latina se han beneficiado de ese programa que al igual que concibió el maestro Abreu su sistema, se convierte en una herramienta poderosa de transformación y desarrollo humanos: la música como medio para el mejoramiento de capacidades intelectuales, físicas, emocionales, espirituales y expresivas. De la mano con la educación formal en el aula y generando un proceso integral educativo, se rescata, mejora y articula el tejido social de una región caracterizada por fracturas e inequidad.

POR JAVIER MARTÍN CAVANNA
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