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Javier Carillo, Profesor de Economía y Gestión Ambiental del IE

“Los índices de sostenibilidad actuales no están premiando la innovación”

Javier Carrillo Hermosilla es profesor de Economía y Gestión Ambiental en el Instituto Empresa y director ejecutivo del Center for Eco-Intelligent Management del IE, donde estudia a las compañías que se encuentran en la vanguardia en materia de sostenibilidad ambiental. El profesor Carrillo es doctor en economía por la Universidad de Alcalá (Madrid) y MBA por IE. Asimismo, es colaborador de la Comisión Europea en la evaluación de propuestas FP7 en el Tema 6 “Environment (including climate change)”; Miembro de la Academy of Management y de la International Society for Ecological Economics. Ha dedicado los últimos años a investigar el cambio tecnológico sostenible, así como los nuevos modelos de gestión y las políticas que abordan el reto ambiental de modo innovador.

Cada día son más frecuentes las críticas a los índices de sostenibilidad. Se cuestiona su falta de rigor metodológico y, sobre todo, el peso excesivo que han adquirido en la agenda de los responsables de la RSE. ¿Cuál es su opinión sobre estas herramientas y, si las hay, las posibles propuestas de mejora?

En efecto, las críticas se han multiplicado en estos últimos años. En mi opinión los índices –me voy a referir básicamente al Dow Jones Sustainability y al FTSAGood– enfrentan tres problemas. En primer lugar, la subjetividad en el proceso de elaboración que les obliga, al tener que parametrizar determinados comportamientos, a descartar muchas áreas importantes. En ese sentido, la crítica es común a cualquier índice, pues nunca se van a poder contemplar todos los aspectos, y aunque se pudiera las ponderaciones serían muy subjetivas.

Un segundo nivel de crítica sería la cuestión de hasta que punto la participación de las empresas en esos índices está reportando un benefi cio en relación con el coste que supone estar presente en esos índices. Es mucho el tiempo y los recursos que demandan los rating, y esos recursos se están distrayendo quizás en perjuicio de acciones reales encaminadas a modifi car actitudes dentro de la empresa. Y no se trata sólo de que gran parte del tiempo de los responsables de RSE este dedicado a estos temas, sino que estos ejecutivos demandan también mucho tiempo a los responsables de las unidades de negocio. Muchos piensan que ese esfuerzo debería orientarse a otras áreas de impacto más real.

Una última crítica se refiere a lo que se ha venido llamando “engagement”. Con relación a los índices existen dos alternativas. Una, intentar involucrar a la empresa, ayudándola a mejorar mostrándole las mejores prácticas, señalando sus puntos débiles, sí, pero mostrándoles el camino para mejorar, yo creo que esto es bueno. La segunda opción se basa en una selección de empresas y el descarte de otras conforme a unos criterios (screening). Esta segunda alternativa supone lanzar un mensaje negativo a ciertas empresas, se les dice: tú no eres bueno, no te voy a tener en cuenta, ni te voy a enseñar. En términos muy coloquiales se podría decir que no se deja que se rediman los pecadores.

En mi opinión, una de las funciones que deberían cumplir estos índices es precisamente la de animar a acercarse a las mejores prácticas, intentar reorientar los comportamientos de las empresas. Por tanto, no soy muy favorable a las metodologías basadas en el descarte. Tampoco se puede tratar de la misma manera a las empresas que operan en mercados maduros y en mercados emergentes. Hay muchas empresas en mercados emergentes que no se pueden permitir otorgar los mismos benefi cios sociales a sus trabajadores que los que podrían disfrutar en economías más avanzadas, y eso no es una razón para que queden descartadas. Se puede dar la paradoja de que el rating lanceuna señal al mercado para que no invierta precisamente en esas empresas de países emergentes, tan necesitadas de recursos para mejorar.

Otra de las críticas se basa en la supuesta correlación entre la presencia de las empresas en esos índices y el aumento de su rentabilidad. Existen muchas dudas de que esa correlación sea real y exista evidencia empírica suficiente. ¿Cuál es su opinión?

La verdad es que los datos no muestran de modo consistente que las empresas indexadas muestren un performance mejor sobre su entorno o mercado. Lo que está más claro es que esas prácticas más responsables no destruyen valor; pero no hay sufi ciente evidencia empírica para hablar de un mejor comportamiento. Además, muchas de las empresas seleccionadas, por ejemplo por el FTSA, pertenecen al sector tecnológico, lo que podría querer decir que si hay un buen comportamiento fi nanciero no se debe tanto a las políticas de RSE como al hecho de que nos encontramos con un sector de alto crecimiento. En resumen, es difícil concluir que haya una correlación entre performance financiero y performance social.

Sorprende mucho la atención que en España se presta a estos instrumentos. Es un país que marcha claramente a la cabeza. ¿A qué obedece este interés de las compañías españolas por copar los primeros puestos en los ratings y certificaciones?

Sí, es cierto, España es uno de los países que tiene más empresas certificadas en ISO 14001. En términos absolutos tan sólo es superada por Japón y China, y está por encima de UK, EEUU o Alemania. Siempre me ha sorprendido el extraordinario número de empresas certifi cadas en nuestro país en temas medioambientales. Probablemente obedezca a un conjunto de causas: tenemos un tejido empresarial muy atomizado, existe un activo negocio de certifi cación ambiental, puede tener que ver con motivos culturales, etc. Lo cierto es que el inicio de un proceso de certifi cación se produce por múltiples razones. Puede ser resultado de presiones externas, como en el caso de los pequeños proveedores que quieren contratar con las grandes empresas; iniciar el proceso puede ser una opción voluntaria, porque deseas reducir costes y riesgos ambientales. El sistema de certifi cación se construye sobre la base de la mejora continua y ha ayudado a consolidar el concepto de ecoefi ciencia, acuñado en 1992 por las compañías pertenecientes al World Business Council for Sustainable Development.

¿No le parece que tanta insistencia en la certificación puede terminar eliminando la necesaria innovación?

Me parece muy interesante esa observación, y además esta en la línea de lo que vengo investigando desde el Centro para la Gestión Eco-Inteligente del IE en los últimos años. Coincido al cien por cien en que el concepto nuclear de la responsabilidad social debe ser la innovación. De hecho, hace tiempo que insistimos en que el concepto de ecoefi ciencia es necesario, pero insufi ciente para dar respuesta a los retos medioambientales, al menos sin erosionar la competitividad de las empresas. La gestión medioambiental tiene que ser una fuente de oportunidades y de innovación; con frecuencia no se trata simplemente de mejorar, sino de hacer las cosas de manera diferente. La ecoeficiencia no aporta valor ni diferenciación al producto si no hay innovación. Por eso, en el área medioambiental el concepto que está adquiriendo más fuerza es el de ecoinnovación.

La ecoinnovación, más allá de las mejoras incrementales contempladas por la ecoefi ciencia y la gestión ambiental convencional, permite responder con mayor efi cacia a las apremiantes exigencias del desarrollo sostenible al tiempo que ayuda a fomentar la competitividad de las empresas como se muestra en nuestras investigaciones. Supone la introducción de mejoras ambientales disruptivas (radicales) en los productos, las tecnologías o la organización empresarial. Encontramos algunos ejemplos de éxito en el “Modelo U” de Ford, en la premiada silla de oficina “Mirra” de Herman Miller, en el tejido “Climatex Lifecycle” de Rohner o en el calzado “Wabi” de Camper. En el tema que nos ocupa, resulta muy oportuno destacar que los índices actuales no necesariamente están premiando la innovación, sino que se concentran en el cumplimiento de una serie de requisitos estáticos. Ésta es otra de las carencias más importantes de estos instrumentos, que están pidiendo una revisión urgente.

POR CE
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