¿Afectan las noticias al consumidor del siglo XXI?

Hoy escribo sobre una consumidora del siglo XXI. Una consumidora que percibe ciertas connotaciones mediáticas del mundo globalizado, el que vivimos hoy, ahora. Porque hoy, el mundo globalizado nos ofrece un centenar de miles de personas cuyas vidas son presas del infortunio, de la dejadez, del menosprecio y abandono de los países más poderosos del mundo.
103

Son los países que se enorgullecen de publicar complicados y costosos estudios que destacan el avance social en ciencia y tecnología, en medicina, en arte, en defensa, en política y diplomacia, y en democracia al fin y al cabo.

Los mismos que albergan magníficas empresas, desde las más pequeñas a las más grandes, gigantes, dinamizadas por miles de empleados a lo largo y ancho del globo, con complicados sistemas burocráticos dependientes de los países dónde ejercen sus actividades económicas; mundos dentro de otros mundos.

Un número considerable de estas empresas hacían negocios con Siria, con sus ciudadanos y empresas. E-mails de amistad, de compromisos profesionales, suculentos contratos unidireccionales, cartas de agradecimiento, llamadas de cortesía, reuniones, videoconferencias… todo ha perecido, solo quedan escombros.

Esta consumidora lee mensajes a través de las nuevas plataformas de comunicación contemporáneas, a través de las principales figuras estadounidenses. Se repite el hashtag de Alepo, en Twitter y Facebook. Y esta consumidora no puede evitar leer los mensajes de una amiga periodista, que no ceja en realizar publicaciones diarias desde la región de conflicto militar más famosa de nuestros días.

Durante los seis años que dura el conflicto, le ha dado igual, era una guerra tan lejana, apenas podía escuchar el eco de los medios. Un conflicto interreligioso, entre musulmanes, que únicamente comenzó a captar su atención con cada regimiento de ahogamientos del Mediterráneo, con cada legión de desplazados atemorizados por la guerra, huyendo para salvar la vida.

Con más de 500 millones de habitantes, la Unión Europea no ha sido espectadora de ninguna manifestación de calado, y con esto quiero decir, notorias, millonarias, porque manifestaciones sí que han existido, pero sin cobertura mediática ni presencia incontestable. Si bien los tristes y dolorosos atentados de París, dónde fueron asesinadas 137 personas y más de 400 heridas, obtuvieron respuesta internacional, los miles de caídos inocentes Sirios no han tenido cabida en los corazones de los europeos, ni tampoco más allá.

"Si los tristes y dolorosos atentados de París obtuvieron respuesta internacional, los miles de caídos inocentes Sirios no han tenido cabida en los corazones de los europeos".

También eran y son niños, hombres y mujeres, víctimas, que tampoco merecen ni merecieron tal destino. No obstante, no todo ocurre fuera de las fronteras europeas. Gracias a la tecnología y los sistemas de comunicación, casi inmediatamente, estamos bombardeados de cuanto acontece dentro de nuestras fronteras, incluso aunque no queramos saberlo.

Noticias que llegan

En los últimos años somos testigos del esfuerzo económico que realizan las empresas de occidente en marketing y publicidad. Todos apuestan por un mundo sostenible, ecológico; todos piensan en verde. Por ejemplo, los vehículos no contaminan, excepto los 11 millones de unidades que desde 2008 a 2014 vendió la ya no tan emblemática firma alemana Volkswagen (8,5 millones, solo en Europa).

Las entidades financieras, velan por los intereses de los particulares, empresas y autónomos, a lo largo y ancho del planeta. Eslóganes de seguridad, reguladores independientes que velan por el estricto cumplimiento legal y evitan los desordenes financieros, noticias e información que garantizan solidez, dónde los ahorros e inversiones están salvaguardados. Desde 2008, más de 400 bancos quebrados en EEUU y una treintena en España.

Ambos son claros ejemplos de haber constituido una oportunidad para haber implantado un inviolable e infranqueable sistema de whistleblowing, aquel por el cual empleados, proveedores y/o consumidores pueden denunciar y alertar anónimamente cualquier anomalía interna o externa de una compañía, y que puede ser gestionado por terceras partes, evitando así la ocultación de situaciones delictivas.

A nuestra consumidora le da la sensación de que estamos involucionando. Cuando todo iba bien, todo eran halagos y buenas voluntades. Pero llegó la crisis económica, y el escenario ha cambiado drásticamente. Ahora la guerra entra en los domicilios a través de los televisores, pero más aún, a través de los smartphones y ordenadores.

En Alemania es bastante probable que la Sra. Merkel vaya a perder multitud de votos, porque muchos ciudadanos critican que con sus mensajes de “¡Vamos a conseguirlo!” haya atraído a más de un millón refugiados en el 2015 y más de 120.000 refugiados en el 2016.

Acontecimientos como las agresiones sexuales, violaciones y robos en Nochevieja en algunas ciudades alemanas, así como la violación sexual y supuesto asesinato de una joven alemana de 19 años está poniendo en peligro la paz en el país germano.

Los agresores de todos estos acontecimientos son de origen extranjero, y, a pesar de que los mismos delitos son causados en igual o mayor número por la propia población en los distintos países que han sufrido la inmigración masiva, en las próximas elecciones tendrán muchas posibilidades de ganar muchos votos los partidos populistas que rechazan frontalmente la inmigración, y que aprovechan la oportunidad que la crisis les brinda para manipular el mensaje a través de los datos en su favor.

Parece que no aprendemos todavía a ser preventivos. Empresarialmente debemos de disponer de planes que den salida ante cualquier situación, por imprevista que esta pueda resultar, y por ello es fundamental tener planes de compliance. Si bien el Brexit cayó como un jarro de agua fría ante los cientos de analistas mundiales que vaticinaron el no, recientemente hemos vuelto a sufrir el varapalo de la ingenuidad cuando los estadounidenses eligieron a un empresario, acotado con un sinfín de pertrechos adjetivos, como nuevo líder nacional.

La polémica que el presidente electo Trump generó con sus comentarios misóginos e humillantes hacia las mujeres ha supuesto un punto de inflexión en el mundo occidental. A 62 millones de hombres y mujeres no les ha parecido motivo suficiente para desproveerle de la responsabilidad sobre el destino de 325 millones de estadounidenses y que influya activamente en otros 7.000 millones de individuos. Si este comentario hubiera sido realizado por el presidente o consejero delegado de cualquier multinacional (de casi cualquier nación occidental), habría sido cesado de manera fulminante.

"Si los comentarios misóginos y humillantes hacia las mujeres de Trump hubieran sido realizado por el presidente o consejero delegado de cualquier multinacional, habría sido cesado de manera fulminante".

Estamos ante un hecho insólito. ¿Son más importantes las declaraciones de un consejero delegado cuyos resultados están demostrados que las de un candidato a presidente dónde queda mucho por demostrar? ¿Esto puede significar que la influencia del sector privado es mucho mayor que la del sector público? Y si es así, ¿cuán importante es la reputación de una empresa, sus valores y su cultura empresarial, y cómo estas pueden influir sobre los demás? Se denomina responsabilidad corporativa, código de buen gobierno, y acompañaría, en este caso, elementos tan importantes como gestión de la diversidad, más específicamente, la igualdad de género.

Pero nuestra consumidora se queda atónita cuando recibe las últimas noticias relacionadas con el mundo del espectáculo. Uno de los conocidos y aclamados directores de cine, Bernardo Bertolucci, declaró que, en connivencia con el popular actor Marlon Brando y durante el metraje de una escena del film Último Tango en París (1972), la actriz protagonista (María Hélène Schneider) fue objeto de una violación real. Bertolucci justificó ese delito alegando que “no quería que fingiese la humillación, quería que la sintiera”.

Cierto es que ambos protagonistas fallecieron (Schneider en 2011, Brando en 2004). Cierto es que el director Bertolucci se ha desdicho de sus declaraciones, negando la explicita violación de la actriz, y que algunos colaboradores del film han negado los supuestos hechos.

Con independencia de la inocencia o culpabilidad del director y actor, hay que destacar que la actriz reveló esta información en el año 2007 al periódico británico Daily Mail, pero sus declaraciones no produjeron ningún efecto en la opinión pública. Ya en 2013, Bertolucci hizo públicas estas declaraciones, y no ha sido hasta 2016 cuando por fin la sociedad civil, a través de las redes sociales, se han hecho eco de un hecho que, de ser cierto, exige tomar decisiones, no solo con respecto a la supuesta acción delictiva del director y su responsabilidad penal, sino en todo lo que acontece a la película.

Unos abogan por cortar el metraje, otros por avisar del contenido explícito y otros por retirar definitivamente la película del mercado legal. ¿Cómo han podido pasar 10 años de silencio desde las primeras declaraciones, no solo por parte de la sociedad, sino de las administraciones que pudieran haber actuado de oficio? ¿Qué está pasando en nuestra sociedad?

El papel empresarial

Volvamos a los whistleblowers, a los alertadores y denunciantes de situaciones delictivas en las empresas. ¿Acaso sus denuncias podrían ser tratadas de igual forma, con la absoluta indiferencia? Es menester que las administraciones apliquen la ley de forma rígida, y que para ello, también estas dispongan de canales y protocolos que eviten que cualquier denuncia pueda quedar en el olvido, voluntaria e involuntariamente.

Es evidente que la cultura empresarial va a jugar un papel muy importante en el desarrollo social de cualquier nación. Sin embargo, estas podrán soportar el peso de la responsabilidad en tanto estén auspiciadas por los reguladores legales. La educación no solo se inicia en los hogares y en las guarderías y se imparte en los colegios; no solo se extiende y desarrolla en las universidades.

"La ética y la responsabilidad social son ya terrenos dónde las empresas serias y con proyección de futuro encontrarán el apoyo popular".

La ética y la responsabilidad son ya terrenos dónde las empresas serias y con proyección de futuro encontrarán el apoyo popular, dónde la planificación y la prevención, a través de programas de compliance cada vez más dinámicos y sensibles, aportarán solidez y garantías de crecimiento.

En la medida en que entendamos profesionalmente que cualquier situación delictiva no puede quedar impune, inmediatamente elevaremos ese valor empresarial a nuestra vida personal.

Si una empresa explica a sus empleados a través de una formación adecuada por qué es incorrecto recibir presentes que superen un valor determinado, estos elevarán a su vida personal la diferencia entre un sutil soborno y un regalo acorde a las intenciones y posición. (Vid. Cómo aceptar regalos corporativos sin incumplir las normas).

Si la formación empresarial consigue el objetivo de implicar legalmente a los empleados en el conocimiento de sus acciones, el whistleblowing (o acción de denunciar/alertar) no será entendido como un “chivatazo” en su mayor connotación social negativa, sino como el refuerzo del valor de responsabilidad de un empleado para con su empresa, y por ende del cumplimiento legal de los miembros de la sociedad en los aspectos civiles que les confieren.

Siempre hemos oído decir del entramado empresarial que se dejaba envilecer por el capitalismo de facto. Pero tal vez, la nueva cultura y valores empresariales puedan devolvernos nuestro sentido de solidaridad, nuestra necesidad de ser liderados por proyectos de futuro, y guarecernos del olvido en el cumplimiento legal.

¿Dónde comprará nuestra consumidora mañana?

103
Comentarios