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Industria 4.0: hacia la competitividad con innovación y eficiencia energética

Algunos expertos lo consideran la cuarta revolución industrial, aunque el término industria 4.0 se refiere, en realidad, a una visión de la fabricación más ‘inteligente’, informatizada y con todos los procesos interconectados por lo que se llama el Internet de las Cosas.
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En un informe de abril de 2016 el Ministerio de Industria, Energía y Turismo ya enumeraba algunas de las ventajas de las industrias ‘conectadas’ y la transformación digital de la industria española, entre ellas la dinamización de la economía, la flexibilidad en la producción, la personalización –satisfacer peticiones de clientes, incluso con bajos volúmenes de producción-, la optimización en la toma de decisiones –gracias a la información en tiempo real-, el aumento de la productividad, la eficiencia de recursos y de energía, o las nuevas oportunidades de negocio que genera.

Sin embargo, esta nueva revolución industrial, parece evidente, requiere de un entorno innovador. Y esa innovación exige también importantes inversiones. El sector industrial es consciente de ello, pero también, cada vez más, de los ahorros que conseguirá. La Comisión Europea calcula que para alcanzar el 25% de eficiencia energética establecido en los objetivos a 2030 será necesaria una inversión de alrededor de 2.000 millones de euros al año que, sin embargo, generarán un ahorro de unos 9.000 millones de euros, solamente por el menor consumo de combustibles fósiles. Eso significa que por cada euro invertido en eficiencia energética se recuperan 4,5 euros.

En este sentido, Bruselas reconoce que la eficiencia energética es “una pieza fundamental para mejorar la competitividad e impulsar la industria europea a través de la innovación energética y las TIC”.

Y es precisamente la asociación de las nuevas tecnologías de generación y eficiencia energética con las tecnologías inteligentes lo que conduce a lo que se ha denominado industria 4.0, una industria con nuevas especializaciones productivas y centrada en la fabricación de productos eficientes dirigidos a un nuevo perfil de consumidor que, cada vez en mayor medida, exige la reducción de costes energéticos y es más consciente del uso de la energía.

La industria 4.0 está en línea con la Estrategia 2020 de la Unión Europea para una energía segura, sostenible y competitiva aprobada en marzo de 2010 y que apuesta por un modelo energético “que priorice el ahorro y la  eficiencia energética”. Pero para hacer realidad este nuevo modelo Bruselas considera imprescindible una regulación, tanto europea como nacional, basado en la lógica racional y en la adaptación al ritmo de la demanda y no al de la oferta.

La CE calcula que para alcanzar el 25% de eficiencia energética establecido en los objetivos a 2030 será necesaria una inversión de alrededor de 2.000 millones de euros al año que, generarán un ahorro de unos 9.000 millones de euros.

En este sentido, la UE apuesta por algunos “imprescindibles” a la hora de contar con un sistema de innovación adaptado a las características de cada territorio, como centros de formación y de investigación, incentivos en el sistema económico, mecanismos de financiación flexibles y fondos de inversión, o la apuesta por sectores estratégicos de futuro, como el de los materiales de construcción, aislantes, ventilación, equipos de calefacción y refrigeración, movilidad eléctrica, monitorización y automatización, o redes inteligentes, entre otros.

Industrias 4.0: adaptación y transformación

En palabras de Lucía Íñigo, representante nacional en el Comité de Programa de Nanotecnologías, Materiales y Procesos de Horizonte2020 de la UE, “la cuarta revolución industrial es una oportunidad para que los sectores productivos hagan uso de la información que generan para optimizar sus procesos, incluyendo tanto la logística como la eficiencia energética y de otros recursos como las materias primas o el agua”.

Y es que, según explica a Compromiso Empresarial esta experta, “a mayor consumo energético en el sector, más impacto puede tener este incremento de eficiencia en los costes del proceso, pudiendo ser un factor competitivo diferencial a medio plazo”.

Es cuanto a qué sectores industriales tienen actualmente mayor potencial de mejora en materia de nuevas tecnologías y eficiencia energética, Íñigo considera que, en realidad, “todos son susceptibles de mejora bajo el paradigma Industria 4.0”, aunque en términos de potencial, como tal, son las industrias tradicionales, -muchas de ellas intensivas en uso de recursos-, las que tienen un mayor margen de mejora “y, a la vez, una mayor dificultad de implantación, por cuestiones de coste y de procesos menos adaptados a una introducción suave de nuevas tecnologías”.

Precisamente porque la industria 4.0 se basa en nuevos modelos de negocio energético orientados a la demanda, en servicios al consumidor basados en tecnologías inteligentes y también en su participación activa, “una parte importante de la inversión en el desarrollo de estas tecnologías se dedica a la involucración del usuario”.

Así, a la vez que se diseñan sistemas y dispositivos que tengan en cuenta las necesidades y posibilidades del consumidor final, “es importante continuar con las campañas de concienciación ciudadana para que se entienda bien y se puedan maximizar así los efectos de la implantación de estas nuevas tecnologías”, recalca Lucía Íñigo, que considera que en España “las oportunidades en torno a estos temas se están aprovechando razonablemente bien”.

Las industrias tradicionales, -muchas de ellas intensivas en uso de recursos-, son las que tienen un mayor margen de mejora “y, a la vez, una mayor dificultad de implantación”.

“La legislación europea en este sentido también obliga a mantener un buen ritmo en cuanto a la concienciación, divulgación y formación para el desarrollo de competencias relacionadas con Industria 4.0, así como en lo referente a la implantación de nuevas medidas”, concluye la experta, que destaca que, además otros aspectos como el coste de la energía también van a jugar un papel importante”.

Preparar a los nuevos profesionales

Los expertos coinciden en otro aspecto: es imprescindible generar entornos, plataformas y herramientas de colaboración para favorecer la comunicación, el intercambio de ideas y la colaboración entre los sectores tecnológico e industrial. Y, por supuesto, prestar especial atención a la formación académica y laboral.

Así lo cree Ana Delgado, chief Marketing Officer de The Valley Digital Business School, una Escuela de Negocios especializada que busca impulsar la transformación digital de profesionales y empresas a través de la formación y el apoyo al empleo y el emprendimiento digital. “La innovación tecnológica está íntimamente relacionada con la eficiencia energética”, señala Delgado a Compromiso Empresarial, añadiendo que el hecho de favorecer a la optimización del tiempo, recursos, procesos y equipos, además de aumentar enormemente la productividad, “repercute directamente en el ahorro de energía”.

En este sentido, y aunque invertir en tecnología implique un desembolso inicial de dinero “bastante considerable”, a largo plazo “es rentable económicamente, tanto por el mismo ahorro energético como por la agilización de procesos que implica su uso”, explican desde The Valley Digital Business.

Según datos del último análisis realizado por esta escuela de negocios –La transformación digital de la empresa española– y realizado a partir de encuestas enviadas a profesionales de diferentes industrias, “muchas empresas aún no son conscientes de las ventajas que trae consigo la digitalización. Al menos no en su totalidad”. “De hecho, creen que, en sus respectivos sectores, las estrategias de transformación digital todavía no tienen la prioridad que deberían y que los recursos destinados a este fin son insuficientes”, añade Ana Delgado.

Sin embargo, desde esta escuela son optimistas y creen que esto está cambiando. “La formación en materia digital está creciendo, y eso es síntoma de que, tanto las empresas como los propios empleados son conscientes de la importancia que tiene estar a la vanguardia de la realidad tecnológica para ganar en competitividad, llegar correctamente a los públicos, aumentar la productividad, optimizar los tiempos y recursos, y sobre todo ahorrar energía”.

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