Empresas, trabajadores y valores

La no concordancia entre los valores requeridos por las empresas y los que los trabajadores ofrecen es una fuente de ineficiencias y problemas tanto internos como externos para las empresas.
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Algunos expertos dicen que nuestra sociedad está inmersa en una crisis de valores. Una crisis de valores que no significa forzosamente que éstos hayan desaparecido sino que se han transformado y mutado en otros con los consiguientes cambios en cómo nos relacionamos las personas y por ende la sociedad.

Se ha pasado de unos valores más bien tradicionales a otros a los que nos ha arrastrado la sociedad actual, basados sobre todo en el individualismo, el hedonismo y el consumismo.

Lamentablemente, a otro nivel las empresas no se quedan al margen de esa crisis y parece que sus valores no están en consonancia con los que piden a sus trabajadores, ni con lo que los potenciales trabajadores que aspiran a integrarse en sus plantillas pueden ofrecer, ni con lo que éstos últimos querrían ver dentro de las empresas en las que entran a trabajar.

Hasta no hace mucho pensaba que lo anterior era meramente una especie de sensación personal, fruto de pensamientos y de comentarlo con otras personas, pero la lectura de un informe publicado recientemente con una búsqueda básica en Internet ha servido para que pase de ser una sensación a una realidad.

¿Las empresas son de Marte y los trabajadores de Venus?

En el resumen ejecutivo del 1er Informe sobre valores en la empresa publicado por Randstad, se puede constatar que existen gaps a la hora de cómo contemplan los valores las empresas y los trabajadores.

Según el informe, sobre los valores de la empresa se sustentan la visión de la compañía al respecto de su papel en el mundo, sus elementos distintivos y su cultura de empresa.

Sobre los valores de la empresa se sustentan la visión de la compañía al respecto de su papel en el mundo, sus elementos distintivos y su cultura de empresa.

Sirven para dar forma y son la esencia de su identidad como corporación e influyen en la toma de decisiones dentro de la organización, sirviendo de guías.

Asimismo, determinan una relación especial de la empresa con sus clientes y proveedores, y cada vez más las empresas explicitan sus valores, cuando entienden que pueden constituir una ventaja competitiva para atraer y fidelizar a sus clientes.

Para las empresas, los valores que más buscados en los trabajadores son: compromiso (el 83% de las empresas lo incluyen entre los más importantes para ellas), responsabilidad (68%), iniciativa (53%) y honestidad, ética e integridad (51%).

Mientras, según las opiniones de los encuestados, los trabajadores ofrecen: responsabilidad (65%), compromiso (63%) superación (45%) y honestidad (44%).

El informe destaca que existe un notable desajuste en tres parámetros esenciales: los valores que buscan las empresas en sus profesionales, los que consideran que tienen sus trabajadores actuales y aquéllos con los que se autodefinen los profesionales.

Como principales motivos para esas grandes diferencias se cita que los requerimientos de valores van cambiando con el tiempo, que las empresas históricamente no han tenido en cuenta estos criterios a la hora de contratar a sus trabajadores y a que no siempre se descubren los valores de los profesionales ni en una entrevista de trabajo ni en los procesos actuales de selección.

Como vemos, diferentes variables hacen que este sea un tema un tanto complejo.

Hay más razones para las diferencias

Además de las razones que menciona el informe, desde mi punto de vista existen otras que generan las diferencias comentadas al inicio.

Por un lado, no se nos puede escapar que el tema de la misión, la visión, los valores y todas “esas cosas” (de vital importancia desde mi punto de vista) es algo que se ha puesto más bien de moda de un tiempo a esta parte, y la lectura de esa información en las webs corporativas de las empresas nos conduce muchas veces a no entender muy bien qué quieren decir o nos parecen un copia-pega de alguna otra empresa con la que pueden o no tener similitudes de algún tipo.

Es decir, en opinión de muchos, en demasiadas ocasiones esa misión, visión y valores no son reales ni sentidos por la organización, sino que son “un apartado más de los que dicen que tenemos que tener en la web”.

En opinión de muchos, en demasiadas ocasiones la misión, visión y valores de las empresas no son reales ni sentidos por la organización.

¿Cuántas empresas salpicadas por escándalos de todo tipo y sus consiguientes crisis de reputación dicen tener unos valores que si fueran reales no les habrían metido en semejantes líos? Pues muchas, sin ninguna duda, y a todos nos viene a la memoria diferentes ejemplos sin mucha dificultad.

Y, si esos valores no son reales, ¿cómo no va a haber también diferencias entre los que la empresa quiere y los que los trabajadores ofrecen?

Además, y relacionado con esto, desde el punto de vista de los trabajadores (tanto de los actuales como de los potenciales) podemos ver a diario quejas en Linkedin y otras redes profesionales y sociales sobre cómo han sido tratados en su trabajo día a día o en los procesos de selección.

Innumerables comentarios sobre empresas a las que se critica una falta total de concordancia entre cómo tratan a la gente y los principios por los cuales deberían regirse según sus esplendorosas páginas web.

Por otro lado, también hemos de tener en cuenta en todo esto que, incluso en organizaciones con unos valores reales, existe en ocasiones la tendencia en dar por supuesto que todos sus trabajadores conocen perfectamente el significado de un valor.

Y eso no siempre sucede, porque la definición general de un valor no es suficiente para que todos respondamos de la misma manera frente a situaciones con características particulares, ni para que todos comprendamos lo que esos conceptos significan en nuestro día a día.

Como último comentario a estas diferencias, creo que es necesario mencionar que parece que las empresas son más bien estáticas en sus exigencias de valores a sus trabajadores y no tienen en cuenta cuáles son los que a sus trabajadores actuales y potenciales les gustaría que tuviera una empresa en la que trabajar.

Una rápida búsqueda en Internet sobre cuáles son los valores que los trabajadores querrían en su empresa y en sus jefes nos arroja mucha menos información que la de qué valores quieren las empresas en los trabajadores.

Y esa información consiste primordialmente en una retahíla de artículos sobre los omnipresentes millennials, todos ellos con más o menos la misma lista de valores deseados.

Y yo me pregunto, ¿acaso los valores que tiene el resto de la fuerza laboral fuera de ese grupo (que en ocasiones es como un chicle, de cómo se puede alargar o contraer a voluntad en cuanto a composición y características asociadas) no deben ser tenidos en cuenta? ¿Toda la fuerza laboral es millennial? ¿Serán dejados en la estacada sus valores cuando salga la nueva generación al mercado laboral?

Si una organización quiere acercar, aunque sea mínimamente, sus valores con los que son reclamados por el mercado, ¿se va a basar únicamente en la generación de moda que toque en cada momento?

Si una organización quiere acercar, aunque sea mínimamente, sus valores con los que son reclamados por el mercado, ¿se va a basar únicamente en la generación de moda que toque en cada momento?

Pues no me parece sencilla, pero creo que se impone realizar una revalorización, valga la redundancia, de lo que son los valores, tanto personales como empresariales, dándoles la importancia que merecen y más allá de modas y de la generación que toque en cada momento temporal. El cómo hacerlo es lo realmente complejo.

Poner en consonancia de una manera aceptable los valores de las empresas, los  que tienen los trabajadores y aquéllos que éstos últimos desean para poder trabajar a gusto en las empresas, con un encaje que no sea perfecto pero sea mejor que el actual, requiere mucho trabajo y mucho tiempo para que surja efecto.

Dos cosas me parecen primordiales para el encaje. La primera, ya no sólo para este tema sino para el buen funcionamiento de la sociedad, es realizar, desde pequeños, una educación basada en valores, tanto en las escuelas como dentro del seno de las familias.

Si se sigue la espiral en la que parece que estamos metidos de pérdida de valores, ya no será cuestión de encajar en empresas o no, sino que nos estaremos jugando el encaje de las personas dentro de la sociedad, algo mucho más serio.

En segundo lugar, ya por parte de las empresas, es primordial dejar de lado el postureo, el cacarear unos valores falsos, y empezar a construir organizaciones en las que se correspondan con la realidad, que sirvan para lograr sus objetivos empresariales de manera ética, contemplando y asimilando la diversidad de la sociedad tanto a la hora de servirla como de nutrirse de ella de trabajadores.

Unos valores que la empresa se debe asegurar que son entendidos completamente por parte de su plantilla.

Pie foto: valores del empleado ideal, según el ‘1er Informe sobre valores en la empresa’ de Randstad.

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