Slow Money, donde se cruzan comida y dinero

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Según Entrepreneur Magazine y Reuters, “el movimiento Slow Money es una de las cinco principales tendencias en finanzas”. A caballo entre la filantropía y la inversión tradicional, Slow Money es una nueva forma de financiar el desarrollo de un sistema de provisión de alimentos local y sostenible. En vez de comprar acciones en Wall Street, los inversores de Slow Money invierten en proveedores y empresas de alimentación locales con el fin de fortalecer la economía y los sistemas alimentarios de sus comunidades. Y, como su nombre indica, Slow (lento), lo hacen con mucha paciencia.

Slow Money es un movimiento en auge. Nacido hace cuatro años, cuenta con unos 25.000 miembros, delegaciones en catorce localidades de EEUU y una delegación establecida recientemente en Francia; todas gestionadas por voluntarios. En los últimos dos años sus integrantes han invertido unos 21 millones de dólares en 180 operaciones con Pymes, 90% en forma de préstamos y acciones, y un 10% en forma de donaciones.

En la base de este movimiento nacional hay una filosofía que premia la actuación local. De los 21 millones invertidos, 15 fueron a parar a Pymes cercanas al lugar de residencia de los inversores. Esta proximidad facilita la implicación personal de los inversores, ya que muchos de ellos proveen asistencia técnica a las Pymes en que invierten.

Slow Money se basa en seis principios y una visión, propuestos por Woody Tasch, actual presidente y autor del libro que lanzó el movimiento (Vid. “La filantropía es el abono para asegurar que estas pequeñas empresas florezcan”).

¿Por qué “lento”? La naturaleza se desarrolla en temporadas y estaciones, no en trimestres o años fiscales. Según los defensores del Slow Money, el IRR (Internal Return on Investment o Tasa Interna de Retorno, TIR) es una medida absolutamente inapropiada para conseguir un “retorno” equilibrado ya que es extremadamente sensible al tiempo (cuanto más corto es el tiempo que se tarda en ganar un euro, mejor). Slow Money busca inversiones que sanen a las comunidades humanas y a los sistemas naturales en vez de optimizar la velocidad y el potencial.

Como sugiere su nombre, Slow Money se inspiró del movimiento Slow Food. Carlo Petrini, fundador de Slow Food, será el ponente principal en la conferencia nacional de Slow Money que tendrá lugar el 29 y 30 de abril de este año en Boulder, Colorado. Cada año cuentan con participantes de América Latina, EEUU y otras partes del mundo. Según los participantes, es una mezcla inspiradora de inversores, fundaciones, granjeros orgánicos y emprendedores, todos comprometidos con la filosofía: “pequeño, local y lento”.

Una de las inversoras en Slow Money a título personal es Eleanor Kinney, madre de tres hijos y oceanógrafa. Su compromiso con el medio ambiente local se manifestó cuando hizo su primera donación de unos miles de dólares a una ONG con solo 22 años. Los padres de Eleanor Kinney, filántropos apasionados del arte, habían reconocido que su hija tenía otras inquietudes. Invitaron al director de una ONG dedicada al medio ambiente de Maine a su casa y enseguida Eleanor le entregó un cheque.

Hoy, Eleanor Kinney no se limita a hacer donaciones generosas, es uno de los líderes de Slow Money en Maine. “Mi foco en la alimentación local y en repensar cómo se mueve el capital de inversión me permiten responder a múltiples inquietudes a la vez: las situaciones de hambre que acompañan la pobreza, el cambio climático, la falta de alimentación sana, el desarrollo de la economía local, el aumento de la obesidad y la diabetes, etc.”.

“Cuando nacieron mis hijos”, explica Kinney, “me preguntaba por qué tenía acciones en empresas que producían alimentos que nunca daría a mis hijos”. Slow Money le ofrece la oportunidad de hacer inversiones de impacto que reflejan sus valores. Para ella, eso significa trasladar sus activos de Wall Street a empresas alimenticias locales con prácticas sostenibles. Además, cuenta Kinney, “la mejor manera de preservar espacios rurales abiertos es que sean productivos, no se pueden proteger tantos terrenos solo con dinero filantrópico”.

Para muchos Slow Money representa el siguiente paso de las inversiones socialmente responsables. Kinney, como otros, cuenta que “sabía en qué no iba a invertir, lo que me faltaba era la alternativa positiva que ofrece el Slow Money”.

“Queremos el dinero tenga los pies en la tierra” explica Arno Hesse, coordinador de la delegación en California del Norte. “Al evaluar nuestras inversiones, no buscamos solo beneficios financieros, sino mejorar nuestra comunidad y producir mejores alimentos”.

El futuro es local

Dicho de otra manera, “el futuro es local”, pronuncia Narendra Varma, de 43 años, exgerente de Microsoft, que el año pasado invirtió dos millones de dólares de su propio dinero en un proyecto de 58 hectáreas de parcelas pequeñas y de capacitación de agricultores cerca de Portland, Oregón.

Hay muchas maneras de invertir con la filosofía del Slow Money. En Boston un asesor financiero y miembro fundador de Slow Money dirigió 170.000 dólares en capital de sus clientes a tres transacciones de Slow Money. Los miembros toman participaciones, individuales o agrupadas, en Pymes locales. También facilitan que los emprendedores aprovechen la financiación favorable existente de entidades públicas o proveen las garantías para hacer posibles préstamos de un banco o caja local.

La financiación del Somerset Grist Mill en Maine, molino harinero y mercado para productos agrícolas locales, proviene de inversores privados, del gobierno, de una fundación patrimonial y hasta de una exitosa campaña de crowdfunding de la plataforma Kickstarter que consiguió 28.000 dólares.

Normalmente son inversores acreditados los que proveen la mayoría del Slow Money pero hay oportunidades para todos los presupuestos. Kinney fue un los fundadores de un club de inversión en Maine que sigue los principios Slow (Vid. Los principios del Slow Money).

No Small Potatoes Fund da micropréstamos de hasta 5.000 dólares a granjeros y Pymes. Es un grupo de inversores cerrado con un nivel mínimo de participación de 5.000 dólares en que todos deben aprobar los préstamos. Entre los participantes hay individuos para los que 5.000 dólares representan una parte importante de su cartera, hasta un milmillonario al que le gusta el concepto.

Ahora hay clubes en varias regiones de los EEUU que han seguido el ejemplo de Maine. Los préstamos que hace el grupo en California del Norte incluyen, por ejemplo, 2.000 dólares a un panadero para comprar una nueva batidora, 6.000 para expandir un restaurante local griego y 5.500 a dos granjas para aumentar la producción de pollos para el consumo.

Otra innovación reciente es el modelo Credibles en fase piloto en el norte de California. Se trata de un crowdfunding en el cual los inversores compran por anticipado créditos que pueden canjear por comestibles producidos por las empresas partícipes. Se paga el edible credit en forma de huevos, pollos, helados artesanales, etc.

Las fundaciones familiares son actores importantes en el movimiento a nivel nacional y local. La fundación familiar Castanea invirtió en la puesta en marcha de una granja piloto de producción de leche de cabra. Según el director de la fundación, “nuestro primer objetivo es el retorno de capital. Si conseguimos recuperar nuestro dinero, más un beneficio que nos permita continuar con nuestra misión, sería genial. Si conseguimos que nos devuelvan el dinero y nada más, pero a los quince años hay media docena más de granjas de cabras lecheras comerciales en Vermont, eso será un home run para nosotros. Habremos fortalecido la economía alimentaria local, creado oportunidades económicas y conservado la tierra”.

Tras la temprana muerte de su hermano, Andrew Kendall reconoció que “la vida es corta” y tomó las riendas de la fundación patrimonial de su familia. Preside un patronato que incluye a su padre, quien creó la fundación en los años cincuenta junto con su hermano fallecido. Después de más de una década de subvenciones frustrantes para responder al cambio climático, el patronato emprendió un proceso de reflexión, investigación y planificación estratégica para identificar vías de actuación más gratificantes.

Lo que tenía claro era que no quería diluir el impacto de la fundación convirtiéndola en una “cuenta bancaria caritativa para responder a las inquietudes personales de los miembros de familia” como había visto pasar en otras fundaciones. Kendall era presidente del patronato cuando tuvo una epifanía: debería basar la fundación en su experiencia personal, de modo que pudiera contribuir con su conocimiento y sus relaciones además de con subvenciones financieras.

Rápidamente la Kendall Foundation se convirtió en un importante actor para el desarrollo de la agricultura sostenible en las comunidades donde actúa. Andy explica que ahora su comité de inversión empieza a debatir cómo aprovechar una mayor porción de sus activos para cumplir su misión. Slow Money le atrae como manera de testar la inversión de impacto.

Innovación

La innovación más reciente en la intersección de la filantropía y la inversión de Slow Money es el Soil Trust (Fundación Suelo), un crowdfunding nacional para hacer inversiones en empresas de agricultura local, con el fin último de aumentar la fertilidad del suelo, la vitalidad económica local y el acceso a la comida. El origen del capital es filantrópico, ya que se compone de un gran número de donaciones de particulares. Gracias a este origen, el Soil Trust se centra principalmente en generar impacto social y ambiental y, solo en segundo lugar, en los resultados financieros. Al reinvertirse los rendimientos, el Trust goza de una visión para la creación de valor e impacto a largo plazo.

El Soil Trust se define como Nurture Capital (capital de crianza). Es el opuesto al capital riesgo que suele invertir en empresas high-tech: uso intensivo de capital concentrado en pocas manos para conseguir retornos altos. Nurture Capital se centra en la fertilidad del suelo, está descentralizado, apoya a las redes locales y facilita la participación de muchos particulares. Se puede decir que el capital riesgo trata de rentabilidad y el Nurture Capital de fertilidad.

¿Cómo se diferencia el Soil Trust de la mayoría de las plataformas de crowdfunding? El Soil Trust despliega su capital en colaboración con una red de inversores locales con un fuerte conocimiento local además de un equipo nacional con décadas de experiencia en la filantropía y en la inversión socialmente responsable.

Y sobre todo, el Soil Trust pertenece a un movimiento, una emergente comunidad de activistas, agricultores, empresarios, inversores y otros que tienen una fuerte visión compartida.

Slow Money en el terreno

La delegación de Slow Money de Maine es una las más activas. Según su coordinadora, Bonnie Rukin, filántropa, inversora, activista y granjera orgánica desde hace muchos años, el éxito del grupo viene de la diversidad de sus participantes. Es una red fluida de más de 450 personas, entre ellas granjeros, inversores y filántropos privados, banqueros, líderes de ONG, funcionarios estatales y emprendedores.

En los últimos 36 meses, Slow Money Maine ha catalizado la entrada de más de 3,5 millones de dólares en 55 Pymes de cultivo sostenible y procesado de alimentos de la zona. Se trata de 1,6 millones de dólares en préstamos con términos favorables, 535.000 de 15 inversores en participaciones de empresas, y otros 1.500.000 en subvenciones.

Slow Money Maine lleva a cabo cinco actividades principales:

1 Construir una red para conectar agricultores, pescadores y otros productores de alimentos a los financiadores, empresarios, organizaciones sin fines de lucro, filántropos, defensores y colegas, para que todos se beneficien de las habilidades, la experiencia y los recursos de los demás.

2 Presentar las opciones potenciales de financiación aunque, conforme con las leyes sobre inversiones, nunca solicita inversiones del público general.

3 Trabajar de manera creativa y colectiva para conectar empresas prometedoras con la asistencia necesaria, no solo financiera, si no también técnica, de marketing y distribución.

Esta actividad no está coordinada de manera central, funciona de manera orgánica a través de las redes de relaciones. Por ejemplo, el No Small Potatoes Club de Inversión es un derivado de Slow Money Maine cuyos miembros se unen para hacer micropréstamos.

4 Desarrollar nuevos vehículos de financiación para invertir en negocios locales de alimentos. Por ejemplo, junto con abogados que donaron su tiempo, Slow Money Maine colaboró con los reguladores de hacienda y el protectorado para crear un mecanismo a través del cual fundaciones patrimoniales pueden financiar Pymes privadas con donaciones.

También redactaron acuerdos tipo para donaciones a ONG de desarrollo económico local para que financien Pymes designadas, sea en forma de donación o de préstamo con bajo o nulo interés.

5 Crear un foro de diálogo público sobre los sistemas alimentarios de Maine. Por ejemplo, la prioridad actual de Slow Money Maine de promover inversiones en proyectos de infraestructura, como plantas de procesamiento o molinos surgió de este diálogo.

Por Kristin Majeska y Catalina Parra

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Comentarios
  1. Kristin Majeska

    Gracias Luis. Excelente artículo que recomiendas sobre Capitalismo Indie. Es una tendencia con muchas posibilidades locales y globales.

  2. nita macia

    Excelente visión del futuro de la filantropia. Socialmente Responsable no es sinónimo de Responsabilidad Socila no rentable