Una joven generación de emprendedores en busca del cambio social

Nuria García6 Octubre 2014
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No hay edad para emprender. Hacen falta unas dosis elevadas de constancia y empatía, defender una idea clara hasta el final y estar dispuesto a sacrificar tiempo libre para sacar un proyecto adelante.

Cuatro jovencísimos emprendedores han sido reconocidos este año, junto a otros trabajos presentados por menores de 29 años en España, por aportar diferentes iniciativas de mejora social.

Si un joven emprende un proyecto antes de los veinte años es muy probable que siga emprendiendo a lo largo de su vida. Bajo esta premisa, la red internacional de emprendedores sociales Ashoka ha desafiado a chicos y chicas de 14 a 24 años con ganas de desarrollar iniciativas que ayuden a cambiar la sociedad. Jóvenes Changemakers es la red global a la que tienen acceso cerca de 60.000 jóvenes en veinte países del mundo, entre ellos, España.

Mohamed El Amrani es uno de los miembros que ha conectado con esta red, haciendo las veces de reportero en charlas y eventos. Es, además, un emprendedor reconocido que en junio se hacía con el premio de la Fundación Príncipe de Gerona 2014 por su liderazgo personal en la promoción de la integración de jóvenes en riesgo de exclusión social.

El jurado valoró “la ejemplaridad personal, su actitud de comunicación positiva, su carácter integrador, su trabajo de base comunitaria y su capacidad de encontrar pequeñas soluciones a grandes problemas”.

Mohamed tiene solo 21 años pero una larga trayectoria en emprendimiento social. Hace cinco años arrancaba su proyecto Red de Convivencia en la localidad gerundense de Rosas, donde él vive. “Varias personas de nuestro entorno descubrimos problemas de conflictividad juvenil a los que había que buscar soluciones prácticas, por eso decidimos crear una asociación”, señala el joven.

Este técnico en Turismo, que trabaja actualmente como informador turístico, ha percibido desde siempre la importancia de gestionar la diversidad y la integración cultural. Para acometer la labor, es necesario hacerlo desde varias áreas distintas implicadas en el día a día de los jóvenes, como son el deporte, la cultura, la salud, la mediación y la formación, entre otras.

“Estamos buscando autofinanciación para no depender de las administraciones. Por eso, premios como el de Príncipe de Gerona nos ayudan mucho”, comenta Mohamed, que cuenta con el apoyo de unos cien jóvenes voluntarios, que son la columna vertebral de los proyectos.

La gestión es responsabilidad de una junta de ocho miembros de distintas disciplinas, como son abogados, psicólogos, dinamizadores juveniles, informáticos, etc.

Esta Red de Convivencia, que ha dado buenos resultados en Rosas, podría trasladarse a otros lugares de Cataluña donde existen problemas similares de integración y convivencia: “Queremos empezar por Tarragona y, aunque sabemos que es complicado, tenemos personas capaces de liderar estos proyectos de interculturalidad y resolución de conflictos, proyectos que exportarían el mismo modelo original y la misma filosofía de Red de Convivencia”.

Mohamed lleva tiempo realizando tareas de comunicación en varios medios locales, compatibilizando esta faceta con su empleo y su iniciativa social: “Estás constantemente pensando. La gente te cuenta sus problemas, estás es contacto con la realidad de estas personas y yo creo que el periodismo tiene que ver mucho con esto”, asegura.

Cuando se le pregunta sobre las cualidades del buen emprendedor social, responde con contundencia: “Mucha empatía, mucha capacidad de ponerse en el lugar de los otros. Y hay que inspirar confianza para buscar aliados que te ayuden a mover el cambio”. Sin pasar por alto la palabra “constancia” porque ayuda a sobrellevar mejor las “caídas y las subidas”.

Él confía totalmente en que todo este sacrificio de hoy sirve para el futuro: “Te hace más fuerte y capaz de resolver conflictos”.

El lado divertido de la ciencia

Jesús Ángel Gómez estaba terminando la carrera de Químicas cuando hizo un simple experimento sobre gases delante de su sobrina pequeña. La niña le reclamó otros experimentos parecidos y Jesús Ángel pensó que si la química le gustaba a su sobrina, bien podría gustarle a otros niños, en especial a aquellos que no pueden salir de un hospital.

cienciaterapiaAsí nació su iniciativa Cienciaterapia, seleccionada entre los diez proyectos mejores de España dentro del premio Jump for Health de Ashoka, que está destinado a proyectos liderados por menores de 25 años en el ámbito de la salud. Cienciaterapia cuenta con el compromiso de seis jóvenes que organizan talleres de ciencia “divertidos” para niños hospitalizados.

Por el momento, están funcionando en el Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva: “Cuando llegamos al hospital, los niños llevan todo el día encerrados en su habitación. Una vez que termina nuestro taller, el resultado es que se han olvidado de que están en un hospital, se han olvidado del dolor y el taller ha sido un punto de encuentro con niños de otras plantas”, dice Jesús Ángel, de 23 años de edad.

Este acercamiento de la ciencia a los menores fomenta cierta vocación científica, ya que “la percepción de muchos estudiantes de secundaria es que la Física y la Química resultan difíciles, pero en los talleres se les muestra la cara más entretenida de estas materias”.

El químico andaluz cree que estas reuniones repercuten positivamente en la salud y el comportamiento de los chicos, aparte de darles una tregua a los sufridos padres.

cienciaterapia_equipoJesús Ángel y su equipo van a seguir adelante para llevar el proyecto a otros hospitales y mientras tanto están buscando la forma de hacerlo sostenible, además de constituirse en asociación sin ánimo de lucro.

“Cualquier persona puede tener una buena idea, pero desarrollarla y gestionarla es muy difícil. Hay que buscar unos contactos, tienes que relacionarte bien con las personas y defender la idea, hasta el final, sin dejarte desviar”, cuenta el emprendedor. Su familia está “encantada” con todos los reconocimientos de la prensa hacia el proyecto encabezado por Jesús Ángel, pero también les gustaría que el joven encontrase pronto un empleo.

Inteligencia artificial para niños autistas

El pasado mes de julio, la Universidad Europea de Madrid (UEM) ha anunciado los diez proyectos ganadores de la VI edición de los Premios Jóvenes Emprendedores Sociales.

Meritxell-MolinaEran iniciativas llegadas de distintas provincias españolas lideradas por jóvenes entre 18 y 29 años, que habían sido seleccionadas por un equipo de la universidad junto a un jurado compuesto por expertos y profesionales del mundo académico. Meritxell Molina ha acudido a recoger el galardón por su proyecto Aantea, una asociación creada en 2013 para ayudar a personas con trastorno del espectro autista (TEA) a través de la innovación educativa y las nuevas tecnologías.

Esta joven castellonense de 22 años posee formación en Educación Especial y ha llevado a cabo prácticas en varios centros con niños autistas, de manera que ha podido detectar “unas necesidades que ni los padres ni los centros pueden cubrir”. Así se le ocurrió una primera idea, Swimming Therapy: “Descubrimos que el agua les ayuda mucho, los niños se sentían mucho más cómodos para contactar con los maestros y vimos que contribuía a crear vínculos entre ellos”.

Meritxell recuerda que la comunicación con el entorno es la principal dificultad de los autistas –aunque dentro del autismo hay muchas diferencias– pero lo más común son los problemas para socializar.

“Y estas personas tienen otros problemas de salud que vienen añadidos en ocasiones, como la epilepsia o una mala motricidad. Por eso la natación es muy buena para ellos”, agrega.

Picto-ConnectionAantea saltó al plano tecnológico con Picto Connection, que fue creado, en principio, como herramienta tecnológica para potenciar la comunicación entre niños con autismo. Ahora el proyecto está en una incubadora y, por él, Meritxell se ha tenido que trasladar a Barcelona mientras su equipo de compañeros se ha quedado trabajando en la asociación de Castellón.

Con esta última solución han estado probando en centros de la Comunidad Valenciana para saber cómo reaccionaban los críos. “Teníamos que aprender de niños, de padres y de docentes. Que ellos nos expusieran sus problemas o sugerencias para luego nosotros adaptar esta tecnología”, aclara.

La aplicación pretende que sus usuarios se puedan comunicar de forma totalmente autónoma y la máquina, a su vez, aprende de los niños que la utilizan arrojando información sobre cómo se comunican y no solo los que son autistas, sino otros que padecen parálisis, por ejemplo. “De ahí nosotros podemos sacar patrones para luego ofrecer recomendaciones. Se trata de utilizar la inteligencia artificial y aplicarla a este campo”, dice la emprendedora.

Una carrera meteórica la de Meritxell y el equipo de Aantea. Ahora ella está sola, físicamente hablando, aunque cuenta con el apoyo de la incubadora desde el punto de vista más técnico. El premio de la UEM y el más reciente de la Fundación Vodafone en la categoría de innovación “han venido muy bien para poder mantener el proyecto y se siente mucha satisfacción porque ves que lo que has hecho está bien. Valoran lo que haces y eso es una motivación”.

Meritxell ha hecho un verdadero sprint en este último año. Sabe que hay que ser muy constante, trabajar muy duro y no “dolerte estar sin tiempo libre los fines de semana”. También está la estabilidad mental, “porque los que apuestan por ti van a darte mucha caña y la competencia te va a dar más caña aún. No hay que perderse en el camino y tener claro hacia dónde te diriges”, recalca.

Eduskopia, un espacio para descubrir

Otro de los galardonados de la UEM este año es Lisandro Caravaca, de 25 años, licenciado en Traducción e Interpretación de inglés y francés por la UEM, además de técnico en Community Management por el Instituto Inesdi. Este “autodidacta compulsivo” se lanzó a la aventura de Eduskopia en febrero de 2013 inspirado por su propia experiencia como community manager en una agencia de Madrid.

Eduskopia“Me di cuenta de que casi nadie sabía a qué me dedicaba ni qué sentido tenían las redes sociales para el uso académico y profesional”. Había mucha gente que ignoraba la evolución del mundo a nivel tecnológico y social, por eso Lisandro decidió dar “un paso al frente” y dejar su empleo para ponerse a explorar el mundo del emprendimiento.

“Tenía claro que la sensibilización y la formación en el buen uso de las nuevas tecnologías debían venir de mano de la educación”, comenta.

Eduskopia es una empresa de innovación social centrada en la educación y la cultura en el marco de las nuevas tecnologías. “Tratamos de reducir la brecha digital que existe en padres, adolescentes, profesores, empresas, etc. Para todos ellos disponemos de una oferta de formación basada en la alfabetización digital, el aprendizaje permanente, la gestión del conocimiento y la cultura 2.0”, expone.

Eduskopia empezó bajo el lema “un espacio para descubrir” y ahora el leitmotiv elegido es “la revolución digital eres tú”, queriendo dar protagonismo a las personas como impulsoras de ideas y capaces de comprometerse con la gestión del conocimiento en la era digital.

El premio de este año ha sido como “una bocanada de aire fresco” porque ha llegado en un momento fundamental para el equipo que forma Eduskopia: “Llevamos varios meses de trabajo continuo, sin descansos, y un reconocimiento viene de maravilla para saber que vamos en la buena dirección”.

Planes de futuro le sobran a Lisandro. Tiene que sacar adelante una propuesta comercial compuesta por charlas, talleres y cursos de educación digital y de alfabetización digital. Además, perfila nuevos proyectos como la prevención de la adicción tecnológica (tecnoadicción) en menores y adultos a través de sesiones de terapia individual, grupal y familiar; jornadas intensivas de prevención y desintoxicación, etc.

Las alianzas estratégicas son un motor para impulsar Eduskopia en países como Colombia y Argentina actualmente.

El mercado latinoamericano le hace guiños a Lisandro: “Confiamos en poder avanzar en este tejido de redes en México, Chile, Bolivia y Ecuador”. Él tiene claro que lo importante es “luchar a muerte por una idea”, saber adaptarla a medida que se avanza y volcar mucha actitud (“pasión y perseverancia”), además de contar con visión periférica y con el respaldo de la familia.

Por Nuria García
@Compromiso_Empr
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