Forjadores del presente... que quedan en el pasado

En España hay un gran número de personas mayores sobre las que pesa la losa del aislamiento, aún no estando solas en lo físico. Las generaciones más jóvenes tendemos a no prestar atención a sus vivencias pasadas, a pesar de que todas ellas nos han convertido en lo que somos. Cuánto podríamos aprender de ellas si nos sentásemos a escucharlas.
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Presentación del libro 'Tu historia de verdad importa'.

Más que en Navidad, es en estas fechas de veraneos en los pueblos cuando más se me dispara la nostalgia y el recuerdo de mis abuelos. Pienso en Bernabé y Antonio jugando al tute o al chinchón mientras se contaban historias de su vida, intercambiando anécdotas de la vida en el campo pero, sobre todo, de su experiencia en el frente.

A los dos les tocó luchar en la Guerra Civil española, uno en el bando republicano, el otro en el nacional, obligados por las circunstancias. Eso sí, casi siempre hablaban de los ‘buenos momentos’ en el campo de batalla, como el de un compañero que maldecía tanto a Franco como a Negrín al más puro estilo berlanguiano. O una gélida campaña entre Aguilar de Campoo y Reinosa, en el límite entre Palencia y Cantabria, en la que los soldados de uno de los bandos, con la ropa desgastada y casi sin calzado, imploraban al cielo por unas botas nuevas, secas y calientes, y que terminaron recibiendo de la trinchera enemiga un montón de pares. Eso sí, todos para el pie izquierdo.

A veces me sentaba con ellos, pedía cartas (una de las herencias que me dejaron ambos fue su gusto y su amplio conocimiento de un buen número de juegos de naipes) y me quedaba callada escuchando. Ahora me arrepiento de no haberles preguntado, de que me contaran más, y de no haberlo registrado evitando que muchas de sus historias hayan caído ya en el olvido. Unas experiencias que, no lo olvidemos, han forjado nuestra historia y construido nuestro presente.

Ellos tuvieron la suerte de vivir y de ser valorados por sus hijos y nietos hasta sus últimos días. Y digo ‘suerte’ casi como si les hubiese tocado la lotería, en vista de la gran cantidad de personas mayores que, hoy por hoy, se quedan solas en el sentido amplio de la palabra.

Según la Encuesta Continua de Hogares 2016, publicada hace unos meses por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en España hay casi dos millones de personas por encima de los 65 años que viven solas, de las cuales un 60% asegura tener sensación de aislamiento. Una situación que está íntimamente relacionada con la vulnerabilidad, la pobreza, la depresión, la desnutrición (por desidia, en la mayoría de los casos) y la falta de un control médico y sanitario.

No obstante, no hay más que pasarse por cualquier residencia de ancianos, importantes centros de apoyo para evitar muchos de esos males mayores, para darse cuenta de que la sensación de soledad y aislamiento persiste en muchos de ellos. Porque la atención no sólo gira en torno al control de la medicación y de la nutrición, también a la transmisión de amor, respeto, cariño… y de hacerles sentir útiles para con los suyos.

Prestarles nuestros cinco sentidos y valorar sus mal llamadas ‘batallitas’ como experiencias de vida a tener en cuenta deberían ser máximas en nuestras vidas. Igual que inculcar ese amor y respeto a nuestros hijos, dándoles herramientas para que aprendan de sus mayores en el presente y, por qué no, para que sepan atender a sus padres en el futuro.

Lo que de verdad importa

Hace unas semanas asistí a la presentación de un libro elaborado por las fundaciones Lo Que De Verdad Importa, SM y Gondra Barandiarán, a raíz del proyecto Tu historia de verdad importa. Su objetivo era el de unir generaciones, conseguir que las vidas de varios de nuestros mayores se encontraran con las del personal voluntario de estas fundaciones. Gracias a ello, estos voluntarios han recogido y narrado sobre el papel las biografías de sus mayores de forma individual, en un volumen que, desgraciadamente, no se verá en las tiendas.

De esta manera, no sólo se ha puesto en valor la vida y experiencia de esas personas, sino que, a través del proyecto, se ha forjado una amistad y una confianza tal capaz de hacer fluir sentimientos convertidos en palabras.

El libro, que no se comercializará y que ha sido editado sólo para las familias de los protagonistas, lleva impresas diez historias, como la de Pepe Sáez de Santamaría, un expiloto que quiere contarle muchas cosas a unos nietos que pocas veces tienen tiempo para escucharle. O la del sacerdote Tomás de Vega y su vivencia de la fe cristiana. O la de Pura Figueroa, en silla de ruedas, y su hija María. O la de Pedro Manzano, recientemente fallecido.

Vivencias únicas como las de otros muchos a las que tendemos a quitar importancia pensando que son tan fútiles que no pueden trascender. Pero sí que pueden. Sólo es necesario que les prestemos nuestros cinco sentidos y, sobre todo, nuestro máximo interés. Cuánto podremos aprender de ellas…

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