El sector fundacional resiste a la crisis, pero no recupera la situación anterior a 2008

El Instituto de Análisis Estratégico de Fundaciones (Inaef) de la Asociación Española de Fundaciones (AEF) ha publicado el tercer informe sobre 'El sector fundacional en España: Atributos fundamentales (2008-2014)'.
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La Asociación Española de Fundaciones, a través de su Instituto de Análisis Estratégico de Fundaciones y la colaboración de 25 mecenas, publica la tercera edición del informe que analiza la situación y evolución del sector fundacional en España y su peso en el ámbito social y económico: El sector fundacional en España: Atributos fundamentales (2008-2014).

Este tercer informe coincide en fecha (2008-2014) con la crisis económica vivida en España y permite observar cómo ha evolucionado el sector durante los cinco peores años de declive, concluyendo que el sector fundacional tiene “una alta capacidad de resistencia y de adaptación”, explica Amadeo Petitbò, vicepresidente de la AEF, en la presentación del informe. Afirma que el sector se ha “preparado para abordar la etapa actual tras haber racionalizado sus estructuras y afinado la definición de sus objetivos. Ahora tenemos un sector fundacional más sólido que antes de la crisis”.

La AEF ha estimado el número de fundaciones que además de estar registradas tienen algún tipo de actividad real en función de su objeto social y que no se encuentra en estado latente. Así el número total estimado de fundaciones españolas activas en 2014 es de 8.866. Si se comparan los datos con el comienzo de la serie (9.594 fundaciones, en 2008) se observa un ligero incremento hasta las 9.823 fundaciones en 2009, y una caída importante hasta 2012 del orden de 1.079 fundaciones extinguidas. A partir de 2013, se vuelve a observar una lenta pero paulatina recuperación.

Madrid es la comunidad autónoma con mayor número de fundaciones activas efectivas entre los años 2010 a 2014 y, junto con Cataluña, suponen alrededor del 46% del total, desprende el informe de la AEF. Andalucía es la tercera comunidad autónoma en la distribución geográfica de las fundaciones españolas, con 853 fundaciones en 2014, lo que representa el 9,6% del sector, seguida de la Comunidad Valenciana (777 fundaciones; el 8,7%), Galicia (449; 5%), País Vasco con 434 fundaciones (4,9%) y Castilla y León con 396 fundaciones en 2014 (4,4%).

Durante el periodo considerado, el mayor porcentaje de fundaciones activas efectivas españolas corresponde a las fundaciones pequeñas, con ingresos anuales comprendidos entre 30.000 y 500.000 euros, suponiendo el 41,2% del total de fundaciones activas efectivas en 2014.

Le siguen en orden de importancia las microfundaciones, aquellas que cuentan con ingresos anuales inferiores a 30.000 euros, que se sitúan en el 20,53% en 2014. Destaca la caída que experimentan estas fundaciones en la estructura efectiva del sector fundacional ya que en 2008 representaban el 35,75%. Esto pone de manifiesto que la crisis ha afectado especialmente a esta categoría de fundaciones abocándolas a su desaparición o latencia. Sin embargo, los datos de 2014 parecen manifestar una inflexión en esta caída volviendo a recuperar levemente su participación porcentual, vinculada, en gran parte de los casos, a una mayor laxitud presupuestaria en las CCAA, señala el informe.

La crisis ha afectado especialmente a las microfundaciones (ingresos anuales inferiores a 30.000 euros), abocándolas a su desaparición o latencia.

Por lo que se refiere a las grandes fundaciones, las que superan los 2.400.000 euros de dotación inicial, se sitúan al comienzo del período en el 11,26% del total, ganando participación a partir de 2012, año en el que superan el 15%, manteniendo estable la participación hasta 2014. Las más relevantes son las del grupo que cuenta con ingresos anuales comprendidos entre los 10 y los 50 millones de euros, que oscilan entre un 8 y un 10% según los años, para situarse en el 10,72% en 2014.

Causas y beneficiarios

En torno al 39% de las fundaciones se dedicaron principalmente a actividades de cultura y recreo, reduciéndose el porcentaje en casi un punto y medio durante el periodo analizado. En términos promedios durante el período objeto de estudio, un 21,54% de las fundaciones centra su actividad en la educación y la investigación, porcentaje que a diferencia del caso anterior aumenta ligeramente con vaivenes en el período analizado; un 10,13% al medio ambiente y un 8,88% a los servicios sociales. En estos dos casos, el porcentaje se ha ido reduciendo en los años considerados.

Otros sectores representativos fueron el desarrollo y la vivienda (que ha aumentado del 6,86% en 2008 al 7,32% en 2014), la sanidad (también creciente desde el 4,71% inicial hasta situarse en el 5,18% en 2014) y las actividades internacionales (del 4,53% en 2008 al 4,57% en 2014), siendo el asesoramiento (con una participación promedio del 0,10%) y la religión (0,77% en 2014), las que presentan un menor porcentaje.

En definitiva, comparando los extremos del período considerado 2008-2014 en el informe han perdido peso relativo: cultura y recreo, servicios sociales, religión y asesoramiento; y han ganado: educación e investigación, desarrollo y vivienda, sanidad, medio ambiente, actividades empresariales y actividades internacionales (las tres últimas de forma ligera).

En todo caso, explica el informe, la situación de crisis por la que ha transitado España en el período de referencia ha hecho que se haya abierto tanto el número como el abanico de beneficiarios, incrementando su participación relativa aquellas fundaciones que dan cobertura a grandes colectivos de ciudadanos en servicios educativos, de exclusión social, sanitarios y de cooperación.

Falta de presencia web

Un dato negativo que desprende el informe de la AEF es que más del 60% de fundaciones activas no poseen página web donde rendir cuentas de sus actividades. Si en el año 2008 un 32,95% de las fundaciones activas efectivas disponían de página web propia, solo se ha incrementado la cifra al 39,16% en 2014.

El 60% de fundaciones activas no poseen página web propia y solo el 7,8% de tienen presencia en redes sociales.

Asimismo, se percibe una incipiente pero lenta presencia en redes sociales de las fundaciones activas efectivas ya que, en el año 2008, solo el 4,45% del total participaban en ellas aumentando dicho porcentaje hasta un escaso 7,81% en 2014. Si las fundaciones, como señalaba Petitbò en 2015, han de ser una plataforma de conectividad, la presencia del sector en la redes debe ser relevante. Que sólo el 7,8% de las fundaciones activas efectivas participen, en 2014, en redes sociales supone una limitación de la misión del sector, afirman en el documento.

Generando empleo

Las fundaciones españolas emplearon a 373.522 personas en el año 2008, de las cuales 259.419 eran internas (181.547 empleos directos remunerados y 77.872 patronos no remunerados) y 114.103 eran externas (16.763 empleos indirectos remunerados y 97.340 voluntarios no remunerados). Dichos datos han ido variando a lo largo del periodo considerado de tal manera que, en el año 2009, los asalariados remunerados contratados por las fundaciones activas efectivas se incrementaron en 8.010 personas respecto al año anterior, cuantía que aumentó en el año siguiente, hasta situarse en 217.623 en 2010 (un 14% más), reduciéndose en 2011 hasta 203.122 y a 196.551 en 2012. Sin embargo, a partir de 2013, se vislumbra una recuperación del empleo directo remunerado hasta situarlo en 206.391 personas, consolidándose en 2014 esta dinámica de generación de empleo al situarse en 213.683 empleos directos, aunque aún lejos del máximo de la serie que corresponde a 2010.

En cuanto a los voluntarios, personas físicas que, altruista y solidariamente, desarrollan actividades en las fundaciones sin recibir contraprestación económica alguna y sin tener una relación laboral o mercantil con las mismas, su número se ha situado en los 121.443 en 2014, lo que supone un incremento del 20% desde 2008. A partir de 2013 se observa, por un lado, un mayor impulso del empleo asalariado de las fundaciones así como una mayor participación del voluntariado, lo que pone de manifiesto una tendencia a la normalización operativa del sector.

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