Cinco pautas de formación para trabajar en el tercer sector

Para muchas personas que quieren mejorar su formación en el ámbito de las organizaciones no lucrativas, y en especial, para aquellas que han trabajado en otros sectores y se ven atraídas por este mundo de lo social, la oferta formativa existente ofrece una serie de dificultades que no es fácil salvar sin una orientación adecuada.
Carlos Cortés23 mayo 2016
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Así, la principal pregunta para dar ese paso importante de invertir en tu propia cualificación profesional es: ¿por dónde empezar?

A continuación, se exponen una serie de criterios que pueden servir de guía para elegir la mejor formación posible para lograr tus objetivos profesionales, y sobre todo con la perspectiva de aumentar las posibilidades de encontrar empleo en el sector no lucrativo.

1. La formación acompaña la experiencia

Salvo que se esté buscando un cambio de perfil profesional, la formación ha de estar alineada de alguna manera con parte de la experiencia laboral. Puede completar o ampliar el campo de conocimiento, pero siempre mantenerse ligado a la trayectoria profesional.

Parece obvio, pero en ocasiones se busca ampliar el foco sólo desde la formación, cuando luego en realidad nos evaluarán también por la puesta en práctica de lo que hemos aprendido.

En otras palabras, el valor diferencial de una candidatura, ya sea en búsqueda de empleo o dentro de una organización, está en la fortaleza de combinar lo que uno sabe hacer con lo que ha aprendido.

Por otra parte, si quien se quiere formar no tiene experiencia previa en el tercer sector, puede adivinar cierta equivalencia entre perfiles de puesto. Así puestos de carácter comercial relacionados con las ventas comparten habilidades útiles para el captador de fondos, o perfiles de comunicación, marketing o gestión de personas mantiene numerosas correlaciones que sólo requieren de cierta adaptación a la especificidad del sector no lucrativo.

2. La elección de las temáticas

En el sector no lucrativo existen básicamente dos tipos de formación: la relativa a la intervención directa, más técnica y centrada con frecuencia en el trabajo con un colectivo determinado, y la formación más centrada en aspectos generales y de gestión.

Seguramente los profesionales de otros sectores tengan más próxima la segunda, ya que se refiere a puestos que pueden existir en cualquier organización. Y en este ámbito, lo que predomina en la oferta es la voluntad de capacitar en las áreas de apoyo a la intervención, como la captación de fondos o aspectos legales, o bien en los aspectos genéricos de dirección y gestión de entidades.

Del análisis de los diferentes programas formativos que se ofrecen en materia de gestión, llama la atención que no existe una estandarización del programa, no al menos tan clara como en los clásicos MBA en los que los módulos suelen seguir una estructura muy similar que compone por tanto la gran mayoría de los contenidos seleccionados.

Sucede que cada institución formativa ha escogido una serie de contenidos que estima relevantes, creando así su propia fórmula de aprendizaje. Por ejemplo, algunos ponen más peso en aspectos de órganos de gobierno o legales, y otros introducen la gestión de equipos o competencias directivas.

De esta manera, los temas escogidos y el peso que asigna a cada uno de ellos, combinado con las dinámicas concretas que acompañan –casos prácticos, proyectos de fin de curso, mesas redondas…- y la propia composición del equipo docente, construyen una alternativa casi única de cada acción formativa.

Cuál sea el programa que mejor se adapta a las necesidades de cada persona requiere así atender a todos estos parámetros para el mejor encaje posible.

En cuanto a la formación en habilidades directivas, suele incluirse dentro de los programas genéricos de dirección y gestión de entidades como un módulo concreto. La formación en habilidades con la necesaria adaptación a las especificidades del sector no es fácil de encontrar, sino a través de acciones formativas de corta duración y fundamentalmente ofrecidas ya a profesionales del sector.

Quizá pueda ser un camino apasionante descubrir la forma de entender lo no lucrativo y sus valores desde esta perspectiva actitudinal y de habilidades…

3. La elección del centro formativo

La mayoría de las ofertas de formación están relacionadas con el entorno universitario. En ocasiones como parte de sus estudios de postgrado, pero con mayor frecuencia se encuentra asociado con plataformas o entidades especializadas en la temática ofertada.

Se intuye la intención de combinar las capacidades académicas y el contacto diario con la realidad de la gestión en una única experiencia.

El resultado es un equipo docente mixto, cuyas propuestas mezclan, a veces con resultado desigual, el enfoque más teórico de docente universitario con el puro de la experiencia de profesionales del sector. Siendo ambos importantes, surgen dudas sobre si los perfiles que acuden a estos cursos pueden quedar satisfechos con esta propuesta combinada.

En todo caso será información a valorar por cada persona, en función de sus objetivos de aprendizaje, para tomar la mejor decisión. La evidencia que puede ayudar a no equivocarse será examinar la composición del claustro docente, cuyos perfiles darán clara información no sólo de los contenidos a tratar, sino especialmente desde qué contexto se exponen y de dónde proviene el conocimiento y la experiencia que cada profesor transmita.

Finalmente, se echan de menos ofertas de formación de centros especializados del sector o consultoras independientes, al menos en cursos de más larga duración, seguramente por la competencia de las antes mencionadas. Para cursos cortos esta puede ser una excelente opción.

4. El método no es lo más relevante, pero influye

El aspecto metodológico es sin duda el mejor cubierto de los analizados. Y lo está de manera muy equilibrada.

Se puede optar por un formato de presencia física más cercano y que permite además crear redes con otros participantes en el caso de la formación presencial, algo muy útil para una eventual búsqueda de empleo. La modalidad a distancia, por otro lado, ofrece una alternativa interesante por la flexibilidad de combinar la formación con otras ocupaciones.

Algo particularmente interesante sucede en algunos cursos que permiten la realización del mismo de manera modular. Esto supone una ventaja adicional, como es la de escoger las materias que cada uno estime más relevantes y profundizar más en ellas.

Este desarrollo gradual también está disponible en cuanto a la titulación obtenida, por lo que cada persona podrá optar por la extensión y tiempo que pueda dedicar en función de su necesidad y posibilidades.

5. El para qué, la primera pregunta

Para escoger una u otra acción formativa, lo primero que se debe determinar es para qué se quiere invertir en la formación.

Así, si la idea es adquirir conocimientos sobre la dirección y gestión de entidades sin ánimo de lucro para dar un primer paso dentro de las especificidades del sector en esta materia, una solución que abarque en el mismo programa las temáticas esenciales como la gestión de proyectos, estrategia, captación de fondos, motivación y personas o comunicación, sería la más adecuada. Dará la visión global del sector no lucrativo y la terminología básica para empezar a comunicarse desde sus peculiaridades.

Si por el contrario, no se da tanta importancia al conocimiento como al hecho de vivir una experiencia formativa de mayor impacto en las oportunidades profesionales, un programa presencial intensivo que además vigile por la transferencia del aprendizaje será la mejor apuesta.

Desgranadas estas cinco pautas, se puede concluir que la formación en aspectos generales de gestión o en alguna temática concreta propia del tercer sector no es probable que por sí sola sea una puerta para acceder al mismo, pero sí puede ser lo más parecido a una llave.

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