"El ranking de sentencias sobre productos financieros ha dañado mucho a los bancos"

Patricia Suárez es experta en diseño web y redes sociales, pero sobre todo, desde hace ocho años, se dedicada a defender los derechos de los consumidores afectados por 'swaps', cláusulas suelo y otros productos financieros. Y lo hace a través de la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin) que preside.
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Patricia Suérez, presidenta de la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin).

Licenciada en filología alemana, Patricia Suárez se ha especializado, motivada por su propia lucha personal, en la defensa de los consumidores afectados por las cláusulas suelo y swaps. En 2014 consiguió recuperar todo su dinero, pero continúa litigando contra los bancos y defendiendo un modelo de relación responsable con los clientes desde la asociación que dirige, que suma ya 3.000 miembros víctimas de estos productos bancarios: Asufin.

Después de que el Tribunal Supremo español declarara nulas, en mayo de 2013, aquellas cláusulas suelo (imponen un mínimo de interés a pesar de que el índice de referencia –el Euribor- baje de la cifra fijada) que no hubieran cumplido con la transparencia debida, y de que Tribunal de Justicia de la Unión Europea haya sentenciado en diciembre de 2016 que los bancos tienen que devolver el dinero desde el momento de la firma de la hipoteca, con carácter retroactivo, a principios de febrero Bankia y Banco Marenostrum anunciaron que cumplirían con lo sentenciado y devolverían lo cobrado a sus clientes afectados por las cláusulas suelo. Ayer mismo el Tribunal Supremo fallaba contra el BBVA, reiterando la sentencia europea que aplica retroactividad total a las cláusulas abusivas por falta de transparencia.

Suárez narra en esta entrevista para Compromiso Empresarial estos ocho años de lucha, que empiezan a recoger sus frutos.

Usted comenzó esta batalla contra los bancos al ser una víctima de un seguro de tipos de interés, parecido a la cláusula suelo, ¿qué sucedió?

Mi marido y yo teníamos una hipoteca en Bankinter y, antes de comenzar la crisis, cuando los tipos comenzaron a subir, el banco nos llamó ‘preocupado’ ofreciéndonos un seguro de tipos de tal manera que no tuviéramos problemas para pagar. Lo que no nos explicó es que, si los tipos bajaban, no íbamos a beneficiarnos y estaríamos sujetos a un interés mínimo del 4,75 que fijaba nuestra cláusula.

En 2007 los bancos sabían que la crisis se avecinaba, que los tipos iban a bajar, y se aseguraron los ingresos fijando un suelo para todas las hipotecas nuevas y un seguro de tipos a las que ya estaban contratadas.

Al ver que los tipos estaban bajando llamé al banco para anular el seguro, pero me contestaron que la cancelación tenía un coste de 8.000 euros. ¡No me lo podía creer!  Mi indignación creció al darme cuenta de que nosotros no éramos los únicos afectados, había mucha gente con el mismo problema: se trataba de un engaño planificado y colectivo; un banco estaba abusando de su posición en su propio beneficio, saltándose la ley.

No estaba dispuesta a quedarme de brazos cruzados. Yo acababa de regresar de México, donde la corrupción está a la orden del día, y pensaba que España era diferente. Mi percepción ha cambiado. Es posible que la corrupción no forme parte de la cultura cotidiana  -no pagamos al policía para evitar una multa-, pero la hay y mucha.

“Con las cláusulas suelo los bancos han abusado de su posición en beneficio propio. Ha sido un engaño planificado y colectivo”

Cuando se dio cuenta del engaño, ¿qué hizo?

Me empecé a mover en redes sociales, que es mi campo profesional, y descubrí que existía un foro de casi cien personas que compartían el mismo problema. Por mi carácter y mi forma de ser terminé liderando el grupo de afectados.

En 2009 buscamos un abogado especializado en banca -ahora hay muchos, pero entonces no-. Contactamos con PWC, Garrigues, Uría… los grandes despachos nos daban la razón, pero alegaban que sus clientes eran los bancos y que no nos podían atender por un problema de conflicto de intereses. Esta situación me recordaba a un episodio de la serie de Los Soprano, cuando Carmela llama a los mejores abogados para iniciar los trámites de separación de su marido y todos los abogados le responden que no pueden atender su caso porque su esposo les ha consultado antes.

Entonces creó la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin).

Antes empezamos a investigar qué otras organizaciones existían: una era Adicae y otra Ausbanc, que ya sabemos cómo terminó. De esta última desconfiamos desde el inició porque nos pareció muy sospechoso que una asociación que afirmaba defender a los consumidores frente a los bancos se financiase con publicidad de los mismos bancos en sus publicaciones. Además tuvimos un comienzo conflictivo: Fueron los primeros en tener sentencias favorables y no las querían compartir; consideraban que eran propiedad intelectual, cuando de hecho son y tienen que ser documentos públicos.

También nos reunimos con Adicae para tratar de hacer demandas colectivas pero no llegamos a un acuerdo. Les planteamos crear un Comité Jurídico, con uno o dos abogados de nuestro grupo, que participasen en la estrategia legal, pero no aceptaron. Y a nosotros no nos gusta esa especie de paternalismo asociativo que actúa diciendo: “Firma aquí y olvídate, que papá te lo resuelve”.

Este es un caso similar al que recibe un tratamiento médico: hay quien quiere conocer con detalle su tratamiento y otros que prefieren dejarlo en manos de los médicos. Mis amigos facultativos siempre me dicen que es mejor un paciente informado, por eso en Asufin nos aseguramos de que aquel que quiera saber cuál es el estado de su proceso legal esté informado; porque, además, tenemos que reeducarnos como consumidores y saber qué es lo que nos está pasando para que no nos vuelva a suceder.

A la Asociación nos llegan las notificaciones de los procesos legales de nuestros asociados y las publicamos en su perfil online para que puedan consultarlas. Hemos comprobado cómo algunos socios de Adicae ni siquiera conocían si formaban parte de una demanda acumulada y si su demanda se había presentado. La falta de transparencia en las asociaciones respecto de sus asociados no se puede permitir.

En esa apuesta por la transparencia, Asufin ha hecho un gran esfuerzo por publicar todas las sentencias relativas a los productos financieros en la web.

Sí, éste ha sido un gran logro: el famoso ranking de sentencias, que ha tenido mucho éxito y ha hecho bastante daño a los bancos.

Cuando Ausbanc ganó las primeras sentencias en Jaén y Álava y no quiso facilitárnoslas las solicitamos a las correspondientes Audiencias Provinciales y nos las enviaron inmediatamente. A partir de ahí comenzamos una guerra beligerante por conseguir las sentencias y publicarlas en la web.

Pero no eran sólo las asociaciones las que se negaban a compartir las sentencias, también los propios abogados. Nos ocurrió lo mismo en Asturias: un abogado no quería compartirla porque pensaba que otros se aprovecharían de ese conocimiento. Le convencimos argumentando que teníamos un foro de casi 3.000 personas, y que muchas terminarían solicitando sus servicios.

Nosotros queríamos llegar al máximo de personas posible y como pequeña asociación que nunca ha recibido subvenciones, teníamos que ser creativos. Si convocábamos a una reunión a los afectados como mucho íbamos a ayudar a los 100 o 200 que asistiesen, pero si reuníamos a abogados y les dábamos las herramientas para defender a 5-6 clientes, estaríamos multiplicando el efecto.

Así, en 2010 organizamos un seminario en Madrid llamado Swaps, estrategias judiciales y contamos con la ayuda de los abogados que ya habían ganado sentencias a los bancos. Estos explicaron las estrategias que estaban siguiendo los abogados de los bancos y esta información ayudó a preparar mejor la estrategia legal de los afectados por las malas prácticas de los bancos. Fue un punto de inflexión muy importante para nosotros pues se se generó una comunidad de más de mil abogados dispuestos a ayudarse entre sí y a intercambiar información.

"Hemos generado una comunidad de más de mil abogados dispuestos a ayudarse entre sí y a intercambiar información"

¿Qué impacto ha tenido este ranking de sentencias en los bancos?

Tenemos más de 5.000 sentencias publicadas. Esta base de datos permite hacer estadísticas del tipo: qué banco pierde más casos, cuál es el que más litiga, quién dilata más el procedimiento… Por ejemplo, hemos observado que en Madrid las sentencias favorables a los afectados son mucho menores que en Barcelona. En el caso de los swaps y las cláusulas suelo donde las sentencias favorables a nivel nacional alcanzan la cifra del 90%, en Madrid el porcentaje es del 70%.

Por otra parte, sabemos que a Bankinter y al Banco Popular les han subido la prima del seguro de litigiosidad porque una de las mayores aseguradoras de Londres consultó nuestra web y comprobó que tenían muchas sentencias en contra.

¿Cómo interpreta la decisión de Bankia y Marenostrum de devolver todo el dinero de las cláusulas suelo a sus clientes?

Lo aplaudo públicamente. Bankia ha sufrido mucho las derrotas judiciales; ha tenido que hacer frente a un Arriaga y a un Rosales que han interpuesto miles de demandas y saben mejor que nadie lo que significa perder, pagar costas, devolver el dinero, quedarse sin el cliente y sin la confianza. Es el único banco que ha aprendido la lección y que quiere cambiar de estrategia.

Además se han enfrentado al resto de los bancos, a los que no ha gustado nada la decisión…

Los han puesto en evidencia; los están forzando a hacer lo mismo. El otro día participé en un programa de televisión y uno de los contertulios, Francisco Marhuenda, se puso catastrofista quejándose de que si seguíamos así nos íbamos a quedar sin créditos. No es cierto, lo que sí es verdad es que el comportamiento de los bancos no es el mismo en España que en otros países donde operan y donde el supervisor no está dispuesto a tolerar determinadas prácticas. El regulador inglés sancionó al Banco Santander por colocar swaps, igual que en España, con una multa y le obligó a devolver el dinero, y el Santander se apresuró a cumplir y, que yo sepa, no ha quebrado. Aquí el proceso es mucho más complicado, la CNMV está multando, pero el damnificado, al final, tiene que acudir a los Tribunales para reclamar la devolución del dinero.

Sorprende en las últimas semanas la cantidad de artículos que están publicándose defendiendo a los bancos. ¿Qué opinión le merece?

Parece que están defendiendo el sistema, pero, en realidad, somos nosotros los verdaderos defensores. Están malcriando a los niños, diciéndoles que pueden hacer lo que quieran. Y tenemos un adolescente desatado, haciendo lo que le da gana, porque durante 18 años le han dicho que lo puede hacer. Yo soy mejor madre que ellos.

¿Cuáles son las estrategias de defensa que utilizan los bancos?

Es una estrategia en la que van modulando la calidad de sus respuestas en función de las probabilidades de éxito. Al principio acuden a los grandes despachos (Uría, Garrigues, Clifford Chance…) para intentar frenar, meter miedo y disuadir. Además, si el banco empieza ganando, los afectados se desaniman. Cuando los bancos comienzan a perder los casos y se dan cuenta que “no puede tapar el sol con un dedo”, acuden a despachos menos conocidos y, cuando las posibilidades de ganar son casi nulas, como en el caso de las preferentes, los despachos contratados son ya de tercera regional. En cualquier caso la estrategia es siempre litigar, no negociar, porque es una manera de disuadir.

Algunos bancos dicen que sus cláusulas son transparentes y que no se pliegan al Real Decreto Ley, pero lo cierto es que cada vez que ponemos una demanda en su contra nos la negocian y devuelven el dinero. En este caso hay un doble lenguaje; primero decir que son transparentes para que nadie reclame, para disuadir, y por otro lado, al valiente que interpone la demanda devolverle el dinero para evitar tener sentencias en contra del banco.

Esto también lo hizo el Banco Santander con el escándalo de los Valores Santander, sus preferentes. Negoció todas las demandas, salvo las pocas que por el perfil del cliente podía ganar, precisamente para tener una sentencia mala para el consumidor que le disuadiera. Es una estrategia de poder.

Eso sí, estos bancos negocian cuando la demanda está presentada, no antes. Se fuerza al consumidor a contratar un abogado y procurador para defender sus derechos, pudiendo resolverlo en sus servicios de atención al cliente.

La Fundación Compromiso y Transparencia, editora de esta revista, analiza la transparencia en la web de distintos sectores. Si pudiera ¿qué le pediría a las instituciones financieras que publicaran en su página?

Un deseo sería que publicasen estadísticas de las reclamaciones que les llegan, cuáles se allanan y cuáles no. Esto lo hace el Banco de España, pero sería maravilloso que cada banco publicara en su web una estadística sobre el funcionamiento de su servicio de atención o defensor al cliente. En el 99% de los casos los bancos no dan la razón al cliente y le derivan al Banco de España, que se ha quejado en su último informe diciendo que hay situaciones que se ya se han resuelto en años previos y que por tanto hay establecido un criterio que el servicio de atención al cliente de los bancos debería aplicar para resolver.

Otro deseo sería que hicieran públicos los índices de litigiosidad. En Asufin nos dedicamos principalmente a litigar para que la gente recupere su dinero, pero también estamos pensando cómo podemos modificar conductas. Si los bancos publicasen su grado de litigiosidad -cuántos clientes han tenido que ir a juicio, cuántos han ganado y perdido, cuánto ha supuesto económicamente…- y las reclamaciones, el consumidor tendría la capacidad de decidir dónde acude.

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