España más allá de la COVID-19

“Todo fluye, todo está en movimiento y nada dura eternamente. Por eso no podemos descender dos veces al mismo río pues cuando desciendo al río por segunda vez, ni el río ni yo somos los mismos”. Heráclito (filósofo griego).
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En tiempos controvertidos y de desasosiego quizá no viene mal refugiarse al abrigo de los clásicos. Nuestro país, nuestra sociedad, nuestro mundo está viviendo periodos muy complicados. Tenemos un nuevo enemigo, un nuevo adversario, el gran cambio en estos días es que, en esta ocasión, parece no tener rostro de persona.

Pero todo cambia, todo fluye y nada permanece. En unos días, esperemos que breves, todo habrá pasado y contaremos con un nuevo contexto y una nueva sociedad. ¿Qué contexto? ¿Qué sociedad? Mañana, más que nunca, el futuro dependerá de nuestra voluntad.

Hace algo más de un mes hablar de una pandemia de este tipo solo era imaginable para los magnos laboratorios o para los grandes organismos internacionales que trabajan cuestiones de salud y alimentarias. Para el común de los mortales, la existencia de un virus que nos recluyese en nuestros hogares quedaba reservado a la ciencia ficción. No cabía esperar esta situación o, al menos, no con estos efectos.

A nadie se le escapa que tras la crisis sanitaria llegará la económica. Una crisis económica que, ya adelanto y, no por pesimismo, tendrá unos efectos aún más severos que la reciente de 2008.

Me quedo con los clásicos, confío en Heráclito y me cimiento en las bases económicas de Schumpeter, aquel economista austro-estadounidense que nos hablaba de la ‘destrucción creativa’ y que adelantaba que los grandes momentos de creación y avance surgen siempre con las grandes crisis.

Estas crisis son las que nos hacen agudizar el ingenio, nos hacen salir de determinados ‘círculos viciosos’ de nuestros sistemas productivos y nos hacen desarrollar nuevos modelos económicos que contribuyen a localizar soluciones innovadoras. Nuevas alternativas económicas, en no pocas ocasiones asentadas en ‘círculos virtuosos’, que dan una salida a ciertos problemas monetarios y financieros que parecían enquistados.

Quisiera ser optimista y quisiera pensar que ese brote de solidaridad y cooperación, ya por sí enraizado en la sociedad española y, que hoy disfruta de su mejor versión con un sector sanitario y de seguridad plenamente comprometido para y por sus conciudadanos, con un gran número de profesionales del sector agroalimentario, de la limpieza o del transporte que no dudan en anteponer los intereses de la sociedad en detrimento de su propia salud, nos llevará a desarrollar una sociedad aún más solidaria, más humana y más comprometida.

Todos ellos, en su mayoría empleados públicos de uno y otro sector, están ayudando a dignificar nuestra sociedad. Nuestro agradecimiento jamás estará infundado.

La gran paradoja de esta crisis es que son esos mismos mayores que nos ayudaron en la de 2008 los que se encuentran hoy en una situación mayor vulnerabilidad por la COVID-19.

La pieza clave que se va

Quizá la gran paradoja de nuestros días y de nuestro tiempo sea la gran diferencia con 2008. Desde estas líneas vaya un especial tributo por nuestros mayores. Todos aquellos que facilitaron la salida de la crisis de 2008.

A nadie se le escapa que, en países como España, pero también Italia, países con una asentada solidaridad intrafamiliar, fue gracias al apoyo de nuestros mayores como no pocas familias lograron superar la crisis, llegar a final de mes y proseguir sus proyectos profesionales.

La gran paradoja de esta crisis es que son esos mismos mayores los que se encuentran hoy en una situación mayor vulnerabilidad por la COVID-19.

Son ellos quienes padecen de manera más severa los efectos de este virus. Aquellos que nos ayudaron a ver los brotes verdes a partir de 2008, aquellos que fueron sustento de sus familias, aquellos que nos acogieron en sus hogares, ven como pueden llegar a ser rechazados en los hospitales no por falta de voluntad, sino, tristemente, por un colapso de un sistema sanitario que no está ni podía estar preparado para una crisis de esta naturaleza.

Quienes antaño nos ayudaron sin pedir nada a cambio, quienes nos han guardado a lo largo de todo nuestro desarrollo, son hoy más vulnerables que nunca y asistimos atónitos a una sensación de impotencia, viendo como nos dejan sin tan siquiera poderles acompañar en su último adiós.

Pensar en positivo

Pero, hecho el tributo, llega el momento de pensar en positivo, de imaginar un nuevo mundo y una nueva sociedad de mercado tras esta crisis sanitaria y económica.

Soy de los que pienso que saldremos de esta crisis, que aprobaremos con nota, pero que solo lo haremos de manera eficiente y comprometida para con nuestras economías si contamos con una mayor Europa y una mayor gobernanza mundial asentada en organismos supranacionales solidarios y cargados de valores y principios.

A una gran crisis se le debe responder con una gran cohesión y un gran trabajo en equipo.

Si el individualismo nunca fue la solución para seguir avanzando, hoy es más necesaria que nunca la acción colectiva y solidaria de todos. Hoy más que nunca debemos redefinir un crecimiento económico afincado en la responsabilidad social. Seguir creciendo y avanzando pensando en el medio ambiente, en la transparencia, en el buen gobierno y, sobre todo, en las personas.

En este periodo de crisis, la solidaridad y los principios vuelven a brotar como común denominador de nuestra ciudadanía. Tomémoslos, no los dejemos escapar y desarrollemos con ellos el fundamento de un nuevo sistema productivo, un modelo de economía de mercado más social, un modelo más humano.

No desaprovechemos la oportunidad que se nos ofrece, se la debemos a nuestros mayores, se la legaremos a nuestra descendencia. Saldremos, claro que sí, más y mejores. Creer en ello es el primer paso el segundo será pelearlo.

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