Cambios en los modelos tradicionales: 'Cibervoluntarios' frente al coronavirus

La actual crisis supone un antes y un después en los proyectos solidarios, muchos de las cuales han tenido que adaptarse y desarrollarse a distancia y a través de Internet. ¿Ha llegado el ‘cibervoluntariado’ para quedarse?
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Que la sociedad española es solidaria no es algo nuevo. No es casual que, año tras año, seamos líderes en donación y trasplante de órganos. Tampoco nos han sorprendido las miles de formas en que los ciudadanos se han movilizado para ayudarse mutuamente durante la actual crisis del coronavirus: desde llevar la compra a vecinos ancianos, hasta fabricar mascarillas y viseras en casa.

Lo que sí es novedad es la forma en que miles de personas -muchas de ellas parte del voluntariado corporativo de empresas y organizaciones- han prestado su ayuda haciendo frente a las estrictas medidas de confinamiento impuestas para evitar la transmisión del virus.

Una parte importante de las acciones solidarias se han llevado a cabo -o, al menos, se han organizado- desde Internet. En otras palabras, el coronavirus ha convertido a miles de personas en ‘cibervoluntarios’ frente a la COVID-19.

Los datos de Google dan prueba de ello. Solo en el mes de marzo, los internautas buscaron la palabra ‘solidaridad’ tres veces más que los dos meses previos, superando las 33.000 búsquedas, como recoge la plataforma de tráfico web SEMrush. Conceptos relacionados como ‘Voluntariado Madrid’ o ‘Voluntariado Barcelona’, por su parte, crecieron un 175% y un 83%, respectivamente.

¿En qué proyectos han colaborado esos ‘cibervoluntarios’? ¿Cómo se han adaptado las empresas y sus voluntariados corporativos a esta nueva solidaridad virtual? ¿Cambiarán los proyectos solidarios tras la crisis de la COVID-19?

Acortando distancias

El aislamiento no voluntario de muchas personas, especialmente mayores, ha sido una de las consecuencias directas de la pandemia. Ya en los primeros días del brote de la enfermedad, miles de ciudadanos se ofrecían a vecinos y personas vulnerables para hacerles la compra o ayudarles con el cuidado de los menores mientras trabajaban.

Los carteles colgados en las comunidades de vecinos ofreciendo su ayuda rápidamente tuvieron su versión en Internet. Iniciativas ya existentes, como la red social vecinal ¿Tienes Sal? o la app Nextdoor, se volcaron en coordinar a quienes necesitaban y ofrecían ayuda en cada barrio y ciudad.

A la vez que surgían proyectos específicos frente al coronavirus: BlaBlaHelp, de la compañía francesa BlaBlaCar; TeAyudo, del mismo equipo de la app de autoevaluación Coronamadrid, y que incluye tanto ayuda voluntaria como la de pequeños negocios que llevan sus productos a casa, o Frenar la Curva Maps, una web que canaliza iniciativas solidarias a través de un mapa interactivo de toda España.

El acompañamiento y las palabras de ánimo a personas aisladas también han aprovechado al máximo las facilidades de Internet, pasando de ser iniciativas individuales a proyectos masivos.

Es el caso de la iniciativa impulsada por la doctora Cristina Marín, del Hospital La Princesa de Madrid. Al ver que muchos pacientes, sobre todo ancianos, pasaban los días en la UCI sin recibir más visita que la de los doctores, propuso a través de un audio de WhatsApp que todo el que quisiera enviara cartas y correos electrónicos con palabras de apoyo. Durante su ronda de visitas, los médicos serían los que se encargarían de leérselas.

La iniciativa rápidamente se viralizó y terminó con más de 30.000 emails en el buzón de la doctora. La idea, tan sencilla como efectiva, pronto se trasladó a muchos hospitales, que abrieron un canal de recepción de correos electrónicos y cartas, y también a muchas empresas.



Voluntariado corporativo online

Las empresas son, precisamente, otros de los agentes que se han movilizado frente al coronavirus. “Si bien en un primer momento observamos una pequeña paralización por la incertidumbre, las empresas reaccionaron muy rápidamente”, explica a Compromiso Empresarial Andrea Sánchez, cofundadora y directora de Work for Social, entidad sin ánimo de lucro que tiene como fin promover voluntariado profesional y apoyar con talento a entidades sociales.

Su organización ha sido testigo de cómo “las prioridades en acción social de las empresas se han reenfocado a la emergencia de la COVID-19”, volcándose especialmente en iniciativas online. Una fórmula que en el actual contexto ofrece ventajas como el “ahorro de costes, la posibilidad de implicar más a los empleados y la agilidad en su puesta en marcha”.

“Es necesaria una transformación para adaptar las actividades de voluntariado a un entorno mucho más digital”, apunta en este sentido Aída López, dinamizadora de Voluntariado Corporativo de Hazloposible, organización dedicada precisamente al impulso de causas solidarias utilizando la tecnología.

Una transformación que se ha visto impulsada por la COVID-19 y que ha hecho que muchas empresas “reinventen algunas acciones que realizaban de forma presencial, como charlas y píldoras informativas a personas en riesgo de exclusión, al formato de videoconferencia” o el impulso a la asistencia virtual, una forma “bastante sencilla, simplemente con una carta, un email, vídeos o fotos”.

Así lo han hecho multitud de empresas y entidades. Por ejemplo, CaixaBank, Iberdrola, Fundación Telefónica, Prosegur, Enagás, y Pernod Ricard Winemakers han movilizado a sus más de 1.000 voluntarios de la red Voluntare en un proyecto que busca generar amistades virtuales con personas mayores que se encuentran en una situación difícil.

El funcionamiento es muy sencillo: los voluntarios escriben una primera carta, a ser posible a mano y con letra amplia, que luego escanean y envían a las residencias participantes, donde las imprimen, entregan a los mayores y a la vez ayudan a responder.

El proyecto ha sido lanzado por Voluntariado y Estrategia, junto a la Fundación para el Fomento del Desarrollo y la Integración (FDI).

Juan Ángel Poyatos, director tanto de la red Voluntare como de Voluntariado y Estrategia, ha explicado a esta revista que una de las principales ventajas de esta transformación del voluntariado presencial al online es que “atrae nuevos empleados al programa”.

Se estima que “para el 80% de los voluntarios no presenciales esta es su primera experiencia como voluntarios”.

También “facilita el voluntariado a personas con problemas de movilidad, nos permite conectar mejor con los jóvenes, es más respetuoso con el medio ambiente, y es una fórmula especialmente interesante para plantillas deslocalizadas”.



A nivel empresarial, Poyatos destaca también que “las empresas que ya habían apostado por formatos de intervención virtual son las que más rápido han podido responder”.

Un entorno virtual que conocen bien las empresas de telecomunicaciones. Bajo la coordinación y asesoramiento profesional de la Fundacción Adecco, la teleoperadora Orange ha desplegado a sus voluntarios para asistir a unas 200 personas con discapacidad psíquica y/o intelectual como parte del proyecto Estamos en contacto.

Voluntarios que ejercen como tutores telefónicos durante la cuarentena, trabajando en áreas como el estado anímico, el cuidado físico o conductas para evitar el contagio.

Santa Lucía, Alstom, CESCE, Iberdrola, Capgemini, GSK, Bankinter, Cisco, Grupo Adecco y Ferrovial-Cadagua son algunas de las empresas que se han adherido.

Otras compañías del sector, como Telefónica o Vodafone, también han movilizado a su voluntariado. La primera, bajo la campaña #SumaFuerzas, ha puesto a disposición de Cruz Roja a sus 13.000 voluntarios para el desarrollo de atención virtual a personas en situación de vulnerabilidad.

Los voluntarios de Vodafone, por su parte, han estado apoyando emocionalmente a personas en situación de soledad gracias al proyecto #MayoresAcompaña2.

También se han movilizado los voluntarios de tecnológicas como IBM o Cisco a disposición de la Comunidad de Madrid y otras administraciones públicas. En este caso, el objetivo ha sido ofrecer asesoramiento en el acceso y la gestión de las herramientas de enseñanza virtual a miles de docentes que han tenido que adaptarse en tiempo récord a las clases online.

Redes para fabricar material sanitario desde casa

Desde casa y perfectamente organizados en grupos de Telegram han trabajado los más de 15.000 voluntarios de Coronavirus Makers, la comunidad virtual de aficionados a la impresión 3D -conocidos como makers– que llegó a fabricar en las primeras semanas de la pandemia varios cientos de miles de viseras de acetato y mascarillas, así como prototipos de respiradores asistidos.

Todo ello con sus impresoras domésticas. El movimiento se inició en Asturias y rápidamente se extendió por toda España, llamando incluso la atención de medios internacionales.

Una fórmula de colaboración, la de los makers, que también han impulsado algunas compañías. Como Renault al rescate, que ha contado con un centenar de empleados imprimiendo material sanitario tanto con máquinas cedidas por la empresa como con impresoras 3D propias desde sus casas, de forma totalmente voluntaria y apoyándose en la recaudación de su propia plataforma de crowfunding.

O los ingenieros de española BQ, dedicada a la fabricación de dispositivos electrónicos, capaces de fabricar unas 1.000 viseras diarias en un centro de producción provisto de 50 impresoras 3D cedidas por Endesa. 

Miles han sido también las personas -en su mayoría mujeres- organizadas mediante WhatsApp o redes sociales para producir y entregar mascarillas solidarias a personal sanitario, miembros de las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad, o profesionales del transporte y la distribución de alimentos. Iniciativas espontáneas tanto vecinales y locales; como impulsadas en el seno de muchas empresas, como es el caso de Pronovias. Las costureras de esta empresa textil, en colaboración con SEAT -que ha suministrado el materia-, no dudaron en seguir trabajando de forma voluntaria para fabricar miles de mascarillas homologadas.



Hackathon: a la caza de la mejor idea

Si algo nos deja esta crisis es, por tanto, el ingenio de los ciudadanos a la hora de buscar soluciones. Justamente ese es el objetivo de los llamados hackathon, retos colectivos para proponer, en un plazo determinado de tiempo, las mejores soluciones a problemas concretos.

Los han lanzado administraciones públicas, como la Comunidad de Madrid, cuyo #MadridVenceAlVirus consiguió la participación de 7.400 personas de 49 países, que entregaron más de 240 propuestas. O el Ayuntamiento de Málaga, que espera encontrar ideas para el impulso turístico pos-COVID-19 con su Málaga Tourism Challenge.

También entidades privadas, como la Fundación Vodafone -a través de su comunidad de jóvenes Youth 4 Good-, o el Banco Santander, patrocinador de una de las cinco categorías de #EUvsVirus, el hackathon de la Comisión Europea.

¿Hacia un voluntariado más virtual?

Los profesionales coinciden: la solidaridad online ha llegado para quedarse. Poyatos (Voluntare) está convencido de que “el formato virtual se va a implantar de forma decidida”. López, de Hazloposible, subraya: “está claro que el futuro es digital”.

Pero esta consolidación “no sustituirá a los programas que ya existían, sino que los complementará de forma positiva”, en palabras de Poyatos. No hay que olvidar, como apunta Andrea Sánchez (Work for Social) que “el contacto físico que ahora anhelamos, aporta otros valores intangibles, como una mayor cercanía con la causa social al poder verlo en primera persona, o un mayor impacto entre los empleados en cuanto a teambuilding”.

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