Las microfinanzas y su clave de acompañar a los emprendedores en tiempos de crisis

Se posponen las cuotas, se brindan capacitaciones, se acompaña virtualmente. De esta forma se mantienen los vínculos entre instituciones microfinancieras y prestatarios de la economía popular.
71

Una de las claves de las microfinanzas es la cercanía que existe entre quienes proveen y quienes acceden al servicio financiero. El coronavirus ha puesto en jaque esta posibilidad y las organizaciones han tenido que reinventarse para seguir acompañando a los emprendedores.

La cercanía constituye la principal innovación metodológica en la operatoria de los microcréditos. A su vez, los microemprendimientos de trabajadores autogestionados, que son el destino natural de los pequeños préstamos, sufrieron una fuerte contracción en sus ingresos. Lo que termina de configurar un contexto de incertidumbre, riesgo y morosidad para el sector.

En Argentina, existen cerca de 98.300 personas excluidas del sistema financiero tradicional que reciben un microcrédito. Esta herramienta se caracteriza por prestar cantidades reducidas de capital para impulsar proyectos productivos, sobre todo de la economía popular.

En todo el país, unas 45 instituciones otorgan préstamos de montos pequeños y el 53% de sus prestatarios son mujeres.

Los datos se desprenden del último informe realizado por la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (Radim) junto al Fondo Nacional de Capital Social (Foncap), empresa privada con participación estatal del Ministerio de Finanzas de la Nación dedicada a lograr la inclusión financiera.

Casi todas estas organizaciones dedicadas a los microcréditos reciben algún tipo de ayuda del Estado, como financiamiento, subsidios, asistencia o capacitación. La devolución de los préstamos permite sostener los fondos y que más emprendedores accedan al beneficio.

La mayoría de los usuarios de los microcréditos son personas de bajos recursos que hacen changas, tienen emprendimientos informales y no cumplen con los requisitos para poder acceder a los bancos tradicionales.

Para ellos, esta modalidad de préstamo es la única forma en la que pueden tener una pequeña inyección de capital.

Las instituciones de microfinanzas son las que garantizan el acceso a crédito a las personas de menores recursos, a trabajadores autogestionados y mipymes. “En este contexto, estas organizaciones podrían haber quebrado, pero desde Foncap habilitamos una línea de crédito al 12% anual, a 3 años para que estas organizaciones puedan financiarse y resolver la crisis de solvencia y liquidez. Esta herramienta nos deja mejor parados”, dice Mateo Bartolini, titular de Foncap.


Expertos destacan el papel de la inversión sostenible para la recuperación económica


La coyuntura macroeconómica actual afecta a toda la actividad crediticia. Para Bartolini, las transferencias monetarias, que el Estado entregó a la economía popular durante la cuarentena fueron garantizando que estas personas puedan seguir invirtiendo en emprendimientos y generando puestos de trabajo a partir del acceso a la inclusión financiera.

El referente de Foncap agrega: “Un gran desafío en este contexto es recapitalizar la economía y sobre todo a los sectores de menores ingresos, que son los que más sufrieron los efectos de la pandemia”.

En primera persona

Semillitas es un centro de ayuda integral para niños y su familia, ubicado en Lanús, provincia de Buenos Aires.

Esta organización brinda microcréditos a 60 emprendedores, la mayoría de los rubros: textil, gastronómico y de servicios.

“Una parte de nuestra red de emprendedores pudieron seguir vendiendo en estos meses de coronavirus, pero para otros fue catastrófico. Se pararon totalmente las ventas y creció mucho la mora. Para estos casos, hicimos un plan de repago, olvidamos esos dos o tres meses que no pudieron pagar y refinanciamos las cuotas sin interés”, dice Gabriel Panasiuk, referente de Semillitas.

Durante los primeros dos meses de aislamiento, los coordinadores de Semillitas no tuvieron ningún contacto con los emprendedores. Luego, se fueron comunicando con cada uno de ellos para ver cómo se ponían al día. En este tiempo, muchos cambiaron el foco del negocio. Empezaron a vender alcohol o barbijos, pero cuando todo pase, según Panasiuk, quieren retomar lo que venían haciendo.

“En junio, la organización pudo empezar a dar algunos créditos a aquellos emprendedores más consolidados, con los que ya se venía trabajando”, comenta Panasiuk.

La Asociación para el Desarrollo Regional (APDR) es una organización de microfinanzas que actúa en el norte de la provincia de Santa Fe. El 50% de sus prestatarios son pequeños productores agropecuarios. Ellos podían salir a trabajar, porque su actividad estaba exceptuada. Por eso desde la organización los ayudaron a tramitar los permisos para circular. La otra mitad de emprendedores se dedican a otras actividades y no pudieron continuar con sus negocios. Por eso, en estos casos, la organización pospuso los pagos de las cuotas de los préstamos, que había otorgado.

“Hay altas y bajas en los ánimos de los emprendedores. Es momento de acompañar y aguantar porque nadie sabe cuánto va a durar este contexto. Hay que ser flexibles a la hora de salir a cobrar y no apurar a la gente. No hay que generar más miedo en los emprendedores. No lo veo como un problema la morosidad. Tenemos fondos suficientes para esperar. La mora no es un problema si existe fondeo externo”, cuenta Ulises Marozzi, referente de la APDR.

La pandemia encontró a Marisa Brisuela, una emprendedora de 65 años con ahorros para seguir adelante con su emprendimiento. Ella tiene un polirrubro, donde vende artículos de librería, ferretería y almacén. Ese margen de dinero lo pudo obtener por su participación en un banco comunal, coordinado por la organización de microfinanzas Nuestras Huellas.

Un banco comunal está formado por vecinos de un barrio que ponen ahorros para convertirse en un grupo que otorga préstamos, bajo determinadas condiciones y con el asesoramiento de la entidad de microfinanzas. El principal requisito para participar es estar desarrollando un emprendimiento. “Los banco comunales surgen porque un grupo de personas, vecinas de un barrio, se juntan porque necesitan un microcrédito para su emprendimiento. Luego, también se convierte en un espacio de pertenencia. Se crea una red de confianza. Lo disruptivo es que les permite generar un ahorro”, explica María Paz González, directora de Nuestras Huellas, la organización que trabaja con 640 emprendedoras bajo esta modalidad.

Solo el 17% de las emprendedoras de Nuestras Huellas pudieron seguir con lo mismo que hacían antes de la cuarentena. Brisuela dice que, si bien pudo seguir con el mismo rubro, le lleva mucho más trabajo mantenerlo en funcionamiento por la dificultad de conseguir las mercaderías, entre otras cosas.

<p>Marisa Brisuela mantiene activo su emprendimiento.</p>

Marisa Brisuela mantiene activo su emprendimiento.

“Las capacitaciones brindadas por Nuestras Huellas me ayudaron a entender que podía utilizar mejor las redes sociales y mi celular para vender. Cada vez que no tengo algún producto, le pido el celular al cliente y lo llamó cuando se lo consigo”, cuenta Brisuela.

Hace siete años que Brisuela participa del banco comunal. Ahora entre las emprendedoras que forman parte de esta iniciativa, se pudieron hacer préstamos durante la cuarentena. “Una de las socias del banco comunal tuvo una urgencia y pudimos darle un préstamo. Se siente tan lindo poder ayudarnos en momentos difíciles. El banquito es parte de mi tranquilidad financiera”, enfatiza la emprendedora.

El mes pasado el 50% de las emprendedoras estaba con cero actividad. “Ahora, la mora es del 64%. Esto no tiene que ver con una falta de voluntad de pago. Lo que está pasando es que la mayor parte de los negocios están detenidos. Históricamente, el recupero fue del 99%. Les genera angustia no poder cumplir. Las estamos acompañando para que encuentren nuevas estrategias de venta. Se puedan reinventar y diseñar alternativas que le permitan sostener a sus familias”, dice González.

En relación a los obstáculos que han aparecido en la cuarentena, González dice que las emprendedoras no contaban con medios de pagos digitales y por eso se cortó la cadena de pago. Además, ellas no tienen tanto acceso a la conectividad.

“En un contexto normal las referentes de Nuestras Huellas van a las casas de las emprendedoras o se reúnen en los centros comunitarios dos veces al mes. En este momento, los encuentros son virtuales o telefónicos”, cuenta González.

Pensando en lo que vendrá

Sobre la pospandemia, Panasiuk opina que seguir con los microcréditos es fundamental porque para esta población la financiación bancaria es inaccesible. “No llegan a reunir los requisitos para obtener un préstamo de un banco”, explica.

En ese sentido, González dice: “Cuando arrancó el aislamiento lo primero que se paró es la economía popular. Estalló su negocio, su sostén. Por eso, con más fuerza hay que trabajar para que en la pospandemia haya mayor inclusión financiera y tecnológica. Hay que seguir dando capacitaciones en medios digitales de pago. Acompañar a los emprendedores para que tengan sus ahorros y para que trabajen en red. A las emprendedoras les decimos que tienen que encontrar cuál es su barbijo hoy. Tienen que encontrar un producto necesario, que se pueda hacer y que les genere ingresos”.

Artículo apoyado por Stars4Media.

71
Comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.