La apuesta farmacéutica para la recuperación de la crisis sanitaria y económica

Las farmacéuticas proveen medicamentos, trabajan en busca de tratamientos y vacunas contra la covid-19, y se perfilan como claves para la recuperación de Europa y de España.
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Uno de los sectores que se ha postulado como pilar de la recuperación tanto de España como de Europa es el farmacéutico. En estos momentos de crisis sanitaria, sus empresas y colaboradoras están siendo esenciales para mantener el abastecimiento de medicamentos, así como para investigar tratamientos y vacunas para frenar al SARS-CoV-2.

A todo ello se añade su amplio margen para crecer, ya que según datos de Federación Europea de Asociaciones de la Industria Farmacéutica (Efpia), en estos momentos abarca el 23% del mercado global, que se contrapone al fuerte dominio del bloque estadounidense (50% de las ventas) y la creciente competencia de las economías emergentes como China, India o Brasil.

Estos tres mercados crecieron entre 2014 y 2019 un 11,2%, 6,9% y un 11,1%, respectivamente, según datos publicados por la consultora Iqvia el pasado mayo. Porcentajes que superan con creces el aumento del 5,4% registrado por los cinco primeros países de la UE. A ello se añaden como obstáculos la ampliación de la regulación (que no es precisamente estable, algo esencial para industrias innovadoras de alto riesgo) y el aumento de los costes de la I+D.

“Necesitamos en Europa un marco regulatorio estable, rápido, efectivo y competitivo a nivel mundial, además de una estrategia de propiedad industrial que proteja la inversión en investigación biomédica y que garantice, al menos, la paridad con las regiones competidoras, como EE.UU. y China”, recomienda Icíar Sanz, directora del Departamento Internacional de la Asociación Nacional Empresarial de la Industria Farmacéutica (Farmaindustria).

En este sentido, la futura Estrategia Farmacéutica Europea va a ser clave para evitar la pérdida de competitividad por parte de las compañías europeas y que se mantengan sus niveles de aportación. Un proyecto promovido por la Comisión Europea en mitad de la pandemia que en estos momentos, y hasta el 15 de septiembre, se encuentra en fase de consulta pública.

Su objetivo será garantizar el suministro de medicamentos seguros y asequibles en Europa para satisfacer las necesidades de los pacientes y apoyar al sector farmacéutico para que se mantenga fuerte, sobre todo en estos momentos de máxima necesidad. Además, se combinará con el programa La UE por la Salud (EU4Health), propuesto hace pocas semanas.

El texto que los eurodiputados han trasladado a la Comisión propone la creación de un mecanismo europeo de reacción sanitaria para responder a todo tipo de crisis en este ámbito, que refuerce la coordinación operativa en el ámbito de la UE y gestione la nueva reserva estratégica de medicamentos y material sanitario. Además, el pleno ha insistido en que son necesarios compromisos e inversiones a largo plazo.

Los eurodiputados piden a la Comisión Europea la creación de un mecanismo europeo de reacción sanitaria para responder a todo tipo de crisis en este ámbito, que refuerce la coordinación operativa en el ámbito de la UE y gestione la nueva reserva estratégica de medicamentos y material sanitario.

Por ejemplo, para la creación de un fondo específico para mejorar las infraestructuras hospitalarias y los servicios sanitarios. También para reforzar el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). Y, por supuesto, para la adquisición pública conjunta de vacunas y tratamientos contra la COVID-19 para evitar que los Estados miembros compitan entre sí.

Algo que ya se ha puesto de manifiesto con el compromiso de compra centralizada, anunciado recientemente, de cientos de millones de dosis a la británica AstraZeneca y a la estadounidense Moderna. Una transacción que se llevará a cabo siempre y cuando estas vacunas sean aprobadas por las agencias del medicamento.

En lo que respecta a España, desde Farmaindustria se recalca la importancia de respaldar al sector, especialmente por su carácter intensivo en investigación y conocimiento. “Porque la I+D biomédica es la respuesta a esta y a venideras crisis sanitarias y porque debemos como país repensar si podemos depender tanto de terceros, y en particular de países asiáticos, para conseguir materias primas para fabricar un bien tan necesario como un medicamento”, expresa su presidente, Martín Sellés.

Desde su punto de vista, durante los peores meses de la pandemia el sector ha sido más consciente que nunca de su dependencia de China y de India. “Casi todas las materias primas y un gran número de productos sanitarios se producen allí. Tenemos que reindustrializar Europa y, sobre todo, España para evitar esa dependencia tan elevada”.

Los datos que le preceden

Según datos recientemente publicados por Efpia, en 2019 las compañías del sector localizadas en Europa invirtieron más de 37.500 millones de euros en I+D, aportaron cerca de 800.000 puestos de trabajo directos (y 2,5 millones indirectos) y produjeron por valor de 275.000 millones de euros, un 40% más que las cifras registradas en 2009.

Desde la Comisión Europea se le considera el sector de alta tecnología con el mayor valor agregado por persona empleada. Y también el que mejores datos arroja en intensidad en I+D, es decir, en inversión según las ventas netas.

De hecho, el empleo en esta área dentro del sector farmacéutico ha aumentado durante el 2019 hasta las 118.000 personas en todo el continente, con una amplia mayoría de contratación femenina.

En el caso concreto de España, las ‘farmas’ son las principales inversoras en I+D: según la última memoria anual de actividades de Farmaindustria, el 19% del total nacional de la inversión privada en este ámbito está abanderado por compañías del sector.

A ello se añaden las más de 42.000 personas empleadas de forma directa (y 170.000 de forma indirecta) con las que cuentan, la mayoría con carácter indefinido y con titulación universitaria. De todas ellas, 5.800 trabajan directamente en departamentos relacionados con la I+D, también con una mayoría femenina.

Se trata, además, de la industria con más solicitudes de patentes en España en 2019: 165, que supusieron el 9% del total nacional registrado.

Además, el pasado año sus compañías pusieron en el mercado 31 medicamentos con principios activos nuevos, de los cuales ocho están dirigidos a enfermedades poco frecuentes.

<p>Martín Sellés, presidente de Farmaindustria, durante su comparecencia ante la Comisión para la Reconstrucción Económica y Social. Foto: Farmaindustria.</p>

Martín Sellés, presidente de Farmaindustria, durante su comparecencia ante la Comisión para la Reconstrucción Económica y Social. Foto: Farmaindustria.

Cuatro grandes objetivos

En las últimas semanas, desde la industria se ha trasladado a organismos públicos y privados una batería de propuestas que podrían fomentar la creación de puestos de trabajo y atraer inversión extranjera hacia España.

Sellés las presentó en la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica, en el Congreso de los Diputados. Y Juan López-Belmonte, presidente de Laboratorios Farmacéuticos Rovi, las expuso en la cumbre empresarial organizada recientemente por la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE).

Estas propuestas se basan en cuatro grandes objetivos. El primero busca actuar sobre el mercado de trabajo. “Desde la industria creamos empleo de calidad, altamente cualificado y con contratos indefinidos, los puestos que todos los países quieren generar porque es el que genera riqueza y resiste mejor las crisis. Si contamos con las condiciones adecuadas, podemos crecer y proporcionar a nuestro país este tipo de empleos, con proyección y vinculados a la innovación”, explicó López-Belmonte en el encuentro de la CEOE.

El segundo objetivo pretende incrementar las inversiones industriales creando nuevas plantas de producción en España o modernizando y ampliando las actuales. “Se ha puesto de manifiesto durante esta crisis la necesidad que España y Europa tienen de recuperar producción que se ha ido deslocalizando en países asiáticos en los últimos años”, indicó el máximo responsable de Rovi.

Y añadió: “Tan alta dependencia del exterior es un riesgo en un ámbito tan crítico como el del medicamento. Estamos en condiciones de recuperar parte de esa producción perdida, y eso tiene un valor sanitario, pero también económico y social, en tanto que permitiría generar tejido productivo, exportación y empleo en nuestro país”.

El tercer objetivo es el de potenciar las inversiones en investigación básica y clínica, un ámbito en el que las compañías farmacéuticas dedican 150.000 millones de euros en el mundo anualmente. Y también incrementar la colaboración de las compañías farmacéuticas con las instituciones públicas para fortalecer la I+D del país.

“Con las condiciones adecuadas se podrían traer a España nuevos centros de investigación básica. Nuestro liderazgo en ensayos contra el coronavirus -somos el primer país de Europa en número de ensayos y el cuarto del mundo– es el resultado de años de trabajo cooperativo, que nos ha permitido convertirnos en referencia internacional”, explicó López-Belmonte.

Una posición de privilegio en la que, a su entender, todavía hay margen para crecer. “En total, nuestro país invierte en I+D el 1,24% del PIB. Muchos países de nuestro entorno dedican más del 2%, y la media de la UE es el 2,2%. Es evidente que tenemos que mejorar estas cifras, y nosotros podemos ayudar”.

En este sentido, desde Farmaindustria indican que sus asociados están en condiciones de contribuir a mejorar estas cifras no solo instalando en España esos nuevos centros de investigación básica. También extendiendo la realización de ensayos clínicos hacia comunidades autónomas diferentes a Madrid y Cataluña, donde suelen concentrarse este tipo de pruebas.

Finalmente, el cuarto objetivo pasa por crear un entorno adecuado para afrontar con mayor solvencia futuras emergencias sanitarias. “Reforzar ese ecosistema de investigación biomédica y de un tejido productivo que añada garantías de producción en nuestro país de determinados medicamentos esenciales es imprescindible para asegurar el fortalecimiento del sistema sanitario público y apuntalar las bases de un modelo capaz de afrontar con garantías nuevas crisis sanitarias”, indicó.

Planificación y estabilidad

Para poder llevar a buen puerto esa batería de objetivos, la patronal farmacéutica está reclamando al entorno público dos compromisos claros. El primero, una estrategia en materia farmacéutica a medio-largo plazo que vea estos productos como una inversión y no como un gasto. Y que adopte medidas en el sistema de precios de referencia que, por un lado, evite discriminaciones entre empresas y, por otro, que no comprometan la viabilidad económica de ciertos medicamentos.

Por otra parte, se solicita un entorno regulatorio estable con políticas de acceso a los tratamientos que sean homogéneas entre comunidades autónomas, y que vayan en línea con las de los países más avanzados de nuestro entorno. Principalmente para facilitar la planificación de estrategias que permitan generar inversiones mantenidas en el tiempo, algo que resulta indispensable en el ámbito de los medicamentos. No se puede olvidar que el desarrollo de estos productos implica más de una década de trabajo, costes cercanos a los 2.500 millones de euros y el riesgo de no poder amortizar algunas de sus inversiones.

Además, desde la industria se apela a una mayor colaboración entre empresas y Administraciones.

Una fórmula que ha tenido éxito durante los peores meses de la pandemia. Primero para lograr un correcto abastecimiento de las farmacias comunitarias. La comunicación constante entre la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), fabricantes, distribuidores y colegios de farmacéuticos ha sido especialmente efectiva y con ella se ha conseguido que los 25 millones de españoles con enfermedades crónicas pudieran seguir con sus tratamientos sin cambios ni interrupciones.

<p>Trabajadores de la planta de producción de Lilly en Alcobendas (Madrid) durante los primeros meses de pandemia. Foto: Farmaindustria.</p>

Trabajadores de la planta de producción de Lilly en Alcobendas (Madrid) durante los primeros meses de pandemia. Foto: Farmaindustria.

De hecho, para lograrlo, la industria farmacéutica ha tenido a pleno rendimiento las 82 plantas de producción que se encuentran en España. De la misma forma, sus responsables han podido conseguir que aquellos productos que se producen en el extranjero llegasen al país con todas las garantías.

Pero no ha sido el único aspecto en el que empresas y Administración han trabajado a la par. Según Sellés, estos años de colaboración entre gestores sanitarios, hospitales públicos, investigadores, asociaciones de pacientes y compañías farmacéuticas han convertido a España en una referencia internacional en investigación clínica. Algo que está siendo esencial en el campo de la I+D para hallar cuanto antes tratamientos y vacunas contra la COVID-19.

“Somos el país europeo que más ensayos clínicos ha aprobado con medicamentos para luchar contra la pandemia, el cuarto a nivel mundial. Además, está previsto que más de 25.000 pacientes participen en ellos”, asegura.

Junto a los ensayos con medicamentos, España ya participa también en la investigación de vacunas. De hecho, recientemente la Aemps ha autorizado la participación de tres centros hospitalarios españoles (y de unos 190 pacientes) en el ensayo de una vacuna contra el coronavirus que está desarrollando la farmacéutica Janssen.

A través de toda esta labor cooperativa se están tratando de reducir los diez años que necesita el desarrollo de un medicamento o vacuna a poco más de uno. Algo que además se suma al compromiso que ha adquirido la industria farmacéutica para producir la vacuna antes de que esté aprobada para poder empezar a proteger a la población en cuanto sea posible.

Y también para poner tanto vacunas como tratamientos a un precio asequible y con un acceso equitativo en todos los países del mundo. Según sus responsables, esa será la mejor forma de que acaben el miedo y la incertidumbre y vuelva la confianza, algo crítico para paliar la crisis sanitaria y también la económica.

Contenido apoyado por Farmaindustria y elaborado por un redactor de Compromiso Empresarial
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