La covid-19 da 24 días de respiro al planeta Tierra

La pandemia del coronavirus ha provocado una terrible crisis que tiene y tendrá consecuencias muy negativas que distan todavía de ser totalmente calculadas, pero a la vez ha beneficiado a nuestro medio ambiente, en una quizá siniestra versión del refrán de “no hay mal que por bien no venga”.
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Y digo siniestra versión porque, más allá de las pérdidas económicas, el virus se está cobrando un alto precio en irremplazables vidas humanas. Pero, por una vez en toda esta nueva realidad y su asociada incertidumbre, podemos ver algo positivo de todo lo que está pasando, en forma de reducción de la huella ecológica de la acción humana en la naturaleza debida a la proliferación de los confinamientos y las medidas de salud pública que han afectado a casi todos los sectores de la economía mundial.

Este año, el llamado Earth Overshoot Day, que en español se podría traducir como el Día de Sobregiro de la Tierra, ha llegado veinticuatro días más tarde que el pasado año 2019.

¿Qué es y qué significa ese día? Pues marca la fecha en la que la humanidad ha agotado los recursos naturales que el planeta Tierra puede regenerar cada año. Este año la fecha ha caído en el 22 de agosto, casi un mes más tarde que el 29 de julio del año pasado.

El día de sobregiro es auspiciado por la Global Footprint Network y se calcula como la relación entre la capacidad de la Tierra para generar recursos, o su biocapacidad, y las demandas de la humanidad a la naturaleza, es decir, su huella ecológica.

¿Por qué hemos ganado unas semanas este año?

La fecha de sobregiro se calcula desde 1970 y sus métricas se van recalculando cada año para que se mantenga su consistencia a través de un mismo método de medición.

Según la Global Footprint Network, en 1970 la fecha de sobregiro estaba muy alejada de los inicios de año, siendo esta el 29 de diciembre, y a medida que han ido pasando los años hasta la actualidad, la fecha se ha ido acercando a la mitad de año en un declive continuo con apenas repuntes favorables para el planeta en toda la serie histórica (por ejemplo, tras la gran recesión posterior a 2008).

El cambio a mejor de la fecha de sobregiro en 2020 ha sido causado por los efectos de la nueva realidad que nos ha traído la covid-19 que ha producido reducciones en la huella de carbono o la demanda de productos provenientes de bosques, mientras que otras causas como la huella de los sistemas alimentarios y de agricultura parece que no se han visto afectadas.

En el caso de la huella de carbono, se estima que se ha reducido un 14,5% respecto al año pasado. La manera de calcularla ha tenido importantes diferencias respecto a años anteriores, debiendo hacerse aproximaciones de la realidad en diferentes escenarios (sin confinamientos, con medidas limitadas, confinamientos parciales y confinamiento total).

14,5%
huella de carbono

se ha reducido respecto al año pasado.

Además, debe tenerse en cuenta que una reducción en el consumo de energía no implica la misma reducción en emisiones, ya que no es una relación directa 1:1 sino que cuando la demanda de energía disminuye, las fuentes de energía altamente contaminantes se eliminan gradualmente del llamado mix de energía antes de que lo hagan las renovables.

La huella de los productos derivados de los bosques también ha sido directamente afectada por la pandemia, con una reducción del 8,4% respecto a 2019, y en ella se observan dos efectos opuestos que influyen en su demanda.

Por un lado, la actividad de la industria maderera ha disminuido en los últimos meses, tanto por la reducción general de la actividad económica observada durante los confinamientos como por las proyecciones que indican una disminución de la demanda de materiales de construcción durante la próxima recesión económica.

Por otro lado, las personas que pierden su trabajo en las ciudades suelen regresar a comunidades situadas en zonas rurales con una importante componente forestal, lo cual acelera la deforestación debido al aumento de la presión de la agricultura local y la extracción de recursos. La pandemia ha restringido además los esfuerzos de conservación y ha reducido la vigilancia de la conservación en las zonas de riesgo, tanto en el Amazonas como en el Asia sudoriental, generando una mayor explotación de esos recursos.


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No está del todo claro el impacto en la huella alimentaria

La pandemia ha impactado significativamente en el sistema alimentario, pero en general, no queda claro si ha cambiado la huella alimentaria aunque, para simplificar, desde la Global Footprint Network se asume que no lo ha hecho.

Con el cierre de muchas instalaciones de preparación de alimentos (como comedores, escuelas, restaurantes y bares), incluso las personas en los países de mayores ingresos ahora comen principalmente en casa. En cuanto a los hogares y el consumo, probablemente se ha reducido el desperdicio de alimentos debido a que el consumo en el hogar suele ser más eficiente, ya que las personas pueden elegir sus porciones, y las sobras pueden almacenarse y reutilizarse fácilmente.

Sin embargo, en el lado de la producción, la pandemia de covid-19 ha revelado la extraordinaria fragilidad de nuestros sistemas alimentarios. En los países de mayores ingresos, las cadenas de suministro no pudieron reaccionar a la interrupción del bloqueo, lo que provocó un enorme desperdicio. Los alimentos no se han cosechado y la logística de distribución se ha vuelto más difícil.

Tampoco se han podido desplegar todos los trabajadores agrícolas, especialmente a los trabajadores extranjeros debido al cierre de fronteras dejando la comida sin cosechar y los campos desatendidos.

La fecha no es la misma para todos los países

El día de sobregiro de un país es la fecha en la que caería el día de sobregiro de la Tierra si toda la humanidad consumiera como la población de este país. Por tanto, la fecha no es la misma para todos los países del planeta.

Ni tampoco todos los países tienen un día de sobregiro. Un país solo tiene un día de sobregiro si su huella ecológica por persona es mayor que la biocapacidad mundial por persona (estimada en 1,63 hectáreas globales).

Entre los países que tienen una mayor reserva de biocapacidad están la Guayana Francesa o Surinam, con unos porcentajes de biocapacidad que exceden en un 3.980% y un 2.750% su huella ecológica, respectivamente.

Y entre los que tienen una biocapacidad menor están Singapur y Bermudas con unos porcentajes de huella ecológica que exceden su biocapacidad en un 9.950% y un 5.260%, respectivamente.

En el caso de nuestro país, vemos que España está por debajo de la media de biocapacidad per cápita (1,4 hectáreas globales) y nuestra huella ecológica excede en un 194% nuestra biocapacidad.

Ambos datos tienen una consecuencia clara y preocupante: nuestro día de sobregiro ocurrió bastante antes que agosto, concretamente el día 27 de mayo. Aunque nada comparable al 11 de febrero de Qatar o el 16 del mismo mes para Luxemburgo.

Si nos vamos al polo opuesto, si toda la humanidad tuviera la huella ecológica de Níger o de Myanmar, el día de sobregiro para nuestro planeta sería el 25 de diciembre.

Más allá de los efectos colaterales del momento concreto que estamos viviendo, quizá los gobiernos deberían ponerse manos a la obra para reducir la huella ecológica de los países, y nosotros, como miembros pertenecientes y participantes en nuestra sociedad, deberíamos hacer un examen de conciencia y repensar nuestras decisiones de consumo para que este respiro que le está dando la covid-19 a la Tierra se convierta en algo mucho mayor y no dependiente de crisis como la que estamos pasando.

En la web de la Global Footprint Network nos dan unas ideas sobre cosas que podemos hacer o debemos dejar de hacer, todas muy lógicas y de sentido común, para retrasar el día de sobregiro, pero la pregunta probablemente es ¿estamos dispuestos a hacer cambios?

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