Addiopizzo: jóvenes emprendedores contra la mafia (III)

Libero Grassi fue el primer empresario siciliano que se negó a pagar el ‘pizzo’ (la extorsión económica que la mafia viene aplicando desde hace generaciones a todos los comercios) y que denunció públicamente a la organización criminal. Aunque la mafia terminó con su vida, su testimonió inspiró trece años más tarde el nacimiento de 'Addiopizzo', un movimiento social impulsado por un grupo de estudiantes que está generando en Sicilia una auténtica revolución cultural contra la mafia.
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Antica Focacceria San Francesco

La Antica Focacceria San Francesco se encuentra en la via Alessandro Paternostro, muy cerca de los Quattro Canti, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad vieja de Palermo, en donde se cruzan sus dos principales arterias: la via Vittorio Emanuele y la via Maqueda. No tiene pérdida. Sin embargo, estuve dando vueltas durante casi una hora sin encontrar la famosa focacceria, algo incomprensible para cualquiera que conozca la ciudad. Cometí la torpeza de preguntar por la calle y no por el establecimiento y, además, para abreviar, decidí eliminar el nombre de Alessandro y quedarme sólo con el apellido.

– ¿Si prega, via Paternostro?- y la gente muy amable me señalaba en dirección del Teatro Massimo. Al llegar a la calle me di cuenta que no había ninguna focacceria, ni vieja ni nueva, y comencé a despotricar contra las guías y los palermitanos. Tras consultar de nuevo mi Lonely Planet, caí en la cuenta de que no se pueden despreciar los nombres, pues en la ciudad de Palermo existe, también, una via Paolo Paternostro.

Tras encaminarme, ahora sí, en la buena dirección, llegué por fin a la Antica Focacceria San Francesco, inconfundible pues frente a ella se encuentra la Iglesia de San Francisco. La Antica Focacceria abrió sus puertas en 1834 y en sus mesas han departido escritores famosos como Pirandello, Guttuso o Sciasca. Es conocida por sus panino con la milza (bazo de ternera hervido en manteca y servido en panecillo) y, claro está, sus focaccia.

Pero la Antica Focacceria San Francesco no sólo es famosa por su excelente comida siciliana, sino porque su propietario es uno de los contados comerciantes que se negó públicamente a pagar el pizzo y denunció a sus extorsionadores. En el año 2005 Vincenzo Conticello, de 50 años, dueño de la focacceria, acusó a cuatro mafiosos de solicitarle el pizzo a cambio de protección. Desde entonces vive bajo vigilancia de la policía. Sin embargo, en noviembre de 2007 tuvo la alegría de ver condenados a los cuatro sicarios que le extorsionaron a un total de 50 años de prisión, sin posibilidad de apelación.

Un sello contra la mafia

La empresa de Vincenzo Conticelo es uno más de los 1.026 establecimientos de Palermo que luce en su escaparate un adhesivo con un dibujo de una cruz enmarcada en una circunferencia. La cruz tiene escrito en uno sus travesaños la palabra Addiopizzo y en el otro Consumo crítico.

Como explica Danielle Marannano, uno de los de los estudiantes que iniciaron el movimiento en el año 2004 e integrante del Comitato de Addiopizzo, el órgano de dirección de la asociación: “Al principio nuestras actividades se limitaron a denunciar la extorsión. La mafia era un fenómeno muy extendido en todos los estamentos de la sociedad y del que, sin embargo, no se hablaba. Interesaba sacarlo a la luz. Pronto nos dimos cuenta que la denuncia no era suficiente e impulsamos las actividades de apoyo a los comerciantes que habían dado un paso adelante y se habían comprometido a no pagar el pizzo y a denunciar a los extorsionadores”.

Para evitar enfrentarse a los comerciantes “no comprometidos” Addiopizzo ha optado por una estrategia de no confrontación. “Es importante subrayar –aclara Ermes Ricobbono, miembro también del Comitato- que nuestra campaña no es una campaña de boicot a las empresas que no colaboran sino una campaña que pretende poner en valor a los empresarios virtuosos. Es decir a todos aquellos que no pagan el pizzo y denuncian el fenómeno extorsivo”.

Además del sello, la organización ha impulsado un movimiento entre los ciudadanos para concienciar sobre el consumo crítico y favorecer a los establecimientos que luchen activamente contra la extorsión. “Nuestra intención –apunta Edoardo Zaffuto, que trabaja en Addiopizzo Travel- no se concentra exclusivamente en los comerciantes sino en todos los ciudadanos. Todos tenemos muy presente la historia de Libero Grassi. No sólo su ejemplo sino también muy vivo el recuerdo de la falta de apoyo que tuvo por parte de la ciudadanía. Le dieron la espalda los políticos, los comerciantes, las asociaciones y muchos de sus conocidos. No tuvo apoyo de nadie, aparte de su familia, y no queremos que vuelva a suceder algo así. Por eso hemos creado una red de apoyo ciudadano a los comerciantes”.

1.026 establecimientos de Palermo lucen en su escaparate el sello de Addiopizzo, que pone en valor a los empresarios que no pagan el 'pizzo' y denuncian el fenómeno extorsivo.

Un total de 13.017 personas, con nombre y apellido, han suscrito hasta la fecha el manifiesto en favor del consumo crítico (Manifesto del cittadino consumatore per la legalità e lo sviluppo) en el que declaran: “Como ciudadano y consumidor, conocedor de mi capacidad y responsabilidad, me comprometo a adquirir los productos y servicios de aquellos empresarios, comerciantes  y profesionales que se han negado a pagar el pizzo o que habiendo sido objeto de extorsión la han denunciado”.

Los establecimientos que deseen adherirse a la red de Addiopizzo deben solicitarlo, manifestando por escrito su rechazo a pagar el pizzo y su compromiso de cumplir con la legalidad. El solicitante tiene que pasar varias entrevistas con los responsables de la asociación, en las que se recaba y contrasta la información. Si la entrevista es positiva el establecimiento es incluido en la lista y tiene derecho a exhibir el sello. El uso del mismo es gratuito, Addiopizzo no obtiene ningún ingreso del comerciante.

Entre esos 1.026 comercios se encuentran cines, discotecas, zapaterías, editoriales, farmacias, galerías, agencias inmobiliarias, tintorerías, peluquerías, autoescuelas, droguerías, carnicerías, clínicas, panaderías, perfumerías, agencias de viaje, fruterías, peluquerías, tiendas de ropa, etc.

Addiopizzo ha elaborado unas Guías para el consumidor crítico (La guida per il consumatore critico) con una introducción que recoge las palabras de Libero Grassi en la famosa entrevista de Samarcanda y en la que aparecen relacionados los comercios clasificados según el sector de actividad y con su dirección. La organización ha elaborado unos mapas de la ciudad de Palermo, en distintos idiomas, pensados para los turistas, en los que están localizados los establecimientos adheridos a la red (Mappa pizzo-free).

En la lista no figuran grandes empresas ni marcas conocidas. Se trata, en la mayoría de los casos, de pequeños comerciantes, autónomos, pymes de no más de diez empleados, profesionales por cuenta propia o jóvenes emprendedores. Esta aparente debilidad, en realidad, es la principal fortaleza de este movimiento, que se va extendiendo capilarmente por toda la ciudad como una lenta pero imparable mancha de aceite.

En la lista de comercios adheridos a la red de Addiopizzo no figuran grandes empresas ni marcas conocidas. Se trata, en la mayoría de los casos, de pequeños comerciantes, autónomos, pymes o jóvenes emprendedores.

La gran tentación es pensar que el cambio cultural contra la mafia se conseguirá gracias a campañas de marketing aparatosas, con el apoyo de los políticos o sumando a las grandes empresas u organizaciones empresariales. Lamentablemente la experiencia enseña que en estos grupos no siempre es fácil separar el grano de la paja. No pocas veces los grandes gestos suelen esconder estrategias oportunistas que se evaporan tan pronto éstas dejan de rendir los réditos esperados.

Addiopizzo tuvo ocasión de comprobarlo cuando Roberto Helge, el presidente de la cámara de comercio de Palermo, que, inicialmente, acogió el movimiento con una enorme frialdad, posteriormente se convirtió en el paladín de la lucha contra la mafia y, finalmente, terminó siendo arrestado acusado de extorsión.

La colaboración de la gran empresa con la mafia suele adquirir otras modalidades distintas del pizzo. Normalmente el contacto se inicia cuando la empresa quiere invertir en un determinado territorio o acude a una licitación pública. El manual no escrito recomienda en estos casos dirigirse al capocosca de la zona que es la persona competente para otorgar la “licencia para operar” a cambio de algún pequeño “favor”: un porcentaje de los beneficios o la contratación de determinados servicios a proveedores locales  controlados por la “familia”.

Algunas grandes empresas han dado pasos concretos para apoyar la lucha activa contra la mafia, como la compañía Italcementi, que desarrolló su propio código antimafia para “expresar y subrayar sin reservas el rechazo a cualquier relación con el crimen organizado”.

Estas iniciativas son interesantes, pero todo cambio verdaderamente revolucionario, y no otra cosa, que persiguen en Addiopizo, debe surgir del compromiso personal de miles de ciudadanos. Solo ese conjunto de pequeñas acciones, cada una de las cuales refleja una batalla con la propia conciencia, puede crear una argamasa que genere un cambio radical y duradero.

Edoardo, Ermes, Danielle y un voluntario en las oficinas de Addiopizzo.

Comenzar desde la cuna

En Addiopizzo tienen claro que la batalla contra la mafia no se ganará mientras no se cambien las mentalidades. Por eso una de sus primeras líneas de actividad ha sido el trabajo de concienciación en las escuelas. Son conscientes de que el futuro va a depender de la respuesta de los más jóvenes. Llama la atención la claridad de ideas de estos universitarios; cómo desde el nacimiento del movimiento tuvieron muy claro el papel crítico de la educación.

“Hay que tener en cuenta –explica Edoardo- que la mafia es un fenómeno con tres caras. Está el elemento del territorio que tiene que ver con la política; los clanes se reparten el territorio y actúan al modo de una administración paralela al Estado. En segundo lugar se encuentra el elemento empresarial. La mafia es una organización que necesita gestionar y controlar grandes sectores de la actividad económica para sobrevivir. Y, por último, se encuentra el elemento cultural, que es el más difícil de combatir, porque se apoya en tradiciones y vínculos familiares. En Addiopizzo tenemos claro que quiere estar presente y combatir en esos tres ámbitos”.

En los comienzos acudieron a las escuelas de manera espontánea. Con el tiempo fueron los propios profesores y directores los que comenzaron a invitarles y, en la actualidad, las actividades de sensibilización forman parte del programa educativo de más de 200 escuelas de la provincia de Palermo y centenares en el resto de Sicilia.

“Cada vez que entramos en una clase y comenzamos a hablar con nuestros hermanos más jóvenes, es como si volviésemos a comenzar de nuevo: con ellos volvemos a experimentar lo más valioso que tenemos y que la mafia trata constantemente de quitarnos: la confianza de que se puede construir una alternativa, ya que si todo el mundo hace algo… entonces podemos hacer mucho”.

El objetivo ha sido siempre proporcionar a los niños y adolescentes un punto de vista crítico sobre el mundo que les rodea. El enfoque es siempre el mismo: subrayar la responsabilidad personal de cada uno y hacer ver cómo a través de pequeñas acciones, como la de un consumo más crítico, se puede contribuir a cambiar las cosas. Esas pequeñas acciones están al alcance de cualquiera, incluso de los más pequeños, de los que no votan, de aquellos con los que nadie cuentan, “pero ya lo creo que cuentan” -exclaman con fuerza en Addiopizzo-. “Ellos tienen instrumentos eficaces contra la mafia y contra la cultura de la mafia”.

El enfoque de Addiopizzo es subrayar la responsabilidad personal de cada uno y hacer ver cómo a través de pequeñas acciones, como la de un consumo más crítico, se puede contribuir a cambiar las cosas.

“Además –comenta Danielle- en las escuelas se encuentran los futuros emprendedores, los futuros comerciantes y cuanto antes tengan conocimiento de la situación mucho mejor. Para nosotros el ámbito escolar es estratégico. Compartir con ellos ciertas experiencias e historias es el mejor antídoto para enfrentarse con el poder mafioso”.

El poder de los niños puede ser muy grande. Vincenzo Conticello lo experimentó en carne propia cuando su hija le preguntó si pagaba el pizzo, mostrándole el famoso adhesivo Un intero popolo qui paga el pizzo e un poplo senza dignita (un pueblo entero que paga el pizzo es un pueblo sin dignidad). “No hija mía, yo no pago el pizzo” – le contestó.  “Y pude notar la satisfacción reflejada en su cara al confirmar que su padre tenía dignidad”, explica Conticello.

Turismo antimafia

Pero la asociación no sólo ha alumbrado la mafia en los colegios, donde antes se consideraba un tema tabú, sino que la ha integrado en la oferta turística de la isla mediterránea. El camino para luchar contra la cultura de la extorsión ha sido, paradójicamente, convertir la extorsión en un producto cultural. En lugar de ocultar y pasar de puntillas sobre los aspectos menos atractivos de Sicilia, Addiopizzo los ha hecho visibles para los turistas.

Para ello creó Addiopizzo Travel, una empresa social que tiene la doble misión de dar a conocer al turista (junto con toda la riqueza cultural y geográfica de la isla) los orígenes y actividades del movimiento antimafia y, además, apoyar a los establecimientos turísticos: hoteles, albergues, casas de huéspedes, restaurantes, empresas de alquiler de coches, bares, etc., que se han negado a pagar el pizzo. Se trata, como declaran en su web, de fomentar “una nueva manera responsable de viajar, sin pagar el pizzo y ayudando a los que han dicho que no a la mafia”.

El mensaje y la filosofía de la asociación es siempre el mismo. Todos, sin excepción, podemos contribuir, positiva o negativamente, a sostener el actual sistema de extorsión. Addiopizzo plantea abiertamente este dilema ético al turista, forzándole a elegir y dándole la posibilidad de contribuir a desarrollar un circuito turístico “limpio”.

Y la experiencia merece la pena. Yo mismo lo pude comprobarlo cuando visité la isla el pasado mes de diciembre. Mi primer alojamiento fue en la ciudad de Palermo, en Liola, una casa de huésped cercana al Teatro Massimo, administrada por Luigi Torreta, un joven palermitano enamorado de su ciudad y gran conversador. El idioma para Luigi nunca ha sido una barrera, habla un aceptable español y lo que no sabe lo completa mediante expresivos gestos.

Addiopizzo Travel es “una nueva manera responsable de viajar, sin pagar el 'pizzo' y ayudando a los que han dicho que no a la mafia”.

Muy cerca de su casa de huéspedes se encuentra el mercato di Capo, uno de los más vistosos y concurridos de la ciudad. Constituye toda una experiencia pasearse a lo largo de la via San Agostino escuchando los gritos y consignas de los comerciantes que tratan de atraer a los clientes y contemplar la explosión de olores y colores de los tenderetes.

Pero la principal ventaja de Liola es que se encuentra muy cerca de la sede de Addiopizzo, situada en la via Lincoln 131, en un piso confiscado a Masino Spadaro, el capo mafioso de la Kalsa, uno de los principales barrios de Palermo. Nunca podría haberse imaginado Spadaro, el “Agnelli de Palermo”, como le gustaba llamarse a él mismo, que las oficinas que utilizaba para almacenar el contrabando de drogas se convertirían con el paso de los años en la sede de la principal organización que lucha contra la mafia.

Viajando ‘pizzo free’

La red de alojamientos de Addiopizzo Travel cubre los principales lugares turísticos de Sicilia. En Erice, la preciosa ciudad medieval sobre el monte Erys, encima de Trapani y frente a las islas Égadas, se contempla una de las vistas más extraordinarias de la costa siciliana: a un lado las salinas de Trapani y al otro lado el golfo de Castellammare con el Monte Cófano cerrando la vista como un inmenso mojón. En la piazza del Carmine se encuentra Il Carmine, un antiguo monasterio de las Carmelitas completamente restaurado y convertido en un hotel. El actual hotel pertenece a la red de Addiopizzo y a la Associazione Domus Carmelitana di Erice cuya finalidad es promover el turismo religioso y social.

También hay hoteles pizzo free más convencionales, como el Grand Hotel Mosse en Agrigento, muy cerca del Valle de los Templos y del lugar donde Juan Pablo II improvisó el 9 de mayo de 1993, durante la celebración de la misa, el impresionante discurso contra la mafia: “El pueblo siciliano, tan arraigado a la vida, que ama y da la vida, no puede vivir siempre bajo la presión de una civilización contraria, de la muerte. Hace falta la civilización de la vida. En nombre de Cristo crucificado y resucitado, que es camino, verdad y vida, me dirijo a los responsables: ¡¡Convertíos, un día vendrá el juicio de Dios!!”, exclamó con fuerza Juan Pablo II. “Tienen que entender que no se puede matar inocentes. Dios dijo una vez: No matarás. ¡¡¡El hombre, cualquier organización humana, la mafia, no puede matar ni pisotear este derecho santísimo de Dios!!!”

El exsecretario personal de Juan Pablo II, ahora cardenal Stanislaw Dziwisz, explicó en 2011 que Juan Pablo II “tan solo se enfadó de verdad dos veces en su vida», y una de ellas fue en Agrigento “cuando habló contra la mafia”.

Pero, en general, la mayoría de los establecimientos de la red de Addiopizzo suelen ser casas de huéspedes. Como la casa rural de La Frescura Agriturismo, localizada en las afueras de Siracusa, muy cerca del Parco Arqueologico della Neapolis, donde se puede admirar el espectacular teatro griego tallado en roca que domina la ciudad. Cada verano se sigue representando en el mismo escenario las obras de los grandes clásicos. Sentado en sus gradas y mirando la platea uno no puede evitar sentir cierto vértigo al percatarse que hace más de dos mil doscientos años este teatro fue testigo del estreno de Los Persas de Esquilo.

La casa de huéspedes de Villa Ortensia, en Aci Castelo, es una estupenda opción para todos los que quieren conocer Catania y contemplar la majestuosa presencia del Etna dominando el paisaje. Erminia, su propietaria, hija de siciliana y griego, se muestra orgullosa de formar parte de la red de Addiopizzo y de ser siciliana. “Me encanta Sicilia, quiero mucho a mi país”, comenta mientras desayunamos. Y, es verdad, no lo puede ocultar. Me explica que para comprender este “país” hay que entender que Sicilia es como un mosaico hecho con piedras de distintos colores y tamaños. “Somos el país de las tres piedras, de los tres colores, de las tres culturas. Está la piedra arcillosa de Palermo, de color marrón, propia de la cultura árabe, que se utilizó para construir las grandes catedrales de Palermo y Monreale. Está la piedra blanca, asociada a la cultura normanda y que se puede ver en los edificios de Ragusa. Por último, está la piedra negra volcánica, que encuentras en todas las iglesias y palacios barrocos de Catania”.

Desde el aeropuerto de Catania se distingue a lo lejos el Etna. Es una imagen imponente cuya presencia acompaña diariamente a todos los cataneses. Está ahí, erguido, vigilante, como a la espera. Su actividad puede ser destructiva o benéfica. Puede entrar en erupción violenta, devastando vidas y propiedades, o expulsar suavemente la lava por sus laderas fertilizando los terrenos adyacentes. Estos dos rostros del Etna bien podrían representar la encrucijada de esta hermosa isla.

Por una parte, la mafia, con su cara agresiva y perversa. Por otra los raggazi de Addiopizzo, con su ejemplo valiente, sencillo, constante y luminoso. Antes de tomar el avión de regreso a España, vuelvo a echar un último vistazo a la montaña.  Aunque estamos a mediados de diciembre, el día es espléndido y el cielo se encuentra despejado. Se divisa con claridad la cumbre nevada con algunas pequeñas fumarolas. Se despide serena, plácida, sonriente. Sin duda se trata de un buen presagio.

Firma del manifiesto de Addiopizzo en apoyo del consumo crítico

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