¿Cómo se aborda la economía colaborativa en la Unión Europea?

Francia es el país de la Unión Europea en el que más se utilizan este tipo de plataformas. España, el octavo.
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Brian Chesky, cofundador de Airbnb.

Más de la mitad de los ciudadanos europeos conocen o han oído hablar de la economía colaborativa, mientras que un ciudadano de cada seis es usuario de este tipo de plataformas. Pero no sólo los ciudadanos utilizan estos servicios, también los proporcionan. Y según los datos del último Eurobarómetro, al menos un tercio de aquellos que han utilizado los servicios de las plataformas colaborativas han sido proveedores de servicios en al menos una ocasión. Estos datos simbolizan que este tipo de iniciativas va viento en popa.

Al fijarse en la parte económica, cuatro de las empresas más conocidas, Uber, BlaBlaCar, Deliveroo y Airbnb, registran unos ingresos de 28.000 millones de euros anuales, aunque en los últimos años el crecimiento entre un ejercicio y otro ha sido espectacular, llegando a duplicarse los ingresos entre 2014 y 2015.

Una cifra nada desdeñable si se tiene en cuenta que la mayoría de estas empresas nacen por considerar que hay activos infrautilizados. El ejemplo claro en este caso es Airbnb, cuando son los propietarios de casas quienes alquilan alguna habitación libre o Uber, cuando quienes tienen un coche lo aprovechan las horas que normalmente estaría parado.

Atendiendo al uso en los distintos países de la UE, donde la economía colaborativa tiene mayor acogida es en Francia, con una penetración del 36%, seguida de Irlanda con un 35% y de Letonia y Croacia, con un 24%. En España el uso de este tipo de plataformas se sitúa en el 19%, figurando en el octavo lugar a nivel europeo. Por debajo de un 10% se utilizan en Grecia, Bélgica, Reino Unido, Finlandia o Portugal, entre otros.

Más allá de Airbnb

El mercado no sólo está copado por Airbnb o Uber. Existen otras plataformas que están pisando fuerte en Internet. Un ejemplo claro es Peerby, una comunidad de vecinos que pone a disposición cualquier objeto que no esté utilizando en su casa y otra persona necesita. ¿Te acabas de mudar y no tienes taladro para colgar tus cuadros? Gracias a iniciativas como Peerby podrás ver qué vecino tiene uno a tu entera disposición y gratis.

En el campo de la financiación destaca Zopa, una empresa ya de referencia en Reino Unido. Desde que naciera en 2005, ha prestado unos 800 millones de libras en el último año, poniendo en contacto a inversores y solicitantes de préstamos, sin pasar por los bancos, con un producto muy competitivo.

También es reconocida la aplicación de ayuda entre ciudadanos, TimeRepublik, en la que los ciudadanos intercambian sus habilidades y talentos por horas, en modo de voluntariado. Si tu pasión es tocar la guitarra y alguien en la comunidad está interesado, se gana una hora para que otro usuario te pueda ayudar después en lo que tú necesites, ya sea sacar al perro, aprender Photoshop… lo que se te ocurra.

Para el intercambio de noticias se utiliza Grasswire, y para compartir coche, Cambio. Pero hay otros sectores como la industria del arte, que también está desarrollándose desde plataformas colaborativas, como es el caso GetArtUp, donde se conectan artistas y casas o espacios de oficinas interesados en adquirir piezas de arte, así como la organización de exposiciones para artistas concretos que pueden viajar por el mundo en diferentes espacios.

¿Y compartir una comida? Cocinar en casa y atraer invitados o ir a una casa de una familia para probar una cocina realmente casera. Para ello, Feastly. Y si en el ámbito laboral necesitas una oficina para trabajar o una sala de reuniones que alquilar, entonces Liquidspace te lo pone fácil.

La falta de regulación

Esta cada vez mayor presencia y exponencial crecimiento está fomentando que en Europa se esté empezando a prestar atención a este tipo de empresas. Hasta ahora han podido vivir al margen de la legislación europea porque en su mayoría han optado por autoregularse. Pero debido al aumento del mercado y de los ingresos que generan Europa tiene que plantearse cómo pueden facilitar su crecimiento, fomentar la innovación que proporcionan sin que se aprovechen de lagunas legislativas que puedan dañar la confianza de los consumidores.

El marco regulador tiene que adaptarse a una nueva realidad, que dé cabida a nuevas empresas con novedosos modelos de negocio y que evite que la economía colaborativa se convierta en economía sumergida. Las autoridades tienen que asegurar que se pagan los impuestos necesarios, que el consumidor está protegido y que se den condiciones justas para los empleados.

Las autoridades tienen que asegurar que se pagan los impuestos necesarios, que el consumidor está protegido y que se den condiciones justas para los empleados.

Bruselas reconoce que algunos gobiernos nacionales están fomentando este tipo de actividades, mientras que otros países se dedican a restringirlas, lo que supone una inseguridad jurídica para todos. Las empresas y los consumidores necesitan más información y más guías sobre qué normativas aplicar. Para la integración de la economía compartida, se creó la Coalición de la Economía Compartida Europea, cuyo objetivo es que los responsables políticos europeos la apoyen.

Respecto a los empleos de este tipo de plataformas, la mayoría de ellos no están regulados. Es por ello uno de los puntos clave del proyecto, conseguir que pasen a estar cubiertos por la legislación laboral. En una resolución aprobada en enero de 2017 sobre el Pilar Europeo de los Derechos Sociales, el Parlamento pedía a la Comisión que extendiese las normas mínimas existentes a todos estos nuevos tipos de puestos de trabajo.

La eurodiputada portuguesa socialista, Maria João Rodrigues, destacaba la importancia de que se establezcan condiciones de trabajo equitativas para todos los trabajadores y un conjunto básico de derechos laborales. “También debe figurar el seguro por enfermedad y la protección social, incluso para quienes trabajan con contratos temporales, en prácticas o como autónomos en plataformas digitales”, subrayó Rodrigues.

Empresas como Uber o Deliveroo utilizan el dinero que pagan sus clientes para repartir entre la compañía y los trabajadores que ofrecen sus servicios, muchos de los cuales son autónomos. Su salario por lo tanto varía de las horas de trabajo que realicen o el número de servicios que atiendan y esta característica puede fomentar que una plataforma digital pueda ofrecer servicios más baratos que otra tradicional, apoyándose en una competencia desleal. En este sentido, desde la UE se quiere vigilar que el terreno de juego sea equitativo para todas las compañías y todos los trabajadores.

RSC en la economía colaborativa

La economía colaborativa ya tiene de por sí un carácter de eficiencia intrínseco, pero poco a poco van siendo conscientes de que pueden hacer más. Y muchas de ellas introducen políticas de responsabilidad social corporativa. Se trata de hacer un esfuerzo en torno a fomentar buenas prácticas e intentar tener el menor impacto posible.

Como ejemplo, Airbnb cuenta con un programa de respuesta a desastres naturales. La idea surgió precisamente de la solidaridad de la comunidad que conforma Airbnb, después de que los anfitriones de la plataforma digital abrieran sus casas para los afectados del huracán Sandy en el año 2012. Este tipo de iniciativas le han servido para ser reconocida y llegar a ser nombrada finalista para un Premio de Ciudadanía Corporativa de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos.

Otra compañía que está abriendo líneas de donación es la compañía Lyft, dedicada a ofrecer distintos servicios de transportes. Como respuesta a situaciones de actualidad, Lyft toma medidas. Su última iniciativa llegaba después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, propusiera prohibir la inmigración en el país. Tras estas declaraciones, la compañía prometió que donaría un millón de dólares a la Unión Americana de Libertades Civiles durante los próximos cuatro años.

Por otro lado, las ideas originales que han llevado a la creación de alguna de estas empresas son de por sí responsables. Es el caso concreto de Konnect Kloud (K2), que pone en contacto a importadores y exportadores con espacio libre en sus contenedores de envío para aprovechar al máximo los viajes y los envíos, con una eficiencia máxima. Aunque la tecnología todavía está en sus primeras etapas, ya ha demostrado su potencial de impacto y se está reconociendo como una herramienta indispensable para todas las industrias. Hasta ahora se han reducido significativamente las emisiones de dióxido de carbono al ahorrarse 4,5 millones de millas de conducción.

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