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Autoconsumo: ¿el futuro de la energía?

El autoconsumo energético no es otra cosa que generar electricidad para uso propio, colocando una instalación de producción, generalmente placas solares. Defensores y detractores mantienen abierto un debate en el que unos creen que el autoconsumo va a ser, a corto plazo, una de las claves para la ya imparable transición energética, y otros aseguran que aún existen muchas barreras –legislativas, administrativas, sociales o económicas- que están ralentizando su despegue.
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Foto: Pixabay.

La transición energética hacia un futuro 100% renovable es posible, pero el desarrollo de las energías alternativas depende de políticas a largo plazo y requiere un clima estable que favorezca la inversión en estas tecnologías. Esta es una de las principales conclusiones del último informe publicado por REN21 (Renewable Energy Policy Network for the 21th Century), una red internacional integrada por gobiernos, organizaciones como el Banco Mundial o la Agencia Internacional de las Energías Renovables (Irena), asociaciones de la industria, universidades y sociedad civil que trabajan en favor de la transición global hacia las energías renovables.

El Informe sobre el futuro renovable a nivel global: grandes debates hacia una energía 100% renovable, que recoge las opiniones de 114 expertos sobre el objetivo de energía 100% renovable de cara a 2050, señala el consenso en el hecho de que éstas serán dominantes en el futuro y que las grandes corporaciones internacionales ya se están decantando -cada vez más- por productos de energía renovable, bien a través de la contratación de energía de origen renovable o mediante inversiones directas para generar su propia electricidad verde. Según estos expertos, el coste de las energías renovables continuará en caída, superando en competitividad a los combustibles fósiles en un plazo de unos diez años.

Entre los desafíos y retos a afrontar el documento identifica algunos como el de la movilidad sostenible, que requiere una transformación “mucho más profunda con un cambio modal, que pasa por la electrificación del transporte y políticas de movilidad sostenible ambiciosas”. Asimismo, el desarrollo de este tipo de energía en la mayoría de países “se ve dificultado por la falta de certeza de políticas a largo plazo y la ausencia de un clima estable que favorezca la inversión en eficiencia energética y energías renovables”.

El punto de partida

En palabras de Jorge González Cortés, presidente de APPA Fotovoltaica (Asociación de Empresas de Energías Renovables), el autoconsumo es parte del impulso necesario hacia el cambio de paradigma energético que, en su opinión, es ya imparable y cada vez más demandado por la sociedad. Pese a ello, considera que España avanza aún “a contracorriente” con respecto a la tendencia que siguen los países más avanzados en este sentido como Portugal o Alemania.

“No estamos diciendo que el autoconsumo energético sea la solución a la pobreza energética, porque no lo es”, señala este experto en una entrevista a Compromiso Empresarial, ya que su instalación requiere unos costes iniciales que hay que poder asumir previamente y que se amortizan en un plazo medio de entre seis y nueve años, “pero sí es una alternativa más y parte de la transición necesaria para que la tecnología que ahora tiene un coste se vaya popularizando y sea cada vez más accesible para todos económicamente”.

“El autoconsumo es una alternativa más y parte de la transición necesaria para que la tecnología que ahora tiene un coste se vaya popularizando y sea cada vez más accesible”. Jorge González Cortés

Aunque el concepto autoconsumo siempre se asocia con la energía solar fotovoltaica, el responsable de APPA señala que este tipo de energía no es la única que puede generarse a través del autoconsumo -hay más como el biogás o la minieólica, por ejemplo-, aunque por el momento “sí es la que más facilidades técnicas tiene para aplicarse”.

A su juicio, “el autoconsumo es ya una realidad”, aunque aún existan barreras a superar y el Real Decreto aprobado por el Gobierno en 2015 (RD 900/2015) sea restrictivo y eso sea un escollo importante para su desarrollo. Y es que, el responsable de APP Fotovoltaica se mostró optimista al considerar que este RD no es “el ideal”, pero sí “un buen punto de partida para desarrollar el autoconsumo y superar las barreras que puedan presentarse”.

Además de los aspectos regulatorios, en opinión de este experto existen otros retos a considerar, pero algunos son vencibles, como es el caso de los económicos, puesto que las instalaciones para autoconsumo “han mejorado mucho sus costes en la última década”. “En el caso de la energía fotovoltaica, los costes de instalación han reducido su precio hasta en un 80% en los últimos diez años”, explica González Cortés.

Sin embargo, existen otras barreras de tipo social y cultural, ya que “se sigue manteniendo la creencia de que la energía renovable es cara y mala”, añade. Ese concepto también está cambiando y en este sentido, afirma, “ha llegado el momento de que este tipo de energía sea asumida como innovación y por tanto se entienda que lleva aparejada una inversión inicial que después se recupera”.

Las posibilidades de autogeneración de energía eléctrica son enormes y están empezando a despegar. En el caso de la fotovoltaica, las instalaciones para particulares y empresas, pese a la inversión inicial, son muy rentables, porque son capaces de producir entre el 25 y el 40% de la energía que se consume, se amortizan en un plazo que no supera los diez años y su duración en condiciones óptimas ronda los 30.

“Somos optimistas con el futuro, y estamos muy satisfechos con lo que se ha conseguido hasta ahora y el rápido desarrollo alcanzado en un tiempo relativamente corto”, asevera González Cortés. Aun así, “queda mucho camino aún por recorrer”, y aunque, insiste, el RD 900/2015 “es poco favorable” al desarrollo del autoconsumo, por el momento “es el primer paso para que las cosas sigan cambiando y avanzando”.  Eso sí, este cambio debe ser “una labor de todos: Administración, empresas, ciudadanos, asociaciones, cooperativas, etc.”.

“Más allá del autoconsumo con energía fotovoltaica existen otros tipos menos conocidos, pero que podrían implementarse de inmediato en la mayoría de los núcleos urbanos de España”. Margarita de Gregorio

En el mismo sentido coincide la coordinadora de la Plataforma Bioplat, Margarita de Gregorio, que recuerda que “más allá del autoconsumo con energía fotovoltaica, del que todo el mundo habla, existen otros tipos menos conocidos, pero que podrían implementarse de inmediato en la mayoría de los núcleos urbanos de España”. Es el caso del autoconsumo de biogás, que se obtiene a partir de la degradación de la materia orgánica presente en los millones de toneladas de basura que se depositan diariamente en los vertederos.

Según explica esta experta a Compromiso Empresarial, la materia orgánica, al descomponerse, bien de manera espontánea (en vertederos confinados) o bien forzada (en biodigestores anaerobios), genera un gas denominado biogás al proceder de materia biodegradable. Este biogás, compuesto fundamentalmente por metano (50%-75%) y otros componentes (dióxido de carbono y agua), pueden depurarse y eliminarse para hacer posible que la concentración de metano supere el 96%, y se obtenga así un biometano “perfectamente asimilable al gas natural, pues cumple con los mismos estándares de calidad”.

“Todos los núcleos urbanos tienen la capacidad de generar biometano a partir de sus basuras, que puede utilizarse -al igual que el gas natural- para diversos fines energéticos: electricidad, calefacción y como combustible en automoción”, añade De Gregorio, que defiende que todos estos usos energéticos “permitirían cerrar el ciclo, lo que se denomina economía circular”.

De esta forma, la inyección del biometano generado en vertederos en las redes de gas existentes en las ciudades, “permitiría que el ciudadano (que ha generado esa basura) pueda aprovechar el gas obtenido cuando se sube en un autobús alimentado por biometano, cuando cocina, o cuando pone la calefacción”. “Un autoconsumo claro”, asevera.

Como ocurre precisamente con los materiales que forman parte de la economía circular, este proceso “permite convertir un residuo de nuevo en un recurso, en este caso energético, que además se genera diaria y localmente y es 100% renovable y sostenible”, destaca la coordinadora de Bioplat, que opina que el autoconsumo de biometano en ciudades “debería ser sin duda una actuación prioritaria en las políticas de economía circular, transición energética y cambio climático de los ayuntamientos”. “Si los ciudadanos fueran conscientes de la existencia de esta posibilidad, estamos seguros de que lo apoyarían”, concluye.

Oportunidad de negocio

Las empresas del sector, según señala el representante de APPA Renovables, no solo han visto una importante oportunidad de negocio en este sector, sino que son conscientes de que el cambio de paradigma energético “es inevitable y va a ocurrir”. “Lo han entendido y se han dado cuenta de que quien no esté en esta carrera, se queda fuera del negocio”, añade González Cortés.

Compañías como Endesa ofertan ya soluciones y productos de autoconsumo eléctrico para hogares, una oferta que se suma a la que ya ofrecía para empresas y que está especialmente indicada para viviendas unifamiliares de un tamaño medio, y que, con unas ocho placas fotovoltaicas instaladas, pueden llegar a ahorrar un 30% en su consumo energético: más de 500 euros al año.

Compañías como Endesa ofertan ya soluciones y productos de autoconsumo eléctrico para hogares, una oferta que se suma a la que ya ofrecía para empresas.

En este caso, el proceso de contratación para hogares es 100% digital y aunque requiere un estudio personalizado previo, éste se realiza en menos de 48 horas, incluyendo un análisis de las curvas horarias del cliente y de su producción solar, y teniendo en cuenta diferentes aspectos de tipo meteorológico, geográfico o de hábitos de consumo.

El producto abarca desde el diseño hasta la tramitación y legalización de la instalación, pasando por la formación al futuro propietario, la instalación de baterías y el mantenimiento de toda la infraestructura, e incluye además un modelo económico de la propuesta, con el importe total y la cuota resultante para una opción de financiación.

Asimismo, Endesa informa al cliente de su ahorro anual, tanto energético como económico, y le ofrece varios indicadores de conciencia medioambiental. Una vez el sistema está en funcionamiento, la compañía opera el mantenimiento periódico y monitoriza la planta a distancia para la detección precoz de incidencias, creando además una tarifa eléctrica especial para este producto que proporciona un menor precio en los periodos con menos horas de sol. El cliente cuenta también con una app que monitoriza la instalación desde cualquier dispositivo móvil.

Según señala Endesa, una instalación de estas características podría contratarse por un importe de unos 85 €/mes (durante siete años), y a los beneficios económicos habría que sumar los ambientales, con un ahorro de emisiones de unos 1.470 kilos de CO2 al año, lo que representaría 75 árboles plantados.

En el caso de las empresas, Endesa se hace cargo del 100% de la inversión de la planta solar fotovoltaica, desarrollando el diseño, la construcción, la legalización y la explotación de la instalación. De este modo, las empresas no tienen que hacer frente a ninguna inversión, y pueden conseguir ahorros desde el primer año. La instalación pasa a ser propiedad del cliente a partir de aproximadamente la mitad de la vida útil de la planta (unos 15 años).

Este es el caso, por ejemplo, de un hotel ubicado en Gran Canaria, que cuenta ya con una de estas instalaciones funcionando, y en el que se están consiguiendo unos ahorros acumulados de más de 12.000 euros en los primeros cinco años gracias a los paneles fotovoltaicos, cubriéndose el 11% de la demanda de todo el hotel con autoconsumo. Esto supone que, al final de la vida útil de los paneles (unos 25-30 años), este hotel habrá ahorrado más de 320.000 euros, evitando la emisión de 2.751 toneladas  de CO2 en toda su vida útil, el equivalente a casi 5.000 árboles plantados.

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