Redefiniendo la inversión de impacto y el emprendimiento social con Felix Oldenburg

El próximo 22 de noviembre Foro Impacto organiza en Barcelona el 4º Encuentro temático sobre la Intermediación de Capital de Impacto con la participación de Amit Bhatia, CEO mundial del GSG. En el marco de la última jornada organizada en Bilbao por Foro Impacto, ‘Compromiso Empresarial’ entrevista a Felix Oldenburg, CEO de la Asociación Alemana de Fundaciones y exdirector de Ashoka Alemania y Europa.
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Foro Impacto, que lidera y coordina un Grupo de Trabajo a nivel estatal, del que forma parte Compromiso Empresarial, tiene como objetivo que España se adhiera en 2019 al Global Steering Group for Impact Investment (GSG), organismo internacional que promueve la inversión de impacto. En el contexto de la jornada El camino hacia el GSG y la creciente demanda de capital de impacto en el país, Compromiso Empresarial ha hablado con Felix Oldenburg, CEO de la Asociación Alemana de Fundaciones y exdirector de Ashoka Alemania y Europa.

¿Cómo ve el ecosistema de inversión de impacto en Europa desde la perspectiva de la demanda?

Primero tenemos que pensar qué consideramos emprendimiento social (receptor de la inversión de impacto); si describimos emprendimiento social como pequeñas organizaciones sin ánimo de lucro que buscan fondos o, si miramos al otro lado del espectro, cualquier empresa que produce un impacto positivo y social. Es una descripción muy distinta del mercado de impacto social. Y tiene, además, todos los modelos que existen entre las dos.

El truco está en abrir nuestras mentes a lo que emprendimiento social puede ser en distintos lugares y momentos. Las ideas que producen un impacto social positivo y que pueden crecer a escala de mercado son muy poco corrientes, pero pueden absorber muchos fondos. Y los fondos que son capaces de absorber van a ser muy diferentes en distintos estados de su ciclo de vida. Por lo que es una situación que cambia constantemente. Por eso no me creo ninguna estimación de tamaños de mercado. Creo que es un área llena de oportunidades, y si sabes lo que estás buscando, lo encuentras.

Y es un momento increíblemente interesante para el emprendimiento social en Europa ya que el término se ha establecido, es irreversible como movimiento y tiene algo para todo el mundo. Solo tenemos que movernos más allá de la terminología y fijarnos en qué funciona y cómo financiarlo para que crezca.

Se ha tardado mucho tiempo en llegar a una definición de emprendimiento social y a que la gente lo entienda y ahora dice que hay que ampliar el concepto todavía más…

Pongamos como ejemplo el periodismo, solía ser un negocio en toda regla y nadie lo hubiera mirado como un ejercicio filantrópico o empresa social. Ahora el periodismo independiente de calidad no funciona como un negocio; todos se consideran emprendedores sociales.

No solo tenemos iniciativas sociales que quieren ser comerciales sino también lo opuesto, mercados que solían operar como negocios que poco a poco se comportan como emprendedores sociales. Es muy retador para el ecosistema de financiación.

Es muy difícil y contradictorio. Por eso hay que mirar caso a caso. El emprendimiento social ha llegado a ser tan importante que ya no cabe dentro de una definición estándar.

El emprendimiento social ha llegado a ser tan importante que ya no cabe dentro de una definición estándar.

¿Cuáles son las diferencias entre las necesidades de financiación de las organizaciones del tercer sector y las de los emprendedores sociales?

Yo creo que las necesidades de financiación no se deben tratar desde punto de vista de los fondos o inversores, porque estos siempre tienen una asunción de partida: Creas un fondo desde la perspectiva del riesgo/retorno que quieres conseguir; levantas el capital y le dices al inversor cuánto, cómo y cuándo le vas a pagar; y entonces buscas emprendedores que se adapten a esa definición.

Desde mi punto de vista tenemos que darle la vuelta y empezar por las necesidades de los emprendedores sociales. Crear un sindicado con distintas fuentes de fondos y mirar caso a caso. Si tienes muchos casos que siguen el mismo perfil entonces puedes hacer un fondo común.

Hay ONG que tienen potencial de mercado para alguna de sus actividades y emprendedores sociales que no tienen ningún potencial. Para mí no es una distinción muy útil. Desde el punto de vista financiero la pregunta es: ¿En este momento en concreto y con su modelo de negocio, de filantropía o de impacto, cuánto fondeo externo pueden regenerar desde su actividad? Y algunas veces no puedes regenerar nada, con lo que todos los fondos externos tienen que venir de donaciones o filantropía.

¿Consideraría esta opción (100% donación) también como un emprendimiento social?

Realmente depende de a dónde va la donación. Wikipedia, por ejemplo, yo la considero un emprendimiento social, que recupera su coste total con crowdfunding y casi ha reemplazado una industria entera. Sería increíble no considerarlo un emprendimiento social.

Todos estos términos son muy engañosos. Financieramente hablando es más fácil; se trata de cuántos fondos puedes repagar. Si no puedes repagar nada, tendrás que apalancarte en donaciones; si puedes pagar más de cuanto te han prestado, puedes aceptar inversión de impacto, y si estás en el medio, que es dónde están la mayoría de las ideas interesantes, tienes que combinar las dos y ese es el arte que tenemos que aprender. No mirar a las empresas sociales a través de la lente de un instrumento financiero concreto, sino preguntar primero cuál es la situación de negocio y de mercado para ese modelo de impacto en particular y encontrar los fondos necesarios para abordar esa situación de mercado.

Los emprendedores sociales están formados para definir sus necesidades financieras de acuerdo a las expectativas de los financiadores y no debería ser así.

Este planteamiento, también implica que ahorraríamos un montón de dinero ya que muchas veces hacemos donaciones a organizaciones que pueden repagar parte de los fondos, pero como no tenemos instrumentos diseñados para operar con un 50% de donación y 50% de préstamo, damos una donación al 100%, lo que significa que renunciamos al 50% que podrían devolver y aplicarlo a la siguiente inversión. Si le preguntas a un donante o a venture philanthropist, si prefiere invertir a menos 50% o menos 100% prefieren lo primero.

Los emprendedores sociales también están formados para definir sus necesidades financieras de acuerdo a las expectativas de los financiadores. A ninguno se le ocurre decir: “Necesito dinero, pero solo puedo devolver un 80%”. Si les dejáramos hacerlo, sería liberador para ellos y nos permitiría encontrar la solución financiera adecuada.

¿Y piensa que están preparados para ello?

Creo que sería liberador un lenguaje financiero que funcione para los emprendedores sociales y que no solo contemple las expectativas de los financiadores. Porque como describo, los financiadores viven en un planeta muy diferente y están ligados a unas reglas, muchas veces incluso en forma de regulación. Un banco solo puede prestar si recupera el 100% del capital invertido y un donante no puede prestar sino dar a fondo perdido.

Eso no debería evitar que diseñemos instrumentos mucho más inteligentes. En cualquier otra industria lo hacemos. En investigación tenemos la fundamental o básica, que opera a menos 100%; nadie va a pedir la devolución de la inversión, está totalmente alejada del mercado, pero es muy necesaria. Para la investigación aplicada tenemos modelos híbridos de financiación, fondos gubernamentales, fundaciones que dan dinero y también empresas que apuestan por el resultado. En la tercera, en la investigación de producto, nadie en sus cabales sugeriría a Samsung pedir donaciones cuando crea el nuevo Galaxy porque sabe que es muy probable que se pueda obtener beneficios del mismo.

En el mundo de la investigación lo tenemos claro, ¿por qué en el sector social no? Porque en nuestras mentes separamos completamente hacer el bien con la actividad comercial en unos términos morales innegociables. Creo que la limitación más importante a la inversión de impacto está en nuestra mente y en nuestra cabeza.

La limitación más importante a la inversión de impacto está en nuestra mente, porque separamos completamente hacer el bien con la actividad comercial en unos términos morales innegociables.

Otra de las grandes limitaciones es encontrar emprendedores sociales para invertir, buenas ideas no llegarán todos los días, ¿no?

Sí, son muy escasas. Para las buenas ideas el dinero o la financiación no es un problema; tenemos mucho dinero en nuestro sistema. Pero no cada idea social merece financiación. Nosotros hemos creado el problema en el pipeline por formar instrumentos de una manera demasiado restrictiva.

¿Cómo se puede incentivar que los emprendedores estén preparados para pedir y asumir financiación así como para la medición y reporte del impacto?

Ya lo estamos haciendo. He sido testigo del crecimiento del emprendimiento social en Europa en los últimos 10-15 años y ha sido absolutamente increíble, por lo que debemos estar haciendo algo bien. Creando programas de acompañamiento, incubadoras y contando las historias de éxito.

En este sentido ¿cómo ve a España? Parece que todavía queda un camino por recorrer y el concepto no está totalmente asentado.

Entonces solo queda explicar más y más, no tengo una solución mágica. Hay algunos países en los que el concepto de emprendimiento social es más fácil, como UK, y otros tienen normas culturales específicas que hacen más complicado entender impacto social y retorno financiero. En el sur de Europa, el movimiento corporativo es muy fuerte y el tema de emprendimiento social se hace muy confuso. Pero cuando te mueves a África Subsahariana, todo es emprendimiento social. Creo que sabemos a dónde llegar solo que en algunos países tenemos que ser más pacientes, invertir más y estar más abiertos a lo que el emprendimiento social significa allí.

¿Cómo se puede evitar el desvío de la misión social para atender a las reglas de mercado, lo que se ha llamado misión drift?

El misión drift es inevitable; siempre pasa. Cuando una idea se convierte en algo realmente grande, empieza a generar externalidades negativas y a tener fuerzas tirando en todas las direcciones. Los mercados cambian continuamente. Mira el del hospedaje P2P (como Airbnb), mucha gente no lo describiría como un negocio social hoy, porque ha generado muchos problemas operando a la enorme escala que lo hace. Si lo describes como una pequeña empresa social no genera estos problemas, pero, 10 años después, no es un pequeño sector, sin ánimo de lucro, que hace el bien, sino un mercado internacional de billones de dólares.

Podemos evitar la deriva de la misión en el corto plazo, pero en el medio-largo tenemos que volver a pensar soluciones.

Otro ejemplo, inventar una bombilla es una idea social: las casas ya no se incendian, electricidad asequible para todos… Cuando cada persona en el planeta tiene cien bombillas se produce un problema energético enorme, y entonces necesitamos la siguiente ola de innovación.

Podemos evitar la deriva de la misión en el corto plazo, pero en el medio-largo tenemos que volver a pensar soluciones.

Cuando las empresas se hacen grandes y empiezan a ganar dinero es cuando se empiezan a cuestionar. No ha sucedido así con Wikipedia porque no tiene beneficios.

Es porque tenemos este concepto de que una idea social es amable, pequeña y amigable. Es la forma en la que usamos la palabra social que es muy contradictoria.

¿Entonces también hay que repensar la palabra social?

Me temo que sí. También hay que mirar cada solución individuamente y decidir si está generando beneficios sociales y si es así, cómo la podemos hacer crecer. Y en unos años la tendremos que mirar de nuevo.

¿Cuáles son los principales factores de éxito para el campo de la demanda de impacto social así como las principales recomendaciones que daría en el proceso que se está iniciando en España?

Las principales recomendaciones serían:

  1. Empezar a pensar en las necesidades del emprendedor social y no en las necesidades del instrumento financiero.
  2. No pensar solo en formas de generar ingresos sino también en formas de cómo desmonetizar algunas actividades y encontrar soluciones que sean menos dependientes los fondos.
  3. Retarnos a nosotros mismos y estar abiertos a todas las contradicciones y ambigüedades de la innovación social.

¿Y los factores de éxito?

  1. Que todo el mundo se convierta en un generador de valor.
  2. Crear mercado para todo el ecosistema (incluyendo los competidores) y no solo para la empresa.
  3. Desarrollar modelos híbridos de generación de ingresos y de financiación donde quepan la pérdida total (donación), el beneficio y cualquier opción intermedia. Las ideas más emocionantes van continuamente entre uno y otro.

El próximo 22 de noviembre tendrá lugar en Barcelona la cuarta jornada de trabajo de Foro Impacto, centrada en la intermediación de la inversión de impacto bajo el lema ¿Estamos preparados para sumarnos al GSG e impulsar la inversión de impacto social?

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