El ecosistema de la inversión de impacto en España se multiplica con consenso

El jueves 22 de noviembre asistimos en Barcelona a la tercera reunión del grupo Foro Impacto sobre la intermediación de la inversión de impacto en España. Tras los encuentros en Madrid y Bilbao para decidir acciones sobre cómo impulsar la oferta y la demanda de la inversión de impacto respectivamente, quedaba la parte de intermediación como catalizador de esta inversión. Tercera reunión de un camino en el que, liderado por Foro Impacto, grupo que nace de la sociedad civil, del que forma parte la Fundación Compromiso y Transparencia, quiere impulsar la inversión de impacto en España.
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Fuente: Foro impacto

En España, la inversión de impacto ha crecido un 16,5% en los dos últimos ejercicios hasta situarse en los 311 millones de euros a finales del año pasado, según los datos de la Asociación Española de Inversión Sostenible (Spainsif), crecimiento que si bien es importante, todavía está muy lejos de los volúmenes internacionales de este tipo de inversión: 248 millones de euros, según el último informe del Global Sustainable Investment Review, con un crecimiento de un 146% del 2014 al 2016, liderado por Estados Unidos e Inglaterra.

Aun así, la inversión de impacto solo representa un 1% del volumen de la inversión socialmente responsable (ISR) a nivel internacional. Dado el papel clave de este tipo de activo para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), hay una fuerte corriente a nivel internacional para liderar este esfuerzo. Por eso uno de los objetivos de Foro Impacto se centra en la incorporación de España al Global Steering Group (GSG), organismo internacional que promueve la inversión de impacto, al que pertenecen 20 países y en el que España todavía no está presente.

En este tercer encuentro liderado por Creas, y enmarcado dentro del V Ship2B Impact Forum organizado por la Fundación Ship2B, con el tema ​El fortalecimiento de la intermediación de impacto: un elemento clave en el camino de España hacia el GSG, pudimos escuchar en boca de Uli Grabenwarter, director del Fondo Europeo de Inversiones, cómo el valor de los negocios en el futuro va a ser igual al valor de la solución que aportan al reto social.

Así mismo, la rentabilidad del negocio va a depender de su habilidad a la hora de monetizar el valor social. La misión del capital en el siglo XXI ha cambiado, y como dijo Juan Costa, presidente de la Fundación EY, “se extiende un nuevo concepto de valor que no está en libros, sino que se define por sus pasivos o activos intangibles que ya representan un 85% del valor y que se determina por su capacidad de generar retornos sociales positivos”.

En Barcelona nos reunimos más de 60 instituciones, que prácticamente abarcamos todas las involucradas en el ecosistema de la inversión de impacto en España. Es impresionante ver cómo el número de instituciones adheridas durante el proceso ha ido creciendo, el consenso generado y ver a todo un sector remando en la misma dirección.

Tres grandes retos fueron identificados por las instituciones españolas intermediarias en la catalización de la de inversión de impacto para el desarrollo del sector.

En primer lugar, encontrar y difundir claros casos de éxito con un amplio impacto social generado y medido y con, a su vez, retorno financiero. En ese sentido una de las preocupaciones del sector en general ha sido siempre la falta de opciones claras para invertir, pero el testimonio de Lara Viada, directora de Creas, lo sitúa en otra perspectiva: “No es tanto un problema de que no existan empresas, sino que ellas mismas no se reconocen como generadoras de impacto social y tampoco saben que esta actividad tiene un ecosistema propio de captación de inversores y fondos”. La verdad es que este testimonio supone un gran espaldarazo para esta iniciativa y una gran vía a explorar.

Los inversores, acostumbrados al reporte financiero, demandan métricas de impacto social en línea con las económicas. Pero la medición del impacto no es tan sencilla.

En segundo lugar, la medición de impacto. Todavía no existe un consenso en cuanto al método y herramientas de medición de impacto a usar entre los varios que existen, aunque parece que la iniciativa internacional IMP (Impact Management Practice) está cosechando los primeros éxitos en este sentido.

Los inversores, acostumbrados al reporte financiero, demandan métricas de impacto social en línea con las económicas. Pero la medición del impacto no es tan sencilla, mucho del impacto se realiza a largo plazo por lo que hay que esperar para medir; de momento no hay una conversación única en el sector sobre la metodología de medición y por otra parte exige una alta inversión tanto en tiempo como en recursos humanos y financieros que las empresas sociales, en general pequeñas, no tienen.

Por eso es clave encontrar un balance entre lo que es necesario medir y reportar y el coste que esto supone. El criterio de proporcionalidad se vuelve imprescindible. Pero además lo importante de medir el impacto no solo es medirlo, sino gestionarlo, como apuntó Lucca Torre, cofundador de Gawa Capital, “que es lo de verdad diferencial entre unas inversiones y otras”.

La medición debe llevar a un proceso de reflexión que permita la gestión, tal y como describe Iranzu Sainz de Murieta, de Sinnple. Además, sería clave conocer los costes unitarios de los problemas sociales por parte de la administración, lo que permitiría la comparación del coste social de las soluciones y calcular el impacto financiero.

El tercer reto es la necesidad de involucrar a los inversores institucionales, que en España todavía están muy lejos de este nuevo activo financiero, y al inversor privado, dueño último de los fondos invertidos. Como apuntó Pablo Valencia, socio director de Qualitas Equity, y fundador de Qualitas Impact, “echamos de menos más activismo desde el inversor individual, dueño último del dinero. Que pregunte a su gestor o banco dónde está invirtiendo sus recursos y el impacto que estos tienen”.

El alto crecimiento de Triodos Bank en España apunta a que el movimiento ha empezado, pero está primera chispa todavía tiene que coger tracción. De momento, los pocos pequeños inversores que existen están ejerciendo una labor importantísima a la hora de ayudar a las empresas sociales en sus primeras fases a cruzar “el valle de la muerte” con pequeñas inversiones a través de La bolsa social, la única plataforma española de crowdsourcing para financiar empresas con impacto social y medioambiental.

Es verdad que como dice Ana Nuñez, socia fundadora de Inuit, el único fondo de venture philantropy de momento en España, “estamos en pañales” y además, “nos falta pasar por todas las enfermedades infantiles”, completó Valencia, “en un sector joven que está solo llegando a su pubertad a nivel internacional”. Pero el valor de esta inversión, única para poder alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, alinear los nuevos valores de las generaciones que vienen, catalizar la forma muchas veces incongruente en la que generamos nuestra actividad económica, es tan alto que la tracción como ya estamos viendo va a ser enorme.

En palabras de Amit Bhatia, CEO del GSG, al que España se adherirá previsiblemente en junio a través de la labor del Foro de Impacto y el empuje de las más de 60 instituciones que nos reunimos en Barcelona, “el reto es determinar cómo podemos desbloquear capital para financiar el emprendimiento social de la misma manera que lo hicimos para financiar el capitalismo”.

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