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"No vendemos solo botellas de agua, hacemos que el comprador sea parte de un proyecto social"

Antonio Espinosa, CEO de Auara, la marca de agua mineral que invierte el 100% de los dividendos en desarrollar proyectos de acceso a agua potable en países en vía de desarrollo, estrena esta nueva sección de 'El rincón del emprendedor social’.
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Desde CE lanzamos El rincón del emprendedor social, nueva sección en nuestra revista con el objetivo de dar mayor visibilidad al emprendimiento social de la mano de sus protagonistas, para que sirva de acicate y guía para que cada vez más personas se sumen al reto de emprender con el compromiso de general un impacto social. Un sector cada vez más boyante que en otros países ha demostrado ser una excelente herramienta para abordar con solvencia muchos de los problemas sociales a los que nos enfrentamos.

Abrimos esta sección del Rincón del emprendedor social entrevistando a Antonio Espinosa, CEO de Auara, la primera empresa social española certificada por Social Enterprise Mark y probablemente la más pura técnicamente en cuanto al ajuste a su definición.

Esta marca de agua mineral invierte el 100% de los dividendos que genera con sus ventas en desarrollar proyectos de acceso a agua potable en países en vía de desarrollo. Desde su lanzamiento en septiembre de 2016, ya han dado acceso a agua a cerca de 22.300 personas y han generado más de 13,2 millones de litros de agua potable.

Antonio es una persona inquieta a la vez que reflexiva y con un profundo compromiso social que transmite sinceridad y transparencia, y una profunda convicción de que las cosas se pueden hacer de otra manera y que las personas están en el centro del cambio.

¿Qué es Auara?

Somos una empresa que se dedica a desarrollar proyectos de agua potable en países en vías de desarrollo financiados a través de la venta de productos. Todos los beneficios que conseguimos se dedican a los proyectos de agua.

Técnicamente Auara es una empresa social, según la definición de Yunus; empresa sin ánimo de lucro, que no reparte dividendos y que el 100% de los beneficios los invierte en su fin social. Otras definiciones como la inglesa admiten menores porcentajes. Además tienes que ser una empresa, lo que significa que la mayoría de tus ingresos vienen de la venta de un producto o servicio.

La definición de empresa social la llevamos a toda nuestra actividad: cómo nos relacionamos con el planeta, con nuestros clientes, con nuestros proveedores, con nuestros equipos. Ser sociales en cómo hacemos las cosas y no solo en lo que hacemos.

¿Cómo te sientes siendo la primera empresa española certificada por Social Enterprise Mark, la autoridad internacional de acreditación de empresas sociales?

¡Ojalá sirva para que cada vez haya más!

Me hablas de la venta de productos. De momento os habéis concentrado en el agua, pero ¿tenéis otras ideas en mente?

Este año lanzaremos algún otro producto dentro del mundo de las bebidas, pero intentando innovar y entrando en una categoría un poco distinta. Nuestra visión a futuro no es ser una marca de agua sino una empresa multiproducto, siempre y cuando todos encajen dentro de nuestra filosofía y misión.

Elegimos el agua porque había un paralelismo muy directo entre el producto y el fin social. Si la base del proyecto es hacer pozos de agua, vender agua tiene una relación muy directa. Pero podíamos haber vendido bicicletas, por ejemplo.

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Niños sosteniendo la botella de Auara.

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Pozo en Camboya creado por Auara.

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Escuela en la India.

¿Por qué proyectos de agua?

Yo trabajé en cooperación durante toda la carrera de arquitectura, hice un cole en Perú, casas para familias pobres en Camboya… en los sitios mas pobres del mundo el mayor problema es la falta de agua. Y cuando estás ahí te quedas impactado. No tener agua afecta en todos los sentidos de la comunidad (salud, higiene, educación, tiempo disponible, igualdad…).

¿Qué ventajas e inconvenientes tiene ser una empresa social?

A nivel técnico en España no hay ninguna ventaja; somos una SL. Pero es verdad que tu relación con el cliente es muy diferente. Nosotros no vamos a vender un producto sino unos valores y una experiencia. No le vendemos una botella de agua sino que le hacemos parte de un proyecto social.

A corto plazo nos autoimponemos ciertas dificultades. Para nosotros no tiene sentido hacer pozos en el Congo con nuestros beneficios y no tener en cuenta cómo los conseguimos. Tiene que ver con nuestra cadena de valor, con nuestro impacto medioambiental, con el tipo de proveedores que seleccionamos, con cómo nos comunicamos desde la honestidad, con tratar bien a nuestros equipos. Cosas que para una cuenta de resultados no son lo fácil.

Somos la primera empresa en utilizar botellas con plástico 100% reciclado; esas botellas son más caras de fabricar, por lo que vendes más caro y tienes que hacer más esfuerzo para comercializarlas. Pero son cosas que hacen poso y hacen marca y a la larga los compradores están dispuestos a pagar un poco más por los productos que vendes.

¿Se entiende Auara?

Se entiende cuando conseguimos comunicarlo. Esa es la gran dificultad. Estamos en un entorno de gran consumo en el que la gente pasa por un lineal y coge lo que más le llama la atención en una decisión de compra que dura décimas de segundo. Cuando consigues llegar, la gente nos compra y paga más. La gran dificultad es llegar al público masivo con los recursos que tenemos, que son pocos.

¿Es el emprendedor social un tipo único?

No es único. Tiene que tener un perfil de emprendedor, pero creo que lo que diferencia un emprendedor social es que ha vivido alguna experiencia que le ha marcado personalmente. La mayoría han montado su proyecto a raíz de una experiencia personal.

¿Cómo ves el ecosistema de emprendimiento social en España?

Si ponemos a la empresa en un extremo y a las ONG en el otro, encuentras a mucha gente muy establecida en esos dos lados. En los puntos intermedios hay muy poca gente. O porque el emprendedor social no tiene la visión de generación de beneficios o porque el emprendedor tradicional ya tiene muchas complicaciones y sacrificios con su empresa como para renunciar también a los beneficios. Hay pocos perfiles híbridos.

Creo que falta esa visión de la empresa con esos dos ingredientes bien combinados. Además, es un concepto poco comunicado que no se conoce. En España falta una definición de empresa social y una figura jurídica que lo ampare. Estamos a años luz del mundo anglosajón e incluso de mercados como el latinoamericano.

Antonio Espinosa, durante la entrevista.

¿Cuáles son los mayores logros y también las meteduras de pata que habéis hecho en Auara?

Logros: cerrar este año con más de 23.000 personas que tienen agua potable en dos años. También el hecho de que la empresa siga existiendo, porque estabilizar una empresa social en uno de los sectores más competitivos de la industria, con grandes empresas multinacionales disputándose el mercado, es un logro.

Es curioso también ver cómo se puede agitar el mercado. Todas las grandes empresas están buscando imitar nuestra botella 100% reciclada.

Meteduras de pata:  Primero no rodearse de personas expertas en el sector desde el principio. El segundo ha sido también parte del éxito, somos muy jóvenes y algunos sin experiencia laboral previa y hemos sido muy idealistas. Para nosotros todo era posible, fácil y todo lo íbamos a conseguir. Ese idealismo nos ha permitido hacer un planteamiento muy disruptivo y llamativo, pero también es verdad que te complica mucho más la vida y las cosas salen con mucha más dificultad. Tardamos dos años y medio en vender la primera botella: 100% reciclada, ecodiseñada, con una base cuadrada para que cubicara mejor y contaminara menos.

¿Los millennials vais a cambiar el mundo?

No lo sé. Espero que sí…

¿Qué has aprendido y qué consejo les darías a las nuevas ‘Auaras’ por constituirse?

Hace falta mucha paciencia, y los millennials no la tenemos. En general, todo es inmediato en nuestra vida. Somos la generación más malcriada de la historia hasta que llegue la siguiente. Una generación en la que todo ha sido fácil; nuestros padres nos lo han dado todo y vivimos en la época de la inmediatez. Todo es instantáneo. Somos una generación muy impaciente y a la que aprender paciencia le cuesta mucho.

En el mundo del emprendimiento social son proyectos a largo plazo para cambiar cosas sistémicas. No montas una empresa social para venderla a los dos años a la multinacional del sector. Necesitas trabajar con otra mentalidad.

También hace falta mucha humildad, sobre todo cuando eres joven y emprendes, porque con nuestra edad muchas veces la gente te toma poco en serio. Hay que aprender de lo que te puedan enseñar y no frustrarte por que te miren por encima.

¿Tu mayor sueño?

Tener una paz interior brutal todos los días porque he hecho lo mejor posible con el tiempo que he tenido.

¿Tu mayor virtud?

La generosidad.

¿Tu mayor defecto?

La soberbia.

¿Qué harás cuando todo el mundo tenga acceso a agua potable?

No estaré vivo…

¿Qué huella quieres dejar en el mundo?

Una huella que tenga que ver, además de con la pobreza material, que es lo más evidente a lo que nos dedicamos a través del agua, que mi trabajo sirviera para luchar contra la pobreza espiritual que es más profunda, más importante y más difícil de solucionar. La falta de agua se solventa con recursos, la pobreza espiritual está muy arraigada, son generaciones de trabajo. Me preocupa el tema de la insatisfacción. La dimensión espiritual es algo que la sociedad moderna niega.

¿Qué mensaje les darías a los lectores CE?

El emprendimiento social no es solo montar una empresa social, se puede hacer desde una ONG o desde una corporación. Todos podemos ser un emprendedor social hagamos lo que hagamos.

Gracias, Antonio, por ser tan idealista, sincero, constante y enseñarnos el camino hacia un mundo mejor a través de la estrategia empresarial.

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