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“Queremos provocar un cambio sistémico en la moda y la forma de consumir”

'El rincón del emprendedor social' entrevista a María Almazán, fundadora de Latitude, una 'startup' que nace con el objetivo de transformar la industria textil hacia un modelo sostenible en lo social y medioambiental.
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Latitude es una empresa que busca la transformación del sector textil hacia un modelo sostenible a nivel social y medioambiental. Para ello actúa en todos los eslabones del proceso de producción textil; facilitando la creación de talleres responsables; enseñando a diseñar con materiales y procesos que cuidan el medio ambiente; asesorando a las grandes empresas del sector para que transformen su forma de producir y lo hagan con criterios de sostenibilidad social y medio ambiental, y concienciando al consumidor del impacto de sus decisiones de compra.

María Almazán, fundadora de Latitude, está totalmente convencida que el sector textil puede ser de otra manera, que la industria de la moda, la segunda más contaminante del planeta y con una muy deficiente gestión de los derechos de sus trabajadores, puede y va a transformarse a gran escala.

Entusiasta, analítica y con un gran poder de identificar dónde están los puntos clave para hacer que las cosas pasen, que las dificultades, las reticencias, las trabas y los peros se dejen de lado por un bien más grande. Empezar, hacer las cosas poco a poco, buscar el punto menos disruptivo para después apoyarse en él, es uno de sus fuertes. Fue nombrada emprendedora social de Ashoka en 2016.

¿Qué es Latitude?

Latitude ha pasado por muchas fases como todos los proyectos que empiezan con una idea que no existe. Latitude siempre tuvo la vocación de ser una herramienta que ayudara al sector de la moda y textil a cambiar sus procesos a un modelo sostenible. Sostenibilidad para nosotros significa impacto social y medio ambiental. Funciona como un acompañamiento y ayuda a empresas grandes y pequeñas para que puedan trabajar en esta dirección.

Para ello hemos ayudado a crear talleres 4.0 en España con grandes marcas, trabajando con criterios de sostenibilidad; a las pequeñas las hemos apoyado para que empiecen a producir en estos talleres y de forma sostenible; a los creadores a aprender a diseñar con este nuevo tipo de tejidos, a buscar las telas más adecuadas para este cambio, etc.

¿Por qué nace Latitude?

Nace a raíz de mi experiencia trabajando en Asia controlando producciones textiles. Allí acabamos juntándonos un grupo de personas que veíamos que la moda se iba a tener que enfrentar a esta nueva manera de entender la sostenibilidad y nos pareció que, por el conocimiento que teníamos, podíamos empezar a dar muchas soluciones que pudieran ayudar a hacer realidad estos cambios. Nació de este encuentro de necesidades.

 Habláis de think possible ¿Qué queréis hacer posible con Latitude?

Queremos posibilitar un cambio sistémico de la industria de la moda y, por añadidura, un cambio de forma de consumo y cultural. Tiene que ser un espacio para que las nuevas generaciones encuentren su sitio y tengan un empuje para que la transformación sea más rápida.

¿Qué es antes el cliente o el producto?

Tiene que haber un cambio paralelo. Los clientes tienen que demandar y pedir esta otra manera de pensar en textil y moda y las empresas tienen que enfrentar su responsabilidad en las cuestiones medioambientales y sociales. Se debería hacer un camino en paralelo; si no será más complejo.

¿Qué va a pasar con las fábricas de Bangladesh y otros países si se trae la producción a Europa?

En un periodo muy corto de tiempo la robotización va a cambiar de manera trascendental todo lo que es la industria textil en general. La primera cuestión importante es que va a haber un cambio inminente en el modelo a nivel global muy representativo.

No se trata de relocalizar las fábricas para traerlas a Europa, sino para servir a los diferentes mercados de manera conjunta. Un sistema en red en el que se van acercando producciones a los diferentes mercados en proximidad. Con un porcentaje pequeño del volumen que tratan empresas muy grandes, puedes tener un gran impacto en local sin necesidad de cambiar de 0 a 100 todo el modelo económico de la empresa.

No pasaría nada si pensamos en una estrategia con sentido. Seguirán produciendo, pero mucho mejor.

Taller de Latitude

¿De qué estáis más orgullosos?

De haber sido inspiradores de otra mucha gente que está haciendo muchas cosas. Ver los talleres cambiar y funcionar; marcas muy grandes que ves el escaparate y sabes que tú has tenido que ver con algo que parecía impensable es muy reconfortante, pero creo que lo más importante es cuando nos dicen que hemos tenido mucho que ver en cómo otros hacen las cosas.

¿Cuánto se ha avanzado en la industria de la moda en los últimos diez años?

Hemos avanzado mucho, aunque yo siento que el momento explosivo debería venir ahora. Ojalá hubiéramos ido más rápido. Pero la realidad es que hemos pasado de cero a mucho. Hace diez años no se hablaba de nada de esto. Ahora hay que empezar a hablar más y mejor, porque se dice mucho pero no se sabe muy bien qué.

¿Es el emprendedor social un tipo único?

Más que único, es una persona que antes estaba entre dos mundos y ahora está empezando a definirse y a concretarse. Creo que se está creando un espacio en el que es más fácil determinar ese tipo de perfil. En ese espacio y definición, hay unas personas que conciben que el mundo debería ir hacia una dirección y que haciendo una fusión entre las cuestiones éticas y económicas pueden encontrar un mecanismo de cambio que es un acelerador de una manera distinta de pensar en el mundo; que no se basa en un sistema económico donde solo prima lo material.

¿Emprendedor social se nace o se hace?

Creo que todos nacemos con unas peculiaridades que te pueden hacer más empático, pero creo que la educación que recibes y tu familia es lo que acaba creando esta manera de pensar. Sí que se puede influir.

Hay muchas sensibilidades que en el sistema educativo convencional quedan tapadas y relegadas a sitios muy pequeños dentro de los niños. Por eso creo que no es único. Siento que hay muchas personas que piensan de esta manera, pero el sistema educativo en general no está pensado para que tengas un campo de actuación y de expansión amplio y evidente de esa faceta de tu vida. Tienes que hacer muchos vericuetos hasta que tú entiendes que es por ahí por dónde quieres ir. Es la sensación que tengo también cuando hablo con muchos de los emprendedores sociales de Ashoka de este tema. Luego todos tenemos unas sensaciones particulares.

¿Cómo ves el ecosistema del emprendimiento social en España?

Creo que también en los últimos años ha habido un cambio muy grande. Antes estaba mucho más mezclado, estaba el tercer sector, pero el emprendimiento era complejo de entender porque tenía que ver con modelos que venían más del mundo de la empresa. Había muchos proyectos que por su propia naturaleza tenían que ser deficitarios entonces la idea de que el emprendimiento fuera escalable se daba de bruces.

Siento que ahora gracias a ordenarlo, ponerle el término, definirlo, y en esto Ashoka ha hecho mucho, ha dado pie a que haya más gente que lo entienda y coja esa línea y no se disperse. Está en crecimiento, pero comparado con otros países tenemos que ponernos un poco las pilas.

¿Mayores logros y mayores meteduras de pata?

Latitude ha funcionado como una startup de impacto social y medioambiental y por lo tanto tiene una estructura pequeña creciendo de forma orgánica; vas haciendo ensayo-error y aprendizaje del error. En la mitad de las cosas que hicimos en los primeros años acertamos y en la otra mitad erramos.

Más que grandes logros o errores concretos lo importante es destacar que en este tipo de proyectos que se enfrentan a cambios de modelo tienen que estar muy preparados para analizar el error. Y buscar nuevas alternativas con los recursos con los que se cuenta.

Siempre cuando quieres hacer estos modelos en los que coexisten iniciativas muy pequeñas con empresas muy grandes hay que hacer una adecuación de ritmos que son complicados.

¿Qué has aprendido y qué consejo les darías a los que vienen?

Es imposible listar lo que ha supuesto el aprendizaje en Latitude a todos los niveles. Lo que les diría es que es un momento apasionante, un momento que lo siento como un momento de kick off de lo que va a ser el emprendimiento social y medioambiental, de lo que va a ser el textil y la moda sostenible.

Para todos los que estamos concienciados siempre querríamos que fuera más rápido de lo que va a ir. Los últimos diez años ha sido un nacimiento, por lo tanto todo los que hemos estado en esto, hemos tenido que poner muchísima energía. Ahora es una etapa de asentamiento por lo tanto va a ir más rápido; ya hay cuestiones en las que no hay que debatir, están claras.

Hay recursos y dentro de diez años los que empiezan ahora vivirán un florecer, que también será un florecer con presión, ya que los objetivos y los retos a los que nos enfrentamos son serios e inminentes, pero siento que es de otra manera. Una época ilusionante y expansiva.

¿Cómo de rápido va a cambiar la industria de la moda?

Hablar del mundo de la moda es siempre complicado porque dentro del sector textil-moda coexisten una serie de perfiles inmenso. En términos generales, va a haber en los próximos años normativa que va a hacer que el sector tenga que enfrentarse de una manera más acelerada a los cambios necesarios que tienen que abordar con respecto a su responsabilidad con las personas y el medio ambiente.

Es un momento de velocidad porque se han establecido los cimientos y va a haber normativa, mezclado con lo que va a ser la cuarta revolución industrial y la robotización/tecnificación del sector, que nos deberíamos plantear cómo va a ser y debería ser desde una perspectiva sostenible. Va a dar un vuelco.

¿Qué huella quieres dejar en el mundo?

Que el trabajo que he venido realizando y voy a realizar sirviese para inspirar a otros a que desarrollen modelos transformadores, en este caso para la industria textil. Y si lo que yo hago puede servir para inspirar a otros y crear estas redes de cambio, eso sería estupendo.

¿Mayor virtud y mayor defecto?

Mi mayor defecto es mi capacidad para empatizar con mi entorno que, por un lado, me da una energía inmensa y, por otro, hay que establecer técnicas de canalización, para que esa energía corra por caminos estructurados y llegue a buen puerto. Sentimiento muy profundo de la justicia, mezclado con una autoexigencia fuerte.

Aunque no lo siento como un defecto; quizá no deberíamos hablar de virtudes y defectos sino de características y de cómo conseguir esta meta que todos queremos, que es cambiar hacia un mundo mejor, más justo, con una perspectiva medioambiental profunda y cómo cada una de nuestras características pueden ayudar a este fin de manera balanceada.

¿Qué harás cuando toda la moda sea sostenible?

Sentarme satisfecha debajo de la higuera de mi casa y leer tranquila. Después ya veremos.

¿Que mensaje le darías a nuestros lectores?

Creo que estamos en un momento en el que los emprendedores sociales pueden y deberían tener un papel en primera línea. Creo que las empresas, las ONG y los emprendedores sociales  deberíamos trabajar en pos de crear alianzas entre todos, localizar estos emprendedores sociales y entender cómo, desde las empresas y desde los movimientos establecidos del tercer sector, se puede trabajar con este agente renovador y fresco que es el emprendimiento social como pieza clave para caminar hacia un cambio de modelo.

Gracias María, por ser tan beligerante en el mejor sentido de la palabra, perseverante, integradora, tranquila, positiva y visionaria.
 

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