La migración de venezolanos, una oportunidad de crecimiento para la región

Los gobiernos de los países latinoamericanos han probado diferentes estrategias frente a la llegada masiva de venezolanos. Un punto clave es facilitar la integración social y económica de los migrantes.
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Euligio Báez, un líder warao de Venezuela, posa con su familia en Boa Vista, Brasil. ©ACNUR

La crisis humanitaria en Venezuela ya provocó el éxodo de más de cuatro millones de personas. La situación es un motivo de preocupación para todo el continente Latinoamericano. Los países de la región acogen a la gran mayoría de migrantes: a Colombia llegaron alrededor de 1,3 millones, seguido por Perú, con 768.000, Chile 288.000, Ecuador, 263.000, Argentina, 130.000 y Brasil, 168.000. México y los países de América Central y el Caribe también albergan un gran número de refugiados y migrantes de Venezuela.

Muchos venezolanos llegan en condiciones de pobreza extrema. Este desplazamiento es el más grande y veloz, después de la crisis de Siria, donde 5,7 millones de personas están registradas como refugiadas.

Los gobiernos de la región han ido estableciendo mecanismos para coordinar su respuesta y facilitar la inclusión legal, social y económica de los ciudadanos venezolanos. El principal de ellos es el Proceso de Quito, que ha reunido a los países latinoamericanos afectados por el flujo de refugiados y migrantes venezolanos.

Para complementar estos esfuerzos, en diciembre lanzaron un Plan de Respuesta Regional Humanitario para Refugiados y Migrantes. Esta iniciativa, que hasta ahora está financiado solo en un 21%, es un plan operacional, con una estrategia y formato de coordinación destinado a responder a las necesidades de los venezolanos que se encuentran en movimiento y que asegura su inclusión social y económica en las comunidades que los reciben.

La migración como palanca de cambio

Respecto a los esfuerzos del continente, la directora del grupo de investigación en Derechos Humanos de la Universidad del Rosario de Colombia y experta en migraciones internacionales, María Teresa Palacios Sanabria, cree que es necesario que los países de la región se den cuenta que esto es una realidad inevitable y hay que plantearlo de la manera más positiva posible.

“Esto significa ver a los movimientos migratorios como una oportunidad. Por ejemplo, una cuestión a tener en cuenta es que muchos de los venezolanos que están migrando tienen títulos de formación. Esto puede apalancar la economía y crear desarrollo. Para que esto se dé, es necesario que las empresas ayuden a agilizar los procesos vinculados a los trámites y homologación de títulos. También, hay evidencia de que la población de muchos países de la región está envejeciendo y esto tendrá un impacto negativo en el nivel de carga tributaria. La migración podría reducir esta tendencia”, explica la especialista.

“Muchos de los venezolanos que están migrando tienen títulos de formación. Esto puede apalancar la economía y crear desarrollo”. María Teresa Palacios Sanabria

Palacios Sanabria considera que Colombia ha tenido una postura “más o menos” de apertura hacia los migrantes que llegan desde Venezuela y se ha vuelto más flexible en el ingreso al país.

Resalta la práctica de Ecuador que eliminó la exigencia de pasaporte para el ingreso de niños y adolescentes venezolanos que lleguen con sus padres o tutores que sí porten el documento.

“Uno de los desafíos principales en este tema es demostrar al mundo que la migración, siendo una realidad, puede gestionarse de manera respetuosa con los derechos humanos. También debe mostrarse que se puede avanzar hacia un principio de igualdad y no discriminación”, enfatiza Palacios Sanabria.

Los efectos de la crisis migratoria

Históricamente, Colombia era un país con altos niveles de emigración, siendo Venezuela uno de los principales destinos. Sin embargo, esta tendencia se fue revirtiendo en los últimos años. La inestabilidad económica, institucional y política que atraviesa Venezuela han motivado el exilio hacia otros países de la región, siendo Colombia el país del mundo que más venezolanos alberga actualmente.

Según un estudio del Banco Mundial, el incremento en el número de migrantes venezolanos y colombianos retornados ha tenido una dimensión inesperada que, en varios aspectos, ha desbordado el aparato institucional colombiano. La migración hacia Colombia acarrea impactos negativos, pero también puede generar beneficios económicos y sociales. Para que dichos beneficios afloren, es necesario mitigar las vulnerabilidades que la migración genera en el corto plazo.

Según el Foro Económico Mundial, durante el año pasado, Colombia registró más de 4.000 nacimientos de madres venezolanas. La mayoría de estos bebés carecen de nacionalidad, ya que la legislación colombiana solo ofrece la ciudadanía a los niños que tienen al menos un progenitor colombiano. Está naciendo una “generación invisible” de venezolanos, que no existen legalmente en ninguno de los dos países.

En Ecuador se destinaron US$ 70 millones en el 2018 para promover la inserción educativa, atención de salud y programas sociales para los migrantes que llegaron al país desde Venezuela. Al mismo tiempo, Colombia destinó más de US$ 1500 millones para atender el mismo tema.

“Los países de la región mostraron una gran solidaridad con los refugiados y migrantes de Venezuela y han implementado soluciones ingeniosas para poder ayudarlos. Pero las cifras mencionadas ponen de relieve la presión que sufren las comunidades de acogida y la permanente necesidad de recibir apoyo por parte de la comunidad internacional, en un momento en el que la atención mundial está puesta sobre los acontecimientos políticos que se están dando en el interior de Venezuela”, dijo Eduardo Stein, representante especial conjunto de Acnur y la OIM para los refugiados y migrantes de Venezuela.

La solicitante de asilo venezolana Darlys y sus hijos dentro de su tienda de campaña en el recién establecido Centro de Asistencia Integral en Maicao, Colombia. ©ACNUR/Jorge Daniel Berdugo Siosi

Los países de América Latina han concedido aproximadamente 1,3 millón de permisos de residencia y otras fórmulas para regularizar el estatus a ciudadanos venezolanos. También reforzaron sus sistemas de asilo, con el fin de poder procesar un número sin precedentes de solicitudes.

Si bien Colombia, Perú y Ecuador son los principales países receptores de migrantes venezolanos, el bloque denominado Cono Sur, integrado por Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, ya han recibido cerca de 440.000 venezolanos que salieron de su país y la población proyectada para fin de este año es de 600.000. Teniendo en cuenta esta estadística, se ha elaborado un Plan para el Cono Sur, el cual requiere una financiación de US$ 35 millones para asistir a los refugiados y migrantes durante el 2019.

“Los venezolanos que conocí durante mis visitas hablaron de hambre, de la falta de acceso a cuidados médicos, de inseguridad, amenazas, temor. Son familias, mujeres solas, niños, jóvenes de ambos sexos, todos ellos en condiciones de extrema vulnerabilidad. La única opción que tuvieron fue irse del país –a veces debiendo caminar durante días– buscando una vida digna y la posibilidad de construir un futuro”, señala Stein.

Entre los desafíos más importantes, Stein menciona los relacionados con la documentación, la regularización, la capacidad de los sistemas de asilo y el acceso a servicios básicos tales como la educación, el albergue y la protección.

Desde la diáspora, ayudar a las personas que llegan a un nuevo país se ha convertido en una forma habitual y motivadora de mantenerse en contacto con el país de origen. Algunos hospedan a un amigo o un familiar durante algunas semanas o ayudan a realizar un currículum para una posible oferta de trabajo. “La diáspora venezolana es un excelente ejemplo de la filosofía de la ‘cadena de favores’, al ayudar a aquellos que han emigrado y pedirles solo que ayuden a alguien más cuando llegue el momento”, señalan desde el Foro Económico Mundial.

De acuerdo con el Banco Mundial, el costo anual de la acogida de este gran flujo de migrantes venezolanos supone a Colombia en torno al 0,4% de su producto interno bruto (PIB).

El coste de la migración

De acuerdo con el Banco Mundial, el costo anual de la acogida de este gran flujo de migrantes venezolanos supone a Colombia en torno al 0,4% de su producto interno bruto (PIB). El costo a corto plazo para Ecuador y Perú también podría ser alto. Los flujos migratorios, en particular los que evolucionan rápidamente, pueden tener algunos impactos desproporcionados en ciertas regiones y municipios de los países receptores. Sin embargo, la presencia de migrantes también tiene el potencial de convertirse en una palanca de desarrollo y de generar efectos positivos en la economía.

“Los países de nuestra región necesitan crear políticas que aseguren que los migrantes puedan diversificar y complementar con sus competencias y destrezas el mercado laboral del país receptor, así como contribuir a la recaudación de impuestos y a la seguridad social e integrarse exitosamente a la sociedad”, señala Marcelo Cabrol, gerente del sector social del BID.

Los inmigrantes tienen un impacto positivo sobre la población económicamente activa y la demanda por bienes y servicios, aumentando así el potencial de crecimiento de la economía.

Los migrantes llegan al país receptor ofreciendo todo tipo de habilidades y saberes con tal de conseguir empleo, de manera que llenan las brechas del mercado laboral y fomentan la economía del país.

Además, la experiencia internacional muestra que, por lo general, los inmigrantes tienen un espíritu emprendedor más acentuado que los nacionales, por su necesidad de hacer una nueva vida en una tierra extraña. Además de fomentar el comercio y la inversión, los migrantes contribuyen con innovación, habilidades y nuevos conocimientos, haciendo mucho más competitivos los gremios profesionales.

Para contribuir a la gestión de la migración, a nivel institucional, el Banco Mundial resalta la importancia de fortalecer los mecanismos de coordinación y generar información que permita una respuesta efectiva. Otro punto clave es facilitar la integración social y económica de los migrantes, así como mitigar las vulnerabilidades específicas de los migrantes y los retornados, brindando atención diferenciada a grupos vulnerables, como la población indígena.

También, se recomienda fortalecer los sistemas de resiliencia en las áreas receptoras y mitigar los impactos en la población local, fortaleciendo las capacidades de los municipios para responder a la creciente demanda de servicios, incrementando la oferta de servicios relevantes y movilizando recursos para ayudar a gestionar la situación en el corto plazo. Por último, resulta fundamental propiciar un diálogo de política local, nacional y regional.

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