La 'desaceleración' del emprendedor para potenciar su actividad

Recientemente el programa Delecera cerraba su quinta edición en la isla de Menorca. Se trata de una metodología de aceleración de empresas (mejor dicho, de desaceleración) que se lleva a cabo junto al mar, lejos del mundanal ruido, en la que ‘startups’, inversores y mentores comparten experiencias, y siempre con un marcado compromiso con los ODS.
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El sol bajo una sombrilla, los paseos por la playa, las olas del mar, unas cañas en el chiringuito… Cualquiera de estas opciones podría ser el escenario perfecto de unas buenas vacaciones. Pero también de un buen negocio. Así lo ven los creadores de Decelera, una metodología de ‘desaceleración’ de empresas que este año ha celebrado su quinta edición en Menorca, junto a la playa de Arenal de Son Saura, al norte de la isla.

Este encuentro anual le da la vuelta al concepto ‘aceleración de empresas’: eventos de pocas horas en los que las startups más innovadoras, arropadas por mentores, preparan discursos rápidos, impactantes, para presentar su proyecto ante posibles inversores sin perder un minuto. Lugares donde reinan las prisas, las reuniones con traje y, en bastantes ocasiones, las conversaciones forzadas.

Marcos Martín Larrañaga, CEO de Decelera, ha demostrado que esto puede cambiar con un programa de 10 días, divididos en 3 fases: Breath, Focus y Grow. Estas consisten en: desacelerar el ritmo de trabajo para potenciar la creatividad; crear un círculo de confianza para las interacciones sean más fluidas; identificar retos y proponer soluciones junto con un experto que les oriente, y, finalmente, organizar encuentros con los inversores.

“Uno de los motivos que me llevó a poner en marcha este proyecto fue el hecho de que, al aterrizar en la isla, mi creatividad se multiplicaba por mil. Muchas cuestiones de negocio que la rutina del día a día no me dejaba resolver aquí se solventaban más rápido”, asegura Martín Larrañaga.

Y añade: “Además, me di cuenta de que en Menorca residen personas del mundo de los negocios muy interesantes con los que terminaba coincidiendo en el supermercado, tomando un café… La mejor manera de hacer networking viendo su lado más humano y mostrando el mío. Si hubiera tenido que seducirles para realizar un proyecto llamando a las puertas de sus oficinas habría tardado años en convencerles”, reconoce.

Ese fue el germen de un programa que, según su creador, ofrece mayor posibilidad de éxito a las empresas que pasan por él y reduce el riesgo de la inversión en fases tempranas. “Las compañías que han pasado por aquí han levantado más de 84 millones de euros, y una de cada dos sigue viva”, afirma el CEO de Decelera.

Foto: Paula Jaume.

Diez días para reiniciar el cerebro

A lo largo de sus casi dos semanas de duración, sus participantes han compartido espacios de trabajo improvisados en chanclas y han acudido a conferencias sin ellas (en la zona acotada para las charlas no se puede ir calzado). Han mantenido reuniones en una zona chill out frente al mar, y en desayunos, comidas, cenas, cafés y refrescos en un ambiente distendido y relajado.

Han conocido a posibles socios e inversores en sesiones de yoga vespertino y de mindfulness matutino, haciendo deporte a primerísima hora de la mañana y recogiendo basura por la playa. Han mejorado sus técnicas de trabajo en equipo y de negociación aprendiendo a hacer una paella, remando y montando en bicicleta por el monte. No había sitio para el traje en cada una de las maletas de los que allí se reunieron.

Cada año, una veintena de startups de todo el mundo accede al programa Decelera, cada vez con más dificultad. “Este año hemos recibido 500 solicitudes de 77 países distintos de todos los continentes”, calcula el CEO de Decelera, que también explica que la criba es extremadamente rigurosa con el fin de seleccionar los modelos de negocio más innovadores y con mayores posibilidades de éxito. De esta manera se suscita el interés no solo de las jóvenes empresas sino de inversores potentes a la caza y captura de un ‘unicornio’.

Todo ello ha servido para llevar a cabo una segunda edición anual en Latinoamérica. Más concretamente en Mayakoba, en la Riviera Maya mexicana, que tendrá lugar entre el 18 y el 28 de octubre con el objetivo de conectar el ecosistema de emprendedores de Latinoamérica con inversores y mentores de toda esta región y de Estados Unidos. Allí podrán viajar 15 jóvenes empresas seleccionadas de entre todas aquellas que presenten su solicitud antes del 18 de julio.

Foto: Paula Jaume.

Respeto para el planeta

En la filosofía de Decelera hay un aspecto claro que no se puede obviar: el respeto por el planeta. Algo que va más allá de su puesta en escena, repleta de puntos de reciclaje, espacios de descanso en los que primaban la fruta y el agua. Además, para evitar residuos plásticos, en el ‘kit de supervivencia’ inicial de cada uno de los participantes se incluía una botella de acero inoxidable reutilizable dentro de una bolsa de tela.

“Lo primero que le preguntamos a una startup aspirante es cómo puede su proyecto ayudar a cambiar el mundo y qué Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) abarca su propuesta. Solo empezamos a valorar una candidatura cuando las respuestas son positivas”, explica Martín Larrañaga.

Este explica que no se busca la caridad ni la filantropía, sino que las empresas lleven de serie la necesidad de querer impactar en el mundo que los rodea de forma positiva. “Es decir, que sean conscientes de que tenemos muchos problemas que solucionar y que está en su mano el conseguirlo. Aquí les adoctrinamos muchísimo, porque creemos que son estas startups de base tecnológica las que pueden dar una vuelta de tuerca importante en este sentido”.

En esta última edición, un buen número de las actividades que se han organizado han estado muy enfocadas a dar respuesta a los ODS. Por ejemplo, la charla de mujeres de la tecnología para poner en valor la figura femenina en este sector, aún minoritaria. También se celebró una jornada de plogging con Erik Ahlström. O lo que es lo mismo, hacer deporte recogiendo basura junto con el creador de este movimiento, que está sentando cátedra a nivel mundial.

Pero también se ha contado con la colaboración de inversores con conciencia medioambiental como George Anson, principal responsable en Europa de HarbourVest Partners, uno de los fondos de carácter multinacional más importantes del mundo. Este actualmente compagina su actividad profesional con la gerencia de la Fundación por la Preservación de Menorca (MEPF), enfocada a mantener la belleza natural de la isla de una forma sostenible y positiva para el sector turismo.

Foto: Paula Jaume.

Las jóvenes aspirantes

Este escenario ha servido para que la mayoría de empresas asistentes, casi todas en fases tempranas, se marquen nuevos retos y cierren acuerdos que les permitan pasar a un nivel de desarrollo superior. “A lo largo de mi vida profesional he pasado por un montón de ciudades del mundo, he visto de todo y creo que una de las principales diferencias de este programa es que está orientado a tecnologías disruptivas, con activos inteligentes”, apunta Carlos Marquerie, presidente de Moonshot Innovation, una de las startups participantes.

Esta empresa se dedica a crear ecosistemas de innovación para otras compañías, gobiernos y entidades diversas. “Creamos redes neuronales capaces de conectarles y trabajar con startups de cualquier parte del mundo”, explica Marquerie. Este asegura que la experiencia en Decelera ha sido muy enriquecedora. “Te vas con multitud de puntos de vista muy útiles sobre tu proyecto, tu modelo de negocio y tus estrategias que vienen de inversores y emprendedores”.

Una opinión que comparte con Fernando García-Toledano, CEO de B!Play, una plataforma que permite a las marcas poder utilizar contenido digital como incentivo para captar clientes. “Una alternativa al merchandising físico que está más adaptado a la realidad del usuario digital y que evita tanto residuos como emisiones derivadas del traslado de mercancía”.

Para él, la estancia en Decelera también ha sido provechosa. “Me he encontrado con mucha gente como yo, emprendedores que toman decisiones en entornos a los que no están acostumbrados, y me he sentido muy arropado por el resto de startups y por los experience makers, gente que lleva un mayor recorrido, que ha tropezado con muchas piedras y que te aconsejan para prevenirte de esos obstáculos”, comenta.

“Resulta muy beneficioso el hecho de que tanto los experience makers como los inversores te den su punto de vista sobre el proyecto. Además es una forma de ampliar tu red de contactos”, afirma Daniel Sánchez, cofundador y CEO de Influencity. Su empresa se dedica a recolectar información pública de las redes sociales para ofrecer a sus clientes información transparente sobre influencers. “Detectamos seguidores falsos, likes automatizados y podemos saber de forma automática y masiva la sociodemografía de los followers, entre otras características”, resume.

“Puedes crear una relación más humana, más estrecha, con un inversor. El entorno te permite conocerle como persona, de la misma forma que ese inversor puede conocerte a ti y no dejarse guiar solo por las métricas cuando tenga que tomar una decisión”, asegura Alejandro Turell, CEO de LastBasic. La suya es una plataforma colaborativa para crear prototipos tecnológicos en su primera versión a precios más reducidos sin hacer menguar su calidad.

“Nosotros nos decantamos por este programa porque compartíamos muchos de sus objetivos de responsabilidad y sostenibilidad y, en consecuencia, sabíamos que íbamos a poder vernos con inversores con puntos de vista muy similares a los nuestros”, reconoce Jorge Marín-Camba, CEO y cofundador de RobinDataHood. Una app que digitaliza los tickets de compra físicos y, a través de ellos, da acceso al consumidor a la información completa de lo que ha comprado: ingredientes, trazabilidad, kilómetros que ha recorrido, el impacto que tiene sobre el medio ambiente, etc.

La visión de los inversores no es muy diferente. “Puedo conocer en profundidad la tecnología y las tendencias que se están dando en el mercado en conversaciones más informales, en un ambiente en el que todos vamos en chanclas y bañador”, asegura Xavi Fuyà, asociado de Nauta Capital, un fondo de capital riesgo enfocado hacia inversiones tecnológicas en fases tempranas. Un punto de vista que comparte George Anson, con el que muchos pudieron charlar en una travesía en bicicleta por el campo y para el que es tremendamente importante ese respeto por el medio ambiente que se transmite desde Decelera.

Son los suyos testimonios de los grandes beneficios de la desaceleración y de las relaciones de cercanía en el mundo de los negocios, en un ambiente sosegado, sostenible y respetuoso. Un caso aislado que bien podría convertirse en tendencia. Y no solo en verano.

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