Abordando el envejecimiento: políticas públicas y oportunidades de negocio

La Organización Mundial de la Salud en su ‘Informe Mundial sobre Envejecimiento y Salud’ amplió el concepto de envejecimiento saludable al proceso de fomentar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez. Con esta nueva acepción, envejecer de manera saludable no significa llegar a mayor sin enfermedades, sino siendo capaz de hacer durante el máximo tiempo posible cosas que aportan valor.
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En el año 2060 la población en la Unión Europea (UE) por encima de los 65 años rondará el 40% del total. Solo en términos presupuestarios, el gasto en asistencia sanitaria en la UE pasará del 6,9% al 8,3% del PIB, y en muchos países el pago de las pensiones superará el 50% del total del gasto público.

La importancia económica es tal que incluso la Comisión Europea ha incluido el desarrollo de la silver economy como una de sus prioridades. En su análisis realiza una diferenciación importante entre la población mayor. Así, divide a este colectivo en tres grupos: activos, dependientes y frágiles.

Y es que el envejecimiento de la población viene acompañado de una clara mejora de la calidad de vida. Esta se traduce en un enfoque muy distinto de muchos de los productos y servicios actuales.

¿Cómo está América Latina y Caribe al respecto?

Lo que a Europa le ha llevado 65 años y a América del Norte 75, a la región latinoamericana y del Caribe le va a llevar apenas 35 años. El número de personas de 60 años o más que requieren atención a largo plazo se triplicará en las Américas en las próximas tres décadas; de alrededor de 8 millones se pasará a entre 27 millones y 30 millones para 2050.

En el Día Internacional de las Personas Mayores, que se celebró el pasado día 1 de octubre, expertos en envejecimiento de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) instaron a los países a fortalecer sus sistemas de salud para poder responder a este cambio.

“Los servicios deben adaptarse a las necesidades de las personas mayores, quienes requieren un manejo mucho más eficaz, que no solo mejore su supervivencia, sino que maximice su capacidad funcional y reduzca los años de dependencia de otros”, explicaban.

La tendencia es el resultado de que las personas en toda la región viven más tiempo. “El aumento en la expectativa de vida es una de las grandes ganancias de las últimas décadas”, afirmó la directora de la OPS, Carissa F. Etienne. Sin embargo, agregó, “para muchos esto viene acompañado por enfermedades crónicas y discapacidad que, en muchos casos, afectan la capacidad de las personas de ser autosuficientes”.

Los datos hablan por sí mismos y están recogidos en el informe Panorama de Envejecimiento y Dependencia en América Latina y El Caribe, publicado por el BID a principios de 2018. El porcentaje mundial de personas por encima de 60 años era del 12% en 2018, aunque las diferencias por región son evidentes: La región latinoamericana y del Caribe tiene un 11%, Oceanía un 16%, el este asiático un 17%, América del Norte un 21% y Europa un 24%.

Con el fin de fomentar este envejecimiento saludable, la Organización Mundial de la Salud liderará la Década del Envejecimiento Saludable 2020-2030, en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Con el fin de fomentar este envejecimiento saludable, la Organización Mundial de la Salud liderará la Década del Envejecimiento Saludable 2020-2030, en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La década será un esfuerzo mundial por conseguir vidas más largas, pero también saludables, añadiendo vida a los años.

Para ello se necesitan ciudades y comunidades amigables con las personas mayores para mejorar la relación entre los entornos y los ciudadanos que viven ahí, independientemente de su edad. El reto social y económico es enorme.

Transformación de sectores

Uno de los sectores que más se transformará es el del ocio. Los más mayores ya son un grupo que consume servicios relacionados con el turismo, pero lo harán bastante más. Se pasará de una oferta sencilla, basada en termalismo o turismo de playa, a otra más enfocada al turismo activo y cultural.

El mayor tiempo libre también transformará actividades relacionadas con el cuidado y el bienestar, desde gimnasios a terapias, spas o catas de productos. El bienestar de los mayores es un nicho cada día más rentable y muchas empresas ya están con esta mirada haciendo cambios en sus productos y servicios.

En vivienda la tecnología será una gran aliada. Las construcciones serán más eficientes y cómodas con el objetivo de dotar de más autonomía a los mayores. El desarrollo de casas domóticas y otras mejoras en accesibilidad y seguridad encontrarán entre los seniors uno de los grupos de población más interesados.

Los patrones de consumo cambian con la silver economy y si el mercado sabe adaptarse supondrá una de las mayores oportunidades de negocio.

Las universidades también tendrán que promover más el acceso a la educación técnica y profesional de las personas mayores de 40 años e implementar programas de educación financiera y de preparación económica para la vejez.

El papel del Estado

Los estados deben proveer incentivos regulados al sector privado para que diseñe estrategias de cuidado comunitario y familiar que incluyan, por ejemplo, servicios de ‘respiro’ o de apoyo al cuidador, de atención en el domicilio, de redes de ayuda a los cuidadores en la familia y de servicios psicológicos para los responsables de los enfermos, entre otras.

Además deben preocuparse del envejecimiento activo de las personas mayores en situación de vulnerabilidad social, proporcionando conocimientos y oportunidades para el desarrollo personal, cognitivo, biológico, físico y de participación social, fomentando y equilibrando la responsabilidad personal, el encuentro y solidaridad intergeneracional y la creación de entornos favorables, que aporten calidad de vida y retrasen los niveles de dependencia.

Cada vez más se crean organizaciones sociales y empresas B que impulsan este movimiento para visibilizar el aporte de los mayores de 60 años e inspirar a muchos a reinventarse, creando nuevos espacios, nuevas profesiones y aportando a las políticas públicas.

El emprendimiento es una de las acciones que con mayor frecuencia se asocia a edades tempranas o medias de la vida dejando para la etapa adulta y la vejez vivir de lo que la persona logró producir en sus anteriores etapas. Pero esto está cambiando y cada vez más se crean organizaciones sociales y empresas B que impulsan este movimiento para visibilizar el aporte de los mayores de 60 años e inspirar a muchos a reinventarse, creando nuevos espacios, nuevas profesiones y aportando a las políticas públicas.

Importante mencionar que la mayoría de los estudios disponibles muestran que las imágenes que construyen los jóvenes sobre la vejez, en general, se asocian a una valoración negativa de esta etapa de la vida. Las investigaciones coinciden en mencionar que los estereotipos se concentran en la pérdida de capacidades de las personas mayores, por ello es vital que la sociedad aprenda a convivir con los adultos mayores.

Se deben evitar los guetos de ancianos e incentivar el contacto intergeneracional. Cuando se acercan las distintas generaciones no solo ganan los mayores; los más jóvenes descubren un modelo positivo de vejez, lo que permite ir derribando estereotipos y, a la vez, ir viendo su propio proceso de envejecer de forma positiva.

En este sentido, ya se construyen condominios donde adultos mayores conviven con familias con niños para fomentar colaboraciones en las labores cotidianas o el cuidado de todos los miembros de la comunidad. Lo mismo ocurre con residencias donde cohabitan adultos mayores y universitarios que les ayudan con ciertas tareas y realizan actividades en conjunto.

Diferencias de género, también en la vejez

¿Qué pasa con el género y la vejez? Varios expertos lo han resumido en una sencilla frase: el fenómeno de la feminización de la vejez. Si bien es cierto que las mujeres viven más, lo hacen en peores condiciones económicas y de salud.

En América Latina y Caribe la posición que las mujeres mayores ocupan en sus hogares las hace doblemente vulnerables. La distribución de la carga de cuidados en el hogar es muy inequitativa ya que muchas de estas mujeres, además de proveer cuidados a otros mayores dependientes, continúan ejerciendo otros roles y, en muchos casos, presentando ellas mismas condiciones que ameritan algún cuidado.

Por todas estas cuestiones anteriormente abordadas, la sociedad actual necesita desarrollar un modelo donde los mayores tengan un rol mucho más activo y participativo, creando políticas y programas que contemplen su integración en el ámbito económico y de la cultura, en el urbanismo, la arquitectura y la educación, entre otros.
 

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