“Queremos cambiar la forma de hacer la compra, por ingredientes, y reducir el desperdicio alimentario”

Emilio Viguera ha creado, junto a sus otros dos socios, la empresa social foodStories, basada en ‘meal kits’, es decir, en packs de ingredientes de proximidad para hacer recetas nutritivas para el cliente y sostenibles con el planeta.
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<p>Emilio Viguera, cofundador de foodStories.</p>

Emilio Viguera, cofundador de foodStories.

Emilio Viguera es un convencido nato de la sostenibilidad y que se pueden hacer las cosas de otra forma.

Tras vivir años en diversos países trabajando para una multinacional, volvió a España para dejar su huella en el mundo combatiendo el despilfarro alimentario a la vez que proporciona alimentos saludables. Lo hace creando foodStories. La foodtech pionera en España en el modelo de ‘meal kits’ sostenibles ofrece un nuevo concepto de alimentación saludable de elaboración casera, adaptada a la sociedad actual, con recetas basadas en productos frescos de temporada.

Su sueño: cambiar el sistema de consumo actual e impactar en la lucha contra el cambio climático. Algo que, con su tesón, convencimiento y una idea novedosa está ya empezando a lograr.

¿Qué es foodStories?

foodStories es un ecommerce de alimentación saludable que también cuida del medio ambiente.

Queremos cambiar la forma de hacer la compra; que el consumidor deje de pensar en comprar por ingredientes y lo haga por recetas.

Se trata de un sitio web donde el cliente elige entre un amplio catálogo de recetas con filtros como “gluten, lactosa, rapidez, complejidad” y nosotros le enviamos a casa los ingredientes exactos para preparar los platos.

Todo ello con un sistema de packaging recirculable. Podemos presumir de ser la primera empresa del mundo que sirve comida a domicilio en un sistema así, recuperando los valores de antes, como cuando pasaba el lechero por casa, recogía las botellas de vidrio, las rellenaba y las volvía a poner en la puerta.

Nos hemos basado en el sistema de fianza alemán y lo hemos querido llevar al ecommerce. En cada compra se cobra una fianza por los envases que vamos a servir. El cliente lo paga, cocina, guarda los botes y la siguiente vez que recibe su pedido y devuelve los recipientes, se le descuenta el importe asociado. Así conseguimos una economía circular; le damos una vida infinita los envases.

¿Por qué nace?

Nace de la preocupación de tres amigos, los socios fundadores, por la alimentación saludable. Yo estaba en una fase de hacer muchísimo deporte y leer sobre nutrición y mis dos socios, Laurine y Juan, son padres con niños que les preocupa mucho el tipo y la calidad de los alimentos que le dan, los pesticidas que se utilizan, los ultraprocesados, los azúcares añadidos… Lo difícil que es, a día de hoy, conseguir comer bien, además de todos los defectos que tiene el sistema de consumo actual.

Hoy vas al súper y acabas comprando cuatro veces más de lo que necesitas, porque para hacer una receta tienes que llevarte el kilo de arroz, la bandeja de cebollas, la fuente de champiñones… cuando a lo mejor no necesitas todo eso. A esto hay que añadir la montaña gigante de plástico que llevas a casa.

Decidimos montar foodStories para luchar contra estos problemas que estamos identificando en el sector de la alimentación. Vendemos las cantidades exactas para que prepares las recetas y que no te sobre nada que termine dando vueltas por la nevera hasta que se ponga malo.

Más de un tercio de la comida que se produce en el mundo acaba en la basura. Nos sentimos muy identificados con la parte de consumo responsable de los ODS y queremos luchar contra ese desperdicio de alimentos y contra esa ingente cantidad de plástico que consumimos a día de hoy. Por ejemplo, te encuentras un solo plátano envuelto en un film en una bandeja; esos son los sinsentidos absolutos en esta industria que queremos cambiar.

<p>Juan, Laurine y Emilio, cofundadores de foodStories.</p>

Juan, Laurine y Emilio, cofundadores de foodStories.

Solo servimos ingredientes de máxima calidad, todos productos locales y de temporada y lo más cercano posible a Madrid. Consideramos una aberración que un aguacate tenga que hacerse 13.000 km en avión, con la consiguiente huella de carbono, para llegar a tu plato, más cuando te lo puedes comer de España si esperas a su temporada. Intentamos estar lo más cerca posible del agricultor, no solamente por un tema de ética, sino también por precio. Cuanto más cerca estés menor es el coste y más atractivo puede ser nuestro precio para el cliente. Intentamos seguir esta filosofía a la hora de seleccionar proveedores.

Y la calidad es el elemento clave para nosotros. Queremos que nuestros clientes perciban que la calidad de los ingredientes que les llega a casa es algo que ellos no van a poder encontrar en un supermercado; que foodStories está seleccionando minuciosamente esos ingredientes por y para ellos.

Todos los procesados que tenemos son saludables y sin azúcares añadidos. Aunque la mayoría de nuestros productos son frescos y secos. La directora de nutrición de foodStories, también socia de la empresa, válida todas las recetas y los ingredientes que tenemos en producción.

¿Cuándo se creó foodStories?

En agosto 2019 se constituyó la empresa y empezamos a trabajar en el proyecto, en el desarrollo web, y la confección del primer recetario, que terminamos en febrero 2020. Cuando nos dispusimos a iniciar la fase de pruebas empezó la covid-19 y el confinamiento, lo que supuso un varapalo increíble. Luego nos dimos cuenta que era una oportunidad muy buena para nosotros porque la gente volvió a las cocinas. Estamos aportando algo de mucho valor, les estamos haciendo la compra, llevando a casa ingredientes frescos, de calidad y alimentación saludable. Por eso funciona muy bien.

Pero teníamos muchísima demanda y no teníamos capacidad para servirla, porque nuestro partner logístico no estuvo a la altura y cada problema que encontramos en la parte de operaciones se convertía en una auténtica odisea. No estaba el tejido industrial ni empresarial preparado, por lo que hubo que buscar soluciones superingeniosas para cada mínimo problema. Tuvimos que parar tres semanas para cambiar todo el sistema productivo e incorporarlo a nuestra empresa porque no podíamos depender de terceras personas para poder servir a nuestros clientes. Decidimos hacer una alta inversión en ese sentido. La fase de pruebas fue muy bien y duró hasta junio donde conseguimos poner a punto todo el producto y la operativa. El proyecto está teniendo muy buena acogida y está funcionando muy bien.

¿Cuáles pensáis que son vuestros principales retos en este momento?

En este momento nuestro principal reto es crecer de manera significativa en Madrid. Con el producto validado, lo que nos está costando más es la captación de nuevos clientes. Los que están probando foodStories les gusta mucho y repiten, pero es complicado captar nuevos clientes porque hay que convencer al consumidor de cambiar hábitos. Hay que pedirles un mínimo de organización en las comidas de la semana, ver que días van a cocinar en casa y pedir las recetas. En vez de comprar por ingredientes se hace por recetas y además con un poco de antelación para que se haga de manera organizada sin que se tengan que despilfarra los recursos.

Ese es el verdadero reto: convencer a los no clientes que lo prueben y hagan una primera compra.

Sabemos que el modelo de meal kits va a funcionar porque lo hace en Estados Unidos y Europa, lo único que nosotros le hemos querido dar este giro de salud y sostenibilidad que nos parece muy importante.

¿A qué grupo de población os dirigís?

foodStories iba dirigido principalmente a gente entre 25 y 40 años, deportistas que cuidan mucho la alimentación, parejas jóvenes, ejecutivos sin mucho tiempo para ir a la compra pero que se quieran cuidar… Pero hemos detectado perfiles nuevos, como pueden ser jubilados y prejubilados.

¿Cuál es vuestro sueño con foodStories?

Nuestro sueño es cambiar el modelo de consumo actual. No es que foodStories gane mucho dinero o que sea una gran empresa; queremos sentir que hemos hecho algo útil con nuestro tiempo y nuestra energía para que el sistema vaya mejor. Si además conseguimos demostrar que se puede sacar un beneficio económico de ello y que sea compatible con el sistema de capitalismo actual ya sería la pera. Lo mejor de todo es que está funcionado. Se están validando hipótesis que teníamos en el modelo financiero.

Nuestro sueño es cambiar las reglas del juego, cambiar el modelo de consumo y que foodStories sea visto dentro de unos años como un ejemplo de empresa del cuarto sector.

¿Previsión de Break even?

Primer semestre 2021. Está funcionando muy bien.

<p>foodStories cuenta con un sistema de 'packaging recirculable'.</p>

foodStories cuenta con un sistema de 'packaging recirculable'.

¿Cuál es vuestra mayor metedura de pata y de lo que más orgullosos os sentís?

Yo creo que el mayor error que hemos cometido fue externalizar toda la logística. Vimos la oportunidad de asociarnos con un partner en enero que nos prometía hacer toda la parte de preparación de pedidos y repartos, pero no funcionó y tuvimos que hacer un cambio de rumbo importante. Ahora estamos muy tranquilos con la capacidad productiva que hemos asumido.

Nuestro mayor acierto yo creo que ha sido ser fieles a nuestros valores y misión. Ha pasado mucha gente por el proyecto intentando convencernos de cambios y nunca hemos sucumbido, siempre hemos tenido superclaras nuestras prioridades, nuestros valores, nuestra misión y hemos querido ir a por ello. Que los socios fundadores estuviésemos tan alineados con estos valores ha marcado la estrategia.

¿Os consideráis una empresa social?

Sí, buscamos un impacto social muy importante: mejorar la salud de las personas a través de la alimentación. Queremos democratizar el asesoramiento nutricional. Hoy en día parece que solamente la gente con dinero puede ir al nutricionista, y nosotros queremos que todo el mundo sea capaz de entender por qué los azúcares añadidos son malos o qué tipo de grasas hay que consumir. Educamos a nuestros seguidores a través de las redes sociales y de nuestros canales de comunicación; les regalamos la guía nutricional, y encima les servimos todos los ingredientes validados por una nutricionista. Cuidamos la salud de las personas, que son lo primero.

También nos gustaría que una parte de las operaciones de la empresa lo llevarán a cabo personas con discapacidad y estamos empezando a explorar esa vía poco a poco.

El impacto social y el medioambiental está dentro de nuestro ADN. Somos una empresa distinta.

¿Qué es para ti un emprendedor social?

Yo creo que es gente que tiene una cosa en común: querer hacer algo útil con su tiempo y con su energía para los demás. Todos los emprendedores sociales tienen muy claro cuál es la misión de la empresa. Hay un discurso de uno los fundadores de Triodos Bank que dice que el cambio en el mundo tiene que ser liderado por las empresas. El mundo no se cambia en una manifestación, en una protesta, ni con una ley o política; son los empresarios los que tienen que llevarlo al mundo real.

Él animaba a todos los jóvenes empresarios a que mirasen el gran desafío del cambio climático y la necesidad de modificar la manera de hacer las cosas, de consumir los recursos e intentar hacerlo dentro de las reglas del juego, con una misión muy diferente a la del resto de las empresas, la de maximizar el beneficio.

Habla mucho de lo equivocados que estamos al medir siempre el progreso en crecimiento económico.

Es un discurso que a mí me llenó muchísimo porque lo escuché en un momento en el que yo estaba realizando este cambio importante en mi vida. Esa es la mentalidad del emprendedor social.

¿Un emprendedor social se hace o se nace?

Yo creo que se hace. Las decisiones que vas tomando a lo largo de tu vida, cómo te vas inspirando, en quién te apoyas… es lo que te va calando poco a poco y haciéndote.

Hay mensajes de gente que te llegan, te abren los ojos, te hacen ver una realidad que genera cambios en ti. Por eso creo que se hace y no se nace. Es fruto de experiencias en la vida. Yo creo y quiero pensar que me he hecho así, que mis vivencias han tenido un impacto en lo que estoy haciendo ahora.

<p>Emilio Viguera, cofundador de foodStories.</p>

Emilio Viguera, cofundador de foodStories.

¿Cuál es tu mayor virtud y tu mayor efecto?

Mi mayor defecto es el ego, y mi mayor virtud: mi capacidad analítica.

¿Qué huella queréis dejar en el mundo?

Me gustaría ser un ejemplo para los que vienen detrás. Que otros viesen en esta manera de crear foodStories, de liderar este proyecto, un ejemplo a seguir. Y que haya más emprendedores sociales.

¿Qué tiene que pasar para que haya más foodStories?

Tienen que pasar muchas cosas: que tengamos mejores líderes para que sean capaces de transmitirnos a toda la sociedad la magnitud del problema que estamos enfrentando, no solo a los estratos más educados. Hay una falta de liderazgo en el sistema de gobierno actual brutal, ese es el principal problema. Tiene que cambiar la educación, la concienciación…

También tiene que haber más casos de éxito de empresas que emprenden con una misión clara y que funcionan. Si preguntas a un chaval si le gustaría trabajar en Google o Facebook te va a decir que sí porque eso es el éxito. ¿Qué empresas del cuarto sector hay así? Si hubiese alguna los niños querrían trabajar en ella.

Otro problema muy importante en nuestra generación es que no somos capaces de imaginarnos un mundo mejor. Siempre que pensamos en el futuro, pensamos un mundo peor.

¿Cuántas series de ciencia ficción hay en las que se acaba el mundo, la tecnología nos invade, los robots dominan el planeta y tienen un montón de audiencia? Lo que falta es que haya gente que se imagine un mundo mejor. Tenemos que ser positivos.

¿Qué consejo les darías a los emprendedores que vienen?

Que se olviden de maximizar los beneficios y se vean el vídeo de Joan Antoni Mellé: La dignidad humana. Fundamento de una nueva economía, del que hablé anteriormente. A mi me cambió la vida.

¿Qué haréis cuando todo el mundo coma por recetas?

Acabar con el desperdicio alimentario es muy complicado, pero cuando terminemos este proyecto y funcione habrá que pensar en otras ideas que sirvan para ayudar. Nos gustaría seguir en esta línea, foodStories es un inicio, pero no se sabe qué puede ir saliendo de este proyecto.

Por ejemplo, estamos innovando mucho en envases. El otro día me llamó una empresa de helados de Miami que les había encantado el sistema de envases circulares y que querían saber más para implementarlo. Solo que haya una empresa al otro lado del océano que esté mirándonos y que seamos un ejemplo para ellos y quieran empezar a trabajar con este sistema es todo un orgullo. Si eso nos lo empiezan a copiar y se lleva a un montón de ámbitos de la distribución y se van eliminando plásticos de manera masiva sería una aportación enorme de foodStories.

La innovación es algo muy curioso, pensamos que es hacer cosas nuevas, pero muchas veces es otra manera de hacer las que ya existen.

¿Qué mensaje les darías a nuestros lectores?

Que apoyen este tipo de iniciativas y de movimientos; pequeños gestos pueden ser superimportantes. Si de verdad ven un valor en un proyecto que cumple una determinada misión con la que estén alineados que lo apoyen, hablando de ellos, recomendando, comprando, probando, dándoles una oportunidad y que sirvan de altavoz para los que tenemos menos llegada a comunidades más grandes.

Nos encantaría que un director de sostenibilidad de una empresa grande nos dijera que foodStories está superalineado con los valores de su empresa y lo ofreciera a sus empleados. Estaríamos uniendo los valores de las dos empresas. Eso es lo que creo que falta hoy en día: unidad y mirar a una misión común y global.

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