“La inteligencia artificial es extremadamente poderosa para revolucionar la medicina”

Judit Giró Benet tiene un sueño: cambiar la forma de detectar el cáncer de mama y hacerlo de manera precoz para aumentar la tasa de supervivencia. Un sueño en el que está trabajando desde que estudiara ingeniería Biomédica y comenzara a crear su proyecto The Blue Box, basado en la inteligencia artificial.
<p>Judit Giró Benet, creadora de The Blue Box. Foto: Dyson.</p>

Judit Giró Benet, creadora de The Blue Box. Foto: Dyson.

Judit Giró Benet tiene un sueño: cambiar la forma de detectar el cáncer de mama y hacerlo de manera precoz para aumentar la tasa de supervivencia. Un sueño en el que está trabajando desde que estudiara ingeniería Biomédica y comenzara a crear su proyecto The Blue Box.

Según datos de la Asociación Española contra el Cáncer, las posibilidades de curación de los cánceres de mama que se detectan en su estadio inicial son prácticamente del 100%.

Con estas cifras en la cabeza, Judit Giró Benet está creando una máquina que con una simple muestra de orina podría detectar este tipo de cáncer de prevalencia mayoritariamente femenina en su etapa más incipiente.

Giró es de Tarragona y con solo 24 años es la ganadora del premio internacional The James Dyson Award 2020 por la creación de The Blue Box, este aparato casero basado en la inteligencia artificial que está entrenado para reconocer el mínimo cambio en los biomarcadores tumorales del cáncer de mama de una persona.

¿Qué es The Blue Box?

Es un aparato biomédico para la detección precoz del cáncer de mama a partir de una muestra de orina. Una paciente con una Blue Box en casa, así como todos los miembros de la familia, podrían usarla. Para ello tendrían que introducir un recipiente con orina dentro de la Blue Box y esperar unos minutos al análisis, los datos se envían por bluetooth al teléfono móvil, que a su vez los manda a la nube, a nuestro servidor. Ahí tenemos un algoritmo de inteligencia artificial que procesa los datos y realiza un diagnóstico, que se recibe, de nuevo, en el teléfono.

Blue Box está más basado en electrónica que en la parte química. Es más lo que tú no ves que lo que ves. La gracia está en la conjunción con la inteligencia artificial que tenemos en la nube.

¿Cómo nace la idea y cómo se ha ido desarrollando?

Nace de la frustración cuando, siendo una chica, estoy estudiado ingeniería Biomédica, que es un campo en el que con demasiada frecuencia se olvida de la población femenina. De hecho, hay un estudio del National Institutes of Health de America que dice que las mujeres son entre el 50-60% más propensas a tener efectos secundarios a los medicamentos debido a que la investigación biomédica se lleva a cabo en la población masculina en su mayoría. Esto a mí me marcó y me dije que, si alguna vez desarrollaba algo, me iba a volcar en una patología que afectase principalmente a las mujeres.

En cuarto de carrera fui a una conferencia superinteresante en la que un equipo de investigación nos contaba que tenían un perro que era capaz de oler a pacientes y ladrar si tenían cáncer de pulmón; me pareció fascinante.

La mayor enseñanza que he tenido en mi carrera es descubrir que a veces los ingenieros intentamos ir más allá de la naturaleza y sobrepasar los límites y realmente el diseño exquisito, la gran alta tecnología, se consigue cuando observas la naturaleza, aprendes de ella e intentas con tu microprocesador o con software replicarla.

La Blue Box intenta ser un perro que te huele para detectar el cáncer de mama, pero en versión electrónica.

¿En qué punto se encuentra de desarrollo?

Estamos todavía desarrollándola; es una colaboración entre la Universidad de California y hospitales españoles. Estamos solicitando a estos poder recoger muestras de orina para testear cómo debe de funcionar. Porque actualmente se están clasificando bien el 95% de las muestras, pero son muestras de personas con cáncer de mama metastático, o sea con tumores grandes, con bastante carga tumoral, lo que queremos hacer es recoger más muestras de orina y conseguir mantener estos buenos resultados de tasa de clasificación, pero con cáncer de mama inicial. Es ahí donde está el cambio, donde te diriges a la prevención.

Estamos pendientes de la aprobación del Comité de Ética para poder empezar. De momento no tenemos el ok de ninguno de los hospitales públicos a los que nos hemos dirigido.

¿Cuándo podrá estar disponible para todo el público?

Creo que en tres años. Estamos pendientes de comenzar el estudio en hospitales, después tenemos que conseguir la aprobación de la FDA, de la Agencia Europea… como es un producto biomédico hay que pasar muchísimas regulaciones. Pero de todo se aprende; vamos a tener muchísimo feedback que va a mejorar el producto.

¿Se trata de un producto pionero? ¿Se están haciendo proyectos similares en otra parte del mundo?

En algunos lugares hay equipos de investigación que están haciendo cosas similares para la detección de explosivos en aeropuertos.

The Blue Box está especializado en cáncer de mama, pero ¿podría utilizarse para otras enfermedades u otros tipos de cáncer?

Me especialicé en cáncer de mama porque es mayoritariamente una enfermedad de mujeres. Era una manera de reivindicarme. No puedo asegurar que valga para detectar otros tipos de cánceres hasta que no tenga datos.

La parte divertida de la inteligencia artificial es esta: ni siquiera el que la está programando conoce los límites; no sabe hasta dónde puede llegar. El único límite es la cantidad de datos que tenemos para entrenar al algoritmo, es decir, cuántos hospitales van a dejarnos hacer los estudios clínicos con los pacientes. Pero soy bastante optimista respecto a esta cuestión.

¿Y en caso de tener datos suficientes?

Depende de con qué estoy entrenando al algoritmo. Ahora mismo nosotros estamos coleccionando datos de pacientes con cáncer de mama. Si consiguiéramos datos de orina de personas, con una representación homogénea, de distintas tipologías de cáncer, podrían detectarse. Con lo que entrenes a este algoritmo será lo que puedas encontrar después.

El cáncer de mama produce ciertos cambios en la fisiología de la paciente, es decir cambios en los metabolitos (o moléculas químicas) en nuestro cuerpo. En consecuencia, la presencia o ausencia de estas moléculas, llamadas biomarcadores de cáncer de mama, denota la condición o no de cáncer de mama. Pero es una señal tan imperceptible que la inteligencia humana no es capaz de verla.

Con la inteligencia artificial es como si tuvieras un cerebro humano al que entrenaras durante todo el día y durante años observando una gráfica que oscila. Al final aprende a percibir la mínima oscilación y puede percibir lo que otro cerebro no. Esto es lo que estamos haciendo, pero con un ordenador, no con un cerebro. ¡Es divertido, la verdad!

<p>Foto: Dyson.</p>

Foto: Dyson.

El desarrollo de la inteligencia artificial, ¿qué papel juega? ¿Los aprendizajes que obtengan de esta herramienta podrían servir para otros usos médicos o científicos?

La inteligencia artificial es la parte principal de este proyecto. Si tú estás analizando muchísima carga de muestras de orina de forma frecuente puedes reutilizar la información. Cada vez que una persona usa Blue Box está dando su lectura de orina al servidor de inteligencia artificial y provocando que esta funcione mejor. Así que cada vez que una mujer use Blue Box hará que la que venga detrás tenga un diagnóstico más preciso. Se genera conocimiento a partir de las muestras que se recogen.

Una de las características más destacables de la Blue Box es que se centra en la detección temprana de la enfermedad. Ya lo dice el refranero: más vale prevenir que curar…

Sí, el objetivo es generar un cambio; cambiar la manera en la que luchamos contra el cáncer de mama. La buena noticia en este campo es que el cáncer de mama, aunque sea muy frecuente (una de cada ocho mujeres va a tenerlo, como mínimo, una vez en su vida) es muy curable. Si se detecta a tiempo hay una probabilidad muy alta de supervivencia. Aquí, la detección precoz define si vas a vivir o no.

Ahora mismo, la mayor tecnología para prevenirlo es la mamografía, ¡que hay que hacérsela! y es la que te va a salvar la vida, pero no es la solución definitiva. De hecho, hace años que la OMS está advirtiendo que existe una necesidad urgente y tangible de dar con una solución que sea mejor que la mamografía. Una solución que no sea dolorosa, que no sea basada en la irradiación…

Además, el precio de hacer una mamografía a una paciente es diez veces superior a la fabricación de una Blue Box, que la puedes tener en casa toda la vida y usar todas las mujeres de tu familia.

También la mamografía tiene una tasa muy alta de falsos positivos. Muchas mujeres reciben la llamada del médico diciendo que su prueba es sospechosa y más de la mitad de estos casos realmente no son cáncer; estás provocando ansiedad a muchas pacientes que no deberían pasar por ello.

A nivel personal ha vivido el cáncer de cerca con la enfermedad de su madre, ¿no?

Sí, mi madre ya está bien. Hay muchos casos de mujeres que se curan, que son unas supervivientes, pero otros no y esto quiere decir que aún hay demasiadas personas a las que se les detecta tarde el cáncer.

¿Cuál sería el momento adecuado para hacerse con una Blue Box en casa?

Yo creo que la clave está en que no tiene que haber un signo que te lleve a comprarte la Blue Box; tendría que estar en todas las casas. En lugar de dejar nuestra salud y la prevención del cáncer de mama en manos del sistema sanitario tendríamos que ser reactivos y ser nosotros mismos el principal agente en esta prevención.

Con Blue Box vas a vivir con calma, pensando que seguramente no tienes nada y que si se detectara algo sería en un estadio incipiente, es decir, tendría cura.

¿Se puede predecir antes de que aparezca el cáncer?

Se puede tener cáncer hereditario o espontaneo; el hereditario es el de Angelina Jolie, el del gen BRCA, que tuvo que hacerse una doble mastectomía profiláctica. Tuvo que quitarse el pecho por el miedo a que algún día tuviera cáncer… Esto, quizás, algún día no tenga que pasar.

El 11 de febrero es el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, ¿qué mensaje le gustaría mandar?

Es un día muy importante, pero no solo de celebrar sino de entender por qué es tan necesario. Yo diría que lo estamos haciendo muy bien, que cada vez más las mujeres y las niñas hacemos lo que queremos y no lo que se espera de nosotras o lo que deberíamos de hacer para llegar a los estándares.

Tenemos que seguir siendo líderes; no escuchando cuando se nos impone y haciéndolo cuando se nos recomienda. Aconsejaría que sigamos levantándonos las unas a las otras. la clave para que todo proyecto llegue a buen puerto es tener partners, es tener el equipo necesario, y las mujeres en sí ya lo somos.

¿Se ha topado con problemas por ser mujer en el desarrollo de su carrera y, ahora, con la Blue Box?

No es que un día te digan algo por ser mujer. Precisamente el problema es este, que no es cuestión de un día: son detalles imperceptibles, pequeñitos, que hacen aún más difícil el abrir los ojos y darte cuenta de que esto está ocurriendo.

Por ejemplo, todos asumimos unos roles de género porque hemos nacido en un mundo que no es igualitario. Para llegar a ser feminista tienes que reconstruirte y desaprender algunas cosas de las que te han enseñado.

Al ser mujer, a veces cuando vas a exponer tu idea no partes de cero desde donde la gente se forma su opinión si no que partes de más abajo y tienes que hacer un doble esfuerzo, primero para posicionarte en la misma línea que los hombres y luego para destacar. Pero yo creo que esto está cambiando en las nuevas generaciones.

<p>Foto: Dyson.</p>

Foto: Dyson.

Desde luego, no parece haber sido una barrera para ser la ganadora del premio internacional The James Dyson Award 2020. ¡Enhorabuena! ¿Qué supone este reconocimiento para usted y para el proyecto?

¡No! De hecho, entre los 20 finalistas del premio había muchísimas mujeres. Este reconocimiento ha sido un antes y un después. El señor James Dyson es una persona a la que yo admiro muchísimo. Él empezó teniendo solo una idea y terminó generando un cambio. Para mí es lo más bonito que te puede pasar en la vida: cambiar algo que creas que debe hacerlo.

El premio ha tenido muchísima exposición mediática y nos ha reafirmado que la Blue Box responde a una necesidad social.

Recibimos cada semana muchísimos mensajes de mujeres de todas las partes del mundo que nos cuentan sus historias con la enfermedad. Al principio el proyecto era mío, pero ahora siento que es de todas. Hay tanta gente… la Blue Box no soy yo, es también mi cofundador Billy y las miles de mujeres que están cada día dándonos ánimos.

¿Se considera una emprendedora social?

Sí, si te embarcar en un proyecto así es porque quieres provocar un cambio social, porque si no no merece la pena: hacer un producto desde cero, convencer a los hospitales para que te dejen testar la tecnología, pasar la DFA… es un marrón tan grande que no sé por qué otro motivo lo haría.

¿Se imaginaba así hace diez años? ¿Cuándo siente que su trayectoria tiene que enfocarse a resolver un problema social, en este caso de salud?

La verdad es que no. Ha sido un proyecto que ha ido creciendo como consecuencia de la decisión anterior. He ido encadenando acciones que me hacen feliz: tenía el sueño de ir a California y me fui a la universidad allí; empecé a estudiar inteligencia artificial, me apasionó y quise aprender más… y me encontré haciendo la Blue Box, que es un proyecto que me hace feliz.

De pequeña siempre me gustó muchísimo el cuerpo humano: es la mayor máquina que existe en el mundo, pero me encantaban las matemáticas, por eso no quise ser médica. Me gustaba mucho estudiar, pero no había ninguna carrera que me encajara, así que siempre creí que iba a trabajar de algo que aún no sabía cómo se llamaba.

Después de repasar el pasado, toca mirar al futuro ¿Cómo se ve en diez años?

Si he podido generar un poco de cambio en la detección del cáncer me sentiré realizada. ¡Ojalá!

Creo que la inteligencia artificial es una tecnología extremadamente poderosa que va a revolucionar la medicina. No somos conscientes de su magnitud. Va a ser un antes y un después. La medicina y la IA son dos campos poderosos que cuando se unen son brutales; los humanos aún no entendemos hasta dónde puede llegar, es superior a nosotros.

No hay que tener miedo a la IA porque nos puede salvar de muchísimas cosas, pero yo creo que las startups que estamos en ese sector tenemos la responsabilidad de divulgar y mostrar al consumidor cómo se usa y cuáles son sus consecuencias.

La clave es que el poder de la inteligencia artificial esté en las pequeñas empresas, que no haya una sola compañía que tenga los datos de todo el mundo.

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