El impacto de la pandemia en los emprendedores latinoamericanos

A pesar de la crisis causada por la pandemia, en 2020 se generó un incremento de la inclusión financiera. A partir de las entidades que trabajan con la Fundación Microfinanzas BBVA se bancarizaron cerca de 300.000 personas de bajos ingresos para acceder a las ayudas gubernamentales.
<p>Luz Nelsy Rodríguez, emprendedora. Foto: FMBBVA.</p>

Luz Nelsy Rodríguez, emprendedora. Foto: FMBBVA.

Hace casi un año, Luz Nelsy Rodríguez, una emprendedora rural de 46 años utiliza la app Banca Móvil de la entidad Bancamía. Rodríguez vive en municipio colombiano de Dabeiba y llegar hasta la sucursal para realizar alguna gestión le suponía más de media hora de trayecto en mototaxi, que le costaba unos 15.000 pesos (unos cuatro euros). La app le permite ahorrar tiempo y dinero, que puede dedicar a mejorar la producción de sus cultivos.

“Gracias a la aplicación puedo pagar los servicios desde mi finca, hacer transferencias a otro banco o para que mi hija pague la universidad, mirar datos de mi crédito y pagar las cuotas”, explica la emprendedora que cultiva, junto a su hermano, árboles frutales, frijol y cacao.

Gracias a los cultivos de su finca ha sacado adelante sola a sus dos hijas. La mayor, de 24 años, está a punto de graduarse en Psicología, y la pequeña, de 14, estudia Bachillerato.

En el sector de las microfinanzas, la relación personal con el emprendedor es clave para ofrecer los productos y servicios más adecuados a sus necesidades y a las de su negocio. Esta relación la llevan a cabo los asesores, una figura clave que se ha mantenido activa, incluso durante la pandemia.

En sus visitas, el asesor Diego Betancurt soluciona las dudas que pueda tener Luz Nelsy sobre sus créditos o sobre el uso de la app. Esta emprendedora ya ha obtenido cuatro préstamos para la compra de abonos, fumigaciones e insumos. “La población rural, especialmente las mujeres debemos aprovechar esos recursos que nos ofrece la tecnología para salir adelante”, afirma Luz Nelsy.

La informalidad, la exclusión financiera y la escasa digitalización de las micropymes fueron algunos de los problemas a prever por los gobiernos latinoamericanos a la hora de establecer los confinamientos obligatorios y sus consecuencias cuando llegó la pandemia a la región en marzo de 2020.

Un año y medio más tarde es posible señalar que diversos programas gubernamentales impactaron positivamente en la bancarización y la digitalización de América Latina.

La distribución de subsidios mediante los sistemas bancarios permitió dar un primer paso para que más gente pudiera comerciar electrónicamente. De hecho, a partir de entidades como Bancamía, que trabajan con la Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA), se bancarizaron cerca de 300.000 personas de bajos ingresos para acceder a las ayudas gubernamentales. La Fundación tiene actividad en cinco países de América Latina: Colombia, Perú, Chile, República Dominicana y Panamá.

Hace tan solo tres años, más de la mitad de los países en desarrollo liquidaban los pagos del Estado en efectivo o cheques. Es por eso que las actuales medidas de ayuda económica adoptadas por los gobiernos para morigerar el impacto de la crisis representan una oportunidad sin precedentes para la inclusión digital. A pesar de la crisis causada por la pandemia, en 2020 se generó un incremento de la inclusión financiera.

FMBBVA relevó que la recuperación de los emprendedores es lenta en algunos países (Colombia, República Dominicana y Panamá), rápida en otros (Perú y, en menor medida, Chile) y heterogénea por sectores.

<p>Foto: FMBBVA.</p>

Foto: FMBBVA.

Dada la magnitud y recurrencia de esta pandemia, la resiliencia de los emprendedores -su capacidad de sobrevivir un shock de esta magnitud tomando medidas para mitigarlo- dependerá, en gran medida, de la sostenibilidad de las acciones tomadas y del apoyo externo.

Los emprendedores chilenos y panameños se vieron especialmente beneficiados (más del 70% recibieron ayudas) y, en menor medida, los dominicanos. Aún, es difícil evaluar la efectividad de estas ayudas.

En términos de capacidad de ahorro, no se ha observado un efecto de mitigación al obtener las subvenciones del Estado. Un 60% ha visto totalmente afectada su capacidad de ahorro, independientemente de si han recibido ayuda o no. Este nivel tan bajo de mitigación se puede explicar porque, posiblemente, estas ayudas iban dirigidas a cubrir necesidades básicas de consumo.

Dada la dificultad para hacer llegar estas ayudas a la población vulnerable, las entidades microfinancieras se han convertido en aliados estratégicos para su distribución. Las herramientas de geolocalización, la capilaridad de las entidades en el territorio nacional y la velocidad de la distribución han sido fundamentales en la entrega de las subvenciones.

“Desde la FMBBVA buscamos financiar emprendedores para ayudarlos a salir de la pobreza. Impulsamos a las personas a sostener los emprendimientos para que acumulen activos a lo largo del tiempo. El gran problema que enfrentan las personas en situación de vulnerabilidad es la incertidumbre y la falta de estabilidad en los ingresos. Hoy tenemos 2,6 millones de clientes en los cinco países”, dice Stephanie García Van Gool, directora de Medición de Impacto y Desarrollo Estratégico de la FMBBVA.

A finales de 2020, el 84% de los negocios de los emprendedores relacionados con la Fundación seguían abiertos, y solo un 4% habían cerrado definitivamente. Más de 458 mil emprendedores renovaron su crédito y 139 mil pidieron créditos nuevos, a pesar de que el 53% de los negocios estuvieron completamente cerrados en el periodo de confinamiento (abril-julio de 2020).

Muchos emprendedores tomaron medidas efectivas para hacer frente a la pandemia. Algunos cambiaron la actividad de sus negocios, los diversificaron u optaron por el reparto domiciliario, demostrando su capacidad de adaptación. A medida que avanzaba la crisis, fue más frecuente el uso de WhatsApp o venta a través de la web, apps y redes sociales.

En relación a sus finanzas, aunque generalmente utilizaron sus ahorros como principal medida de gestión financiera, desde FMBBVA observaron que fue disminuyendo la dependencia de ellos, ya que tuvieron que recurrir a otros mecanismos financieros como pedir prestado a una entidad financiera (un 13% solicitó un crédito, un 12% buscó otra solución financiera) o solicitar apoyo familiar (el 14% de los casos), lo que sugiere que su colchón de ahorros se fue agotando.

Aun así, la gestión financiera de los hogares es racional: apoyo familiar cuando atraviesan una mala situación y préstamos formales cuando tienen ingresos.

“El shock por la crisis provocada por las medidas que se dispusieron para hacer frente a la pandemia fue muy fuerte. Todos nuestros clientes decían que habían recurrido a sus ahorros para hacer frente a esta situación. En noviembre volvimos a preguntar sobre este tema y en ese momento se recurrió menos a los ahorros porque ya no contaban con ese colchón. A medida que se alargó la crisis, los emprendedores entraron en una situación de estrés financiero. Tuvieron que reinventarse y adaptarse al contexto”, comenta Van Gool.

En América Latina, la tasa promedio de desempleo pasó del 7,9% en 2019 al 11,6% en 2020. A diferencia de otras crisis donde el empleo informal permitía la generación de ingresos ante la pérdida de empleo formal, en está ocasión las políticas de distanciamiento físico y restricciones a la movilidad limitaron el papel del empleo informal como mecanismo de compensación temporal.

En América Latina y el Caribe, las mujeres son propietarias de alrededor de 1,3 millones de pequeñas y medianas empresas, aproximadamente un tercio de todas las pymes en la región, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo.

El acceso a crédito es una medida fundamental para su progreso y para potenciar el crecimiento económico pospandemia. En 2020 la tasa de desempleo de las mujeres se ubicó en un 17,8%, mientras que la de los hombres fue del 11,6%. Aunque las mujeres solo representan el 43% del empleo en los países en los que está la FMBBVA, concentran el 58% de la pérdida total del mismo como consecuencia de la crisis.

La FMBBVA atiende a 1.495.185 mujeres en los cinco países de la región y el 77% de sus negocios se han visto afectados por la pandemia.

<p>Sandra Ceballos, recicladora. Foto: FMBBVA</p>

Sandra Ceballos, recicladora. Foto: FMBBVA

En primera persona

Sandra Ceballos es recicladora y vive en el barrio Engativá, en la capital colombiana. El reciclaje es para ella una forma de contribuir a mejorar el medio ambiente y, a la vez, un emprendimiento que, con 28 años, le permitió sacar adelante a sus cuatro hijos.

Ceballos aprendió el oficio desde abajo. Primero estuvo cuatro años reciclando lo que encontraba en la calle. Después, trabajó cinco años en una recicladora donde aprendió gestión empresarial. Tras esa experiencia pudo adquirir algunos ahorros y montar su propio negocio.

Cuando las cosas parecían encaminarse para construir un futuro de forma independiente, Sandra se vio engañada por una persona de confianza que puso al frente de su negocio para poder dedicarse al cuidado de su primera hija. Ese engaño le llevó a la quiebra y a tener que volver a empezar de cero.

En esa nueva etapa conoció Bancamía, la entidad colombiana de la Fundación Microfinanzas BBVA. “Ellos me ayudaron y me dieron el crédito para salir adelante”, cuenta.

A su negocio, Reciclaje E.C.A., llegan cada día baterías, chatarra, objetos de cobre y aluminio, entre otros materiales. “No todo es basura, hay muchas cosas que sirven. Nosotros lo clasificamos. Aparte de ayudar al medio ambiente, también recibimos platica”, afirma.

Como millones de mujeres en todo el mundo, Sandra tuvo que parar su negocio un tiempo debido a la pandemia. Ahora ha vuelto, con más ánimo aún, para continuar. Da trabajo a 23 recicladores.

“Mi gran sueño es tener mi casa y una recicladora más grande, con más trabajadores”, explica. “Se puede salir adelante: solo es proponérselo, y uno lo logra”, concluye la mujer.

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