La revolución de los nuevos emprendedores sociales

CE28 diciembre 2005
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A pesar de que todavía no hay un consenso para definir a este nuevo empresario, los expertos coinciden en que bajo este término podemos encontrar a una serie de personas que conciben la actividad empresarial como un instrumento para el desarrollo económico y social; y como una respuesta eficiente a la apatía que muestran los organismos públicos.

Una de las características que lo definen es el afán por impulsar, con soluciones innovadoras y desconocidas hasta entonces, a los sectores más desfavorecidos de la población. Primero estudian, investigan y cuestionan una determinada situación.

Posteriormente intentan movilizar todos los recursos necesarios para lograr su objetivo y, en ocasiones, luchan por llevar a cabo proyectos que, a primera vista, no parecen rentables.

Un ejemplo de lo que podría ser un emprendedor social sería el caso de Jon de Wit que, preocupado por la situación de Sudáfrica, desarrolló un proyecto para intentar mejorar la coyuntura del país. Actualmente en Sudáfrica hay seis millones de ciudadanos en paro. Muchos deciden crear pequeños negocios con la esperanza de combatir el problema, pero la falta de acceso a los créditos hace que el 80% de los negocios tengan que cerrar.

Ante este panorama, Jon de Wit decidió crear Small Enterprise Foundation, una organización que ha desarrollado un sistema para facilitar el acceso de esos pequeños negocios a créditos financieros.

La fundación, siguiendo los principios de Grammen Bank, pretende que esos pequeños negocios se estabilicen y prosperen a lo largo del tiempo. La estrategia que ha desarrollado consiste en formar un grupo de cuatro o cinco empresarios con necesidad de crédito. Después de un tiempo de formación, cada empresario recibe una cantidad individual, al mismo tiempo que garantiza el crédito para los demás integrantes del grupo.

En los últimos años, la Small Enterprise Foundation ha otorgado más de 82.000 créditos valorados en ocho millones de dólares y unas 8.000 personas se han beneficiado de estos planes de ayuda que la organización ha llevado a cabo. ¿La clave de su éxito? La entidad hace hincapié en que lo fundamental es crear un mecanismo de reservas y ahorro obligatorio.

Por otro lado, la fundación facilita la unión de los diferentes grupos de empresarios para que colaboren mutuamente y crea un centro de seguimiento para ampliaciones o nuevas instancias de créditos.

Martha Eugenia Wille es otro caso de emprendimiento social. Esta mujer boliviana relanzó en 1997 el negocio que su familia creó a principios de los setenta con el fin de rescatarlo de la ruina y a la vez darle una visión más social. Diversificó la gama de productos derivados de la pasta hacia otros ecológicos con el fin de exportarlos a Europa y Estados Unidos. Pero este no es el único cambio que define a Martha como una emprendedora social.

Su empresa tiene una política preferente de contratación para mujeres, minorías y discapacitados y formación continua para los trabajadores. Sus proveedores son granjeros locales con lo que favorece la expansión del cultivo ecológico en Bolivia.

Además, cuenta con el sello IFAT que certifica que produce según los requisitos del Comercio Justo y la gestión está sujeta a al standard HACCP de prácticas ecológicas y de higiene.

Considerando el escaso interés que existe en Bolivia por la responsabilidad social de la empresa y el vacío en la producción de productos manufacturados para su exportación la aportación que está haciendo Martha a la economía y a la sociedad de su país es un ejemplo de voluntad y convicción social más allá del beneficio personal.

APOYO AL EMPRENDIMIENTO SOCIAL. Emprendedores como estos no están solos en su esfuerzo por aportar algo a las sociedades en las que viven. Dos instituciones, Ashoka y la Fundación Schawb, destacan a nivel mundial por su apoyo y promoción de este tipo de empresarios.

Ashoka fue creada hace 25 años por Bill Drayton y, a día de hoy, se ha constituido como la primera Asociación Mundial de Emprendedores Sociales. Esta entidad, que consigue financiación a través de donaciones privadas de empresas y fundaciones, actualmente tiene presencia en 53 países y se dedica a apoyar a más de 1.500 emprendedores sociales de cualquier rincón del mundo.

El objetivo primordial de Ashoka es ayudar a los emprendedores sociales para que hagan factibles sus ideas innovadoras y para que sus proyectos alcancen el mayor impacto posible en la sociedad.

Para ello, la organización selecciona los proyectos que considera más interesantes y otorga a los emprendedores un sueldo mensual durante tres años para que puedan llevar a cabo su tarea. Entre los criterios de selección se busca que los emprendedores sociales sean creativos, tengan una actitud comprometida y muestren una integridad indiscutible Desde 1997 Ashoka ha puesto en marcha un procedimiento para medir el impacto de sus emprendedores sociales en el mundo.

Su estudio anual «Midiendo la Efectividad» demuestra el éxito alcanzado:

  • El 85% de los emprendedores que Ashoka apoya ha conseguido reconocimiento nacional o internacional.
  • El 90% de los proyectos que se han llevado a cabo han sido tan efectivos hasta el punto de haber sido desarrollados por organizaciones y gobiernos
  • El 70% de los emprendedores sociales es considerado líder en su campo de actividad y el 97% sigue extendiendo sus ideas.

Ashoka se ha convertido en un puente entre los emprendedores sociales y la comunidad internacional. La organización integra a sus miembros en la Red Mundial para conseguir la colaboración con otros emprendedores sociales y mejorar así la permanencia de los proyectos.

Por su parte, la Fundación Schwab, creada en Suiza en el año 1998 por el profesor Klaus Schwab y su mujer, Hilde actúa como plataforma de encuentro para emprendedores de este tipo. Su objetivo es crear oportunidades para que los emprendedores que hayan puesto en práctica un proyecto con éxito puedan ampliar sus contactos y acceder a recursos que no estarían a su alcance de otra manera.

«Lo que hacemos es conectar a emprendedores sociales que hayan tenido éxito, con modelos de negocio exitosos con los líderes de las grandes corporaciones. A raíz de estos contactos, solo el año pasado, nuestros emprendedores movilizaron 77 millones de dólares», apunta Pamela Hartigan directora de la Fundación Schwab.

PREMIO EMPRENDEDOR SOCIAL. Al igual que Ashoka la Fundación Schwab cuenta con una red de emprendedores sociales, actualmente 104, repartidos por todo el mundo. Tras cinco años de búsqueda de emprendedores sociales la Fundación ha puesto en marcha una iniciativa singular, el premio Emprendedor Social del Año 2005. Esta convocatoria se realiza en 24 países y en esta su primera edición ya han sido elegidos lo emprendedores más destacados de Argentina, Chile, Suiza, Colombia y Bolivia.

Los candidatos deben ser personas que hayan sido capaces de sacar adelante un proyecto innovador con un impacto social demostrable, sostenible y reproducible por otros emprendedores. Por su parte la Fundación Schawb promociona tales proyectos sociales, dándoles el reconocimiento que merecen, publicitando sus logros, y promoviendo su réplica en otros lugares.

A través del prestigio inherente al galardón, Schwab espera elevar el estatus de los estos empresarios sociales alrededor del mundo y crear una comunidad interactiva global de emprendedores. Así los beneficios para los ganadores consisten en poder participar en tres grandes acontecimientos: la Cumbre de Emprendedores Sociales, la Reunión Anual y Regionales del Foro Económico Mundial y la Cumbre de los Jóvenes Líderes Mundiales.

La convocatoria española, organizada con la colaboración de Expansión e IESE, ha contado con 35 candidatos de los que sólo 11 han llegado a la condición de semifinalistas.

«En todo el mundo hay muy pocos emprendedores sociales. Todavía se mantiene un modelo muy paternalista, caritativo, no suele existir la sostenibilidad financiera que hay detrás de un emprendimiento social. Porque un emprendedor social es igual que un empresario de negocios, lo único diferente es la pasión que les motiva. Un emprendedor social está obsesionado por generar un cambio social», aclara Hartigan, quien nos da alguna clave más para detectarlos «Es gente, en su mayoría excepcional, en términos de su pasión y la combinación de esto con una visión. Muchos tenemos pasiones pero la capacidad de hacerlas realidad y llevarlas adelante es de unos pocos. Se necesita mucha resistencia, terquedad y pasión».

Hay pocos pero gracias a esta convocatoria ya tenemos identificado por lo menos a cinco españoles. Gracias a este premio, entregado en Madrid el pasado 24 de noviembre, el trabajo de Manuel, May, Cristóbal, Albert y Juan Miguel ha salido a la luz. En especial el de Cristóbal Colon fundador de la sociedad cooperativa La Fageda elegido como el Emprendedor Social de este año en España.

La Fageda es el tercer fabricante de yogures de Cataluña, tras Danone y Nestlé y sus trabajadores son, en su mayoría, personas con discapacidad psíquica y/o enfermedad mental. La visión y el esfuerzo de Cristóbal han sacado adelante un proyecto que a día de hoy da empleo y vivienda a 142 personas que de otra manera encontraría grandes obstáculos para integrarse y trabajar en una sociedad a la que aún le cuesta convivir con sus enfermos mentales.

También destaca el trabajo del resto de finalistas Manuel Almirall, creador de la Fundación Futur dedicada a la creación de puestos de trabajo y posterior inserción laboral de personas en situación de exclusión; May Escobar con la Fundación Bip-Bip que trabaja contra la exclusión digital facilitando material informático a ONG’s; Albert Cambabadal, fundador del Grupo Sifu, un centro especial de empleo que da trabajo a 1.500 personas discapacitadas; y Juan Miguel Diez con la organización REMAR dedicada a facilitar la rehabilitación y reinserción social de toxicómanos y personas socialmente marginadas.

Aunque esta experiencia solidaria todavía no es muy conocida en nuestro entorno, cada vez son más los empresarios que se preocupan de ella, e iniciativas como las citadas son sólo el comienzo de una actividad que está en aumento.

Los emprendedores sociales comparten la idea de que la empresa es el eje que impulsa el progreso y el desarrollo, pero tienen como objetivo la creación del valor social, y por ello, desarrollan su tarea en ámbitos tan diversos como la industria tecnológica, microfinanzas, ámbito sanitario, medioambiente, vivienda, comercio justo… y un largo etcétera.

A lo largo de la historia hemos encontrado personas innovadoras, con capacidad creativa, competitivas, dispuestas a ayudar a los más desfavorecidos y crear sociedades con un mayor grado de sostenibilidad.

Sin embargo, muchos de estos propósitos no han salido a flote debido a la falta de inversores sociales y la falta de capital y recursos.

A pesar de esto, los emprendedores sociales no se rinden, pues para ellos lo imposible no es más que otro obstáculo por superar. Como dice Bill Drayton, fundador y director de Ashoka: «Los emprendedores sociales no se contentan con regalar un pescado o enseñar a pescar. No descansarán hasta haber revolucionado la industria pesquera».

Por CE

Cristóbal Colón: “Cuando las personas se implican en un proyecto son felices y trabajan más y mejor”

Cristóbal Colon tuvo una idea que cambio su vida hace 23 años. Un proyecto que nació de la inconformidad, de la convicción y de la necesidad de dar sentido a la vida a través del trabajo. Lo que en un principio pudo parecer una locura hoy es una empresa rentable que da empleo a todos habitantes de la Garrotxa con discapacidad psíquica y/o mental, y a él le ha convertido en el Emprendedor Social del Año 2005 en España.

¿Cómo surgió el proyecto de la Fageda?

A los 13 años comencé como aprendiz de sastre y llegué a tener mi propia sastrería. Pero esto para mí no era suficiente. Después de hacer el servicio militar empecé a trabajar en un centro psiquiátrico y estudié la carrera de psicología. Comencé este trabajo por vocación, quería comprender porque hay personas en la situación de los enfermos mentales. Allí pude ver como vivían encerrados, enterrados en vida.

No podía comprender cómo personas que podían llegar a valerse por sí mismas estaban en esa situación. En estos centros organicé talleres de laborterapia, porque creo que el trabajo es bueno para el equilibrio de las personas. Pero me di cuenta que ese hacer como si trabajaran no era suficiente. Comprendí que era necesario que trabajarán pero en un trabajo real. Ese hacer «como si» no era la solución.

Así que me formé y tras la reforma psiquiatrica otro psicólogo y yo iniciamos junto con 14 enfermos el proyecto que hoy es La Fageda. La idea era crear una empresa que diera trabajo a los enfermos y que solucionará su situación de forma global. Dándoles una ocupación y una vivienda. Y lo hemos conseguido, hemos dado una solución para todas las personas con problemas psíquicos de la comarca de la Garrotxa.

Queríamos crear una empresa competitiva. De hecho en ninguna parte decimos que somos una empresa compuesta por personas con características diferentes. No queremos que nos compren por lástima. El orgullo del trabajo es hacer un producto que se vende por que es un buen producto.

¿Por qué yogures?

Esa es la pregunta del millón.

Estar en la Garrotxa, en el campo no es casual. A mí el campo me da equilibrio, creo que se lo da también a los demás, y si trabajábamos con animales mejor. Así que montamos una granja para la producción de leche. En el año 1992 la Unión Europea estableció cuotas para la producción de leche y esto nos llevaba a la ruina.

Esto era muy grave no sólo por el hecho de perder la empresa sino por todas las ilusiones comprometidas ahí, por la necesidad existencial de las personas que trabajaban en el proyecto.

Así que decidimos seguir luchando y optamos por producir yogures. Nos decían que éramos unos locos que no podríamos competir con las grandes empresas. Sin embargo, estamos ahí. Lo de los yogures ha sido un milagro. Pero vamos, cuando tuve la idea no sabía que llegaríamos hasta aquí. Ha sido un camino durísimo.

Cree que las empresas están faltas de valores sociales.

La mayoría de los empresarios miran por un agujerito en el que sólo se ve la cuenta de explotación. La empresa no es sólo esto, son personas.

Y cuando las personas se implican en un proyecto, son felices y trabajan más y mejor. Nosotros construimos nuestra empresa al revés de cómo lo hace un empresario común. Teníamos un colectivo de personas y queríamos una solución para ellas. Así que el siguiente paso era encontrar esa actividad que generase empleo. Un empresario tradicional tiene un producto y quiere colocarlo en el mercado. Las personas vienen después.

¿Recomendaría a otras personas abordar una aventura semejante?

Recomendaría no, animaría si tienen dos condiciones. Les animo si tienen una necesidad de ayudar a los demás, de dar un sentido a su trabajo, sin pretender enriquecerse a nivel económico, sino enrique a otros niveles. Y si se ven con capacidad para gestionar y llevar cosas adelante.

De este reconocimiento y de las posibilidades que le abre, ¿qué es lo que más valora y qué retos se plantea para el futuro?

Lo más importante es la alegría que este reconocimiento ya está generando allí. No es un reconocimiento para mí sino para todos los que están trabajando en La Fageda. Sobre el resto, ya se verá. De cara al futuro lo que queremos es consolidar nuestra empresa.

Como todo empresario sabe las empresas penden de un hilo y a nosotros nos gustaría convertir ese hilo en una cuerda.

Por CE
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