Nittúa, sinónimo de inclusión social

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Cambio sistémico. Este es el motor que activa el músculo de Nittúa, una organización fundada por Raúl Contreras y Núria González que bebe de más de una década de emprendedurismo social y económico.

Seleccionado por Ashoka como uno de los primeros emprendedores sociales en 2006, por su proyecto Luna, germen de Nittúa, Contreras expone la importancia de desarrollar un sistema económico justo e inclusivo, de contar con sistemas de medición de la exclusión social y de la riqueza que le aporta la red de emprendedores sociales de Ashoka, con los que trabaja a través de Nittúa. Raúl Contreras y Núria González fueron los primeros emprendedores sociales españoles seleccionados por Ashoka.

Era el año 2006. Desde entonces, su proyecto de innovación social y emprendedurismo ha evolucionado, se ha transformado y ha generado valor en sí mismo. Sin embargo, hay un elemento común que durante estos seis años siempre ha formado parte del ADN de su proyecto: el afán por trabajar y luchar por lo que uno cree, piensa y ha decidido.

«Algunas personas hemos tenido la gran suerte de tener siempre una meta delante de nuestros ojos, un sueño por el que desvelarnos y aliento suficiente para perseguirlo. Desde joven, siempre tuve claro que la empresa era la herramienta social que me hacía sentir libre».

Así lo resume Raúl Contreras, cuya trayectoria laboral y personal ha estado vinculada desde 1998 al campo de las empresas de inserción, la formación y la intermediación sociolaboral de personas en riesgo de exclusión social. Tras algún intento de emprendimiento anterior, Raúl crea con su hermano una empresa que se convierte en la primera experiencia de uso diferente de una herramienta económica.

Posteriormente, monta otra que, si bien no es todavía una empresa social, su actividad sí afectaba directamente a la consecución de un objeto social. Son experiencias laborales que aportan el conocimiento que, junto con una innata inquietud social, hace que Raúl decida dedicar toda su vida a «poner soluciones a aquellos problemas que me hacen revelarme contra la realidad, y hacerlo con la economía como herramienta», reconoce.

Doce años de emprendimiento, durante los cuales hubo experiencias y vivencias muy directas con el mundo de la exclusión y la marginalidad social, y que dieron como resultado Intua, un holding social, constituido por cinco empresas, además de la matriz.

El objetivo de crear un holding social que buscaba solucionar los problemas de las personas que estaban en situaciones de absoluta injusticia creadas por el sistema llamó la atención de Ashoka.

Pero no solo eso, lo que determinó su selección para entrar a formar parte de la red de emprendedores sociales de Ashoka fue su firme cometido de desarrollar un sistema económico justo e inclusivo.

Durante los once años de trabajo en Iuna, desarrolló herramientas económicas alternativas, no generadoras de exclusión, en terrenos tan complicados como el financiero o el comercial. Fruto de ese esfuerzo nació una bolsa alternativa de acciones para la creación de empresas de inserción, una agrupación de avalistas solidarios, la Xarxa Valenciana Fiare para la creación de una banca ética de la ciudadanía, un mercado social, etcétera. Todas ellas, herramientas económicas marcadas por un denominador común: la autogestión. «Cuanto más se acerca la herramienta financiera a la autogestión más se adapta a las necesidades de la población que la utiliza», subraya.

De Iuna a Nittúa

Hay un punto de inflexión que marca el ocaso de Iuna como holding social y que alumbra el nacimiento de Nittúa. El anhelo de contribuir al «cambio sistémico». El propio Contreras lo explica así: «La experiencia del holding fue, entre otras cosas, una auténtica autoescuela en la que tuvimos que diseñar y crear para implementar y sostener. Todo ello dentro de un sistema que se nos evidenciaba por momentos como el centro del problema y al que teníamos que hacer frente. Desde Nittúa nos introducimos de lleno en el sistema para cambiarlo, con la claridad de tener el conocimiento teórico y práctico de la realidad social y la empresarial».

Nittúa lleva a cabo acciones que dan solución a aquellos que tienen un problema. Se trata de economía al servicio de la inclusión. Se trata de innovar, desarrollando servicios que contribuyan a generar un cambio sistémico en la sociedad.

Fundiendo la experiencia del tercer sector con el emprendedurismo nace una organización que se basa, según su fundador en el «trabajo en red, compartiendo procesos con personas de catorce países en base a una estructura sencilla y compacta, a la vez que plástica: dos personas fijas y eventuales colaboradores».

En cuanto a las herramientas económicas que Nittúa pone en marcha, Contreras parte de la base de que «no todo se puede resolver con Comunidades Autofinanciadas (CAF)». Si bien es un área en la que Nittúa destina mucho esfuerzo, ya que son las estructuras económicas y sociales más adecuadas para los excluidos financieros, hay otros proyectos que requieren de estructuras mayores como el Coop57 o Fiare (Banca Ética). En cuanto a los pasos de futuro que la asociación ya está protagonizando, Contreras adelanta que «estamos trabajando en nuevas herramientas que están ahora en proceso de diseño y en cuanto sea oportuno se implementarán».

A efectos prácticos, Nittúa cuenta con tres ámbitos de actuación: el financiero, a través de proyectos de economía solidaria; el comercial apostando por un consumo responsable; y el fomento de un modelo económico y social. En este caso, se encarga de la formación de nuevos perfiles profesionales como el emprendedor social y el trabajador acompañante, es decir, un técnico que crea valor social en las organizaciones desde la inclusión.

Enfocándose en sectores en los que la inserción es económicamente más viable (intensivos en mano de obra y que no requieren de alta cualificación como mensajería, jardinería y construcción), Raúl está desarrollando modelos de negocio rentables, para que en un futuro sean adoptados por las empresas tradicionales. Su objetivo es que la economía formal se convierta en el motor de la inserción laboral de estos colectivos.

En la actualidad, Nittúa es una empresa solvente. Ha pasado de ser una ONG a generar beneficios, que reinvierten en los procesos. En cuanto al apoyo recibido por parte de la Administración Pública, Contreras reconoce que «salvando puntuales subvenciones públicas que nos permitieron mantener unas estrechas remuneraciones que agradecemos y seguimos solicitando, la implicación de la Administración ha sido escasa».

Crisis y conciencia social

Ahora más que nunca, la crisis ha puesto de manifiesto el aumento exponencial de la exclusión social. Cada día son más las familias cuyos miembros no encuentran trabajo, apuran los últimos meses de subsidios de desempleo y tienen que remitirse a la caridad o a la beneficencia. Esa es la realidad de muchas familias hoy.

En este marco de actuación, la crisis ha hecho que la sociedad española sea más consciente de la necesidad de integración social y laboral de los colectivos en riesgo de exclusión social.

De hecho, a medida que el sistema y su doble crisis, tanto estructural como coyuntural, desgasta las economías familiares y las situaciones de riesgo se multiplican, la sociedad cada vez es más consciente de que existe un grave problema que debemos resolver.

Sin embargo, en paralelo, Contreras pone encima de la mesa un hecho constatable: «La exclusión social ni se mide ni se valora, es decir nadie sabe realmente la magnitud del problema porque nadie ha medido su dimensión».

Pues bien, es aquí donde radica un eje fundamental del trabajo de Nittúa: la medición del valor social y medioambiental. De hecho, el propósito de Nittúa es lograr saber la suma del valor financiero, social y medio ambiental. Solo así será posible alcanzar un cambio sistémico de la sociedad, «que es lo Ashoka valora como condición de sus emprendedores», subraya Contreras.

En cierta medida, la crisis ha ayudado a conocer y reconocer el problema.

Sin embargo, en este punto es preciso valorarlo para dimensionarlo y, con ello, poner los medios para intentar solucionarlo. «Nuestro trabajo –explica Contreras– ha conseguido valorar y valorizar el impacto y el valor social desde los costes que genera y los ahorros e ingresos públicos que produce, los tangibles. Pero nuestro objetivo es llegar a conocer el valor, que no el coste, de lo que cada uno de nosotros aportamos a esta sociedad.

Una vez tengamos ese valor completo podremos convertirlo en valor financiero, en euros, y por lo tanto introducir dentro del sistema económico la gestión de estos valores».

Con este propósito, Nittúa está contribuyendo a que las empresas sean conscientes de la importancia de crear y gestionar valor social y medioambiental como valor económico. En este sentido, ha puesto en marcha un curso con la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) sobre el perfil laboral del «trabajador acompañante», es decir, un gestor de personas y creador de valor social. Asimismo, desde Nittúa, Contreras y González han establecido un método de medición del valor social, incluyendo los intangibles, centrado en la realidad de la inclusión social, que se acompaña de una implementación territorial.

Ashoka, el poder de la red social

«Sin comprender muy bien por qué», en 2006 Contreras recibe la noticia de que ha sido elegido por Ashoka como emprendedor social por su proyectos Inua. Aludiendo a su compañera de «viaje profesional» y cofundadora del holding social Inua, Núria González, «sin la que nada hubiera sido como es y, por supuesto, Nittúa hoy sería otra cosa», Contreras reconoce que el proceso de selección fue «breve, pero intenso».

«Eramos los primeros seleccionados por Ashoka en España y no teníamos referentes a los que remitirnos.

Pasado el tiempo, la ligazón mantenida entre los miembros de la red no se perdió. Más bien, fue creciendo y fortaleciéndose, hasta el punto de que la implicación fue absoluta. No en vano, en la actualidad Nittúa se nutre de las experiencias y proyectos de otros emprendedores sociales de Ashoka con los que trabaja a diario. «México, Argentina, Colombia, Perú o Francia son países con los que ya trabajo de una forma más o menos continua gracias a la red de emprendedores de Ashoka», reconoce Contreras.

Sin embargo, también pone sobre la mesa un aspecto menos positivo de la red social de Ashoka: «la figura personalista del emprendedor social». Un factor que poco a poco ha ido perdiendo peso específico en valor del grupo. A este respecto, subraya: «Los emprendedores sociales somos muy conscientes de que somos lo que como colectivos podemos llegar a ser».

Finalmente, Contreras reconoce que «la red de emprendedores es el valor por excelencia de Ashoka. Poder tener a tu alcance a personas del calado que encuentras en esta red es un lujo que además crea adicción. Cada día tengo más ganas de conocer nuevos proyectos y nuevos emprendedores con los que compartir inquietudes y conocimientos».

Por Marina Sanz
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