Cuatro apuntes sobre el emprendimiento social

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No hay fundación, universidad, administración pública o empresa que actualmente no se apunte a la moda del emprendimiento social. Este palabro se ha convertido también en el nuevo elixir de nuestros políticos, la solución a todos nuestros problemas.

Pero lo cierto es que los programas para impulsar el emprendimiento social son todavía muy recientes para poder evaluar su impacto (Momemtum Project), los emprendedores sociales siguen siendo una rara avis (Ashoka) y los programas para apoyarlos, sin negar sus meritos, responden más a una iniciativa del departamento de marketing que a una estrategia para impulsar el cambio social (Think Big).

1 Es necesario clarificar el concepto, la visión y los objetivos.

La definición del emprendimiento social es uno de los grandes problemas. Algunos ponen el acento en la innovación (medio): un enfoque nuevo y viable para resolver un problema social; otros en el objetivo (fin): ayudar a un determinado colectivo, pero sin que necesariamente comporte una innovación o, mejor dicho, la innovación se derivaría de atender a ese colectivo.

También existen diferentes concepciones y prioridades: a) Unos se centran en los emprendedores individuales, y tratan de identificar a esas personas y ayudarlas a escalar su proyecto; b) Otros defienden que todo el mundo es un emprendedor (changemaker) y que de lo que se trata es de impulsar el emprendimiento social en grandes capas de la población o sectores; c) Por último, se encuentran los que quieren incentivar la innovación social. Para estos, la prioridad consiste desarrollar de manera creativa herramientas empresariales y enfoques de mercado con el fin de generar impacto social.

Pues bien, antes de comenzar cualquier iniciativa es conveniente tener claro de qué hablamos y qué pretendemos.

2 Es preciso moderar las expectativas.

Es importante impulsar actividades que ayuden a promocionar el concepto del emprendimiento social, pero es necesario hacer un esfuerzo por comunicar su potencial real y sus limitaciones. El emprendimiento social cuenta con algunos éxitos y con muchos fracasos. Es preciso aceptar y comunicar los fracasos para evitar generar expectativas poco realistas e impulsar el aprendizaje.

Una cosa es relatar anécdotas y otra contar con estudios serios que expliquen con rigor los éxitos, las dificultades y el impacto real. El desarrollo del sector del emprendimiento social debe estar basado en evidencias reales y contrastadas.

3 Juventud y emprendimiento no son sinónimos.

Se ha venido subrayando en exceso la innovación, el entusiasmo y el arrojo como las cualidades naturales de los emprendedores. Unas cualidades, se afirma, más propias de la juventud. Los atributos del emprendedor, sin embargo, tienen mucho más que ver con la constancia, el conocimiento profundo del mercado y el foco estratégico. Como acertadamente señalan David del Ser e Ignacio Mas («Four gaps in social entrepreneurship», Echoing Green Blog): «A los jóvenes les falta experiencia: su pasión a menudo les conduce a no interpretar correctamente las necesidades de los clientes, a subestimar los retos de colocar buenos productos en el mercado y a no abordar de manera eficaz los constantes cambios del entorno».

Es preciso, por tanto, combinar la juventud y las canas.

4 Conjuntar adecuadamente las herramientas de financiación y formación en cada etapa.

Algunos sostienen que la parte más crítica de la financiación de los emprendimientos sociales se encuentra en la fase de lanzamiento de la idea y que lo realmente necesario es el capital semilla para desarrollar el primer prototipo (Frontier Investment Group está levantando un fondo para financiar esta fase).

Otros (Momemtum Project y David del Ser e Ignacio Mas) defienden que la principal carencia de financiación se encuentra en la fase intermedia, cuando la idea ya ha probado su viabilidad y es necesario escalarla.

En realidad, la financiación es necesaria en ambas fases. Lo que se requiere es una combinación de instrumentos financieros y no financieros diferente en cada una de ellas.

Todavía nos encontramos en un estadio muy incipiente en el conocimiento del mix adecuado para la financiación de los emprendimientos sociales. Lo que sí parece claro es que, cualquiera que sea el instrumento de ayuda ideado, siempre será un cóctel de ingredientes formativos y financieros. Acertar con la mezcla exigirá conocer muy bien las limitaciones y posibilidades de cada uno de ellos y sus interconexiones.

Por Javier Martín Cavanna
@jmcavanna
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Comentarios

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  1. JaviRo

    Muy buen artículo… Gracias por el aporte