Inversiones de impacto, ¿innovación o simple cambio de nombre?

CE13 febrero 2011
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El nuevo concepto «inversiones de impacto» es para muchos una versión renovada de otros activos que llevan años desarrollándose. En este sentido, el sector de las microfinanzas es el que mayor alcance ha adquirido y se ha ganado un merecido estatus por su eficacia y necesidad. Junto a la inversión en microfinanzas coexisten otro tipo de iniciativas como las inversiones socialmente responsables, las inversiones en la base de la pirámide o las inversiones en fondos temáticos, etc.

La Fundación Compromiso Empresarial ha querido reunir a algunos de los principales expertos para discutir sobre el futuro de las inversiones de impacto y el reciente informe elaborado en Estados Unidos por la Fundación Rockefeller y el banco JP Morgan.

Juan Luis Martínez, rector de Instituto Empresa University y autor de Perlas en el barro: la incorporación de la base de la pirámide de ingresos al sistema de libre mercado; Francisco Neri, socio de Finenza y colaborador de CE abordando temas de microfinanzas; Gonzalo Rengifo, director general de Pictet Funds en Iberia y Latinoamérica (Ver también: III edición del Premio Pictet y Tierra: una exposición con mensaje); Eduardo García Hidalgo, director de BBVA Asset Management; Vicente Montes, director adjunto de Fundación Rafael del Pino, y Javier Garayoa, director de SpainSif (Foro Español de Inversión Socialmente Responsable), compartieron su opinión y conocimiento sobre las inversiones de impacto.

CE. Se acaba de presentar el nuevo concepto de inversiones de impacto, pero ¿hay alguna novedad destacable en el nuevo enfoque? ¿Qué os parece la definición del término que plantea el documento de JP Morgan y Fundación Rockefeller?

EDUARDO GARCÍA, BBVA ASSET MANAGEMENT

Eduardo García Hidalgo. Para mí el informe conceptualmente tiene pocas cosas nuevas. Es una forma diferente de presentar los temas, pero es bastante generalista, los aspectos problemáticos, los que realmente bloquean el desarrollo de este tipo de inversión, se quedan sin solución, limitándose el informe a enunciar las vías ya conocidas. A la hora de evaluar el impacto social de forma razonablemente objetiva no hay mucha novedad, tampoco en el análisis de los riesgos de este tipo de inversiones. Eso sí, el informe es una forma inteligente de presentar la cuestión bajo una luz nueva y con un nombre que permite convertirla en objeto de un debate más estructurado. En cuanto a la oportunidad de negocio, aun siendo unas cifras espectaculares, no aportan demasiado al debate. Resumiendo diría que mi opinión sobre el documento es moderadamente escéptica.

Gonzalo Rengifo. Yo soy más positivo. Para los que llevamos tiempo haciendo ISR, estructurando temas de inversiones e intentando elaborar una propuesta de valor atractiva para los inversores, especialmente para los inversores institucionales, el informe puede tener una gran eficacia desde el punto de vista de las políticas de responsabilidad social de las empresas. Nuestro banco, Pictet, lleva desde el año 98 trabajando en este campo y nos encontramos predicando en el desierto por falta de demanda.

Hasta ahora hemos estado planteando inversiones de este tipo a clientes institucionales, porque en España es muy difícil llegar al cliente minorista con este tipo de productos, pues no está dispuesto a sacrificar la rentabilidad por una causa social. En mi opinión, el término inversiones de impacto puede permitir concitar y unir perfiles de inversores muy diferentes: institucionales, minoristas, fundaciones, grandes patrimonios, etc. Lo realmente interesante de este informe es la forma novedosa en cómo enfoca el tema y también el hecho de que detrás del mismo haya instituciones que lo avalan, como JP Morgan y la Fundación Rockefeller.

Javier Garayoa. Para mí, la parte más interesante del informe es el esfuerzo por identificar y estructurar un nuevo tipo de activo, diferenciado de otros productos similares, como puede ser la inversión socialmente responsable. El informe distingue el concepto de «inversiones de impacto» del concepto de «inversiones socialmente responsables», en cuanto que las primeras centran su mercado objetivo en la base de la pirámide.

El problema que encuentro en relación con las inversiones en la base de la pirámide es que es un campo muy heterogéneo y difícil de estandarizar, de forma que las únicas inversiones en la base de la pirámide que cuentan con indicadores de impacto, aceptados por todos, son las microfinanzas.

FRANCISCO NERI, FINENZA

Francisco Neri. Es verdad que las microfinanzas es el ejemplo más desarrollado y consolidado dentro de las inversiones de impacto. Al fin y al cabo llevan cuarenta años funcionando y la ventaja de esto es que han tenido mucho margen para equivocarse y corregir errores y, por esa razón, el producto está hoy muy consolidado. Creo que el avance de una clase de activo tiene mucho que ver con la propia definición de la clase de activo y con una industria ad hoc: brokers, inversores, fondos de inversión, analistas, agencias de rating especializadas, etc. Contestando a la pregunta, el informe es cierto que es un poco general, pero muy interesante porque introduce una clase de activo en España, país en que este tipo de inversiones es aún incipiente.

Juan Luis Martínez. Creo que el informe trata de poner los acentos en un nuevo campo de actividad, nada más. No creo que sea misión del informe llegar a concretar cómo desarrollar el negocio de la base de la pirámide, porque entre otras cosas, el mercado de la base de la pirámide es tremendamente complejo y no es un segmento que tenga unas pautas de conducta única, homogéneas.

No es lo mismo desarrollar un negocio en la base de la pirámide del mercado agropecuario que en el mercado del sector servicios, no tiene nada que ver abordar e trabajo en la base de la pirámide con el segmento más bajo de la población de pobreza extrema que con otro que ya está próximo a poder incorporarse al sistema formal.

CE. Las fundaciones patrimoniales y family offices han jugado un papel importante a la hora de impulsar las inversiones de impacto. En España, sin embargo, el sector fundacional sigue anclado en enfoques del siglo pasado; repartiendo donativos y sin plantearse la posibilidad de invertir y explorar nuevos caminos. ¿Por qué las fundaciones españolas son tan poco innovadoras?

VICENTE MONTES, FUNDACIÓN RAFAEL DEL PINO

Vicente Montes. Las actividades de las fundaciones patrimoniales son, en su integridad, acciones de impacto social pero, en lo que al concepto mencionado de inversión de impacto se refiere, es cierto que no ha tenido un gran desarrollo en España.

La principal contribución de este documento es que aborda estas cuestiones aportando evidencias y aclarando conceptos pero, en general, tiene un sesgo muy norteamericano. Ni las fundaciones en España tienen mucho que ver con las fundaciones en EEUU ni nuestra legislación se puede asimilar a la que regula a las organizaciones filantrópicas en Estados Unidos, especialmente desde el punto de vista fiscal. Y eso hace que para analizar la problemática de las inversiones de impacto desde el punto de vista de las fundaciones patrimoniales lo primero que hay que plantearse es en qué medida la actual legislación facilita que se realicen este tipo de inversiones.

Por un lado, en relación con las decisiones que afectan a la inversión del capital fundacional, la Ley de Fundaciones española no está diseñada para lograr el doble objetivo de asegurar el mantenimiento del capital fundacional a largo plazo y de desarrollar un programa de actividades relevante.

La norma que obliga a invertir el 70% de los ingresos fundacionales en actividades sociales deja un margen muy estrecho para alcanzar estos objetivos simultáneamente; se comprende así que los criterios de inversión que prevalezcan sean los de la búsqueda de la máxima rentabilidad para lograr el mayor impacto social a largo plazo. Por otra parte, dado el reducido número de fundaciones patrimoniales, los protectorados no están familiarizados con las actividades de inversión financiera de las mismas, y existe cierta indeterminación sobre la posibilidad legal de las fundaciones de realizar inversiones en empresas, conceder préstamos, constituir empresas conjuntas, etc., como parte de su actividad social.

CE. Hay inversiones de impacto que sí que funcionan –las microfinanzas tienen muy poco ya que demostrar– pero siempre se pone el mismo ejemplo. ¿Conocéis otros casos de inversiones en otros sectores que hayan sabido combinar rentabilidad e impacto?

Javier Garayoa. SpainSif tiene como objetivo promover el desarrollo de la ISR, que comparte, con las inversiones de impacto, los valores ambientales, sociales y de gobierno, ASG, pero sin estar direccionado hacia negocios en la base de la pirámide. En la parte compartida, la ISR puede aportar sus experiencias, que combinan la rentabilidad y, de alguna manera, también el impacto, sobre todo en los países en desarrollo.

Francisco Neri. En Finenza hemos hecho un programa que no sé si llamarlo de microfinanzas porque se trata de la inversión directa con los microemprendedores, es decir, no a través de una institución financiera. Hemos financiado proyectos directos como por ejemplo placas solares en Senegal o farmacias en Camboya.

GONZALO RENGIFO, PICTET FUNDS

Gonzalo Rengifo. En Pictet hemos dado a las inversiones de impacto un enfoque quizá mucho más concreto: el temático. Tenemos un fondo de inversión en proyectos relacionados con el agua que creamos en el año 2000. El fondo invierte en proyectos empresariales relacionados con las tecnologías acuíferas, potabilización, sistemas de riego, etc. Para nosotros es un caso de éxito. Ahora mismo el fondo supone más de doce mil millones de euros.

¿Se trata esta de una inversión de impacto? En mi opinión, sí, siguiendo los criterios del informe. Como en ocasiones no es sencillo distinguir que es y que no es una inversión de impacto creo que una buena dirección para el futuro sería tratar de simplificar el concepto; que se considere inversiones de impacto cualquier inversión que incorpore una intención social u objetivo filantrópico.

Vicente Montes. En el caso de la Fundación Rafael del Pino no podemos hablar de inversiones de impacto en el sentido del documento de JP Morgan y la Fundación Rockefeller, pero estamos ensayando algunos modelos de colaboración que pueden acercarse a estos esquemas. Hemos articulado convenios de colaboración público-privados para desarrollar productos de impacto social dirigidos al mercado, por ejemplo en el ámbito de la I+D en el sector de la salud. Nuestro patronato decidió impulsar acciones para contribuir a la mejora de las condiciones de vida de los lesionados medulares, que es una actividad relevante de indudable impacto social.

Nos planteamos fomentar tecnologías para mejorar los procesos de rehabilitación y la vida cotidiana de los lesionados medulares. Para ello analizamos la oferta existente en el mercado, desarrollamos un plan de negocio, incorporamos los beneficiarios a la iniciativa a través del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, y al socio tecnológico privado, que es el Grupo Indra, y constituimos un marco de actuación basado en principios empresariales que ha permitido lanzar al mercado el primer Sistema de Terapia Ocupacional y Realidad Aumentada (TOyRA). Los beneficios de la iniciativa serán reinvertidos en otros proyectos similares con idénticos objetivos sociales. De esta forma la inversión inicial se hace sostenible.

CE. ¿Por qué en EEUU surgen modelos, iniciativas, propuestas, híbridos, enfoques novedosos, y aquí en España estamos con esquemas de inversión muy convencionales?

Francisco Neri. A parte del atraso ancestral que tenemos en todo, las microfinanzas nacieron en Bangladesh y también impulsadas por una ONG estadounidense llamada Acción Internacional, por lo que en EEUU existe una experiencia de años. España siempre ha sido un país en el que la sociedad civil ha jugado un papel secundario, la iniciativa siempre ha sido del Gobierno.

Eso se ve muy bien en el sector de las microfinanzas, en el que la iniciativa la ha liderado la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID); este organismo es el mayor inversor en inversiones de impacto y microfinanzas. Dispone de 400 millones de liquidez y todos los años invierte 100 millones adicionales. Sin embargo, el problema de este tipo de inversores públicos es la distinción entre los criterios de inversión y los de una subvención y eso termina afectando al mercado. Hoy en día, con las restricciones presupuestarias, incluso las agencias gubernamentales, buscan que las ayudas al desarrollo sean reintegrables, lo que colaborará a la eficiencia de las mismas.

JAVIER GARAYOA, SPAINSIF

Javier Garayoa. Ciertamente, en el mercado español los esquemas de inversión son poco innovadores, y lo podemos corroborar con nuestro último informe sobre la ISR en España, presentado el pasado noviembre, que nos posiciona a la cola de los países europeos de nuestro entorno en este tipo de activos, donde, por citar algunos ejemplos, Francia, Inglaterra y países nórdicos, llevan más de quince años operando con estos productos y ya hay toda una conciencia inversora diferenciada. Visto esto, una explicación de las escasas iniciativas de inversión innovadoras puede ser la falta de tradición y experiencia en nuestro mercado, necesarias para que se produzca un cambio de mentalidad en el inversor.

Eduardo García. En mi opinión, hay dos temas relacionados que pueden explicar el poco desarrollo de este tipo de inversiones. Por una parte, el mandato fiduciario que tenemos algunos gestores limita nuestro margen de maniobra.

En segundo lugar, los limitados desarrollos de la ISR que se han abordado se han basado en la asunción de que podemos hacer ISR sin impactar negativamente los perfiles de rentabilidad y riesgo de las inversiones.

Se trata de un enfoque más centrado en no afectar negativamente que en generar efectos positivos. Sin embargo, la ISR compatible con ese esquema es forzosamente limitada en su enfoque (selección de best of breed, exclusiones muy limitadas, etc.) y poco ambiciosa en sus objetivos, lo que limita su atractivo.

Gonzalo Rengifo. Lo que tenemos que hacer es darle la vuelta a estas dificultades y para eso puede ser muy útil simplificar el mensaje. Primero considerar inversión de impacto toda aquella inversión con un objetivo social, sin hacer muchas distinciones ni clasificaciones y luego dirigiéndote al sector fi- lantrópico, ofreciéndoles la posibilidad de canalizar su ayuda a través de estos instrumentos.

JUAN LUIS MARTÍNEZ, INSTITUTO DE EMPRESA UNIVERSITY

Juan Luis Martínez. La situación que podría justificar el bajo desarrollo que hay en España de este tipo de iniciativas, en mi opinión, procede de tres factores. Por una parte, hay una visión patrimonialista del Estado que lo impregna todo, con lo cual, cualquier cosa que se haga desde la iniciativa privada, y más desde el punto de vista social, se ve siempre como sospechoso.

Por otra parte, hay un falta de madurez de la sociedad española; las instituciones son buenas o malas en función de si se comportan humanamente o no, cuando la institución es simplemente un instrumento que será bueno o malo si cumple la misión para la que fue creada; en este caso, la generación de riqueza y no el reparto de ésta. Se ha creado un «buenismo» tremendamente postizo que en un determinado momento cuestiona la propia viabilidad de negocio e incluso la propia misión. Y el tercer elemento es que el producto no se entiende porque se ha categorizado de una manera distinta a lo que normalmente suelen ser productos financieros y productos sociales.

Todos los ejemplos que menciona el informe se refieren a países en vías de desarrollo y da la impresión que, en España, no tenemos posibilidad de hacer ISR y hay que irse fuera para hacerlo; en EEUU no es así, hay una clase empobrecida y el foco de atención de las fundaciones de mayor poder y prestigio de allí lo tienen precisamente en esas poblaciones. En la medida que el foco se empiece a poner en temas más cercanos y las inversiones se canalicen a proyectos en nuestro país, se favorecerá el desarrollo de las inversiones de impacto. Cuesta tres veces más atender a un beneficiario en un país en vías desarrollo que atenderlo en el mercado local y además con el doble de riesgo de impago.

CE. ¿No creéis que el principal problema consiste en la dificultad de medir el impacto? Las metodologías actuales son muy bastas y los indicadores están muy lejos de ser aceptados.

Francisco Neri. En microfinanzas hay muchos indicadores de impacto social y todos tienen que ver con los indicadores típicos de las inversiones de impacto: la vivienda, la sanidad, la educación, los niños, la ayuda maternal… así que no entiendo por qué no se copia la fórmula. Propongo utilizar muchos de los indicadores que hay en microfinanzas para intentar exportarlos a otra clase de activos, de manera que un inversor institucional que no quiera prescindir de la rentabilidad, tenga esa seguridad o ese control sobre el impacto social en la clase de activo. Habría un rating económico, igual que se analiza un banco, y un rating social, que analiza los citados aspectos sociales, incluso los económicos, pero desde una perspectiva social, como el coste de transformación a la hora de valorar si el precio para el cliente final es usurario o no.

CE. Las inversiones de impacto han sido introducidas por los filántropos y no por los inversores. ¿Cuál creéis que es el enfoque más acertado para que tengan aceptación en el mercado?

Javier Garayoa. Creo que hay que diferenciar muy bien el enfoque desde la filantropía y desde el inversor, ya que son totalmente distintos, aunque pueden llegar a ser complementarios.

Entiendo que el enfoque filantrópico tiene limitaciones de alcance y que, si se trata de lograr que las inversiones de impacto sean aceptadas en el mercado, hay que hacerlo principalmente con criterios de inversión, que son los que maneja y entiende el mercado. Por nuestra experiencia en la ISR, vemos cómo al inversor convencional le cuesta entender que sacrifica rentabilidad por considerar factores ambientales o sociales, por lo que en el caso de las inversiones de impacto puede pasar lo mismo.

Francisco Neri. Hay una cosa con la que no estoy del todo de acuerdo y es que haya que sacrificar la rentabilidad financiera. La inversión en microfinanzas demuestra que no tienes por qué sacrificar la rentabilidad, sino que son compatibles y muy complementarias, sobre todo porque al incluir riesgos diferentes, descorrelación, aportan valor a cualquier cartera de inversiones, entre otras cosas por la baja volatilidad y por diversificación.

Gonzalo Rengifo. En mi opinión, la única forma de que las inversiones de impacto tengan algo de aceptación es ser provocativo. Se trataría de decir: tú, ya se trate de una persona o entidad, cómo canalizas tus labores filantrópicas. Normalmente es a fondo perdido, no pretendes recuperar el capital.

Pues bien, ahora con las inversiones de impacto te ofrecemos la posibilidad de obtener un retorno que puede consistir en la devolución del capital e incluso algo de rentabilidad; ya no vas a ayudar a fondo perdido, ahora tienes la posibilidad de combinar tus deseos de ayudar sin renunciar completamente a la rentabilidad.

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