6 tendencias emergentes en las inversiones de impacto

El pasado mes de junio JP Morgan y Global Impact Investing Network (GIIN) publicaron el informe Spotlight on the Market. The Impact Investor Survey; se trata del cuarto informe de estas características, que viene analizando el mercado de las inversiones de impacto.
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Entre la información que proporciona hay algunos datos y tendencias que merecen destacarse.

1. El mercado sigue creciendo

El informe recoge información de un conjunto de organizaciones que invirtieron USD 10,6 mil millones de dólares en 2013 y planearon invertir USD 12,7 mil millones de dólares en 2014, un aumento objetivo del 19%.

Este año la muestra ha aumentado en un 26% hasta alcanzar los 125 encuestados, que gestionan colectivamente un total de USD 46 mil millones de inversiones de impacto. GIIN sólo incluye en su muestra a inversores institucionales, no individuales, que gestionen un mínimo de 10 millones de dólares en inversiones de impacto.

Aunque la mitad de las organizaciones encuestadas vienen realizando inversiones de impacto desde hace diez años, durante el 2013 varios inversores institucionales importantes, como las compañías de seguros Axa y Zurich o Investing4Growth, un grupo que gestiona los fondos de pensiones de gobiernos locales en Reino Unido, decidieron incursionar por vez primera vez en las inversiones de impacto.

2. Las fundaciones ganan más peso como inversores

Las características de las organizaciones que han participado son las siguientes: el 80% proceden de EEUU (46%) y Europa (34%); sin embargo el 70% de las inversiones de impacto se localiza en países emergentes y el 30% en países menos desarrollados.

El grupo mayoritario está constituido por gestoras de fondos y el segundo más significativo por el de las fundaciones (22%). Es interesante subrayar que las fundaciones han dado un salto importante duplicando su peso, que el año pasado se encontraba en un 11%.

Esta tendencia está muy localizada en EEUU, que permite a sus fundaciones contabilizar como parte de su ayuda inversiones que estén alineadas con su misión e implica la potencial devolución del capital dentro de un periodo establecido. Son los llamados Program Related Investment (inversión en proyectos relacionados con el fin social, o PRI).

La Hacienda de Estados Unidos (IRS) clasifica los PRI como ayuda a los fines de interés general, es decir, la inversión y los costes de un PRI se contabilizan dentro del mínimo del cinco por ciento del patrimonio que cada fundación debe desembolsar al año. En España, sin embargo, las fundaciones no cuentan con esta ventaja que podría potenciar enormemente las inversiones de impacto.

6 tendencias emergentes en las inversiones de impacto

3. Los europeos priorizan el impacto mientras en EEUU se decantan por la rentabilidad

El 54% busca tasas de retorno competitivas con el mercado, el resto se divide entre los que buscan retornos por debajo o cercanos al mercado (23%) y aquellos cuyas expectativas son inferiores a las que ofrece el mercado (22%), contentándose con preservar el principal.

Es interesante observar como el perfil de las expectativas de los inversores difiere según la geografía. En los EEUU el 60% busca tasas de retorno competitivas con el mercado mientras que en Europa el 60% se “conforma” con tasas por debajo del mercado. Estas distintas prioridades retratan muy bien las diferentes culturas a un lado y otro del Atlántico.

Mientras los EEUU siguen siendo el país más partidario de las soluciones del “mercado”, los europeos prefieren rebajar sus expectativas; creen en el mercado, pero sin excesos.

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4. En busca del modelo de negocio

Si bien todos los inversores de impacto combinan los objetivos sociales y financieros, cuando se trata de identificar las oportunidades las organizaciones suelen ponderar diferentes aspectos.

La mayoría señala como prioridad esencial asegurar el retorno financiero (81%), le sigue la necesidad de identificar los impactos sociales en el momento de la inversión (71%).

En general también manifiestan su preferencia por asegurar que el impacto social sea generado por la propia organización receptora de los fondos (63%) y, consecuentemente, cerca de dos tercios se manifiesta contrario a que el impacto se alcance acudiendo al expediente de transferir parte de los beneficios a una organización no lucrativa.

Como expresó uno de los inversores, “el elemento crítico es que el impacto sea generado por la organización en la que invertimos. Como inversores nuestra misión es entender el modelo de negocio y determinar si estamos en condiciones de alinear nuestra financiación con el mismo”.

La medición del impacto post-inversión es vista como esencial para un 51% de los encuestados, el 14% manifiesta que le es indiferente y el 11% no la considera. Del mismo modo, manifiestan menos interés por el hecho de que la inversión de impacto se dirija a atender a un grupo de beneficiarios específicos (32%) o a un sector específico (32%).

5. El cliente cada vez más prescriptor

Las principales motivaciones de los inversores que realizan tanto inversiones convencionales como inversiones de impacto para decidirse por estas últimas son las siguientes: 1) forman parte de su compromiso como inversor responsable; 2) constituyen una forma de alcanzar sus objetivos de impacto y, por último; 3) responden a la demanda de los clientes.

Es de destacar que la opción de responder a la demanda del cliente ha aumentado a la tercera posición (desde la cuarta del pasado año). Esta tendencia es interesante y debería hacer reflexionar a las personas interesadas en potenciar este mercado.

Se puede acelerar el desarrollo de este tipo de inversiones si se incide directamente en el cliente final. ¿Cómo? Existen muchas fórmulas, pero hay que trabajárselas.

6. Desarrollando la “catálisis” financiera

El informe destaca cuáles son las principales barreras, en opinión de los inversores, para el desarrollo de la industria de las inversiones de impacto.

En primer lugar señalan la falta de oportunidades de inversión que cuenten con un buen historial. En segundo lugar, la carencia de financiación apropiada a lo largo del espectro rentabilidad-riesgo. Por último, la ausencia, en muchos casos, de mecanismos de salida.

No resulta extraño, en coherencia con estas percepciones, que cuando se les pregunta a los inversores qué medidas deberían impulsar los gobiernos para fomentar las inversiones de impacto nombren, en primer término, el otorgamiento de avales y garantías, la asunción de pérdidas en las primeras etapas del proyecto o la aprobación de ventajas fiscales y subsidios a favor de los inversores.

Destaca, en este sentido, la aprobación en marzo del 2014 por parte del gobierno británico de un novedoso incentivo fiscal mediante el cual, a través de un 30% de desgravación fiscal, se podrán desbloquear hasta casi mil millones de libras en fondos para instituciones no lucrativas y empresas sociales.

Un aspecto interesante es que cada vez es más frecuente que los inversores acudan a mecanismos de credit enhancement para mejorar la calificación crediticia de los proyectos, siendo los más habituales la garantía, las cartas de crédito standby y la deuda subordinada.

Las fundaciones son las organizaciones que más proveen este tipo de servicios, lo que confirma el importante peso de estas instituciones y la necesidad de coordinar esfuerzos entre los inversores con prioridad financiera (finance first) y prioridad de impacto (impact first profit) para “catalizar” la financiación (catalytic capital).

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Por Javier Martín Cavanna
@jmcavanna
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Comentarios
  1. Segundo

    Me informe del tema las Inversiones de Impacto en el Diario la tercera, realmente me interesó el tema, como persona jubilada y he pasado a la lista de los pobres de Chile,
    después de trabajar 43 años al servicio de la educación. Y quiero re inventarme como emprendedor , buscando un nicho económico. gracias por la información.