Banco Compartamos: un éxito muy cuestionado

El 20 de abril de 2007 el banco mexicano Compartamos, una antigua ONG constituida en el año 1990 especializada en microfinanzas que se transformó en banco, finalizó con éxito una suscripción pública de acciones a inversionistas privados. La oferta pública originó una sobresuscripción 13 veces mayor de lo esperado.
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En el momento de lanzar la oferta los accionistas de Compartamos eran los siguientes: ONG Compartamos (39%), Acción Internacional  (18,1%), Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial (10,6%), directivos del banco Compartamos (23,7%) e inversionistas privados mexicanos (8,5%). El precio que pagaron estos grupos por sus acciones, entre 1998 y 2000, fue de 6 millones de dólares.

En el año 2000 la ONG se transformó en una compañía financiera regulada para poder tener acceso a fondos comerciales. A finales de 2006 el valor en libro de esas acciones se había multiplicado más de 20 veces (121 millones de dólares) debido a las cuantiosas ganancias de Compartamos. Los accionistas vendieron en la oferta pública, aproximadamente, un 30% de las acciones a inversores puramente comerciales y administradores de fondos tradicionales, recibiendo a cambio 450 millones de dólares, lo que representaba 12 veces el valor en libros de las acciones.

En cualquier otra institución financiera las ganancias de la oferta pública serían una historia de éxito, pero en el caso de Compartamos muchos cuestionaron la consistencia ética de esta operación, pues los clientes del banco mexicano eran, en su gran mayoría, mujeres pobres que estaban pagando una tasa de interés anual cercana al 120%, si se calculan de acuerdo con la metodología Annual Percentage Rate (APR).

Como señala Richard Rosenberg, consultor del CGAP y uno de los principales expertos en microfinanzas, a la vista de las estratosféricas ganancias “las grandes cuestiones a responder son ¿en qué medida esas ganancias procedieron de los bolsillos de los clientes pobres? y ¿se utilizaron las ganancias en Compartamos para aumentar el servicio a un número mayor de personas pobres o, más bien, para atraer a inversionistas privados?”

El caso Compartamos es un claro ejemplo de las consecuencias que tiene dar entrada a accionistas privados, puramente comerciales, desde el punto de vista del cumplimiento de la misión.

Mientras Compartamos fue una ONG no existía problema con sus clientes. La estrategia de financiar el crecimiento y expansión de las actividades con las ganancias generadas no planteaba especiales conflictos de interés. Las complicaciones surgieron cuando la ONG decidió transformarse en una compañía financiera regulada y dar entrada en su capital a los accionistas comerciales.

Cualquier accionista busca un retorno por su capital invertido y la oferta pública de Compartamos mostró que este retorno se produce no sólo por el pago de dividendos –el pago de dividendos anuales de Compartamos fue muy conservador, no superando la cuarta parte de las ganancias- sino, principalmente, por el aumento del valor de sus acciones.

Como concluye Rosenberg: “Es difícil evitar cuestionar seriamente si la política sobre tasas de interés y las decisiones de financiamiento de Compartamos dieron la importancia apropiada a los intereses de sus clientes cuando estaban en conflicto con los intereses financieros y de otra índole de sus accionistas”.

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Comentarios

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  1. javier

    Interesante… pero y luego…? qué más? una conclusión? una opinión..? algo más?,,,