Siete recomendaciones para impulsar la transparencia en las microfinanzas. Capítulo final

Cuando se escriba la historia de las microfinanzas habrá algunos capítulos que no podrán omitirse, como la constitución del Grameen Bank, la primera transformación de una ONG en una institución formal, el nacimiento de las agencias de rating, la constitución del los fondos de inversión en microfinanzas, el lanzamiento del primer programa de ahorro a gran escala, etc.
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Pues bien, uno de esos capítulos será, sin duda, el papel de MicroFinance Transparency (MFT) a la hora de impulsar la transparencia en el sector y recuperar el sentido ético de las microfinanzas.

La labor de MFT en estos años no se puede minimizar, ni mucho menos ignorar. Entre otras muchas razones, hay dos que destacan sobre las demás y obligan a tomarse en serio su llamada a la acción.

La primera es que su trabajo ha incidido directamente en el corazón de las microfinanzas e interpela con fuerza a preguntarse si no se habrán desviado, en algún momento, de la misión original, si no se habrá bajado, entre todos, la guardia.

¿Están las microfinanzas sirviendo a los pobres o, más bien, están sirviéndose de los pobres? Esta es una cuestión que ya no será tan fácil de contestar tras conocer los resultados del trabajo de MFT.

La segunda razón de peso que debe impulsar a reaccionar es que los resultados de MFT se basan en un trabajo de investigación de campo extenso, profundo y riguroso. Por primera vez se cuenta con datos e información contrastada sobre los precios reales y las metodologías para calcularlos (Vid. Transparencia y precio justo en las microfinanzas. Capítulo 2).

La información recogida cuestiona muchas de las hipótesis y premisas que venían sosteniéndose y alimentándose desde hace años. Se puede afirmar, sin riesgo a exagerar, que habrá un antes y un después del trabajo de MFT.

La cuestión que ahora flota en el aire para todos (gestores, expertos, responsables, financiadores y amigos “verdaderos” de las microfinanzas) es la siguiente: ¿Ahora qué? ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Qué se puede y debe hacer?

Sí, porque la llamada de MFT exige dar un paso adelante para proteger las microfinanzas y evitar la llegada de una crisis, similar a la de las hipotecas sub-prime, que cuestione la credibilidad del sector y termine arrojando la sospecha indiscriminada sobre toda la industria.

Ninguno de los principales “jugadores” (donantes, IMF, agencias de desarrollo, fondos de inversión, académicos, miembros de los órganos de gobierno y reguladores) es ajeno a este peligro y, por tanto, ninguno puede abandonar el terreno de juego.

El trabajo de MFT tiene un enorme valor, porque permite conocer mejor la realidad. Este hecho es muy positivo, pues únicamente se puede descubrir la suciedad y limpiarla cuando se proyecta la luz sobre ella. Ahora se sabe cómo y dónde dirigir la escoba porque se distingue dónde se encuentra el polvo.

1. La competencia entre las IMF no es suficiente para mejorar las prestaciones a los clientes

Durante mucho tiempo los financiadores y académicos han sostenido que la mejor manera de impulsar las microfinanzas era ayudando a crear IMF que compitan entre ellas prestando servicios a los clientes. La competencia en el mercado se encargaría de mejorar las condiciones del servicio, rebajando progresivamente las tasas de interés.

Ahora es sabido que una mayor competencia no se traduce necesariamente en una bajada de precios (Bolivia). Si las IMF perciben que se pueden otorgar préstamos a poblaciones desatendidas que ofrezcan mayores rentabilidades, existe un gran riesgo de que terminen concediendo préstamos por una cuantía superior y desatendiendo a los clientes con menos recursos.

2. Lo importante no es fichar buenos jugadores sino impulsar y desarrollar reglas del juego limpio

Para los donantes y las agencias de desarrollo resulta mucho más atractivo contribuir a crear o fortalecer IMF que presten servicios directamente a los clientes. Se trata de iniciativas más fáciles de controlar, medir y más sostenibles económicamente.

Invertir, sin embargo, en crear y desarrollar instituciones y mecanismos cuya función sea preservar, garantizar y promover la existencia de una competencia efectiva en los mercados, así como velar por la defensa de los derechos de los consumidores es una actividad que presenta muchos menos incentivos, aunque su impacto y eficacia sea, a la larga, mucho mayor.

Las agencias de desarrollo, organismos multilaterales y grandes donantes deberían revisar su agenda de prioridades aumentando y focalizando su ayuda en aquellas iniciativas y proyectos que contribuyan a mejorar las reglas del juego limpio.

3. El impulso de la transparencia necesita de una institución independiente

La única opción para evitar el cumplimiento formal de la ley e impulsar el progreso continuo es mediante la autorregulación del propio sector o con la ayuda de una entidad tercera independiente que actúe de árbitro.

La experiencia demuestra que la autorregulación es muy difícil que funcione y, con frecuencia, se convierte más en un escudo para protegerse de las amenazas externas que un mecanismo para incentivar la mejora del sector (Filipinas, Sudáfrica, Argentina).

Una organización independiente cuya misión original se impulsar la transparencia no está mediatizada por los intereses de sus miembros que fácilmente pueden entrar en conflicto. Por eso es tan relevante la misión de MFT y las organizaciones análogas.

4. Los fondos de inversión deben incluir en su due diligence y en sus reportes periódicos el precio real que están cobrando las IMF a sus clientes

La mayoría de los fondos y vehículos de inversión en microfinanzas (Oikocredit, Accion Gateway Fund, Deutsche Bank, Fundación Microfinanzas BBVA, ASN-Novib Fonds, Triple Jump, Microvest, Solidus Investment Fund, etc.), por no hablar de la totalidad, no incluyen entre la información solicitada a las IMF datos actualizados de las tasas de interés que cobran a sus clientes.

La principal y casi exclusiva preocupación de los inversionistas ha estado centrada en la rentabilidad  de la inversión y la administración de los riesgos. Aceptando el importante papel que han jugado los fondos en canalizar recursos existentes (mayoritariamente provenientes de países desarrollados) que no tenían un mecanismo formal para llegar a las IMF, es preciso reconocer que su omisión a la hora de supervisar y comprobar las tasas de interés cobradas a los sectores de bajos recursos ha contribuido a que las IMF se relajen en este punto y no se sientan presionadas a ser transparentes en los precios.

Esta circunstancia resulta especialmente onerosa en un escenario dominado los últimos años por un exceso de oferta de fondos a las IMF, que ha permitido bajar sustancialmente los precios, reducir los plazos y prestar en moneda local, sin que esa mejora de condiciones se haya trasladado a los clientes finales.

5. Los órganos de gobierno (consejos y juntas directivas) tienen la obligación de supervisar con indicadores claros (entre los cuales debe encontrarse siempre información sobre las tasas efectivas de interés) el cumplimiento de la misión social de las IMF

Si hay alguna instancia que tiene capacidad de cambiar las cosas es el órgano de gobierno de las IMF y de los principales vehículos de inversión. Son los consejos y las juntas directivas de estas organizaciones quienes deben velar por el cumplimiento de la misión de estas instituciones. Son ellos, por tanto, los principales responsables de las desviaciones que puedan surgir.

Reforzar el gobierno corporativo de las IMF y de los vehículos de inversión constituye una tarea inaplazable. Pero no se puede identificar el gobierno corporativo en este sector con el cumplimiento de una serie de prácticas importadas del sector financiero tradicional.

La composición y funcionamiento de los consejos y de las distintas comisiones, los mecanismos de selección, las evaluaciones periódicas del órgano de gobierno, todas ellas son medidas necesarias y positivas, pero todas deben dejar paso a la principal función de estos órganos de gobierno que es asegurar que la misión de la organización produzca los resultados esperados.

Para poder cumplir esa función de supervisión el órgano de gobierno ha de contar con información clara y relevante. Esa información relevante debe incluir necesariamente datos actuales sobre los precios y la transparencia de los mismos. En este sentido, sería muy deseable que se desarrollen cuadros de mando específicos para el consejo que les permitan supervisar el cumplimiento de los objetivos sociales y financieros

6. Las IMF deben ser especialmente cuidadosas a la hora de dar entrada en su capital a accionistas que se guíen por intereses puramente comerciales.

Los financiadores, agencias de desarrollo, organismos reguladores y, especialmente, los órganos de gobierno de las IMF deben ser conscientes de que la prioridad en el desarrollo de las microfinanzas no es dar entrada en el capital a los inversionistas “comerciales” confiando en que su entrada contribuirá a facilitar el acceso de las IMF a los grandes mercados de capitales.

Lamentablemente se ha ido introduciendo poco a poco la idea de que abrir las microfinanzas al sector privado constituye un bien en sí mismo y que las microfinanzas “únicamente pueden cumplir su misión social si se estimula la participación de inversionistas privados de gran escala que tengan un objetivo comercial” (Carta a la industria de las microfinanzas. Banco Compartamos).

Esta hipótesis no es cierta y además conlleva un riesgo muy grande de desviar a las IMF de su misión original. La elección de los accionistas constituye una de las decisiones más críticas en cualquier empresa pues afecta a su configuración institucional, que es tanto como decir a la elección y realización de su futuro.

Si esta es una realidad en cualquier empresa, más aun en aquellas instituciones que tienen un marcado fin social y el riesgo, siempre presente, de desviarse de su misión original.

7. Los organismos reguladores deben reforzar las capacidades de supervisión relativas a la transparencia en la información y las tasas de interés

El sector de las microfinanzas es el gran olvidado en la regulación financiera. Varias razones parecen justificar este hecho, entre las que destacan: a) que su posible quiebra no supone un riesgo sistémico; b) que la regulación específica podría asfixiar su desarrollo; c) que no todas las IMF prestan servicios de ahorro y, por tanto, no requieren ser reguladas; y d) que los organismos reguladores no cuentan con el personal suficiente, ni siquiera para supervisar a los grandes bancos.

No es necesario entrar en el debate sobre si las microfinanzas necesitan un mayor grado de regulación para reconocer que hay dos temas en los que los clientes de las IMF necesitan una proyección especial: información sobre los precios y limitación de tasas.

En relación con la información sobre las tasas, se podrá discutir o no si la información sobre el APR es la forma más eficaz de comunicar los costos a los prestatarios de bajos ingresos, pero sobre lo que no hay duda alguna es que este tipo de cliente requiere de una especial protección al tratarse de un consumidor con un nivel educativo escaso, con poca experiencia en servicios financieros formales y pocos proveedores formales de donde elegir.

De igual manera,  se puede estar de acuerdo con la tesis de que establecer límites legales a las tasas de interés (Ecuador y Colombia) no siempre es la opción más razonable para proteger a los clientes e impulsar el desarrollo de las microfinanzas, pero, entonces, habrá que arbitrar otros mecanismos para supervisar las tasas desproporcionadas.

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