Cambiar los mensajes

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Algo hemos avanzado en materia de igualdad de oportunidades para la mujer. Ya lo decía Machado, que se hace camino al andar… No vamos a dar la vuelta en dos días a siglos de costumbres y a mentes que han heredado comportamientos de varias generaciones atrás; pero por algún sitio hay que empezar. A veces, las piedras caen sobre el tejado propio.

¿Qué tal cambiar los estereotipos comunicacionales femeninos? ¿Qué tal si las mujeres empiezan por expresarse de otra manera? Con el poquito que nos ha costado a todos aprender a decir «va a ser que no» en lugar de decir, simplemente, no. Con lo fácil que ha sido acostumbrarse a la terminología anglosajona del timing, el spinning, el briefing, el e-mail, o el puenting…Cuesta sin embargo cambiar los mensajes que rezuman prejuicios. Si es Ud mujer, reflexione y búsquese en estas líneas.

Primer estereotipo a cambiar. La mayoría de las mujeres que reparten las tareas domésticas con su pareja suelen decir con orgullo: «mi marido/novio me ayuda mucho». Ella tiene asumida la responsabilidad, él le ayuda.

Situación de la que, además, se suele presumir como cuando «mi niño me come muy bien»… Lo mismo se deriva de cualquier otra forma de expresión verbal en que quede latente quién es el poseedor de las responsabilidades, o se evidencie la sorpresa: » es más majo, me ha hecho la compra…!» o el famoso «como yo salgo tarde, Luis me recoge a los niños» (que también son hijos de Luis, aclaro). Hay que ver, qué agradecidas son las mujeres.

Un segundo mensaje con carga autodestructiva es el que me relataba una amiga hace unos días. Su pareja le había dejado preparada una comida suculenta, que ella alabó correspondientemente con un mensaje a su móvil que decía: «cariño, eres un sol». Dígame, amiga lectora, cuántas veces le han regalado los oídos de esa manera por sus guisos diarios; o por hacer las camas; o por planchar un par de camisas.

Finalmente, una sugerencia a los medios de comunicación. Que está muy bien destacar determinados personajes que han triunfado en la vida (pública, privada, personal o profesional). Pero pongamos el foco en la semejanza, no en la diferencia; en la normalidad, no en la excepcionalidad. Que las mujeres que han triunfado en el mundo no parezcan raros especimenes que, fíjese Ud, han sabido conciliar sus ambiciones profesionales con las personales o familiares.

Pero sí, algo hemos avanzado. Ojalá sea cierta la copla de Machado en su totalidad: que al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.

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