Un gesto hermoso

CE18 octubre 2006
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El gesto es incomprensible, insólito y muy provocador. El segundo hombre más rico del mundo anuncia que donará la mayoría de su fortuna al hombre más rico del planeta tierra. El guión tradicional nos decía que estos dos hombres deberían competir ferozmente por ocupar el primer puesto en la hoguera de las vanidades. Eran los enemigos por excelencia, los Capuleto y Montesco del siglo XXI.

Y, sin embargo, estos dos personajes, sacados de una novela de Tom Wolfe, aparecen juntos, sonrientes y relajados, anunciando a los cuatro vientos su feliz matrimonio. El milagro de Romeo y Julieta en versión moderna, pero en esta ocasión, por más que nos frotemos los ojos y nos pellizquemos la piel, no se trata de una obra de ficción sino de la vida misma. Siempre más rica que nuestra pobre imaginación.

CUANDO EL 25 DE JUNIO Warren Buffet anunció ante las cámaras su decisión de donar a la Fundación de Bill y Melinda Gates el 80% de su fortuna, valorada en 40 mil millones de dólares, el primer impulso de mucha gente fue pensar que se trataba de una broma. De seguro había algún acuerdo bajo cuerda, un as escondido en la manga.

Nadie hace eso, ninguna persona en su sano juicio se desprende de su fortuna para donársela a alguien más rico que él. Los periodistas preguntaban el porque una y otra vez, los ricos se sentían golpeados, todos indagaban los motivos tratando de descubrir, todavía persisten, alguna intención oculta y torcida. Pero la explicación de Buffet era muy sencilla.

Su intención, así lo anunció hace varios años, había sido donar su fortuna a actividades filantrópicas cuando falleciese. Siempre pensó que era la mejor decisión para sus hijos.

«Cuando nuestros hijos han tenido todas las oportunidades y ventajas, en términos de la educación que han recibido y el ambiente donde han crecido, incluida su familia, no me parece ni justo ni racional llenarles de dinero. De hecho, ellos cuentan con una enorme ventaja de partida en una sociedad como la nuestra que dice ser una meritocracia. Las herencias dinásticas sólo consiguen descompensar la balanza del juego, que debe permanecer siempre equilibrada».

Por supuesto Buffet no ha dejado a sus hijos mal equipados para el futuro, pero también en esto ha seguido su instinto de inversor. En lugar de dejarles el dinero a ellos, se lo ha legado a las fundaciones de sus hijos: ellos también tienen que devolver a la sociedad parte de los que han recibido.

LA ÚNICA NOVEDAD respecto a su pensamiento inicial es que resolvió adelantar la decisión sin esperar a su fallecimiento. Y una vez decidido esto, que paso más lógico que confiarle la fortuna al hombre que mejor sabe administrarla del mundo y que, además, ha tomado la decisión de retirarse de la presidencia de su empresa y dedicar más tiempo a las actividades filantrópicas.

«Cuando decidí donar mi dinero me di cuenta que había una fundación excelente manejada por Bill y Melinda Gates, a los que conozco y admiro desde hace tiempo. Si mi objetivo es dar dinero a la sociedad para tratar de resolver algunos de los problemas más graves que sufre por la falta de recursos, que mejor solución que entregarlo a una pareja joven, comprometida, excepcionalmente brillante, y que con su Fundación están consiguiendo unos resultados y un impacto extraordinarios».

LA FUNDACIÓN BILL Y MELINDA GATES con apenas doce años de existencia, un periodo todavía muy corto para una fundación, puede mostrar ya unos resultados bastante notables. Aunque los recursos ayuden -1500 millones de dólares de presupuesto para el 2006-, no se debe atribuir todo el mérito a los mismos.

Bill y Melinda Gates han acertado dónde la mayoría de las grandes fundaciones y organismos de ayuda fallan, en el foco. Al centrar sus programas –el 60% de los recursos totales- en el combate de las enfermedades infecciosas (malaria, SIDA y tuberculosis) han elegido cubrir un necesidad social muy importante, salvar vidas, y, lo que es igual de importante, con resultados fáciles de medir.

LAS PERSONAS NO HAN PERDIDO LA FACULTAD de sorprendernos. Capaces de los mayores horrores, pero también de los gestos más nobles y hermosos. Porque el gesto es, sobre todo, muy hermoso. El mejor inversionista del mundo donando su fortuna a actividades filantrópicas y confiándola al mejor empresario del planeta. Confiemos que esta historia sirva para que muchos otros la emulen, y esperemos que tenga un final más feliz que «esa de Julieta y su amado Romeo».

Por Javier Martín Cavanna
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