Ya somos socialemente responsables... ¿Y ahora qué?

CE20 octubre 2006
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No es noticia que en los últimos años muchas empresas, encabezadas por las más grandes del panorama nacional e internacional, se han lanzado a la carrera por aparecer en un buen número de foros, ser catalogadas bajo estándares socialmente responsables y por ser retratadas como ejemplo a seguir a la hora de desarrollar diferentes acciones de índole social.

El hecho es que por el momento si comparamos los avances alcanzados por unas y otras estos son bastante heterogéneos, no obstante el futuro es esperanzador puesto que todo apunta a que las prácticas sociales se consolidarán de manera generalizada entre las empresas en los próximos años.

COMO NO SE PUEDE NEGAR, en el ambiente empresarial la competencia es uno de los motores más potentes de cambio. Lo mismo parece suceder con los avances en prácticas sociales y la aparición en los rankings de sostenibilidad, donde las empresas pugnan por aparecer en los primeros puestos y por hacerse con la variable de diferenciación que ese grado de compromiso social les puede aportar.

Sin embargo, esta carrera ¿dónde culmina? Un vez que una compañía alcanza sus objetivos de compromiso social, ¿tiene sentido decir que ha alcanzado su meta?

EN BUENA LÓGICA, parece que toda acción empresarial debería perseguir unos fines, trazarse con unas metas intermedias, medirse y evaluarse una vez se ha realizado. Esto mostraría que entre el punto de partida y el resultado se ha recorrido un espacio que ha permitido a la empresa avanzar (o no) en sus objetivos de crecimiento.

Siguiendo este planteamiento, toda empresa debería plantearse dónde quiere llegar con sus políticas de acción social y qué espera conseguir con ellas, es decir, en esa carrera por la supervivencia empresarial qué papel juegan determinadas acciones que fomentan el compromiso social.

HAY CASOS EN LOS QUE ALGUNAS COMPAÑÍAS, siguiendo la estela que otras pioneras han dejado atrás, se han lanzado por el mismo camino tratando de alcanzar a las primeras en esta «carrera del compromiso», destinando grandes sumas a realizar ejemplares acciones, y logrando como resultado cierto grado de compromiso social con el que después no se ha sabido qué hacer, no se ha sabido incardinar en el día a día empresarial ni en la identidad cultural.

El fin último de las políticas de acción social se habría traducido en aparecer en los puestos de cabeza de los estándares de compromiso social y ahí concluye la historia. ¿Es este el objetivo final que deben plantearse los responsables de responsabilidad social de las empresas? Obviamente no, puesto que siguiendo esa lógica empresarial todo aquello que no se incorpore al desarrollo cotidiano de la actividad de la empresa terminará por convertirse en algo accesorio, prescindible.

SON MUCHOS LOS BENEFICIOS que pueden obtenerse de una política de acción social bien gestionada y coherente con la identidad de la compañía. Es necesario que los responsables de la misma se planteen a largo plazo dónde quieren llegar y qué esperan como resultado de elevar el compromiso de su empresa con la sociedad.

Es importante que este se convierta en algo cotidiano, objeto de mejora continua y pilar fundamental para el funcionamiento habitual de la empresa.

POR OTRO LADO, aunque muchos comparten esta visión, son pocas las acciones encaminadas a establecer este criterio, y hasta la fecha el desarrollo de las políticas sociales dentro de muchas empresas se ha basado en el ensayo y error, tratando de encontrar a tientas el mejor modo de realizar unas políticas u otras. Pero esto, en diferentes términos, ya se ha realizado en otros ámbitos como en el de la logística o la aplicación de las nuevas tecnologías, por citar algunos ejemplos.

Conviene, por tanto, animar a las compañías a desasirse de los temores (y pudores) de tratar de capitalizar los resultados de sus políticas de compromiso. Es importante dejar sentado desde el principio lo lícito y a la vez necesario que supone que todo aquello a lo que la compañía destine sus esfuerzos, bien económicos, de capital humano o de cualquier otro tipo, redunde en la compañía contribuyendo al sostenimiento de la misma.

De otro modo, la aparición en informes y en ranking sociales podrá ser un objetivo logrado de manera puntual, pero dudosamente podrá ser una variable diferenciadora a largo plazo para ninguna compañía.

Por Ana Agüero
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