Mis disculpas, señor Friedman

CE13 diciembre 2006
0

A mediados de los 70 surgía una nueva corriente de pensamiento de ámbito económico denominada Responsabilidad Social Corporativa. Ante lo novedoso del tema, que comenzaba a plagar los foros de economía americanos, el profesor Friedman decidió pronunciarse de manera tajante y así resolver de un plumazo las cuestiones en torno al tema: la responsabilidad de las empresas consiste únicamente en generar beneficio para sus accionistas, afirmó.

Con esta sencilla frase, Milton Friedman pasaba de ser un ilustre profesor de universidad a ganarse el papel de demonio entre los adalides de la RSC.

Para estos no era significativo que el profesor hubiera sido galardonado con el Nóbel de Economía en 1976, y destinaron gran parte de sus esfuerzos teóricos a demostrar que dicha frase no tenía fundamento. Este empeño continúa en nuestros días.

Es habitual contemplar cómo en los ambientes de RSC muchos no pueden evitar la tentación de recordar cuán equivocado estaba en su afirmación y cómo la realidad indica que la RSC se ha convertido en una cuestión de relevancia y que, por tanto, su afirmación resultó simplista y errada.

Quizá la culpa de tan mala acogida fuera del propio profesor, cuya defensa a ultranza de la libertad individual y de la libertad económica, que requiere en igual medida de un incremento directamente proporcional de libertad política, ha tenido poca acogida entre los pensadores y políticos europeos, donde la economía del bienestar no se apoya en esos pilares precisamente. En estos ámbitos, donde cierto grado de intervencionismo y de presión fiscal son aceptados en aras del bien común, sus teorías rechinan.

HAN PASADO TREINTA Y CINCO AÑOS desde aquellas palabras y, pese a lo que algunos piensan, el debate sobre beneficio empresarial versus dimensión social de la empresa se está agotando. Hoy día muy pocos ponen en duda que la actividad empresarial propicia multitud de situaciones beneficiosas que exceden a la propia actividad productiva, pero que sin ella nunca se darían en tiempo y forma.

LOS DEFENSORES DE LA RSC han acusado a Friedman de tener una visión limitada de la empresa, y al tiempo le han disculpado aduciendo su exagerado empeño por defender el beneficio y la libertad de actuación del empresario.

Pero, ¿no será que los que tienen una equivocada visión de la empresa son sus detractores? Parece como si durante este tiempo los teóricos de la RSC se hubieran afanado por encorsetar determinadas realidades empresariales queriendo etiquetarlas en exceso, clasificándolas en un empeño por designar como externas algunas acciones connaturales a la propia acción empresarial.

El hecho de que el establecimiento de una manufactura en una zona determinada genera riqueza y desarrollo para las poblaciones colindantes, el comportamiento ejemplar de algunos directivos o la puesta de fortunas empresariales al servicio de la comunidad ha querido verse –y aún sigue esta tendencia– como algo ajeno, postizo al mundo de la empresa.

Debemos plantearnos si no es esta la visión limitada de lo que en realidad es una empresa y no la del señor Friedman, que ya detectó esta cuestión muchos años atrás y la supo exponer de manera sucinta: lo responsable es generar riqueza, obviamente no a toda costa sino de modo serio y moralmente aceptable.

SIN DUDA FRIEDMAN TENÍA RAZÓN, pero es que además la realidad ha sido más explicativa en los últimos años al dejarnos contemplar algunas iniciativas que cumplen a la perfección con ese imperativo de optimización de recursos y generación de beneficio en sentido amplio, con un enfoque enriquecedor, ensanchando las fronteras de lo empresarial hasta límites insospechados. La empresa del siglo XXI da cabida a muchas acciones que hasta ahora algunos se habían empeñado en excluirlas de su ámbito de alcance.

EL ERROR DE FRIEDMAN consistió en adelantarse a su tiempo. Supo expresar como sólo los grandes saben, es decir, de manera sencilla e inequívoca, por dónde tendría que transcurrir la empresa en el futuro.

Dejó bien marcado el sendero para la supervivencia empresarial de los próximos años: no distraerse y ocuparse en generar beneficios. A nosotros, hombres de nuestro tiempo, nos toca descubrir nuevas formas adaptadas a las nuevas situaciones que hagan posible esto. Como suele ocurrir, las disculpas que merecía el profesor por tanta incomprensión llegan un poco tarde.

Por Ana Agüero
0