De las buenas intenciones a los resultados: la revolución pendiente de las ONGs

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Greenpeace declara que la ropa de Disney contiene tóxicos; Amnistía Internacional denuncia a Repsol por una supuesta ayuda financiera a los paramilitares colombianos; Médicos sin Fronteras y Oxfam recogen 250.000 firmas para protestar por la demanda de la compañía Novartis contra el Gobierno de la India por la fabricación de un fármaco patentado por la empresa farmacéutica.

Tres noticias recogidas en diferentes medios en un periodo de dos semanas. Una muestra pequeña de una guerra en ciernes entre las grandes multinacionales de la industria y la de los «valores».

No basta vender productos. Nadie, en opinión de las ONGs, puede excusarse de la lucha por mejorar la capa de ozono, la suerte de las focas o la protección de los derechos humanos de las minorías.

MUCHAS DE LAS ORGANIZACIONES QUE SE DEDICAN AL DESARROLLO, especialmente las ONGs anteriormente citadas, están llenas de «buenas intenciones». Algunas se han dedicado con gran éxito a denunciar las injusticias existentes en nuestro planeta y recaudan grandes sumas de dinero por ello. La naturaleza de las ONG, el hecho de que sean instituciones sin ánimo de lucro, parece situarlas en una posición de privilegio para juzgar a las organizaciones que sí persiguen el lucro. Se diría que ese elemento –el carácter no lucrativo- les dota de una autoridad moral mayor. Sin embargo, la denuncia no puede constituir el principal «producto» de las ONGs.

LA TENDENCIA DE ALGUNAS ONGS, cada vez más generalizada, a convertirse en «organizaciones activistas» ha hecho mucho por aumentar la conciencia general de los problemas, pero muy poco por aportar soluciones para resolverlos. Está bien denunciar las injusticias, pero esto conlleva el riesgo de quedarse en las buenas intenciones o limitarse a cumplir un papel de acusador.

A nadie se le escapa que denunciar es más sencillo que proponer soluciones, y proponer soluciones mucho más fácil que implementarlas. Este riesgo, por obvias razones, es menor en las empresas.

TODOS LOS QUE HEMOS TRABAJADO EN EL SECTOR DE LAS ONGS sabemos que el gran reto de la mayoría de estas organizaciones consiste en transformar su misión en resultados concretos y verificables. Existe la tentación de exculpar a las ONGs de un examen sobre su responsabilidad por el mero hecho de tratarse de organizaciones con un fuerte compromiso social.

En ocasiones, da la impresión de que basta la mera declaración de un fin social para justificar la existencia de las ONGs. Pero sabemos que lo que justifica a una organización son sus resultados no una mera declaración retórica. El compromiso social sin resultados es un «brindis al sol», y brindar sabemos hacerlo todos.

LA ESCASA ORIENTACIÓN A LOS LOGROS es una realidad que viene alimentada, en gran parte, por el hecho de que los «clientes» de las ONGs suelen ser, en muchos casos, «damnificados», personas con derecho a la ayuda, sujetos que reciben gratuitamente un servicio. Como el servicio suele estar totalmente subvencionado –hecho que se justifica en supuestos muy excepcionales-, no suele ser una práctica extendida evaluar la calidad del mismo.

¿Para qué? Un cliente insatisfecho simplemente no paga el producto o servicio, pero ¿qué ocurre si el servicio es gratuito? Cuando el servicio es totalmente gratuito simplemente no se valora, y lo que es más grave no se sostiene en el tiempo: «pan para hoy y hambre para mañana». Pero, claro, de clientes sólo habla la empresa.

LA OBTENCIÓN DE RESULTADOS, en cualquier organización, depende de múltiples factores, entre los que tiene un peso muy importante contar con una estrategia clara y precisa.

Ciertamente la organización se juega mucho por el hecho de haber identificado correctamente cuáles son los recursos o capacidades que le van a proporcionar una «ventaja competitiva». Pero el problema es que las Juntas Directivas y Patronatos de las ONGs, las estructuras a quienes correspondería impulsar estos temas, siguen siendo, como señala el conocido dicho, «los órganos más incompetentes formados por las personas más competentes».

Es mucho lo que debe hacerse por mejorar la gestión de las ONGs y Fundaciones, pero entre las asignaturas pendientes más urgentes se encuentra, sin duda alguna, el fortalecimiento de estos órganos de gobierno, como reiteradamente nos recuerda la Fundación Lealtad en sus informes anuales.

NO ENTRAMOS EN QUÉ SE DEBE ENTENDER POR RESULTADOS: Lo que importa subrayar aquí es que la organización debe ofrecer información sobre los resultados, que éstos van a constituir un «test» importante del grado de cumplimiento de la misión y que centrarse en los mismos constituye la vacuna más eficaz contra la enfermedad del «voluntarismo», muy frecuente entre las ONGs.

Por Javier Martín Cavanna
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